Miércoles, 20 de Junio de 2018
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Caminamos hacia el Domingo

DOMINGO, 17 DE JUNIO
XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

Ez 17, 22-24. Yo exalto al árbol humilde.

Sal 91. Es bueno darte gracias, Señor.

2 Cor 5, 6-10. En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor.

Mc 4, 26-34. Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas.

 

Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

 

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

 

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

 

COMENTARIO

 

El tema del Reino estaba muy presente en la vida de Jesús, formaba parte de su misión difundirlo y hacerlo presente, también, en la vida de los que a Él se acercaban. Tenía el Reino como una referencia vital (cf. Mc 10, 15; Jn 3, 3; Mt 6, 33).

 

Podemos preguntarnos: ¿en qué consiste esta realidad del Reino de Dios? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Qué significa? Sólo encontraremos respuestas en Jesucristo. Él es la personificación de Reino del Padre. En la persona de Cristo, en todo su ser se encuentra la plenitud y realización del Reino de Dios.

 

Jesús nos enseña que para comprender el Reino y su fuerza necesitamos tener una mirada distinta: sólo podemos verlo con los ojos de la fe. Con la esperanza y confianza podemos buscarlo y también poseerlo con el poder de amor de Dios.

 

Con las parábolas de hoy Jesús nos muestra la fuerza de Reino el cual surge de elementos sencillos, pequeños, como un grano de mostaza, como una semilla, pero al desarrollarse llega a ser algo grandioso. Es decir, de los pequeños comienzos se puede llegar a los más grandes resultados.

 

El mensaje de hoy es sencillo, como las parábolas, nos invita a ponerlo en práctica, ¿y qué hacer? Confiar y dejar que el Reino de Dios actúe en nosotros con toda su fuerza; creer que es Él quien obra, que avanza lenta e imperceptiblemente, pero seguro; tener en cuenta que merece la pena buscarlo por medio de las pequeñas cosas, en nuestra cotidianeidad, que quizá las rechazamos por ser débiles, humildes, frágiles… (todo lo que es insignificante a nuestros ojos); y saber que Dios es Dios siempre, nos ama y quiere que vivamos en plenitud su Reino.

 

Pidamos al Señor que venga en nuestro auxilio, que su Reino se haga presente en nosotros y que podamos reconocerlo como Dios y Señor.

 

MEDITACIÓN

 

“El Reino de Dios es la fe en Cristo y en el misterio de su Encarnación. Este Reino viene a ser a manera de un hombre que siembra su heredad, porque siendo Dios e Hijo de Dios, y haciéndose hombre sin cambiar de sistema, sembró por nosotros la tierra, esto es, iluminó todo el mundo con la palabra de conocimiento divino”. (San Juan Crisóstomo).

 

Con estas palabras y la realidad concreta que vivo:

 

- ¿Tengo la fe como un apoyo?

- ¿De qué manera permito que el Reino de Dios se haga presente en mi vida?

 

ORACIÓN

 

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas ; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo: Amén.

 

 

Autoría del comentario: Comunidad de Monjas Dominicas
Monasterio Nuestra Señora de la Piedad (Palencia)
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LECTURAS DE LA SEMANA

 

 

 

LUNES, 18 DE JUNIO

 

1 Re 21, 1-16. Nabot ha sido lapidado y está muerto.

Sal 5. Atiende a mis gemidos, Señor.

Mt 5, 38-42. Yo os digo que no hagáis frente al que os agravia.

 

Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

 

MARTES, 19 DE JUNIO

 

1 Re21, 17-29. Has hecho pecar a Israel.

Sal 50. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Mt 5, 43-48. Amad a vuestros enemigos.

 

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publícanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

 

MIÉRCOLES, 20 DE JUNIO

 

2 Re 2, 1. 6-14. De pronto, un carro de fuego los separó, y subió Elías al cielo.

Sal 30. Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor.

Mt 6, 1-6. 16-18. Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

 

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

 

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

 

JUEVES, 21 DE JUNIO

 

Eclo 48, 1-14. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo se llenó de su espíritu.

Sal 96. Alegraos, justos, con el Señor.

Mt 6, 7-15. Vosotros orad así.

 

Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

 

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.

 

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

 

VIERNES, 22 DE JUNIO

 

2 Re 11, 1-4. 9-18. 20. Ungieron a Joás y gritaron: «¡Viva el rey!».

Sal 131. El Señor ha elegido Sion para vivir en ella.

Mt 6, 19-23. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

 

No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde estará tu tesoro, allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!

 

SÁBADO, 23 DE JUNIO

 

2 Crón 24, 17-25. Zacarías, a quien matasteis entre el santuario y el altar.

Sal 88. Le mantendré eternamente mi favor.

Mt 6, 24-34. No os agobiéis por el mañana.

 

Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.

 

 

 

Las Edades del Hombre y el Románico Norte

 

 

Pocas realidades son capaces de aunar en la montaña a Dios y a los hombres como lo hacen las iglesias románicas atrapadas por el tiempo en la Montaña Palentina, motivo por el cual, a esta edición, le añadimos un epílogo: Ecclesia Dei. Se trata de una invitación a recorrer, a través de siete destinos, algunas de las iglesias y ermitas más bellas del románico en la Montaña Palentina.

 

Destino 1. PIEDRA Y AGUA: el románico de la ribera del Pisuerga

 

Destino 2. PIEDRA Y CIELO: el románico de Santullán

 

Destino 3. PIEDRA Y PAISAJE: el románico de la ribera del Camesa

 

Destino 4. PIEDRA Y CAMINO: el románico del norte del embalse de Aguilar

 

Destino 5. PIEDRA Y MANANTIAL: el románico y la historia de Cervera de Pisuerga y alrededores

 

Destino 6. PIEDRA ENTRE EL CIELO Y LA MONTAÑA: el románico de la Ojeda

 

Destino 7. PIEDRA Y RECUERDO: el románico del embalse de Aguilar

 

 

DESTINO 1
PIEDRA Y AGUA:
El románico de la ribera del Pisuerga

 

Y miro al agua,
su inmensidad,
su olor a heno...
su sabor a enebro y sal.

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es a través de la salida del punto kilométrico 94 de la autovía A-67 Palencia- Santander. Si el acceso es desde la carretera N-627 procedente de Burgos, la mejor opción es llegar hasta Aguilar de Campoo y desde allí coger la autovía y la salida anteriormente señalada.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 6,1 km)

 

Becerril del Carpio: Iglesia de San Pedro

Santa María de Mave: Iglesia monacal de Santa María de Mave

Olleros de Pisuerga: Iglesia de los Santos Justo y Pastor

 

 

 

El Pisuerga es uno de los dos grandes ríos que nacen en la Montaña Palentina. Río de vida y comunicación, pues a su ribera se asientan poblaciones y se abren caminos no exentos de desfiladeros y valles, choperas en las que a su sombra descansar. Un paisaje capaz de trasladarnos a la época en que surgieron, el medievo, donde destaca la fortaleza de iglesias como la de San Pedro en Becerril del Carpio, la iglesia monacal de Santa María de Mave o la iglesia de los Santos Justo y Pastor de Olleros de Pisuerga, que parece arrancada a las entrañas de la piedra. Piedras que se miran en las aguas sosegadas como si el tiempo se hubiera olvidado de esa tierra.

 

 

DESTINO 2
PIEDRA Y CIELO:
El románico de Santullán

 

Elevas la mirada,
asciendes hasta contemplar cómo toca el cielo con sus ramas,
un cielo rabioso de azules,
esperando que alguien venga,
que alguien camine contigo.

 

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es llegar a Aguilar de Campoo y, una vez aquí, tomar la carretera P-220 con dirección a Barruelo de Santullán, desde la que se accede a los pueblos señalados.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 7,1 km)

 

Villavega de Aguilar: Iglesia de San Juan Bautista

Cillamayor: Iglesia de Santa María la Real

Revilla de Santullán: Iglesia de los Santos Cornelio y Cipriano

 

 

 

Este destino nos lleva a elevarnos hasta las tierras altas de la antigua Merindad de Aguilar de Campoo. Tierras dominadas por agrestes rocas y paisajes habitados por fauna salvaje. Tierra que acogió a primeros pobladores y que aún conservan, como en Brañosera, el primer fuero de repoblación firmado por el conde Munio Núñez en el año 824. Cielo llano y terso marcando horas y oficios que nos permiten detenernos en la iglesia de San Juan Bautista en Villavega de Aguilar, o en la iglesia de Santa María la Real en Cillamayor hasta llegar a la iglesia de los Santos Cornelio y Cipriano, de Revilla de Santullán.

