Lunes, 20 de Noviembre de 2017
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Beatificación de dos claretianos palentinos

 

 

Mañana -sábado, 21 de octubre a las 10.00- la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona acogerá la ceremonia de beatificación de 109 mártires claretianos, en una ceremonia que presidirá el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

 

El Papa Francisco aprobó el decreto de beatificación, el pasado 22 de diciembre, de esta numerosa causa que corresponde a los mártires claretianos Mateu Casals, sacerdote, Teófilo Casajús, estudiante, y Ferran Saperas, hermano, y otros 106 religiosos de esta congregación.

 

Entre ellos se encuentran dos palentinos:

 

Isaac Carrascal Mozo, C.M.F.: Nacido en Castrillo de Don Juan[1], el 11 de abril de 1896. Le llegó el martirio el 14 de octubre de 1936 en Castro Urdiales (Cantabria). Contaba en el momento de su muerte 40 años, 6 meses y 3 días

 

Vicente Vázquez Santos, C.M.F.: Nacido en Villada[2], el 23 de agosto de 1915. Le llegó el martirio en 26 de julio de 1936 en Lérida. Contaba en el momento de su muerte con 20 años, 11 meses y 3 días

 

El proceso de beatificación se inició hace casi 70 años, en 1948, e incluye sacerdotes, hermanos y estudiantes profesos claretianos que fueron asesinados durante la Guerra Civil, en 1936.

 

El grupo de los 109 mártires beatificados pertenecían a las comunidades de Cervera-Mas Claret y Solsona (60), de Barcelona (8), de Sabadell (8), de Lleida (11), de Vic, Sallent (15), Castro Urdiales, (3) y de Valencia (4).

 

 

ISAAC CARRASCAL MOZO

 

Nació el 11 de abril de 1896 en Castrillo de Don Juan (Palencia). Profesó el 15 de agosto de 1915. Sacerdote el 26 de mayo de 1923. Fusilado el 14 de octubre de 1936 en Torrelavega (Santander)

 

El P. Isaac Carrascal nació en la villa de Castrillo de Don Juan, provincia de Palencia, el día 11 de abril de 1896. A los dos días fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de dicha villa por el párroco D. Sergio Bombín. Tres años después, en la misma parroquia recibió la confirmación de manos del Excmo. Gregorio Mª García, Arzobispo de Burgos, con motivo de la visita pastoral.

 

Sus padres fueron D. Casto Carrascal y Dª Juliana Mozo, labradores acomodados, que tuvieron familia numerosa.

 

Desde pequeño fue monaguillo y muy asiduo a la doctrina o catequesis. En este ambiente le surgió la vocación con gran firmeza, como atestigua su maestro en la escuela del pueblo. Sabedor de que en Torresandino (Burgos), distante del suyo unas cinco leguas, había un Padre Misionero de Aranda de Duero, emprendió a pie animoso el largo camino para consultar su vocación. Aprobóla el Padre y supo arreglarlo todo tan bien que los padres de Isaac concedieron gustosísimos el anhelado permiso[3].

 

A los catorce años ingresó en el postulantado de Valmaseda, a donde llegó acompañado por su padre el día 14 de julio de 1910. Aquí cursó los cuatro años de Humanidades, distinguiéndose por su aplicación y conducta, de modo que obtuvo las máximas calificaciones en todas las asignaturas. Un año tuvo de profesor a su compañero de martirio, P. Gelada.

 

El 10 de agosto de 1914 pasó al noviciado de Segovia y el día 14 de ese mes tomó el hábito e inició el noviciado bajo la dirección del P. Juan Oleaga. Al final del año de prueba emitió la profesión el día 15 de agosto de 1915, fiesta de la Asunción de María al cielo.

 

Al día siguiente se trasladó a Beire (Navarra) para cursar la filosofía, obteniendo siempre las máximas calificaciones del meritissimus maior. Durante el segundo curso de filosofía, el 8 de noviembre de 1916 recibió la primera tonsura de manos del Excmo. Juan Plaza, Administrador apostólico de Calahorra, en la capilla del colegio de Beire.

 

En el verano de 1918 fue a Santo Domingo de la Calzada para estudiar la teología. Al final del segundo curso, los días 2 y 3 de mayo de 1920, recibió las cuatro órdenes menores de manos del Excmo. Nicasio Arellano, Vicario apostólico de Tonkín, en el colegio mayor. En este mismo año le nombraron bibliotecario del escolasticado, preocupándose por obtener libros necesarios.

