Jueves, 17 de Agosto de 2017
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Caminamos hacia el Domingo

XVII Domingo del Tiempo Ordinario
30 de julio de 2017

 

 

1 Re 3, 5. 7-12. Pediste para ti inteligencia.

Sal 118. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

Rom 8, 28-30. Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo.

Mt 13, 44-52. Vende todo lo que tiene y compra el campo.

 

 

 

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

 

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

 

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 

¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

 

 

EL GOZO DE LA FE

 

El capítulo 13 de San Mateo recoge otras tres parábolas más, en este caso muy breves, para explicar a la gente el misterio del Reino que Él ha venido a anunciar y a hacer presente en medio del mundo: la parábola del tesoro escondido, la del comerciante en perlas finas y la de la red barredera.

 

Jesús, en las dos primeras parábolas, nos describe al creyente como un hombre sorprendido gratamente por el hallazgo de un tesoro e invadido por un gozo arrollador que determina, a partir de ese momento, toda su existencia.

 

Cuantas veces, al ver la actitud resignada de los cristianos, la observancia rutinaria de nuestras “obligaciones religiosas”, el conformismo de nuestras vidas y la falta de alegría en las celebraciones, uno se siente inclinado a pensar que los creyentes entendemos esto de la fe como algo que hay que sufrir y soportar. La religión se ha convertido, para algunos, en un peso, una costumbre, una rutina o una obligación. Dios y el Evangelio no parecen ser fuente de vida y alegría. Más que ser el motor o el impulso dinamizador de la existencia, se convierten en la carga que hay que arrastrar. Muchos hombres de hoy, y entre ellos algunos cristianos, ya no ven a Dios como el “amigo de la vida” sino como el “aguafiestas de toda felicidad”. Es frecuente encontrarse con cristianos que nunca han creído nada ni han vivido nada con entusiasmo. Hombres y mujeres en cuyas vidas no se nota ni gozo ni sorpresa, porque nunca han descubierto por experiencia propia el Evangelio como el “gran tesoro de la vida”.

 

Sólo desde la alegría de la fe, se puede tomar la decisión de vivir con sinceridad sus exigencias. Sólo el que encuentra el tesoro escondido es capaz de venderlo todo por adquirirlo. Hoy se necesitan testigos alegres de la fe, creyentes capaces de disfrutar, celebrar y gozar de su fe, cristianos que, a pesar de sus crisis, dudas y luchas dolorosas, puedan hablar de su experiencia gozosa de Dios.

 

Autor del comentario: Juan de Dios Tamayo
(Sacerdote diocesano de Palencia)

 

 

 

¡CUÁNTO AMO TU LEY, SEÑOR!

 

¡Cuánto amo tu ley!:
todo el día la estoy meditando;
tu mandato me hace más sabio
que mis enemigos,
siempre me acompaña;
soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.

Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus mandatos;
aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!

Considero tus mandatos,
y odio el camino de la mentira.

 

 

 

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LECTURAS PARA LA SEMANA

 

 

LUNES, 31 DE JULIO

 

Éx 32, 15-24. 30-34. Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro.

Sal 105. Dad gracias al Señor porque es bueno.

Mt 13, 31-35. El grano de mostaza se hace un árbol hasta el punto de que los pájaros del cielo anidan en sus ramas.

 

Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

 

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

 

 

MARTES, 1 DE AGOSTO

 

Éx 33, 7-11; 34, 5b-9. 28. El Señor hablaba con Moisés cara a cara.

Sal 102. El Señor es compasivo y misericordioso.

Mt 13, 36-43. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos.

 

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó:

 

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será el final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

 

 

MIÉRCOLES, 2 DE AGOSTO

 

Éx 34, 29-35. Vieron a Moisés la piel de la cara y no se atrevieron a acercarse a él.

Sal 98. ¡Santo eres, Señor, nuestro Dios!

Mt 13, 44-46. Vende todo lo que tiene y compra el campo.

 

El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

 

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

 

 

JUEVES, 3 DE AGOSTO

 

Éx 40, 16-21. 34-38. La nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor la llenó.

Sal 83. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!

Mt 13, 47-53. Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

 

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 

¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

 

Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

 

 

VIERNES, 4 DE AGOSTO

 

Lev 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37. En las festividades del Señor convocaréis asamblea litúrgica.

Sal 80. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Mt 13, 54-58. ¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?

 

Fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa des precian a un profeta». Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.

 

 

SÁBADO, 5 DE AGOSTO

 

Lev 25, 1. 8-17. El año jubilar cada uno recobrará su propiedad.

Sal 66. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Mt 14, 1-12. Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús.

 

En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

 

Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.