 

DESTINO 3
PIEDRA Y PAISAJE
El románico de la ribera del Camesa

 

Te descubro
como descubro las flores primeras del invierno
los trinos de los pájaros rompiendo el cielo,
el Silbo del viento
acariciando las ramas del viejo mimbrero.

 

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es a través de la salida del punto kilométrico 116 de la autovía A-67 Palencia-Santander. Desde aquí coger la carretera N-611 hasta Canduela y comenzar la ruta.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 9,5 km)

 

Canduela

Cezura: Iglesia de Santiago Apóstol

Cabria: Iglesia de San Andrés

 

Los ríos Camesa e Ivia riegan generosamente las tierras por donde discurren con sosiego originando paisajes de belleza singular, como Covalagua y la Cueva de los Franceses. Atrayentes paisajes de erosionadas rocas no solo por el tiempo y el agua, también por la mano del hombre que decidió construir allí su última morada, necrópolis rupestres, como quien desea reclamar el paisaje y la naturaleza como propias y fundirse en ellas después del largo viaje de la vida. Nacidas también por la propia naturaleza y acogidas en ese bello paisaje, sus iglesias disputan entre sí la belleza en San Andrés de Cabria, o la de Santiago de Cezura, sin olvidar el caserío de Canduela, con sus casonas solariegas y trazados medievales.

 

 

 

DESTINO 4
PIEDRA Y CAMINO
El románico del norte del embalse de Aguilar

 

También la piedra hace camino,
como la lluvia o el viento,
el sol que tiñe de rojo las tardes de verano;
los ojos de mirar ausente que señalan la dirección,
hacen camino.

 

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es llegar hasta la localidad de Aguilar de Campoo, y una vez aquí tomar la carretera CL-626 con dirección a Cervera de Pisuerga, desde la que se accede a los pueblos señalados.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 12,7 km)

 

Corvio: Iglesia de Santa Juliana

Matamorisca: Iglesia de San Juan Bautista

Villanueva de la Torre: Iglesia de Santa Marina

 

 

 

Antiguo camino a Santiago que hoy aún evoca aquellos pasos de peregrinos que en él encontraban seguridad, camino que les alejaba de las temidas “razzias” con las que asediaban los infieles; camino de la baja Cordillera Cantábrica. Descanso y oración al caer la tarde en las iglesias y monasterios surgidos a sus veredas para, con el alba reemprender camino. Lugar de gentes venidas de los cuatro puntos cardinales. Camino Olvidado, trayecto legendario que fue capaz de reunir en su trazado los monasterios e iglesias más representativos del arte medieval del norte palentino.

 

 

DESTINO 5
PIEDRA Y MANANTIAL
El románico y la historia de Cervera de Pisuerga y alrededores

 

Ayer quise ser mar,
hoy el arroyo me dice:
primero manantial,
regato después,
más tarde río
para un día ser mar,
fundirte en la mar.

 

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es llegar hasta la localidad de Aguilar de Campoo y, una vez aquí, tomar la carretera CL-626 con dirección a Cervera de Pisuerga.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 12,9 km)

 

San Cebrián de Mudá: Iglesia de San Cornelio y San Cipriano

Cervera de Pisuerga: Iglesia de Nuestra Señora del Castillo, Eremitorio de San Vicente, etc.

 

 

 

Fuente Cobre, cuna del Pisuerga y de tupidos bosques de robles y hayedos, abedules y avellanos que tachonan como manchas vivas el paisaje del Parque Natural y las Fuentes Carrionas. Y corre el agua y se remansa para permitir que las espadañas de sus iglesias se miren en sus aguas mientras se dejan acariciar por las nubes o el cielo azul y terso. Espacios arrancados a la piedra entre oraciones y silencios, eremitorios en los que solo el canto del pájaro rompe la quietud.

 

 

 

DESTINO 6
PIEDRA ENTRE EL CIELO Y LA MONTAÑA
El románico de la Ojeda

 

Atrás quedó el mar de ocres y amarillos,
ahora la montaña se muestra altiva,
insinuosa
dura para los pies cansados,
desafiante como sus riscos.

 

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es a través de la salida del punto kilométrico 88 de la autovía A-67 Palencia-Santander. Una vez aquí coger la carretera P-223, con dirección a Cervera de Pisuerga que nos llevará hasta el monasterio de San Andrés de Arroyo. Esta carretera finaliza en la intersección con la carretera P-227 a través de cuyo recorrido están ubicados Moarves y Perezancas de Ojeda.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 16,2 km)

 

San Andrés de Arroyo: Monasterio de Santa María y San Andrés

Perazancas de Ojeda: Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Moarves de Ojeda: Iglesia de San Juan

Perazancas de Ojeda: Ermita de San Pelayo

 

Entre la Montaña y Tierra de Campos, la comarca de Boedo y la Ojeda acoge entre sus escondidos pueblos algunas de las más bellas iglesias del románico palentino. Construcciones en las que el tiempo se ha detenido en personajes históricos que parecen cobrar vida y cantos o callados silencios en monasterios como el de San Andrés de Arroyo o en la iglesia de San Juan de Moarves de Ojeda.

 

 

 

DESTINO 7
PIEDRA Y RECUERDO
El románico del embalse de Aguilar

 

Unos hacen camino y dureza,
otros a duras penas los soñamos.

 

Cómo llegar: La mejor manera de acceder a este itinerario es llegar hasta la localidad de Aguilar de Campoo y, una vez aquí, tomar la carretera PP-2131, hasta Vallespinoso de Aguilar, para posteriormente retroceder y coger la vía PP-2132 que te dirige hasta Barrio de Santa María.

 

Qué ver: (Distancia aproximada entre poblaciones 8,6 km)

 

Vallespinoso de Aguilar: Iglesia de Santa Cecilia

Barrio de Santa María: Iglesia de Santa Eulalia y de Nuestra Señora de la Asunción

 

El agua a veces da vida, otras la quita, pero siempre queda el recuerdo. Recuerdo de historias que forjaron pueblos como Zalima o Frontada hoy enmudecidos bajo las aguas del embalse o los caminos o sus puentes que ya no llevan a ningún lugar. Pero desde arriba, la Montaña Palentina se nos ofrece generosa en las piedras que conforman las ermitas de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar y Santa Eulalia de Barrio de Santa María o su iglesia de la Asunción de la Virgen.

 

 

 

 

 

Como epílogo a Mons Dei, la Fundación Las Edades del Hombre le invita a continuar su recorrido por algunas de las iglesias románicas más significativas de la Montaña Palentina.

 

Las visitas guiadas a los siete destinos repartidos a lo largo de la semana permiten conocer los secretos de los templos, sus características artísticas y arquitectónicas, su espiritualidad y las razones por las que fueron construidos y aún perviven en la actualidad. Los itinerarios se distribuyen de la siguiente manera:

 

 

Escritos del Obispo de Palencia con motivo de Mons Dei y Ecclesia Dei

Artículos del Obispo de Palencia, Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, con motivo de la celebración de Mons Dei y Ecclesia Dei.

 

Descargar artículos

 

¿Cuál es la finalidad de “Las Edades del Hombre”?

Las Edades del Hombre: dialogo entre fe y cultura

¿Qué edad o edades tiene el hombre?

Mons Dei = La Montaña de Dios

Jesucristo, plenitud del Hombre y sus Edades

Las Edades del Hombre y Ecclesia Dei

Subida a Mons Dei, a Jesucristo

¿Cómo visitar Mons Dei?

Mons Dei y Ecclesia Dei

Saludo a la Reina Doña Sofía en la inauguración de Mons Dei

 

 

 

¿CUÁL ES LA FINALIDAD DE “LAS EDADES DEL HOMBRE”?

 

7 de enero de 2018

 

Si Dios quiere, próximamente, hacia mayo, se abrirá en Aguilar de Campoo una edición más de la exposición Las Edades del Hombre, con el título y tema de Mons Dei, la Montaña de Dios. Y qué mejor lugar para la misma que nuestra montaña palentina y Aguilar como una de las poblaciones de la misma.

 

Este acontecimiento que tendrá como centros expositivos la iglesia románica de Santa Cecilia y el templo parroquial de San Miguel, y como complemento una corona de iglesias románicas de la zona, Ecclesia Dei, la Iglesia de Dios.