 

Al acabar el tercer curso de la teología dogmática, en el verano de 1921 fue de nuevo a Segovia para continuar con el estudio de la teología moral. Al acabar el curso, el 10 de junio de 1922, recibió el subdiaconado y el 23 de diciembre de ese mismo año el diaconado de manos del Excmo. Manuel de Castro, Obispo de Segovia. El 26 de mayo de 1923 recibió el presbiterado de manos del mismo Obispo en la misma ciudad. Poco antes de la ordenación sacerdotal sufrió la muerte de su padre y de dos hermanas casadas, una de las cuales dejó seis niños de uno a doce años. Por ello pidió permiso para poder celebrar la primera Misa en la casa de Aranda de Duero a donde su familia se podía desplazar con poca dificultad. Los Superiores le permitieron ir a su pueblo, donde celebraron una gran fiesta.

 

Su primer destino fue el postulantado de Segovia como profesor de Retórica y Latín, simultaneando los estudios del Bachillerato oficial durante los años 1923-1926.

 

De 1926 a 1929 hizo la carrera de filosofía en la Universidad Central de Madrid. Durante ese tiempo continuaron las desgracias familiares con ocho defunciones, entre las cuales está la muerte cristianísima de su madre.

 

Terminados los estudios de filosofía fue enviado a Beire (Navarra) a donde llegó el 3 de octubre de 1929 procedente de Madrid, para enseñar Metafísica. Durante el primer año también hizo las prácticas de Magisterio, cuyo título oficial obtuvo en 1930 en Zaragoza.

 

Como profesor de filosofía dice su biógrafo: «su mérito como profesor hay que buscarlo en la claridad de sus conceptos y en la precisión y buen orden con que los exponía, logrando poner al alcance de todos, aun de los menos felizmente dotados, los más elevados conceptos de la filosofía»[4]. Además trataba con mucha delicadeza a los estudiantes.

 

El día 6 de octubre de 1931 pudo viajar a Tórtoles de Esgueva (Burgos), al monasterio de Santa María la Real, para imponer el hábito de benedictinas a dos sobrinas, que le dieron una gran alegría al ver lo contentas que estaban. Al año siguiente pudo volver a Tórtoles para tomar la profesión de ambas el día 12, fiesta de la Virgen del Pilar.

 

El 24 de septiembre de 1933 fue enviado a Castro Urdiales, como director técnico del colegio y profesor de distintas asignaturas del bachillerato.

 

A principios de 1935 comenzó a vestir la sotana de nuevo y los chicos acostumbrados a verle de seglar lo encontraron extraño. Poco a poco fueron acostumbrándose.

 

En octubre de 1935 le invitaron a Tórtoles para tomar la profesión solemne de sus sobrinas y el P. Superior le concedió el permiso oportuno. Allí acudieron sus familiares, pues su pueblo está al lado y pasaron unos días muy felices.

 

En 1936, después de las elecciones generales de febrero, la situación se agravó. El P. Carrascal se enteró del alzamiento militar cuando se encontraba en Santander, no pudiendo comunicar con el P. Superior de Castro Urdiales. Los pasajeros informaron que las comunicaciones por radio entre Madrid, Santander y Bilbao habían sido cortadas.

 

Cualidades y virtudes

 

Desde pequeño observó una conducta ejemplar. Cuando dejó la escuela para ingresar en Valmaseda, el maestro lo puso como modelo a los demás niños.

 

Durante el noviciado mostró su conducta ejemplar y edificante. El Maestro daba de él los mejores informes acentuando su piedad, humildad, docilidad y obediencia. Se distinguió por su modestia. Tenía buen talento y era muy aplicado y trabajador. Religioso observante, hasta la nimiedad, dice un condiscípulo, y muy obediente a los superiores. Era muy piadoso y devoto de la Virgen.

 

Tenía un gran celo por la salvación de las almas y grandes cualidades como director espiritual. También tenía grandes ansias de ser santo y ciertamente que por donde pasó dejó huellas de santidad, como afirman varios testigos de épocas bien diversas[5].

