Domingo, 28 de Mayo de 2017
  •  

     

     

     

    Catedral

  • Colegiata de San Miguel
    Aguilar

    Barrio Santa María

    Colmenares de Ojeda

  •  

     

    Virgen del Brezo

     

    Pisón de Castrejón

  • Iglesia de Santiago
    Carrión

    Virgen del Valle

    Virgen Blanca
    Villalcazar de Sirga

  •  

     

    El Cristo del Otero

     

    Iglesia de San Miguel

Uncategorised

Homilía del Nuncio Apostólico de Su Santidad

Homilía de S.E.R Mons. Renzo Fratini
Nuncio Apostólico de Su Santidad
Catedral de Palencia, 18 de junio de 2016

 

 

 

Eminentísimos Señores Cardenales,
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,
Queridos sacerdotes concelebrantes,
Excelentísimas Autoridades,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

 

Me causa profunda emoción participar en esta solemne consagración del nuevo Obispo de Palencia, Mons. Manuel Herrero Fernández. Un saludo afectuoso a cuantos le acompañáis, especialmente al Ilmo. Sr. D. Antonio Gómez Cantero, que ha preparado la llegada del nuevo obispo cuidando, como Administrador Diocesano, a esta querida Diócesis. En nombre del Santo Padre, muchas gracias D. Antonio.

 

Querido hermano:

 

Dentro de unos momentos, por la imposición de manos y la oración consecratoria, vas a entrar a formar parte del Colegio Episcopal, en el cual, pervive el ministerio apostólico. Como leemos en el libro de los Hechos, por la imposición de manos a varones probos y cualificados, los Apóstoles del Señor les confirieron el ministerio que ellos mismos habían recibido del divino Fundador. Así, ese ministerio pervive ahora en personas concretas, en continuidad histórica con los mismos santos Apóstoles. Como en el Colegio Apostólico Pedro tiene un puesto y tarea que significa la unidad, así, en el Colegio Episcopal, el Sucesor de Pedro tiene su lugar como siervo de los siervos de Dios, garante de la Unidad de la fe presidiendo en la caridad.

 

Pero, al hablar de la sucesión apostólica, no queremos decir que el obispo es otro apóstol. Efectivamente, los apóstoles son fundadores en inmediata conexión histórica con Cristo. Los obispos, sin embargo -lo dice su nombre- son “guardianes” de lo que ya está fundado por el Señor. Ellos no pueden sino “custodiar” el depósito recibido (1Tim 6,20; 2 Tim 1,12.14). Porque, como Cristo transmitió fielmente lo que había oído del Padre (Cf. Jn 15,15), así también los apóstoles recibieron el encargo de Cristo de transmitir todo cuanto Él les había ordenado (Cf. Mt 28,20). De esta manera, lo recordaba el Papa en una reciente consagración episcopal, por este ministerio «es Cristo, de hecho, el que continúa predicando el Evangelio de la salvación y santificando a los creyentes, a través de los sacramentos de la fe. Es Cristo el que, en la paternidad del obispo, añade nuevos miembros a su cuerpo, que es la Iglesia. Es Cristo el que, en la sabiduría y la prudencia del obispo, guía al pueblo de Dios en la peregrinación terrena hacia la felicidad eterna»[1].

 

Consciente pues de que el Guía es Cristo, el Obispo ejerce su tarea colaborando con Él en virtud de su elección. Así guía como pastor, guía como siervo, guía como samaritano que, con entrañas de misericordia, manifiesta al «Buen Pastor que da la vida por las ovejas».

 

1. Guía como pastor.

 

El dueño de las ovejas es el Señor. Y es Él, todo bondad, el que ha dado su vida por ellas. Tenemos presente que se trata de “su vida”, de la vida de Cristo, y se trata de “sus ovejas”, las que Él «adquirió con su propia sangre» (Act 20, 28). A nosotros, nos invita a ser su prolongación, a participar de su pastoreo. Nos ha elegido a compartir su tarea. Nuestro mérito está en mantener una actitud, clara y consciente, de que, en consecuencia con esta realidad, nuestra tarea la debemos ejercer y vivir como el Señor nos pide; y lo que nos pide es que “nos importen las ovejas”. La virtud del pastor es implicarse afondo, afrontando las dificultades que impiden la vida del rebaño, pero sabiendo que nada es nuestro. Solo se nos confía. El pastor crece así en la caridad, la caridad pastoral, que empieza por el amor a Cristo, la amistad y confianza con Él. ¿Acaso puede poner el dueño al frente de lo suyo, a alguien que no sea de su confianza? Esta confianza crece en el trato permanente con Él. No es por un contrato, no somos “asalariados”, somos “sus amigos”, sus cercanos, sus “conocidos” y Él nos ha enviado. Así como en la relación Trinitaria entre el Padre y el Hijo, el Hijo conoce a las ovejas que el Padre le confía (Cf. Jn 10, 15), así, de manera semejante, del amor y de la confianza con Nuestro Señor Jesucristo brota para el Obispo la capacidad de relacionarse con la grey, amando a los fieles confiados con un amor modelado en el amor de Cristo[2].