 

Esta exposición, que estará abierta hasta mediados de noviembre, ha despertado mucho interés, y es lógico, no sólo entre la población aguilarense y de su zona, sino también en toda nuestra provincia palentina y las otras de Castilla y León, ferias de turismo, medios de comunicación, etc. Todos hemos visto cómo se han movilizado, juntamente con la Fundación Las Edades del Hombre, la Iglesia de Palencia, las autoridades de la Diputación provincial, el Ayuntamiento de Aguilar y otros de la zona, los empresarios, particularmente los hosteleros.

 

Sin duda alguna, un evento como este, como muchas acciones humanas, tiene muchos aspectos en los que detenernos: sociales, políticos, culturales, artísticos, históricos, económicos, religiosos y más concretamente cristianos, católicos y espirituales, por citar solo algunos. Todos tienen su importancia y no se deben obviar ni descartar. Pero cometeríamos un gran error si olvidáramos que la finalidad primaria y fundamental es establecer el diálogo entre la fe y la cultura. Para eso nació la fundación y para eso sigue viva después de más de veinte años y varias exposiciones tanto en Castilla y León como en otras naciones.

 

La Iglesia en Castilla y León, a través de la Fundación Las Edades del Hombre, cuyos patronos son los obispos de las Diócesis de Castilla y León, ha querido y quiere resaltar y subrayar esa relación intrínseca tanto a la cultura como a la fe, porque una cultura que suprima la dimensión creyente, espiritual o religiosa de la misma está mutilando al hombre, como una fe que no se haga cultura, que no se inculturalice, que no se encarne no es plena. Y en particular la fe cristiana que tiene como eje fundamental que el Verbo de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros, compartiendo no únicamente nuestra naturaleza humana sino también nuestra historia concreta con sus avatares, peripecias, alegrías, esperanzas, tristezas y angustias, nuestra vida y muerte para hacernos compartir su divinidad.

 

Nada mejor que recurrir al Concilio Vaticano II para tener una recta compresión de estas dos dimensiones. «Es propio de la persona humana no poder acceder a la verdadera y plena humanidad más que a través de la cultura, es decir, cultivando los bienes y valores de la naturaleza. Por consiguiente, siempre que se trata de la vida humana. Naturaleza y cultura están en la más íntima conexión.

 

Con la palabra “cultura” se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus múltiples cualidades espirituales y corporales, pretende someter a su dominio, por el conocimiento y el trabajo, el orbe mismo de la tierra; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, en sus obras expresa, comunica y conserva a lo largo de los siglos las grandes experiencia y aspiraciones espirituales, para que sirvan de provecho a muchos, más aún, a todo el género humano» (Concilio Vaticano II, GS,53).

 

El mismo Concilio reconoce que el concepto de cultura tiene un aspecto histórico y social y que la palabra cultura adquiere muchas veces un sentido sociológico y etnológico, por lo que se habla de diversidad de culturas. «Pues las distintas condiciones de convivencia, y las diferentes formas de conjugar los bienes tienen su origen en el diverso modo de utilizar las cosas, de realizar el trabajo, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer leyes e instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias y las artes y de cultivar la belleza» (Ib).

 

La cultura actual y los que prenden configurarla con diversos medios de poder quieren relativizar y obviar la dimensión espiritual y creyente del ser humano, y más concretamente, en nuestra Europa, de la fe cristiana. También aquí en España, y prueba de ella es la desnaturalización de la Navidad como fiestas de invierno, o la misma Cabalgata de Reyes. Sin duda lo que pretenden, a veces, en virtud de una falsa tolerancia, es renegar de las raíces cristianas. Pero pretender eso es ir a la muerte, es caminar a la muerte, porque un árbol que renuncie a sus raíces, tarde o temprano, cae y muere.

 

Esta exposición quiere proclamar que el hombre sin Dios no es él mismo, y que el Dios cristiano sin el hombre no es tal, no es auténtico; que fe y cultura son dos hermanas inseparables.

 

 

 

LAS EDADES DEL HOMBRE: DIALOGO ENTRE FE Y CULTURA

 

14 de enero de 2018

 

La próxima edición de Las Edades del Hombre pretende ser una manifestación del diálogo entre la fe y la cultura en el pasado pero realizada en el presente y pensando en el futuro.

 

Este diálogo siempre ha sido y es y será complejo por muchas razones, entre otras por la complejidad de la misma realidad cultural, reflejo de la complejidad humana. Hoy de manera especial cuando hablamos de una cultura globalizada, fruto del fenómeno de la globalización, de tal manera que hablamos de un cambio de época, de una nueva época de la historia humana.

 

Esta complejidad se manifiesta a veces como si se quisiera imponer una cultura única, una única cultura mundial, impuesta desde arriba por los poderes, una cultura que anulase las demás, que no tuviera en cuenta las diversos y enriquecedores valores que encierran los diversos pueblos, como si estuvieran superados o correspondieran a una etapa pasada de la civilización realidades como la religión, y más en concretamente la cristiana.

 

La cultura tiene como artífice al hombre y a la mujer. Queremos construir un nuevo humanismo en el que el hombre se manifieste como libre y responsable hacia los demás hombres, la creación y la historia. Y es lógico que se quiera, pero sin que la nueva cultura caracterizada por la ciencia y la técnica se coma al hombre, el espíritu del hombre y las tradiciones de los pueblos. No se puede crear una cultura nueva si esta no se apoya en el ser del hombre, si la razón y sus plurales manifestaciones como la filosofía, las ciencias y las técnicas son consideradas como absolutos, si no tiene en cuenta la conciencia, la ética, la moral y la fe porque puede volverse contra el mismo hombre y el mismo pueblo. En la historia pasada y presente tenemos muchos ejemplos para comprenderlo.

 

¿Qué puede y debe aportar la fe a la cultura y qué debe y puede aportar la cultura a la fe?

 

No podemos admitir que se quieran separar como si fueran realidades que no tienen nada que ver. La cultura no puede olvidar que el hombre tiene una dimensión transcendente, y la fe necesita encarnarse en un tiempo y un espacio. La fe vivida ofrece muchos estímulos para trabajar por un mundo más humano. Ofrece una concepción del hombre, ofrece la luz de Dios, ofrece la verdad, la esperanza y el amor, ofrece el trabajo de muchos creyentes que nos han precedido y que han contribuido decisivamente en la sociedad, ofrece la medicina de Dios para sanar de raíz tantos males como nos afligen. La cultura ofrece a la fe vivida el humus para hacerse carne e historia, para aterrizar y concretarse, con todas las limitaciones que queramos, para aportar transcendencia y esperanza, para ser fe auténtica.

 

El diálogo entre la fe y la cultura siempre se ha dado y siempre tiene que darse. A lo largo de la historia ha habido diversos momentos, unos más difíciles y otros menos, unos más fecundos y otros menos, pero no ha sido, ni es, ni puede ser imposible; cada época trae sus dificultades. Nunca es inútil si es auténtico diálogo y si la fe respeta la autonomía legítima de la cultura, particularmente de las ciencias y las técnicas, y si la cultura se abre a la fe, no se absolutiza por encima del hombre y de Dios, misterio último del hombre y de todo cuanto existe.

 

Considero que en el Evangelio encontramos imágenes que nos pueden ayudar a comprender esta relación. Jesús, en el llamado Sermón del Monte, dice: «Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alta de un monte» (Mt 5, 13-16). Y en otro lugar: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13, 33).

 

La sal en tiempos de Jesús era necesaria para conservar, preservar de la corrupción y dar sabor a los alimentos. Hoy esta función está en parte superada, pero sirve la imagen para destacar que la fe ayuda a conservar la auténtica cultura, a preservarla de la corrupción y aporta el “sabor”, la sabiduría que viene de Dios. La luz es necesaria para ver, distinguir colores, personas, generar vida, calor, etc.; así también la fe para cultura. La ciudad puesta en lo alto del monte es la fe vivida comunitariamente que acoge, da refugio, defiende a los hombres, socialmente considerados, y hace posible la convivencia en paz y concordia. Y la levadura en la masa, que nos invita a que, partiendo de los elementos culturales representados en las tres medidas de harina, con la levadura de la fe, se pueda gustar un pan sabroso y tierno, partido y compartido, del que se pueda alimentar con alegría la familia humana y recuperar energías para seguir el camino.

 

Las Edades del Hombre son una muestra de que se puede y se debe superar el drama de la ruptura actual entre la fe y la cultura.

