Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
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Saludo del Administrador Diocesano al nuevo Obispo

Saludo de D. Antonio Gómez Cantero
Administrador Diocesano de Palencia
Catedral de Palencia, 18 de junio de 2016

 

 

 

A todos vosotros laicos, religiosos y religiosas, diáconos y sacerdotes… los que habéis sido congregados en nuestra Catedral de Palencia para participar en la celebración de la Ordenación e Inicio del Ministerio Episcopal de nuestro Obispo Electo Manuel, ¡estáis en vuestra casa!

 

Hoy acogemos, y saludo en nombre de todos, de esta Iglesia, al Sr. Nuncio de su Santidad en España, Mons. Renzo Fratini, al presidente de la Conferencia Episcopal, el Sr. cardenal D. Ricardo Blázquez, a nuestro Arzobispo metropolitano D. Fidel Herráez, a los señores Arzobispos y Obispos concelebrantes y a los Administradores Diocesanos de Calahorra y La Calzada-Logroño y de Osma-Soria.

 

Permitidme un saludo especial a nuestro Obispo Emérito, D. Nicolás Castellanos y a nuestro anterior Obispo, D. Esteban Escudero. Así como a los Obispos de la Región del Duero y a los cuatro Obispos que procedéis y habéis nacido en esta querida Diócesis de Palencia. Entre vosotros, al Obispo de Santander, D. Manuel Sánchez, que ha venido con una nutrida representación diocesana a celebrar la ordenación de nuestro Obispo Electo.

 

Saludo también al Sr. Secretario General de la Conferencia Episcopal, al padre General y al padre Provincial de los Agustinos, al Padre Abad de la Trapa, al Asistente de la Nunciatura, al Vicario General de la Prelatura del Opus Dei, a los señores Vicarios Generales y de Pastoral, al Cabildo de nuestra Catedral y a los miembros de la vida consagrada, particularmente a la Orden de San Agustín, a nuestros seminaristas y a los 15 monasterios de vida contemplativa, que junto con los enfermos, están unidos de corazón y en oración a esta celebración. Saludo también a todos nuestros Movimientos, Cofradías y Asociaciones.

 

Saludo y doy la bienvenida al Sr. Ministro y a las autoridades (locales y provinciales), de Palencia y Cantabria, así como a los representantes de la vida social y cultural que hoy nos acompañáis. Felicito con gozo a la familia de D. Manuel Herrero, presente entre nosotros, sentíos en casa. Gracias a los medios de comunicación por vuestro interés por estar aquí y transmitir este acto.

 

Finalmente un cordial agradecimiento a cada uno de los miembros del Colegio de Consultores y a todos los que de una u otra manera habéis colaborado, con no poco esfuerzo, en la organización y en todos los minuciosos preparativos, para poder celebrar este día de fiesta para nuestra Diócesis.

 

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D. Manuel, hemos estado trece meses y medio esperándole. Estamos con los brazos abiertos y una gran esperanza en el corazón para juntos seguir caminando como Iglesia, por los senderos del Evangelio. De verdad, es una gran alegría (y un gran descanso) tenerle ya entre nosotros.

 

Nosotros somos una Iglesia con una larga historia. En el “Museo de Palencia” se expone un fragmento de vidrio decorado con un Crismón rodeado de estrellas. Los arqueólogos lo dataron entre el siglo IV- V. Ya ve, hablamos de familias o quizás comunidades cristianas desde hace más de 1600 años, se dice pronto. Si hago tan sólo esta breve referencia a la historia es para que caigamos en la cuenta de la herencia de fe que nos dejaron nuestros antepasados. Aunque, en realidad, lo que nos debe preocupar y ocupar más a todos es el Presente. Mirar atrás desde la nostalgia nos convierte en estatuas de sal, en cambio, si hacemos memoria viva seremos más sabios, más santos y por tanto más Pueblo de Dios. Son muchos los santos, muchas las personas de fe sencilla y arraigada la que nos han precedido y nos han hecho llegar a este punto: hoy 18 de junio del año 2016, una comunidad congregada palpitante y un nuevo pastor, esperando recibir el Espíritu Santo, el que verdaderamente mueve esta barca de Pedro.

 

D. Manuel, en la parte central de su escudo, sobre un cielo azul, hay una gran Estrella, María, con el signo de esta imagen, estamos bajo su protección, en su advocación de Nuestra Señora del Brezo, tan querida también en Santander, León, Asturias, y tantos lugares… Y al lado siete estrellas que nos ha dicho que son las siete iglesias del apocalipsis. Nuestra diócesis está formada también por siete arciprestazgos. En definitiva las cartas a las siete iglesias son una llamada a la conversión radical. Cristo se lo ordena, pues es la única manera de vivir la experiencia de la Pascua. Se las invita a transformarnos, a mejorar y a perseverar. El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Y por lo tanto, no os preocupéis, también nos lo dice a la iglesia de Palencia, aunque no aparezca como tal.

 

Estas siete estrellas están colocadas formando la “M” de su inicial. Me gustaría hacer como el Papa Francisco, (con perdón) que suele elegir tres palabras para remarcar los aspectos importantes de sus mensajes. En este momento, aquí y ahora, me gustaría señalar tres con sus iniciales: Manantial, Misión y Misericordia.

 

El Manantial: Abajo, en nuestra Cripta del Mártir San Antolín, mana el agua fresca que los palentinos, año tras año cada 2 de septiembre, venimos a beber como signo de fe, son aguas bautismales, manantiales de agua fresca, agua que salta hasta la vida eterna. “Yo sé bien la fuente que mana y corre aunque es de noche”, dice el místico. Este es el origen.

 

La Misión, es no encerrarnos en nuestros grupos y salir por los senderos, golpear las puertas, vocear en las plazas… Quiero que me entendáis, predicar con la palabra y la vida (y no predicarnos a nosotros mismos) más que una necesidad, es nuestro ser de bautizados, testigos del que ha vencido a la muerte y nos llama a la vida eterna. Estos son nuestros caminos.

 

Y la Misericordia, que es la esencia del Dios en quien creemos: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios” de aquí nace nuestra historia. La misericordia es la mirada que pone en tela de juicio nuestras preferencias y nuestra vida de fe, tantas veces convertida en mera religiosidad, y nos acerca con atracción de samaritano a los demás, esta es nuestra meta.

 

Querido D. Manuel, como usted dice, “codo con codo”, cuente con nosotros.

 

La tarea nunca ha sido fácil, como lo sabe bien cualquiera que desee comprometerse, pero le necesitamos y usted nos necesita.

 

¡Está en su casa. Bienvenido!