 

Dispersión de la comunidad, refugio y martirio

 

El día 19 de julio de 1936 volvió de Santander, a donde había ido para asistir a un Congreso Pedagógico y arreglar algunos asuntos del Colegio, acompañado por dos muchachas del asilo de las Religiosas, que habían ido a la ciudad para recibir la confirmación y poder entrar en el noviciado. Llegaron de noche. La puerta del colegio estaba ocupada por gente armada y el P. Carrascal durmió en la casa de Ángel Llano Piró, criado hortelano de las Siervas de Jesús. Después de la misa marchó al Colegio para enterarse de lo que pasaba y recibir órdenes del Superior. A las pocas horas volvió pidiendo hospedaje por amor de Dios en la casita en que había dormido. Como hacía de capellán desde la muerte del anterior, le pareció bien la idea a la M. Ángeles Aldasoro, Superiora, y aceptó la propuesta porque así no tenía que ir y venir con tantos peligros expuesto a un atropello.

 

El día 22 de ese mes se le unió el P. Gelada y un mes después, el 22 de agosto, hizo lo mismo el H. Barrio. Después se instalaron en el edificio del asilo llamado «La Providencia», donde hacían vida de comunidad como si estuvieran en el convento. Durante este tiempo de preparación al martirio tomó apuntes de las noticias que le llegaban. Algunas veces recibieron la visita de los otros miembros de comunidad refugiados en casas particulares. Ciertamente era una temeridad. Sobre la detención de los tres claretianos, PP. José M. Martínez de la Calle, Jerónimo Carazo Palazuelos y el Estudiante Juan Manuel Arteaga, escribió:

 

«¿Quién hubiera nunca sospechado los males gravísimos que esta noche nos amenazaban? Tres queridísimos hermanos serían arrebatados de nuestras manos y de nuestros ojos. Un dolor vehemente atravesó nuestro corazón y un temor grande nos invadió. Con esta detención ¿comenzarían a detenernos a todos? Los tres predichos recorrían las calles y vías públicas libremente, cosa que no todos aprobaban»[6].

 

Para los refugiados en el asilo todo continuaba igual. Así lo anota el día 5 de octubre el mismo P. Carrascal:

 

«Confiados en el Señor aunque íntimamente preocupados seguimos el mismo método de vida que podríamos guardar en el claustro. Desde nuestras habitaciones se oye frecuentísimamente el estrépito de los coches de los soldados»[7].

 

El día 13 de octubre hacia las once de la mañana, como se ha dicho antes, fue apresado y conducido a la cárcel, instalada en el monasterio de las Clarisas. A las cinco y media de la tarde de ese mismo día volvió al asilo acompañado por un miliciano. Venía a pedir que le entregasen 450 pesetas, les exigían 150 a cada uno, tres mantas y meriendas-cena porque les iban a llevar a la cárcel de Santander. ¡Todo mentira! Era rapacidad. Cuando estaba en el recibidor les contó dónde les habían llevado, que ni siquiera les habían dado agua y les recordó que los tres les estaban muy agradecidos. Que les daba pena pensar lo que ahora iban a hacer con nosotras.

 

Pagarles a ustedes con esto después de lo que han hecho por nosotros.

 

Le dieron las cosas que había pedido y le querían dar algunas más, pero el Padre dijo:

 

¿Para qué? ¿Para morir? Y añadió:

 

Pidan Vds. a Dios que si nos van a matar muramos como mártires. Díganselo también así a las niñas para que hagan la misma súplica.

 

El Padre, como despedida, les dio la absolución y marchó.

 

El miliciano que le esperaba le llevó de nuevo a la cárcel instalada en el monasterio de las Clarisas y de allí fue sacado hacia la una de la madrugada del día 14. Fue llevado en auto hasta la ermita Jesús del Monte, cerca de Torrelavega, sufriendo durante la hora de trayecto toda clase de insultos e, incluso, golpes. Allí fue entregado a otro grupo que lo fusiló junto con los antes citados el 14 de octubre de 1936. Su cadáver fue encontrado en el km. 4 de la carretera de Sierrapando a la Cavada. Como no llevaba documentación se le hizo fotografía que fue unida al acta de defunción. Se le encontraron varios objetos como un rosario, una medalla de Antonio M Claret, lapiceros, dos papelitos con algunas notas, etc… y un periódico de La Ilustración de Castro, del 30 de agosto de 1936. La ropa que vestía estaba marcada con el n. 173. Fue enterrado en el cementerio de Torrelavega.

 

 

VICENTE VÁZQUEZ SANTOS

 

Nació el 23 de agosto de 1915 en Villada. Profesó el 25 de agosto de 1931. Fusilado el 26 de julio de 1936 en Lérida

 

En el pueblo palentino de Villada, nació Vicente el día 23 de agosto de 1915, hijo de D. Vicente Vázquez, jornalero, y de Dª. Concepción Santos. Fue bautizado en la parroquia de Santa María del pueblo el día 29 de agosto de ese año y confirmado dos años después por el Excmo. José Álvarez Miranda, Obispo de León, mientras realizaba la visita pastoral a dicha parroquia.