 

 

 

¿QÚE EDAD O EDADES TIENE EL HOMBRE?

 

21 de enero de 2018

 

La expresión “Las Edades del Hombre” puede tener y tiene múltiples significaciones y a ellas quiero referirme brevemente.

 

La primera acepción de edad es tiempo que ha vivido una persona o ciertos animales o vegetales; después: duración de algunas cosas o entidades abstractas, cada uno de los períodos en que se considera dividida la vida humana, cada uno de los grandes períodos en que, tradicionalmente y según distintos puntos de vista, se considera dividida la historia (Cfr. Diccionario de la RAE).

 

Con esta expresión, en singular o plural, nos podemos referir al estudio de los orígenes del hombre, la evolución humada. Una muestra excepcional es la que se nos ofrece en la vecina ciudad de Burgos sobre la evolución humana teniendo como base los hallazgos de Atapuerca.

 

Podemos referirnos a las edades de la historia humana, arrancando de la Prehistoria -con sus divisiones en edades de la piedra, del cobre, del bronce, del hierro-, y la Historia con las edades antigua, clásica, medieval, moderna, y contemporánea. En otras situaciones se habla de edad de plata, edad de oro, etc.

 

También nos podemos referir a las distintas etapas de la vida de cada persona: la concepción, en el vientre materno, el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la juventud, la edad adulta, la madurez y la senectud.

 

Desde el punto de vista religioso y cristiano se han hecho diversos esquemas de las edades de la historia, y de la historia de salvación, basadas en el simbolismo de la historia bíblica y los números.

 

San Agustín (+ 430), por ejemplo, usaba dos esquemas para hablar de las edades de la historia. El primer esquema dividía la historia en seis épocas: 1ª: de Adán a Noé; 2ª: de Noé a Abrahán; 3ª: de Abrahán a David; 4ª: de David al cautiverio de Babilonia; 5ª: del cautiverio de Babilonia a Jesucristo; 6ª: de Jesucristo a la Parusía, a su venida en gloria; 7ª: la vida eterna. Este esquema se desechó hacia el año 400. El segundo esquema utilizado es más sencillo y tripartito: 1º: la historia antes de la ley de Moisés o la ley de la naturaleza; 2º: la historia bajo la ley de Moisés; 3º: el tiempo bajo la ley de la gracia. El centro de la historia estaba marcada por la Encarnación.

 

San Agustín, finalmente, resume todas las épocas y edades en dos: 1º: el tiempo en que se esperaba a Cristo y, 2º, el tiempo después de la venida de Cristo. Este esquema es el que todavía usamos nosotros cuando contamos la historia y los años. Este año estamos en el año 2018 desde el nacimiento de Cristo, aunque Dionisio, el Exiguo, se equivocara en el cálculo unos pocos años.

 

San Gregorio Magno (+560) hablaba de cinco etapas, basándose en la parábola de los obreros enviados a la viña a distintas horas (Mt 20,1-16) y en ella se apoyarán algunos escritores medievales para establecer cinco edades del mundo marcadas por Adán, Noé, Abrahán, Moisés y Cristo.

 

Según Joaquín de Fiore (+1202), en la historia se podían distinguir tres etapas o edades sucesivas: a la Edad del Padre (Antiguo Testamento) y a la del Hijo (Nuevo Testamento) habría de seguirle la Edad del Espíritu Santo en la que se cumpliría el Sermón de la Montaña, la reconciliación con los cristianos griegos, judíos y cristianos y una época de paz.

 

San Buenaventura (+ 1274) hablará de dos tiempos: la edad del Antiguo Testamento y la del Nuevo Testamento; también el tiempo de la sinagoga y el tiempo de la Iglesia. Igualmente divide la historia según el número septenario, teniendo en cuenta el Antiguo. Testamento, el Nuevo Testamento y situando a Jesucristo en el centro de la historia; en ocasiones dividía la historia teniendo como referencia el número siete en el Apocalipsis (siete cartas, siete ángeles, siete copas, siete trompetas, etc.

 

¿Qué queremos afirmar con esta expresión Las Edades del Hombre? Que toda la historia del hombre está atravesada, impregnada y llena de la misericordia, la benevolencia y el amor de Dios; que Cristo, el mismo ayer, hoy, y siempre, es la edad y las edades del hombre y de la historia. Cuando nosotros usamos esta expresión nos referimos al hombre en todas sus dimensiones y queremos afirmar que el mismo hombre y toda su realidad tiene como clave para entender todo lo existente y al mismo Dios, a Jesucristo. «Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Pues Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, de Cristo, el Señor, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación». Cristo es el que esclarece el misterio del hombre, el enigma del dolor, del mal y de la muerte que fuera del Evangelio nos abruma. Cristo resucitó, destruyendo la muerte con su muerte, y nos dio la vida para que, hijos en el Hijo, clamemos en el espíritu: ¡Abba! ¡Padre! (GS, 22). Es nuestro hermano, nuestro Señor, el nuevo Adán, el cielo nuevo y la tierra nueva, el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.

 

 

 

MONS DEI = LA MONTAÑA DE DIOS

 

28 de enero de 2018

 

La edición de Las Edades del Hombre que va desarrollarse en la villa norteña de Aguilar de Campoo lleva por título Mons Dei. ¿Qué quiere decir esta expresión? Es una expresión latina que significa Monte de Dios, o Montaña de Dios. En la elección del nombre, además del Secretario de la Fundación Las Edades del Hombre y los técnicos, han tenido parte los sacerdotes que estaban entonces en Aguilar. Enamorados ellos de la Montaña Palentina propusieron este nombre que después fue aceptado por la Fundación.

 

Castilla y León, es verdad, es en la mayor parte de su territorio una meseta rodeada de montañas. Nuestra provincia de Palencia, además de cerros como los del Cerrato y oteros, tiene una hermosa montaña con grandes cimas como el Espigüete, el Curavacas y Peña Redonda, por citar las más altas, que cobijan las zonas de Guardo, la Peña, Cervera, La Pernía, el Valle de Santullán y Aguilar de Campoo. En ellas nacen los principales ríos que riegan nuestras tierras. Contamos con grandes montes de distintas clases de árboles como pinos, rebollos, robles, encinas, brezo, etc. Antes se extraía el carbón de sus entrañas.

 

¿Por qué este nombre? Mucha gente que se ve atraída por las alturas, por la belleza, por la aventura, por los peligros, por la grandiosidad de las montañas, huyendo, muchas veces, del mundanal ruido. ¡Cómo cambia desde las alturas la visión de los ríos, las casas, los árboles, los animales, las personas, etc.! Desde los valles se ven algunas realidades, pero, a veces, los árboles no nos dejan ver el bosque ni el bosque nos deja ver los árboles. Enfrascados y enredados en las cosas de cada día no sabemos percibir la bondad, la armonía sinfónica, la belleza de la naturaleza, la grandeza y la pequeñez del hombre. En la vida ordinaria, y más en las ciudades, no sabemos lo que es respirar aire puro a pleno pulmón, beber aguas frescas y cristalinas que brotan y manan de sus veneros. Necesitamos subir para darnos cuenta que no sólo de pan vive el hombre, que buscar a toda costa el poder, la fama, el dinero, el placer y las cosas materiales ni nos hace más humanos ni más felices.

 

En casi todas las culturas los montes tienen algo que atrae, como lo afirma las diversas ciencias sobre la religión. En las religiones primitivas las montañas son los lugares donde habitan o se manifiestan las deidades o el misterio, donde se encuentran el cielo y la tierra. En algunas religiones determinas montañas son el eje de la tierra y del mundo y a las que el hombre asciende cuando quiere encontrarse o consultar la divinidad como en el Monte Hira o el Sinaí. Allí el hombre experimenta su pequeñez, la belleza, la grandeza de lo creado, la diversidad, la fecundidad,

 

En las Santas Escrituras se habla de muchas montañas o montes. El Monte Moria, el Horeb, el Sinaí, Sión, el Garizín, el Monte de los Olivos, el Gólgota, el Tabor... El pueblo de Israel experimentará la presencia misericordiosa del Dios de la Alianza que le acompaña en la vida diaria y sus avatares y peripecias. Dios no está encerrado en ningún espacio o lugar, pero hay determinados espacios y lugares que son más propicios para abrirnos a Él, detectar su huella.