 

Cristo da la vida por sus ovejas. Al ponerlas a nuestro cuidado, nosotros damos nuestra propia vida a Cristo en la solicitud pastoral, una tarea de amplias miras. Una mirada concreta e inmediata como dice el Santo Padre: «¡Mirad a los fieles a los ojos! No de lado, a los ojos, para ver el corazón. Y que ese fiel tuyo, sea presbítero, diácono o laico, pueda ver tu corazón. Pero mirar siempre a los ojos»[3]. Una mirada también colegial. A todo obispo le corresponde la diligencia por todas las Iglesias y socorrer generosamente a las más necesitadas de ayuda. Una mirada, en tercer lugar, más allá del redil, motivada por la preocupación por los que no están en el único redil de Cristo, para que, escuchando su voz que invita a todos «no haya más que un solo rebaño bajo un solo pastor».

 

2. Guía como siervo.

 

El apóstol S. Pablo, se vio en la necesidad de declarar acerca del ministerio apostólico -así lo hemos escuchado en la segunda lectura- «no nos predicamos a nosotros mismos; predicamos que Cristo es Señor, y nosotros siervos vuestros por Jesús». El apóstol predica la fe: «Cristo es Señor». El centro del mensaje es la Persona de Cristo. Pero la exposición de la fe, implica en el apóstol una actitud vivida. El elegido, no puede entender su tarea como un honor sino, como un servicio, un servicio a todos, pues «El que es mayor entre vosotros debe hacerse el más pequeño. Y quien gobierna, ha de portarse como el que sirve». El espíritu del mundo, sin embargo, con su vanidad y orgullo, se opone a este espíritu de servicio, a la actitud del Buen pastor que da la vida, que la entrega por el camino de la humildad y de la cruz.

 

Entre tantas que afectan a este espíritu de servicio pastoral, dos actitudes nos pide el Santo Padre al respecto: la capacidad de escucha y la disponibilidad de nuestro tiempo.

 

Habiendo recibido la sobreabundante unción del Espíritu Santo, el obispo no debe tener miedo a escuchar, también con humildad, para «después de haber escuchado», decidir. Los problemas en la Iglesia siempre se afrontan «con la reunión, la escucha, la discusión, la oración y la decisión final. Y allí está el Espíritu». Un estilo, un camino seguido desde los orígenes «hasta hoy»[4].

 

Con esta actitud, también va la disponibilidad plena. «El que sirve, no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y abierto a lo imprevisto, que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de Dios. El siervo está abierto a la sorpresa, a las sorpresas cotidianas de Dios. ... El siervo rebasa los horarios»[5].

 

3. Guía lleno de misericordia.

 

Los que somos enviados por Él para la salvación de los hombres, hemos de entender siempre que nuestra elección tiene, por origen permanente, su misericordia, la misericordia de Cristo. Él «vio a las muchedumbres cansadas y extenuadas como ovejas sin pastor, sintió lástima y dijo a sus discípulos “rogad al dueño de la mies, que envíe operarios a su mies”» (Mt 9, 36-37). Trasparentando el Corazón de Cristo. Amando con amor de padre y de hermano a todos los que Dios te confía. Estar atento, hacerse pastor próximo, que se interesa por el bien de la persona. Por eso, la actitud de servicio pastoral tiene una imagen sugestiva en la parábola del buen samaritano que se ocupa del abandonado golpeado, para curar sus heridas.

