Miércoles, 29 Julio 2020 12:53

Celebrando la Palabra - XVIII del Tiempo Ordinario (2 de agosto)

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Celebración del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A - 2 de agosto de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos poner delante del altar una de estas frases: “Dadles vosotros de comer” o “La generosidad hace milagros”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. Seguramente la palabra solidaridad es una de las más utilizadas a lo largo de la historia. En el Antiguo Testamento está como música de fondo. Pero es en el Evangelio donde se despliega todo su sentido de valor humano y humanizador. Estamos de acuerdo en que es uno de los grandes valores que ponen de manifiesto la calidad humana de las personas y de los pueblos. Para los creyentes es el síntoma claro de que hemos entendido a Jesús, que hemos captado correctamente su mensaje.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos a Dios, que nos ha amado primero.

Acto penitencial. Reconociendo que somos pecadores, pidamos perdón. (breve silencio). Yo confieso...

Gloria

Oración. Dios, Padre bondadoso, que promueves la fraternidad animando en nosotros gestos de generosidad y de atención a las personas, estimula, nuestros sentimientos de amor solidario y recuérdanos el deber diario de compartir. Por J. N. S. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Los bienes de la tierra tienen un destino universal. La cobertura de las necesidades básicas de las personas está por encima de la propiedad privada. El profeta Isaías critica los gastos inútiles: “¿por qué gastáis en lo que no alimenta?”. Jesús nos invita a compartir para solucionar las necesidades de aquellos miembros de la comunidad humana que no han tenido tanta suerte como nosotros. Si somos capaces de experimentar el amor de Jesús, no podemos dejar fuera a los más vulnerables ...

Lecturas. Is 55,1-3 Salmo o canto. Rm 8,35.37-39. Aclamación. (Aleluya) Mt 14,13-21, Breve silencio.

Comentario homilético. Hay muchos tipos de hambre y de necesidad: de pan, de trabajo, de compañía, de vivienda, de dignidad personal. y también hay hambre de Dios. Las lecturas que hemos escuchado nos interrogan acerca del uso que hacemos de los bienes, y nos traen a la memoria imágenes, estadísticas y la geografía de la pobreza en el mundo. La verdad es que la tierra produce alimentos suficientes para todos, pero no todos los pueden disfrutar del mismo modo. ¿Por qué? (...)

Ante las situaciones de necesidad, corremos el riesgo de racionar como los discípulos del Evangelio: escabullir el bulto: “Despide a esta gente para que vayan a las aldeas a comprar comida”, es decir, que cada uno se las arregle como pueda. Pero Jesús ve las cosas de un modo diferente: “No hace falta, les dice. Resolvedlo vosotros... implicaos en la realidad... Dadles de comer”. Y nos lo dejó como mandato y lección práctica.

Cuando hay mucho y no se reparte bien, aparece el hambre y todo tipo de necesidades y miserias.... Cuando se pone en común lo poco que tiene cada uno, los recursos se multiplican y se resuelven muchos problemas. Cuando se contagia la entrega, se multiplica la solidaridad. Nadie debe renunciar a ser generoso, porque ahí comienza el camino que conduce a la mayor pobreza: el egoísmo y la codicia ... echando a perder los dones que nos enriquecen a nosotros y a los demás.

Los cristianos tenemos una especial motivación para ser generosos: el amor de Cristo nos ha calado muy hondo y del que nadie nos pude apartar...

Al hilo de todo lo dicho, podemos traer a la memoria la reflexión del gran K. Gibrán, que nos regala en su libro “El Profeta”, dice así: “...Existen aquellos que dan poco de lo mucho que tienen, y lo dan a cambio de reconocimiento, y su oculto deseo hace que sus dones sean dañinos. Y existen aquellos que tienen poco y lo dan todo. Estos son los que creen en la vida y en la generosidad de la vida, y su cofre nunca está vacío. Existen aquellos que dan con alegría, y esa alegría es su recompensa; También los hay que dan con dolor, y ese dolor es su bautismo; y existen aquellos que dan, y no conocen el dolor de dar, ni buscan en ello alegría, ni lo hacen por afán de ser virtuosos; dan como los manzanos en el huerto o, los olivos en el valle... A través de tales personas habla y sonríe Dios sobre la tierra. Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos lo pidan, como buenos entendedores... Y ¿existe algo que podías retener? Todo cuanto poséis será dado un día. Por lo tanto, dad ahora para que el tiempo de dar sea el vuestro y no el de vuestros herederos. A menudo decís: Yo daría; pero solamente a aquellos que se lo merecen. Los árboles de nuestros huertos no hablan así, ni los rebaños en nuestros apriscos. Dan para poder vivir, porque retener es perecer”.c (silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Para que la Iglesia sea un espejo de Dios, roguemos al Señor.

Para que crezca en nuestro entorno el deseo por la solidaridad, roguemos al Señor.

Para que todos entendamos que el trabajo es un valor y un derecho, roguemos al Señor

Para que nadie sea tan egoísta que acumule sin pensar en los demás, roguemos al Señor

Para que vivamos los valores de Jesús con entusiasmo, roguemos al Señor.

Por todas nuestras intenciones y necesidades, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La riqueza espiritual es la que más ayuda a vivir. El exceso de bienes materiales complica la vida y muchas veces encarcela el corazón. Acumular es de necios. La vida no depende del dinero. Los que comulgamos vitalmente con Jesús, tenemos que elegir un estilo de vida sencillo y solidario.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Con el alma renovada y disfrutando la vida,
te alabamos, Padre amigo y salvador.

No te rezamos por ningún interés lucrativo,
sino por necesidad espiritual y para sentirnos vivos.

Tú nos haces verdaderamente ricos, dignos, libres,
cuando, siguiendo tu recomendación, compartimos.
Sólo Tú nos elevas hasta la altura de la humanidad soñada.

Hemos padecido la vanidad de la vida
y hemos gozado el encuentro de ser pobres por opción.

Nos reafirmamos en la sabiduría del dar y recibir,
en el equilibrio que eleva y hace hermosa la vida.

No queremos más engaños ni frustraciones
provocados por tantos tipos de vanidad.

Nosotros nos agarramos al Evangelio y revestidos de Jesús
nos unimos a todas las personas que: aman,
rezan, comparten, y te decimos. Padre nuestro ...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión

Acción de gracias

Te damos gracias, Padre,
por Jesús despojado y resucitado,
revestido de Espíritu, persona lograda y ejemplar.

Es el símbolo de las más altas aspiraciones humanas.

Contemplamos su testimonio y nos llenamos de alegría interior,
meditamos su redención y la conciencia nos habla.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Atención y solidaridad con los necesitados del entorno.

Bendición

Monición final. Hemos hablado de generosidad, de dar, de solidaridad, de compartir... Ahora tenemos la oportunidad de llevar a la vida lo que hemos compartido y demostrarlo con gestos prácticos. Pongamos lo mejor de nosotros en el impulso de ser atentos con los demás.

Canto final y despedida.

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