 

Jesús es para los cristianos el espacio, el lugar y la carne donde Dios manifiesta que está con nosotros. En él habita la plenitud de la divinidad. Él se retira solo a las montañas a orar, a dialogar con el Padre para descubrir y después llevar a la práctica la voluntad del Padre. En el Gólgota se revelará como el Dios Amor que se entrega hasta morir por todos.

 

«Cristo, nuestro Señor, no sólo en cuanto Dios... más también según que es hombre, es un monte y un amontonamiento y preñez de todo lo bueno y provechoso, y deleitoso, y glorioso que en el deseo y en el seno de las criaturas cabe, y de mucho más que no cabe. En Él está el remedio del mundo y la destrucción del pecado y la victoria contra el demonio; y las fuentes y mineros de toda gracia y virtudes que se derraman en nuestras almas y pechos, y los hacen fértiles, en Él tienen su abundante principio; en Él tienen sus raíces , y de Él nacen y crecen con su virtud , y se visten de hermosura y de fruto las hayas altas y los soberanos cedros y los árboles de mirra (como dicen los Cantares) y del incienso: los apóstoles y los mártires y profetas y vírgenes» (Fray Luis de León, Los nombres de Cristo). Esto es lo que, a mi entender, lo que encierra la expresión del título.

 

Necesitamos encontrarnos con Dios, con su palabra, con la grandeza de su misterio; necesitamos subir con Pedro a la montaña del Tabor y decir: «¡Qué bueno que estemos aquí!» (Lc 9, 28-36). Necesitamos ascender a Cristo para descubrir el misterio del hombre. Después hay que bajar a la vida, con ilusiones renovadas y espíritu nuevo. Necesitamos elevarnos, subir al Monte para encontrarnos con el misterio que nos envuelve, pues en Dios «vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17, 28).

 

De Dios, de Jesucristo y del hombre nos hablará la exposición Mons Dei de Las Edades del Hombre.

 

 

 

JESUCRISTO, PLENITUD DEL HOMBRE Y SUS EDADES

 

24 de febrero de 2018

 

Así lo confiesa, llena de gozo, la fe de la Iglesia Católica: «El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se hizo carne de modo que, siendo Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la Historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y la civilización, centro del género humano, gozo de todos los corazones y plenitud de sus aspiraciones» (GS,45).

 

Y así lo expresan las distintas ediciones de Las Edades del Hombre. Aquí quiero presentar unos torpes rasgos sobre Jesucristo. Deseo que tú y yo veamos a Jesús, leamos los Evangelios, le conozcamos, le admiremos, nos enamoremos de él siguiéndole e imitándole en unión con toda la comunidad cristiana.

 

Respecto a su aspecto físico, no tenemos datos sobre si era alto o bajo, gordo o delgado, guapo o feo, de buena salud o mala, etc. Era hombre, uno de tantos. De niño jugaría con los demás niños; crecía en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres. Lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, ante la viuda de Naím, se alegró, tenía su ironía, se angustió ante la muerte, ante la suerte futura de Jerusalén, etc. Sintió hambre y sed; se cansó y supo buscar unos días de descanso; fue sensible al dolor, hasta sudar como gotas de sangre y pedir que pasara el cáliz.

 

Era miembro de una familia, la integrada por Él, María y José. No se casó, pero no despreciaba el matrimonio ni a la mujer, sino todo lo contrario. Era trabajador. Se sabía miembro del pueblo judío, conocedor de la historia de su pueblo y sus anhelos, de las Escrituras Santas, de las fiestas y sus ritos.

 

Era un buen creyente que se sabía ante todo Hijo amado y ponía al Padre y su voluntad por encima de todo, de familia, de gustos personales, de planes y proyectos, aunque entrañara cruz. El «Abbá»- Dios era lo primero en su vida; todos los días oraba, de día y de noche, en la alegría y en la pena, en público y en privado, suplicando por sí, por discípulos, por todos, alabando y dando gracias. El Espíritu Santo le impulsaba a hacer. Sabía que la muerte no tiene la última palabra, sino el Padre que es Amor, Verdad y Vida. Fue siempre libre y responsable, no se dejó alagar ni manejar por nadie.

 

Amaba con corazón humano y era amado, aunque también sufría al verse odiado, calumniado, abandonado y crucificado; no devolvía nunca mal por mal, incluso teniendo detalles con el que le entregó; amó hasta el extremo.

 

La naturaleza toda, la lluvia, la predicción del tiempo por el celaje, los pájaros, las palomas, las serpientes, el campo y las operaciones en el campo, el ganado, a las ovejas, las flores, las espinas, el agua, las fuentes, los ríos, la mostaza, los árboles, no eran desconocidos por él.

 

Comía y bebía, era observador de las cosas del hogar, de cómo se hace el pan, del valor de la sal, de dónde se pone una lámpara, de lo que hacía una mujer cuando se le pierde una moneda; era listo, las cazaba al vuelo; sabía leer en el interior; no se dejaba engañar y sabía si venían de buena fe o con malas intenciones.

 

Era una persona abierta a todos, sin marginar a nadie: a los judíos, a los varones, a las mujeres, a los oficialmente proscritos y pecadores, como los leprosos, recaudadores de la hacienda romana, prostitutas, a los extranjeros como los samaritanos, la siro-fenicia, algunos griegos que se acercaron a él, y hasta los soldados del Imperio Romano, como el centurión; incluso a Poncio Pilato, con el que dialogó. No así con el cínico Herodes que lo que quería era reírse de él y ante el que guardó silencio total.

 

Su corazón se abría de par en par ante los marginados, a los enfermos, endemoniados, necesitados, hambrientos, desnudos, leprosos, niños, mujeres; lleno de misericordia con la gente que andaba como ovejas sin pastor, a los publicanos, a las prostitutas. Aunque era inocente, pasó por culpable; fue solidario con todos, hasta ponerse en la fila de los que iban a bautizarse en el Jordán. Se comprometió con su pueblo luchando contra el mal, abriéndole los ojos para vislumbrar el futuro.

 

Tenía amigos, como Lázaro, Marta y María e iba su casa descansar; con sus discípulos la relación era cordial, sincera, paciente, de amigo. Sabía disculpar, perdonar y perdonaba a los amigos, como a Pedro, incluso a los que le crucificaron. Confiaba en las personas y las corresponsabilizaba de su misión. Le gustaba estar con la gente sencilla y humilde.

 

Era dialogante, generoso, valiente, justo, no violento sino amante de la paz, sincero, crítico con los poderes que no sirven al pueblo, transparente, sencillo, críptico en ocasiones. Tenía fama, pero no se dejó engañar por ella. Era pobre: nació, vivió y murió pobre. Sus palabras abrían y abren horizontes nuevos e insospechados. Fue hombre encuentros que rompía barreras, fronteras y protocolos sociales, legales, morales, religiosos y políticos. Entendió su vida como un servicio humilde de amor, hasta lavar los pies sucios de sus discípulos y dar la vida por todos.

 

En resumen: Todo lo hizo bien. Pasó haciendo el bien y luchando contra el mal por amor a Dios y a sus hermanos los hombres. Es el Hombre perfecto y la plenitud el Hombre.

 

 

 

LAS EDADES DEL HOMBRE Y ECCLESIA DEI

 

25 de enero de 2018

 

La exposición Mons Dei, organizada por Las Edades del Hombre que se va celebrar, en Aguilar de Campoo, desde mayo a noviembre de este año, tiene una extensión, un añadido y complemento por los alrededores de la villa aguilarense titulado Ecclesia Dei, la Iglesia de Dios.

 

Los que lo deseen podrán visitar, admirar y gozar en una serie de templos románicos que son el orgullo del norte palentino. Iglesias, por ejemplo, de San Salvador de Cantamuda, Mave, Barrio de Santa María, Perazancas, Moarbes, San Andrés de Arroyo, etc.

 

El objetivo de esta extensión de las Edades del Hombre es presentar la riqueza románica de nuestra Diócesis y Provincia. Yo diría que, en primer lugar, es ayudar a percibir o intuir que la presencia de Dios; esta no se refleja únicamente en las obras de arte, expresiones de la sed de belleza infinita que lleva el hombre en su misma estructura, sino que, eminentemente y por la acción del Espíritu Santo, brilla en la comunidad cristiana que se reúne en una casa o templo que llamamos iglesia.

 

El título indica que la Iglesia, el Pueblo de Dios reunido en asamblea, no es hechura humana; es obra y propiedad de Dios.