 

La manera concreta como el Buen Samaritano derrama el óleo sobre el herido, la indica la primera lectura que hemos escuchado del profeta Isaías sobre la figura del Ungido «enviado para dar la buena noticia a los que sufren» y «para consolar a los afligidos». Es la doble misión, como mensajero y como consolador, destinado a «evangelizar a los pobres» proclamando «el año de gracia del Señor», esto es, de la gracia de la salvación que redime a los cautivos, y renueva el orden de las cosas conforme al plan originario de Dios. Sabemos que hay dos expresiones de pobreza. Una, la de aquellos que, en la sociedad, sufren acuciados por las necesidades, muchas veces dramáticas y urgentes, que afectan al desarrollo de una vida digna, e incluso a una consideración justa de las personas. Pero existe también una pobreza más profunda: En el corazón de cada persona existe la necesidad de Jesús, del Señor, de su misericordia. En Él desaparece la oscuridad interior, el no saber para qué vivir, para qué sufrir o sacrificarse. Desaparece el miedo, porque su amor es fiel. Él, que sabe perdonar, se compadece de nuestras miserias, de nuestras infidelidades, de la ambigüedad y falsedad del corazón, de los pecados cometidos. En Cristo está asegurada nuestra vida, nuestra victoria sobre el mal, la injusticia y la muerte.

 

Conociendo el amor y la misericordia de Dios, el obispo la propone valientemente. Este amor y misericordia es el sentido de la libertad que Cristo nos garantiza en toda circunstancia, es la que nos da la alegría interior y la paz en el corazón. Esta misericordia, que viene de la fe en Cristo y con nuestra aceptación y colaboración se hace ejemplo concreto de vida, hemos de proponerla como fuerza de trasformación del mundo amando cada uno de los discípulos de Cristo como Él nos ha amado.

 

Querido hermano, el ejercicio pastoral es, como escribe San Agustín, «la mayor carga». El decía a los fieles de Hipona: «Yo soy un agente de Él, soy su siervo. ¿Quieres que te diga: “Vive como quieras, que el Señor no te perderá”? El agente te ofreció seguridad, pero de nada te vale esa seguridad... ¿qué seguridad es la ofrecida por mí o por vosotros, si no escuchamos con atención y preocupación los mandatos del Señor y esperamos fielmente sus promesas? nuestras fatigas pastorales van encaminadas a alcanzar la justicia que ha de cumplirse y a la santificación en el nombre de Dios»[6]. Por eso junto con toda tu familia diocesana elevamos nuestras súplicas y te encomendamos al verdadero Pastor, Jesucristo, para que, por intercesión de la Santísima Virgen, tan amada aquí con el título de La Calle, la querida Madre de Consolación de tu Orden religiosa, te conduzca, te sostenga y te ayude a ser, por Él, en Él y con Él, reflejo de su cercanía a todos los fieles de esta amada tierra castellana.

 

Que así sea.

 



[1] Homilía 19.3.16

[2] Cf. San Juan de Ávila. Tratado del Amor de Dios, nº 11.12

[3] Homilía 19.3.16

[4] Meditación Domus Sanctae Marthae 28.04.16

[5] Homilía 29.5.16

[6] Sermón 339, 9

Saludo del Administrador Diocesano al nuevo Obispo

Saludo de D. Antonio Gómez Cantero
Administrador Diocesano de Palencia
Catedral de Palencia, 18 de junio de 2016

 

 

 

A todos vosotros laicos, religiosos y religiosas, diáconos y sacerdotes… los que habéis sido congregados en nuestra Catedral de Palencia para participar en la celebración de la Ordenación e Inicio del Ministerio Episcopal de nuestro Obispo Electo Manuel, ¡estáis en vuestra casa!

 

Hoy acogemos, y saludo en nombre de todos, de esta Iglesia, al Sr. Nuncio de su Santidad en España, Mons. Renzo Fratini, al presidente de la Conferencia Episcopal, el Sr. cardenal D. Ricardo Blázquez, a nuestro Arzobispo metropolitano D. Fidel Herráez, a los señores Arzobispos y Obispos concelebrantes y a los Administradores Diocesanos de Calahorra y La Calzada-Logroño y de Osma-Soria.

 

Permitidme un saludo especial a nuestro Obispo Emérito, D. Nicolás Castellanos y a nuestro anterior Obispo, D. Esteban Escudero. Así como a los Obispos de la Región del Duero y a los cuatro Obispos que procedéis y habéis nacido en esta querida Diócesis de Palencia. Entre vosotros, al Obispo de Santander, D. Manuel Sánchez, que ha venido con una nutrida representación diocesana a celebrar la ordenación de nuestro Obispo Electo.