 

Quedó huérfano de padre a los tres años. A punto de cumplir los once años, por influjo de su tío claretiano, P. Anastasio Vázquez[8], ingresó en el postulantado de Alagón (Zaragoza) en agosto de 1926. Posteriormente también entró su hermano Emiliano. En Alagón comenzó los estudios de Humanidades y dos años después los continuó con notable aprovechamiento en Cervera, a donde llegó en el mes de julio de 1928. Su Prefecto de postulantado fue el P. José Ribé.

 

El 29 de julio de 1930 pasó a Vich para hacer el noviciado. Tomó el hábito el 14 de agosto y profesó el 25 de agosto de 1931. Al día siguiente se trasladó a Solsona para cursar la filosofía. En Solsona también hizo el primer curso de teología a causa de una reorganización. En el verano de 1935 pasó a Cervera para continuar los dichos estudios con vistas al sacerdocio.

 

Realizó los estudios con gran aprovechamiento, demostrando capacidad para aprender lenguas, tanto modernas como antiguas, especialmente el griego, que lo hablaba en recreos con Amadeo Amalrich y lo escribía correctamente, tanto que colaboró en la revista Katholikon de Atenas. Quizá por estas cosas se dice en un informe que «podría dedicar algo más a la virtud». A pesar de esta apreciación su comportamiento siempre fue ejemplar no obstante sufriera frecuentes dolores de cabeza. Era sencillo y piadoso.

 

Todas sus esperanzas sacerdotales, religiosas y científicas se truncaron el día 21 de julio de 1936 al tener que salir con lo puesto de la ex universidad de Cervera y tener que refugiarse primero en San Ramón y después en el Mas Claret, de donde tuvo que huir al día siguiente. Le tocó el grupo del P. Manuel Jové, que fue detenido en Ciutadilla y fusilado en el cementerio de Lérida el día 26 de julio de 1936, como se ha dicho antes.

 

 

 

 

- La Diócesis de Palencia cuenta con 93 Beatos martirizados en el S. XX. De estos, 92 eran religiosos, y uno de ellos, el Beato Mariano Morate, sacerdote diocesano. A esta lista habrá que añadir el domingo a los dos nuevos Beatos.

 

- 68 localidades palentinas tienen al menos un Beato mártir entre sus hijos. Buenavista de Valdavia y Palencia tienen 5 beatos. Le siguen Arconada (4), Carrión de los Condes (3) y Aguilar de Campoo, Alba de los Cardaños, Barriosuso de Valdavia, Becerril del Carpio, Espinosa de Cerrato, Frómista, Fuentes de Nava, Iteroseco, La Lastra, La Serna, Osorno y Villafría de la Peña con 2.

 

- A 92 de ellos, el martirio les llegó entre el 23 de julio y el 4 de diciembre de 1936. El último mártir fue el Beato Anselmo Polanco, OSA, Obispo de Teruel, asesinado el 7 de febrero de 1939.

 

- Se ignora el lugar donde están los restos de 25 Beatos mártires.

 

- Les llegó el martirio en territorios que hoy corresponden a las Diócesis de Alcalá de Henares, Almería, Barcelona, Cartagena, Ciudad Real, Cuenca, Gerona, Getafe, Lérida, Madrid, Málaga, Oviedo, Santander, Tarragona, Terrassa, Toledo, Urgell y Valencia.

 

- Casi la mitad, 44, fueron asesinados en la entonces Diócesis de Madrid-Alcalá. 25 de ellos en Paracuellos del Jarama.

 

- 52 de los Beatos mártires palentinos del S. XX tenían menos de 30 años.

 



[1] Castrillo de Don Juan era entonces parte de la Archidiócesis de Burgos.

[2] Villada era entonces parte de la Diócesis de León.

[3] Torres, I., Necrología del R. P. Isaac Carrascal Mozo, en Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla 9 (1944) p. 653.

[4] Ibidem, p. 691.

[5] Ibidem, pp. 742-744.

[6] Torres, I., Necrología del R. P. Isaac Carrascal Mozo, en Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla 10 (1945) p. 159.

[7] Ibidem, p. 160.

[8] Nació en Grulleros (León) el 17 de agosto de 1895; profesó el 15 de agosto de 1912; fue ordenado sacerdote el 2 de mayo de 1920 y murió en Río de Janeiro (Brasil) el 12 de abril de 1958.