 

Toda familia formada por un padre, una madre y los hijos necesita una vivienda digna en la que compartir la vida desde el amor, una vivienda estructurada de tal forma que exprese su vida. Así también la comunidad cristiana. Los bautizados formamos la familia de Dios, porque reconocemos que Dios es nuestro Padre, que nos ha hecho sus hijos; que Jesús, el Hijo de Dios y hombre como nosotros, nos hace hermanos y coherederos con Él; que por nuestras venas fluye una misma vida, un mismo Espíritu Santo. Somos todos miembros de la familia, pero cada uno con su identidad y función en bien de todos.

 

En la casa de esta familia hay un cimiento, firme como la roca firme, que es la fe en Cristo. Él lo es todo para nosotros y está representado de muchas y diversas maneras, por ejemplo, en el sagrario, la cruz , el viacrucis, diversas imágenes que representan en su nacimiento, en su vida pública, en su muerte, resurrección, etc. En esta casa singular hay una mesa, el altar, donde el Padre parte el Pan de vida y los hijos lo comemos en alegre fraternidad con acción de gracias; hay una Palabra que compartir, la Escritura proclamada desde el ambón; hay, también, una sede desde la que el ministro ordenado representa a Cristo que es nuestra Cabeza, Maestro, Señor, y Pastor. Otro lugar destacado es la sede de la Misericordia y del Perdón, el lugar de la Penitencia.

 

En los templos hay imágenes de la Virgen María, del santo patrón y otros santos vinculados a la comunidad; y es que esta familia no la formamos únicamente los que hoy vivimos; también los santos que son los mejores hijos de la Iglesia. Forman parte de la misma los difuntos, los que nos precedieron en la fe y en la esperanza; es verdad que ya no se entierra en los templos, salvo contadísimas ocasiones, pero en algunas iglesias todavía pueden verse sepulturas en el suelo.

 

¿Qué espacios resaltar de esta casa? En los templos está expresado lo fundamental de la vida cristiana para quien sabe ver lo invisible a través de lo visible que son la fe, la esperanza y la caridad. La puerta, que es la fe en Cristo y el Bautismo, que nos hace libres. Hay asientos, porque no somos esclavos sino hijos. Las paredes o muros representan a la doctrina y la oración; la caridad está expresada en la argamasa o cemento que une a las piedras; el techo expresa que la comunidad está abierta a todos para acoger a los que buscan un techo, un hogar, un calor. En los templos hay lámparas y velas, que nos hablan de la misión de la comunidad que es iluminar y alumbrar con las buenas obras. El suelo del templo insinúa la humildad de Cristo y nuestra humildad. En muchas iglesias hay un coro, indicando que la vida de la comunidad tiene que ser un himno alegre de alabanza al Señor, un himno sinfónico, donde se articulan y ensamblan las voces distintas de las personas diversas y unidas en armonía. Las columnas representan a los apóstoles y la caridad.

 

Pegada o junto a la iglesia o templo hay una torre o una espadaña que apunta al cielo; alude a nuestra esperanza, la gloria. La torre tiene campanas, que convocan a la reunión orante y a la celebración, al igual que al testimonio cristiano visible y audible en la sociedad por el amor que es paciente, benigno, no tiene envidia, no presume, no se engríe, no es egoísta, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad... (cf. I Cor, 13,4-8). La puerta invita a salir y llevar la paz vivida y celebrada a la convivencia social.

 

Por las ventanas penetra la luz y el aire, el amor del Espíritu Santo, que ilumina y, con el incienso, perfuma todas las personas y cosas.

 

Que la belleza de las iglesias de piedras muertas nos ayude a percibir el misterio de la iglesia formada por piedras vivas.

 

 

 

SUBIDA A MONS DEI, A JESUCRISTO

 

4 de marzo de 2018

 

Es de todos conocido que en mayo será abierta la Exposición titulada Mons Dei, la Montaña o el Monte de Dios, en Aguilar de Campoo. El título está muy bien escogido por doble razón: una teológica, por lo que significa el Monte o la Montaña en las distintas religiones y, particularmente, en la cristiana; la otra es geográfica, porque en Aguilar, cuyo nombre viene de águilas y ellas andan por las montañas y vuelan por las alturas, tenemos entrada a la montaña palentina.

 

El título de este artículo alude también a un libro de San Juan de la Cruz, carmelita descalzo, nacido en Fontiveros (Ávila), en 1542, muerto en Úbeda (Jaén), en 1591. Una de sus obras es “Subida al Monte Carmelo”. No se trata de una guía de montaña al uso para subir el Monte Carmelo, sino que trata de «cómo podrá un alma disponerse en breve a la divina unión. Da avisos y doctrina, así a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa para que sean desembarazarse de todo lo temporal y no embarazarse con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y libertad de espíritu, cual requiere para la divina unión» (Introducción a la Subida del Monte Carmelo).

 

¿Cómo alcanzar a Jesucristo, «el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre, por su presencia, se humilló obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de cruz»? ¿Cómo subir a Jesucristo, a quien «Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2, 2-11)?

 

Para subir a una montaña, lo saben bien los montañeros, se necesitan muchas cosas: dejarse cautivar por ella, por su belleza y altura; tomar la decisión personal de alcanzar la cumbre; buscar compañeros de subida, llevar ropa y calzado adecuado, no olvidarse de la comida y la bebida, un chubasquero, etc., en la mochila, llevar una brújula y un mapa donde se describan las rutas de ascenso y descenso, la tienda de campaña y los albergues; contar con vehículos de aproximación a la base, etc.

 

Pues algo así necesitamos para subir a Jesucristo. Él es nuestro Monte de Dios, la plenitud del Hombre y la humanidad. Nadie podrá decir que no puede acercarse a él, cuando Él ha salido a nuestro encuentro, cuando Él mismo se ha hecho Camino para llegar a la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). Necesitamos seguir sus huellas, las de Jesús hombre, para llegar a compartir su vida, su gloria, para ser en verdad, no solo de nombre, hijos de Dios, sus hermanos y hermanos de todos los hombres.

 

Primero necesitamos conocerle algo, aunque sea de oídas, bien directamente o a través de testigos que nos hablen con su vida y su palabra de la existencia real, de su belleza y bondad, de su doctrina y mensaje. Puede ser que las primeras noticias nos lleguen del entorno familiar, de nuestros mayores, de la cultura española y europea con sus múltiples obras de arte o los medios de comunicación, antiguos, nuevos, y se despierte algo nuestro interés, que por dentro resuene algo, y broten las ganas de conocerlo personalmente más y mejor.

 

Después, como los discípulos primeros, dejarnos mirar y amar por Él; Él nos conoce antes, nos ama antes, quiere acercarse a nosotros antes que nosotros lo hayamos deseado, Posteriormente tenemos que tomar la decisión de ponernos en camino y asumiendo las posibles dificultades porque hemos descubierto que merece la pena.

 

Necesitamos de otros compañeros y amigos, la comunidad cristiana, que nos ayuden compartiendo las alegrías y las penas del camino, que nos alienten a no desertar ante las dificultades. Necesitamos una guía de la ruta y una lámpara para la noche, la Palabra de Dios, especialmente los Evangelios, y unos guías que nos acompañen, vayan delante de nosotros dejándonos sus huellas fraternas para no equivocarnos o, lo que sería peor, perdernos o despeñarnos.

 

Precisamos del alimento de su Palabra, los sacramentos, particularmente la Eucaristía; también del calor de la comunidad fraterna. Todo ello en el albergue o la tienda de campaña que es la Iglesia.

 

Necesitamos como calzado, la fe, como vestimenta la humildad, la paciencia y la esperanza. Y todo ello envuelto en el aire de Dios, el Espíritu Santo, nuestro guía interior, que nos da amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí (Gal 5, 22-23).

 

Después de haber gozado de la belleza de la montaña, de Cristo, hay que bajar al valle, a la vida ordinaria, con sus gozos y esperanzas, sus angustias y tristezas, sus luces y sus sombras, pero con la luz de la montaña, los pulmones limpios, las fuerzas renovadas, las amistades reanudadas, dando testimonio de lo que hemos oído y visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del que es la Vida, para que entren en comunión con nosotros y con Dios Padre y su gozo, como el nuestro, sea completo.

 

 

 

¿CÓMO VISITAR MONS DEI?

 

11 de marzo de 2018

 

La apertura de la Exposición Mons Dei y Ecclesia Dei, promovida por la Fundación Las Edades del Hombre, se inaugurará en mayo y estará abierta hasta mediados de noviembre.

