Miércoles, 24 Marzo 2021 10:05

Celebrando la Palabra - Viernes Santo (2 de abril)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del Viernes Santo en la Pasión del Señor. Ciclo B. 2 de abril de 2021.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar en las gradas del altar esta fase: “Coge tu cruz y sígueme”.

Símbolos:

Altar desnudo, sin mantel, ni objeto alguno.
Crucifijo grande cubierto con paño rojo.
Templo con luz natural, sin luces, ni velas encendidas, ni música

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Viernes Santo es evocación de la pasión del Señor, proclamación del sentido de la cruz como señal valiosa de redención. Es vivencia entrañable de Jesús crucificado como símbolo y mensaje. Ya decía San Pablo que Cristo crucificado es la mayor fuerza y la mejor sabiduría de Dios. Viernes Santo es unos de los días más adecuados para entender la vocación y el destino de Jesús; y en Él, nuestra propia vocación y sentido. Su historia proyecta una gran luz sobre nuestra vida personal y comunitaria.

Celebramos a Cristo crucificado en un ambiente sobrio y austero. Pero este ambiente exterior no ha de impedirnos vivenciar el aspecto victorioso de la muerte de Jesús, su sentido redentor para la vida del mundo.

La celebración comprende tres partes: La primera es una reflexión en torno a la Palabra, con la proclamación de la Pasión y la oración universal. La segunda es la adoración de la Cruz, un gesto de comunión con Jesús y con todos los crucificados de la historia. Y la tercera es el rito de la comunión.

Comenzamos con una breve oración en silencio. (breve silencio para la oración personal)

Oración. Dios, Padre santo, que, por la pasión de Cristo, Señor nuestro, has destruido la muerte, consecuencia del primer pecado, que a todos alcanza; te pedimos nos hagas semejantes a tu Hijo; así, quienes por nuestra naturaleza humana somos semejantes a Adán, el hombre terreno, por la acción de tu gracia seremos imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Por el mismo Jesucristo tu Hijo que vive junto a Ti para siempre. Amen

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. En este día resalta con fuerza conmovedora la figura del siervo doliente que describe Isaías. Es un retrato profético de Jesús redentor, que encarna el sufrimiento y el martirio con el talante digno de quien ama y es fiel hasta el final. La talla humana y creyente de Jesús queda realzada especialmente en este día de Viernes Santo. Nadie nos puede comprender mejor que Él y, por tanto, presentar al Padre nuestra vida con todas sus luces y sombras, gozos y tristezas, necesidades y anhelos... Él es el Sumo Sacerdote de la nueva Alianza con quien podemos recurrir confiadamente a Dios.

La pasión según San Juan subraya la obediencia de Jesús a la voluntad del Padre, recalca que Él es quien triunfa, que es verdaderamente el Hijo Dios, Que destruyendo la muerte nos regala la Salvación.

Lecturas. Is 52, 13-53,12. Salmo o canto. Hb 4,14-16; 5,7-9. Aclamación. Ju 18,1-19,42. (Puede ser proclamada por tres personas)

Comentario homilético. Hoy, Viernes Santo, es otro día memorable. Hemos escuchado atónitos el relato de un martirio, un crimen y, como todo crimen, una injusticia cometida contra un inocente. Para nosotros los cristianos es un relato que se ha convertido en un gesto supremo de amor creyente y de infinita redención.

Jesús, que pasó los años que le dejaron vivir, haciendo el bien, curando toda clase de heridas: físicas y espirituales; acabó ejecutado como un malhechor. Porque hermanas y hermanos, Jesús no murió en una cruz, lo mataron en la Cruz. Es el final anunciado de la Palabra encarnada, que vino como luz en medio de las tinieblas, que se acercó respetuosamente a los suyos; pero los suyos no la recibieron como Hijo de Dios ni como Mesías salvador. Lo había mencionado el sacerdote de turno: “Conviene que muera uno por el bien del pueblo”.

Jesús expiró después de decir: “Todo se ha cumplido”. Su muerte es el fin de una tarea, el extremo de un camino obediente y redentor. Su destino fue el que acabamos de narrar. Pero no confundamos las cosas, Jesús no eligió que fuera así, se lo encontró. Él había venido para mostrar que vivir es amar y amar vivir; y enseguida se dio cuenta que permanecer fiel a la misión de enseñar el amor verdadero puede terminar en la tragedia de una muerte violenta. Por eso nos dijo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida”

