Lunes, 20 de Noviembre de 2017
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2017-2018: Año Jubilar Teresiano

 Jubileo20172018

 

+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

 

La Santa Sede Apostólica ha concedido a la Iglesia de Dios que peregrinan en Ávila el privilegio de poder celebrar para siempre un AÑO JUBILAR TERESIANO, siempre que la fiesta de Santa Teresa de Jesús, el 15 de octubre, coincida con domingo. Este año será el primero y, por tanto, comienza hoy; terminará el 15 de octubre de 2018. Es “un año de gracia tras las huellas de la Santa tanto para los fieles de Ávila como para visitantes”, en frase del Obispo de Ávila, D. Jesús García Burillo.

 

“Tras las huellas de la Santa”. Los cristianos somos invitados a seguir siempre y en todo lugar a Jesucristo, el que es Camino, Verdad y Vida. El mismo es el Camino para llegar a meta, la Verdad y la vida. Tenemos que seguirle en la alegría y en la pena, en la salud y en la enfermedad, y así responder a su amor. Seguirle es imitarle; es tener sus mismas actitudes, sentimientos y obras; es pensar como él, amar como él, hablar como él, obrar como él, como pedía San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana.

 

En Teresa de Jesús, la Santa castellana por antonomasia, tenemos un ejemple perfecto de seguimiento a Jesús. Ella, queriendo seguir a Jesús, lo encontró hasta poder decir él: “Soy Jesús de Teresa”.

 

Teresa es mujer, es religiosa carmelita, es reformadora, es poeta, es escritora, es doctora, es santa. Es verdad que es de otro tiempo, pero sus enseñanzas siguen siendo perennes y actuales. En esta hora en la que vivimos subrayaría unas enseñanzas.

 

1. Búsqueda de Dios. Querámoslo o no el ser humano siempre está inquieto, insatisfecho, en perpetua búsqueda. Es nuestra condición. El secreto es dar con aquella realidad que nos llene de satisfacción y felicidad auténticas y plenas. No es el dinero, que colabora a ser felices, porque lo necesitamos para comer, vestirnos, etc., pero que no llena el corazón, incluso lo metaliza y lo seca cuando no se comparte. No es poder que puede satisfacer nuestro orgullo, y que hoy es mañana no es. No es la fama, el aplauso, que son efímeros y tornadizos. No la droga, ni el alcohol, que engañan, porque pueden dar euforia, pero es pasajera, deshacen el cuerpo y la mente, destrozan las relaciones familiares y las amistades verdaderas. Solo Dios basta. Sólo él llena el corazón humano.

 

2. Teresa nos enseña que el mejor modo de encontrarnos con Dios es encontrarnos con Jesucristo, con Cristo, Hijo de Dios y hermano nuestro, con su carne, con sus llagas, presente en Palabra, en la Eucaristía, en los otros sacramentos, y en la persona que sufre.

 

3. La oración. Teresa es maestra de oración. No enseña doctrinas ajenas, sino vivencias propias. Y nos recordará que orar es “hablar de amistad con aquel que sabemos nos quiere”, de tú a tú, en silencio, escuchándole y sabiendo que siempre nos escucha.

 

4. Todo ello en la comunidad cristiana, en la Iglesia grande o en sus “palomarcicos” de monjas, hermanas en Cristo. Vivir en comunidad es vivir unidos, teniendo una sola alma y un solo corazón hacia Dios

 

5. Discípula misionera. Ella fundadora de muchos conventos, reformadora de los mismos; ella, la que llevo adelante la misión con cartas. Así nos lo dice el papa Francisco a todos los cristianos.

 

Nosotros, los palentinos, no podemos dejar pasar este año sin pena ni gloria. Nuestra ciudad está muy vinculada a la Santa de Ávila. En ella hizo una de sus fundaciones y así lo narra, llamando al convento palentino “el palomarcico de su consuelo”. Entró por la Puerta del Mercado, procedente de Valladolid. Primero fundó en una casa alquilada en el Barrio de la Puebla y, posteriormente, trasladar la casa junto a la Ermita de la Virgen de la Calle, en la calle de Nuestra Señora, actualmente de San Bernardo. Contó la ayuda del Obispo D. Álvaro de Mendoza (1578-1586), su amigo, y con la de mucha gente de la ciudad, pobre y humilde y también rica y poderosa. De aquí partió para la fundación de Soria. En el correr de los tiempos, volvió dos veces a Palencia, una en 1582, ya enferma, residiendo unos diez días hasta partir para Burgos, y otra, a finales de junio de 1982, ya muy enferma y muy cansada; de aquí partió el 25 de agosto hacia Valladolid, falleciendo en Alba de Tormes el 4 de octubre de ese mismo año. De los palentinos de entonces diría que era “gente noble y de buena masa”.

 

Con estas letras invito y animo a todos los cristianos de Palencia a acudir con alegría y júbilo a los lugares teresianos de Palencia y Ávila, a visitar y orar en los Carmelos de Palencia y de Carrión de los Condes, donde están sus hijas, pero, y es lo importante, a leer sus obras, aprender de ella y seguir su ejemplo.