 

No os voy a dar consejos acerca de si tenéis que ir en coche, en autobús, en tren, andando, solos o en grupo, con esta ropa o la otra, etc., no; lo mío es una invitación.

 

Yo os invito a acudir a Aguilar y sus alrededores con tranquilidad, con ánimo abierto, dispuestos a la escucha, a la sorpresa, a disfrutar.

 

Para lograrlo es importante que cada uno de los visitantes tome parte activa. La naturaleza, la montaña, las obras de arte, la herencia de nuestros mayores, la belleza de la fe como tantas y tantas cosas de la vida, requieren ojos y oídos nuevos, personas que se dejen impactar e interpelar. No es suficiente escuchar al guía o entendido e ir pasando rápida y atropelladamente, como cuando vamos al trabajo con prisas porque llegamos tarde, sino ir despacio, escuchando y contemplando cada obra y la secuencia de las obras expuestas, deteniéndonos ante cada una, reflexionando, captando el mensaje, interrogándonos: qué me quiere decir, qué dice a mi vida personal y vida social. Dejémonos acompañar por las obras expuestas; no están muertas, no; están vivas y hablan, cuentan, narran, cantan y nos miran para que nosotros nos miremos nuestro interior y después a ellas. Quizás digáis que estoy haciendo literatura barata, que son tonterías de un chalado, etc. No lo creo. Recuerdo aquellos programas de TVE que nos introducían en un museo y nos enseñaban a mirar y gozar con Velázquez, el Greco, Alonso Berruguete, Alejo de Vahía, Victorio Macho, etc.; personalmente me encantaban. Recordemos lo que decía Jesucristo: No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra de Dios. Y la belleza, cualquier y toda belleza verdadera, tiene que ver con Dios; es el lugar donde brilla Dios. La belleza salvará al mundo, decía Dostoievski.

 

La exposición es una muestra del bello arte que atesora nuestra Castilla y León. Está centrada en obras que tienen como centro a Jesucristo, la Virgen María y los santos, amigos de Dios. San Agustín dice Jesús es el «más bello de los hombres» como dice el salmo, 44, pero, paradójicamente y en contraposición, se le puede aplicar el Canto de Isaías 53, 2: «Sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, con el rostro desfigurado por el dolor». Son como dos trompetas que suenan contrapuestas situándonos ante la totalidad de la verdadera Belleza, de la Verdad misma.

 

«Reconoce a Cristo como el más bello de los hombres; la gracia derramada en sus labios manifiesta la belleza interior de su palabra, la gloria de su anuncio. De este modo, no sólo la belleza exterior con la que aparece el Redentor es digna de ser glorificada, sino que en él, sobre todo, se encarna la belleza de la Verdad, la belleza de Dios mismo que nos atrae hacia sí y a la vez abre en nosotros la herida del Amor, la santa pasión (eros) que nos hace caminar, en la Iglesia esposa y juntos con ella, al encuentro del Amor que nos llama... El que cree en Dios, en el Dios que precisamente en las apariencias desfigurada de Cristo crucificado se manifestó como amor “hasta el final” (Jn 13, 1), sabe que la belleza es verdad y que la verdad es belleza, pero en el Cristo sufriente comprende también que la belleza de la verdad incluye la ofensa, el dolor, e incluso el oscuro misterio de la muerte, y que sólo se puede encontrar la belleza aceptando el dolor y no ignorándolo... La belleza hiere, pero precisamente de esta manera recuerda al hombre su destino último... El encuentro con la belleza puede ser el dardo que alcanza el alma, e, hiriéndola, le abre los ojos, hasta el punto de que entonces el alma, a partir de la experiencia, halla criterios de juicio y también capacidad para valorar correctamente» (J. Ratzinger, La contemplación de la belleza).

 

Si tenéis tiempo quedaos meditando en un banco de Santa Cecilia, San Miguel o de la plaza o de la orilla del río Pisuerga, escuchando su canción; si tenéis más tiempo, subid al castillo, al pantano o al monte en el que está enclavada la ermita de la Virgen de Llano y dejad que los pulmones y alma respiren; si tenéis más tiempo acercaos al Monasterio de Santa Clara o al de San Andrés de Arroyo. Si andáis mal de tiempo, saboreadlo en vuestras casas con los vuestros.

 

Si me permitís una recomendación, cuando volváis al lugar de origen compartid con el esposo, la esposa, los hijos, los amigos y compañeros, y con los del pueblo o barrio lo que hayáis descubierto en cada obra. No lo guardéis sólo para vosotros. Podemos hacer mucho bien a los demás. No comentéis sólo si lo habéis pasado bien, si la gente de Aguilar y alrededores es servicial, sonriente y acogedora, que lo son. Invitadlos. Quizás ellos se animen a visitar la exposición Mons Dei y Ecclesia Dei y gozar de lo mismo que nosotros hemos disfrutado.

 

«Haced cosas bellas, y, sobre todo, haced de vuestras vidas lugares de belleza. Dejémonos tocar, encantar, enamorar, herir por la Belleza que Dios revela en Jesús» (J. Tolentino).

 

 

MONS DEI Y ECCLESIA DEI

 

10 de mayo de 2018

 

Por segunda vez se celebra en nuestra Diócesis y Provincia de Palencia una exposición de la Fundación Las Edades del Hombre, patrocinada por las Iglesias de Castilla y León.

 

La primera se celebró en la Catedral Palentina hace 17 años, titulada “Memorias y esplendores”. Ha sido calificada como una magna exposición y una de las más brillantes exposiciones de la historia de Las Edades del Hombre.

 

Esta segunda tendrá como marco la ciudad de Aguilar de Campoo, una de las puertas de entrada a la montaña palentina, y se desarrollará de mayo a noviembre de 2018. El marco estará en la Iglesia románica de Santa Cecilia, al pie del Castillo, y el Templo Parroquial de la Colegiata de San Miguel.

 

El título es Mons Dei, la Montaña de Dios. La exposición tendrá una extensión, titulada Ecclesia Dei -la Iglesia de Dios- en una serie de Templos Parroquiales del simpar románico palentino en los alrededores de la villa aguilarense.

 

Esta exposición, como todas las actividades humanas, tiene diversas dimensiones, sociales, turísticas, culturales, económicas, etc. La fundamental no es otra que mostrar el diálogo entre la fe y la cultura.

 

La Iglesia «vive para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia... La evangelización constituye, en efecto, la dicha y la vocación propia de la iglesia, su identidad más profunda» (Evangelii Nuntiandi, 14). «Lo que importa es evangelizar -pero no de manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta las mismas raíces- la cultura y las culturas del hombre en el sentido rico y amplio que tienen sus términos en la Gaudium et Spes (50), tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo presentes las relaciones entre las personas entre sí y con Dios» (Evangelii Nuntiandi, 20).

 

El Evangelio anuncia el reino y el reino es vivido por hombres profundamente vinculados a una cultura y la construcción del reino no puede por menos de tomar los elementos de la cultura y las culturas. No en vano Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y el Mesías, se encarnó en una cultura concreta, asumió en sí todo lo humano.

 

A lo largo de la historia este diálogo se ha concretado en relaciones fecundas; pero en los tiempos corrientes se constata la ruptura entre el Evangelio y la cultura es sin duda uno de los dramas de nuestro tiempo. Se dan verdaderos ataques a la libertad religiosa, o persecuciones con alto nivel de odio y violencia; también indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías.

 

Nuestra cultura, a pesar de todos los está marcada, se reconozca o no, por la fe cristiana. El substrato cristiano es una reserva moral que conserva y guarda valores de una visión del hombre que brota de la fe, y que se expresa de muchas y variadas maneras. Uno de ellos es el arte en sus diversas expresiones.

 

El Evangelio ha de ser inculturado mediante el anuncio y la proclamación, en primer lugar, mediante el testimonio de los cristianos, su vida personal, su vida en común con otros, su forma de trabajar, de descansar, su solidaridad, su compromiso social y político, sus valores, su esperanza, su servicio desde el amor, etc., pero también con anuncios explícitos, por la palabra.

 

Esta exposición nos ofrece una ocasión para evangelizar, para acompañar, cuidar y fortalecer la riqueza de fe que ya existe, Incluso para el crecimiento de la comunidad cristiana.