Jesús murió como vivió, amando y perdonando. ¡Qué dignidad! ¡Qué actitud tan impresionante! ¡Qué calidad de espíritu! Todo Él es una parábola espectacular, através de la cual Dios ha querido hablar definitivamente a la humanidad. Jesús ha cumplido plenamente dejando un testimonio inmenso de vida y de mensaje. Por eso lo mejor que podemos hacer es meditar ante el gran símbolo de la Cruz y del Crucificado y sacar las oportunas conclusiones. (Silencio de interiorización)

 

4. ORACIÓN UNIVERSAL

 

Monición. Vamos a orar de manera comunitaria y un universal. La Iglesia, como madre que es, no quiere dejar a nadie fuera de su recuerdo y cariño en esta tarde de Viernes Santo y se interesa por todos, quiere recoger las esperanzas, las preocupaciones, deseos, aspiraciones y preocupaciones de todos los hombres y mujeres, para que la salvación alcance a todas las personas es sus diferentes situaciones.

La Oración universal se hace según el misal

 

5. ADORACIÓN DE LA CRUZ

 

Monición. Vamos a hacer ahora algo, que es mucho más que un gesto o un rito, Debe de mover en nuestro interior el deseo profundo de adorar a un Dios crucificado por amor, y solidario de todas nuestras cruces y de todo el dolor del mundo, que tiene nombres y apellidos.

Ahora es el momento de la contemplación silenciosa, de la meditación sosegada, de dejar hablar al Crucificado sobre nuestra vida y nuestras historias, de abrir sinceramente el corazón a la salvación que Dios nos regala.

Dadas las circunstancias sanitarias, por todos conocidas; para este gesto de adoración de la cruz, podemos colocar la cruz delante del altar y acercarnos, guardando las distancias recomendadas, y hacemos una inclinación profunda delante de la cruz; o, bien desde el lugar donde nos encontremos en la celebración, oramos en silencio.

Gesto. Se va descubriendo la cruz según se indica en el misal y se procede a su adoración. (Si es posible despacio, se pude entonar un canto: “Victoria tu reinarás”).

 

6. RITO DE COMUNIÓN

 

Monición. Estamos celebrando que Jesús se jugó la vida por la causa de Dios, que es nuestra causa. Hoy la comunión ha de significar que nos unimos fuertemente al sentido de su Cruz y que abrazamos la espiritualidad del Evangelio.

El altar, que ha permanecido desnudo durante toda la celebración, se cubre ahora con una sabanilla- mantel- y se encienden dos velas, a continuación, se trae el Santísimo desde el lugar de la reserva, se coloca sobre los corporales extendidos debidamente sobre el altar ya cubierto, y hechas las debidas genuflexiones, se comienza a recitar la: introducción al padre nuestro

Introducción al Padre nuestro

Con Jesús crucificado delante, te invocamos, Padre santo.
Has querido que sea el gran símbolo para la historia,
una sabiduría que sorprende y desafía,
un poder que defiende sin atacar,
la persona libre y fiel que redime con la fuerza de la palabra,
que cautiva con el ejemplo y con la acción del Espíritu.

Padre bueno, reconocemos en Jesús crucificado
al Salvador que tú has querido y enviado,
el que ha metido en el mundo una espiritualidad impresionante,
que nos ha dejado la lección de amar sin desmayo y hasta el final.

En su nombre ejercitamos el derecho a evangelizar
porque sólo Él tiene palabras de vida eterna;
sólo Él habita la plenitud de la verdad que convence.

Él nos aproxima unos a otros y nos reconcilia contigo,
nadie como Él nos ayuda a caminar con dignidad
y nos capacita a vivir en santidad creciente.

Arraigados en su vivencia y suspirando por sus valores,
te decimos, unidos a toda la humanidad y llenos de gratitud: Padre nuestro....

Distribución de la comunión:

Acción de gracias (personal y en profundo silencio)

 

7. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Entregarse de corazón a Dios y a los hermanos, como hizo Jesús.

Bendición. El Señor bendiga esta Comunidad, que ha celebrado la muerte de su Hijo con la esperanza de su santa resurrección; venga sobre ella tu perdón, concédele tu consuelo, acrecienta su fe y guíala a la salvación eterna. Por J. N. S.

Monición final. Terminada la celebración nos retiramos en silencio, igual que al comienzo. El templo quedará como de luto, pero a la espera del acontecimiento impresionante de la resurrección.

Jesús surgirá victorioso de la muerte, provocando un impacto solemne: la Pascua, el paso de la muerte a la vida, con todo su simbolismo de conversión y de vida nueva. Meditemos durante esta tarde y mañana el misterio de nuestra redención para confirmar en la Vigilia Pascual y durante toda la Pascua, que queremos vivir como personas renacidas en la Luz del Resucitado.

(salida en silencio)

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