 

Deseo que todos los creyentes que visiten esta exposición, sobre todo los jóvenes y las familias con niños, que aprovechen esta ocasión para renovar la fe y el compromiso en la transmisión generacional de la misma, descubrir nuestras raíces que siguen dando razones para vivir, para amar, para alegrarse y esperar.

 

A los no creyentes les invito, cordial y fraternamente, para que intuyan a Dios, que es amigo del hombre, y para que vean que la Iglesia, formada por hombres y mujeres que llevan un tesoro en vasijas de barro, quiere aportar a la sociedad lo que llena su vida de luz, alegría y paz. Decían Pedro y Juan al lisiado que pedía limosna en la Puerta Hermosa del templo de Jerusalén: «Míranos... No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda» (Hech 3, 1-6).

 

Invito a todos los que se acerquen a esta exposición a visitarla no de prisa, sino con pausa y en silencio; no mirando como extraños, sino dejándonos mirar por las imágenes y por las personas a las que representan; escuchando con los oídos del corazón, porque las obras de arte hablan e, incluso, en el silencio gritan. Y si eres creyente, eleva una oración a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el supremo Artista, dándole gracias y bendiciéndole por la grandeza de su amor en la creación, en la historia y en cada persona.

 

La fe en Cristo no quita nada, lo da todo: promueve el sentido de la existencia, la fraternidad, la solidaridad, la paz, la reconciliación, la justicia, el deseo de verdad y vida; Cristo sacia la sed de bondad, de amor, de encuentro y misericordia que todos llevamos dentro, y fecunda la existencia llenándola de alegría, confianza y esperanza; es la roca firme para restaurar la dignidad de la vida humana donde el hombre y la mujer llegan a la edad de su plenitud.

 

 

 

SALUDO A LA REINA EMÉRITA, DOÑA SOFÍA

 

Aguilar de Campoo - 10 de mayo de 2018

 

Majestad: permítame que la salude con un título cristiano: Hermana en Cristo.

 

Doña Sofía: en nombre del Patronato la Fundación Edades del Hombre, de la Iglesia de Dios que peregrina en Palencia, de la comunidad cristiana de la Unidad pastoral de Aguilar, de la villa de Aguilar de Campoo, de las autoridades nacionales, regionales, provinciales y locales y de todos los hombres y mujeres aquí presentes, le doy la más cordial bienvenida y le expreso nuestra gratitud.

 

Viene, Majestad, a inaugurar una obra más de la Fundación Edades del Hombre, en concreto la vigésima tercera exposición que lleva por título: Mons Dei, (la Montaña de Dios), con una extensión titulada Ecclesia Dei, la Iglesia de Dios, en los magníficos templos románicos de las parroquias del entorno.

 

La Fundación Edades del Hombre, patrocinada por las Diócesis de Castilla y León, y con la colaboración de la Junta de Castilla y León, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Aguilar, tiene como finalidad mostrar ante la ciudadanía española y los que nos visiten de otras naciones la fecunda colaboración entre la fe cristiana y la cultura. Una fe que no eche raíces en una cultura es una fe que no ha logrado el despliegue de todas sus potencialidades, porque el Hijo de Dios, Jesucristo, se hizo hombre, vivió y murió en una cultura; y una cultura que se abre a la fe es una cultura que colabora para que el hombre y la humanidad alcance su plenitud. Fe y cultura mutuamente se necesitan y enriquecen. Tenemos muchos ejemplos; la misma existencia e historia de Europa y particularmente la de España, lo manifiestan.

 

El tema de esta exposición es el Monte, la Montaña de Dios. El monte tiene siempre actualidad. Nuestra Montaña Palentina y toda montaña llama provocativamente a los que vivimos en el valle, tantas veces metidos en tantos problemas que llevan al stres, la contaminación de todo tipo, a ascender, a liberarnos del peso de la vida cotidiana, oxigenarnos en el aire puro, contemplar la inmensidad de la creación y su belleza, ser nuevos, más sencillos, más fraternos y solidarios, a adquirir altura interior e intuir al Creador. Después, renovados, tenemos que volver a la llanura, a la vida de cada día con energía renovada, creatividad, fortaleza y valentía, alegría y esperanza.

 

En muchas religiones la Montaña es el lugar de la máxima cercanía de Dios. En la tradición de Israel están el monte Moria, el Sinaí, el Horeb, el Monte Sión, montes de pasión y montes de revelación, En el nuevo Testamento están el monte de las tentaciones, de las Bienaventuranzas, de los Olivos, el Calvario y el de la Ascensión.

 

Y está la Montaña de la Trasfiguración, cuya representación escultórica y pictórica nos acoge a la entrada de esta exposición, nos sale al encuentro en el medio, y nos despide al final. Nos llama a realizar la metamorfosis en Cristo.

 

Esta exposición es una llamada a descubrir lo más íntimo del ser humano, de la creación y la revelación: la presencia de Dios que viene a nuestro encuentro para cubrirnos con su sombra; es una invitación a alabarlo, a escucharlo, y a construir el futuro desde un amor que desde Él y con su Espíritu, se hace servicio solidario para todos, particularmente para los más necesitados y descartados. Esta exposición nos llama a cultivar la esperanza orando con el poeta. Por eso termino mi saludo de bienvenida y gratitud con esta oración en versos del poeta, Gerardo Diego, que, nacido en Cantabria, se sintió siempre castellano y español:

 

Transfigúrame,
Señor, transfigúrame.
Traspáseme tu rayo rosa y blanco.

Quiero ser vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla
en tu más alta catedral.

Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de Ti en tu gloria traspasado.
Quiero poder mirarte sin cegarme,
convertirme en tu luz, tu fuego altísimo
que arde de Ti y no quema ni consume.

Pero a mí solo no.
Purifica también a todos los hijos de tu Padre,
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el padrenuestro.
Purifícalos a todos, a todos transfigúralos.

Si acaso no te saben, o te dudan,
o te blasfeman, límpialos piadoso
como a ti la Verónica, su frente,
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, y te conozcan,
espéjate en su río subterráneo,
dibújate en su alma
sin quitarles la santa libertad
de ser uno por uno tan tuyos, tan distintos.

Que todos puedan en la misma nube,
vestidura de Ti, tan sutilísima
fimbria de luz, despojarse y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.

Y a mí con ellos todos, te lo pido,
la frente prosternada hasta hundirla en el polvo,
y a mí también, el último, Señor,
preserva mi figura, transfigúrame.

(Gerardo Diego)

 

Señora, Majestad, hermana: bienvenida y muchas gracias.

 

Mons Dei - Guías Didácticas

Pensando en los visitantes más jóvenes de Mons Dei y Ecclesia Dei se han editado dos guías didácticas que les ayuden a profundizar mejor en lo que ofrece la XXIII edición de Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo.

 

La primera de ellas está pensada para estudiantes de Educación Primaria y la segunda para estudiantes de Educación Secundaria.

 

 

 

 

 

Mons Dei - Capítulos

 

 

Mons Dei constará de siete capítulos. En la Iglesia de Santa Cecilia se ubicarán los dos primeros, y los cinco restantes se desarrollarán en la Colegiata de San Miguel, se desarrollarán los restantes:

 

Capítulo I

 

“Levanto mis ojos a los montes” (Sal 120, 1)

 

El monte, símbolo antropológico y lugar sagrado en las grandes religiones.

 

 

 

Capítulo II

 

“Del Sinaí al Santuario” (Sal 67,18)

 

El monte en la historia de Israel.

 

 

 

Capítulo III

 

La nubecilla del Carmelo

 

La simbología mariana en torno a la montaña.

 

 

 

Capítulo IV

 

Cristo, el monte de salvación

 

El camino de Jesús de monte en monte hasta la Pascua.

 

 

Capítulo V

 

"Una ciudad puesta en lo alto de un monte" (Mt 5, 14)

 

La Iglesia de Jesús cimentada sobre los apóstoles, monte que anuncia, celebra y comunica la salvación a todos los hombres.

 

 

 

Capítulo VI

 

La subida al monte de perfección.

 

El itinerario de la vida cristiana, descrito por S. Juan de la Cruz, como subida, descartando el camino errado e imperfecto, por la vía estrecha al monte donde mora la gloria de Dios.

 

 

 

Capítulo VII

 

“Preparará el Señor para todos los pueblos en este monte un festín...” (Is 25,6)

 

Monte del que han subido los santos, que han vivido de la Eucaristía, anticipo del banquete escatológico en el monte de Dios-la vida eterna donde Cristo y su Madre nos preceden y esperan.

 

 

 

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