 

Saludo también al Sr. Secretario General de la Conferencia Episcopal, al padre General y al padre Provincial de los Agustinos, al Padre Abad de la Trapa, al Asistente de la Nunciatura, al Vicario General de la Prelatura del Opus Dei, a los señores Vicarios Generales y de Pastoral, al Cabildo de nuestra Catedral y a los miembros de la vida consagrada, particularmente a la Orden de San Agustín, a nuestros seminaristas y a los 15 monasterios de vida contemplativa, que junto con los enfermos, están unidos de corazón y en oración a esta celebración. Saludo también a todos nuestros Movimientos, Cofradías y Asociaciones.

 

Saludo y doy la bienvenida al Sr. Ministro y a las autoridades (locales y provinciales), de Palencia y Cantabria, así como a los representantes de la vida social y cultural que hoy nos acompañáis. Felicito con gozo a la familia de D. Manuel Herrero, presente entre nosotros, sentíos en casa. Gracias a los medios de comunicación por vuestro interés por estar aquí y transmitir este acto.

 

Finalmente un cordial agradecimiento a cada uno de los miembros del Colegio de Consultores y a todos los que de una u otra manera habéis colaborado, con no poco esfuerzo, en la organización y en todos los minuciosos preparativos, para poder celebrar este día de fiesta para nuestra Diócesis.

 

+ + +

 

D. Manuel, hemos estado trece meses y medio esperándole. Estamos con los brazos abiertos y una gran esperanza en el corazón para juntos seguir caminando como Iglesia, por los senderos del Evangelio. De verdad, es una gran alegría (y un gran descanso) tenerle ya entre nosotros.

 

Nosotros somos una Iglesia con una larga historia. En el “Museo de Palencia” se expone un fragmento de vidrio decorado con un Crismón rodeado de estrellas. Los arqueólogos lo dataron entre el siglo IV- V. Ya ve, hablamos de familias o quizás comunidades cristianas desde hace más de 1600 años, se dice pronto. Si hago tan sólo esta breve referencia a la historia es para que caigamos en la cuenta de la herencia de fe que nos dejaron nuestros antepasados. Aunque, en realidad, lo que nos debe preocupar y ocupar más a todos es el Presente. Mirar atrás desde la nostalgia nos convierte en estatuas de sal, en cambio, si hacemos memoria viva seremos más sabios, más santos y por tanto más Pueblo de Dios. Son muchos los santos, muchas las personas de fe sencilla y arraigada la que nos han precedido y nos han hecho llegar a este punto: hoy 18 de junio del año 2016, una comunidad congregada palpitante y un nuevo pastor, esperando recibir el Espíritu Santo, el que verdaderamente mueve esta barca de Pedro.

 

D. Manuel, en la parte central de su escudo, sobre un cielo azul, hay una gran Estrella, María, con el signo de esta imagen, estamos bajo su protección, en su advocación de Nuestra Señora del Brezo, tan querida también en Santander, León, Asturias, y tantos lugares… Y al lado siete estrellas que nos ha dicho que son las siete iglesias del apocalipsis. Nuestra diócesis está formada también por siete arciprestazgos. En definitiva las cartas a las siete iglesias son una llamada a la conversión radical. Cristo se lo ordena, pues es la única manera de vivir la experiencia de la Pascua. Se las invita a transformarnos, a mejorar y a perseverar. El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Y por lo tanto, no os preocupéis, también nos lo dice a la iglesia de Palencia, aunque no aparezca como tal.

 

Estas siete estrellas están colocadas formando la “M” de su inicial. Me gustaría hacer como el Papa Francisco, (con perdón) que suele elegir tres palabras para remarcar los aspectos importantes de sus mensajes. En este momento, aquí y ahora, me gustaría señalar tres con sus iniciales: Manantial, Misión y Misericordia.

 

El Manantial: Abajo, en nuestra Cripta del Mártir San Antolín, mana el agua fresca que los palentinos, año tras año cada 2 de septiembre, venimos a beber como signo de fe, son aguas bautismales, manantiales de agua fresca, agua que salta hasta la vida eterna. “Yo sé bien la fuente que mana y corre aunque es de noche”, dice el místico. Este es el origen.

 

La Misión, es no encerrarnos en nuestros grupos y salir por los senderos, golpear las puertas, vocear en las plazas… Quiero que me entendáis, predicar con la palabra y la vida (y no predicarnos a nosotros mismos) más que una necesidad, es nuestro ser de bautizados, testigos del que ha vencido a la muerte y nos llama a la vida eterna. Estos son nuestros caminos.

 

Y la Misericordia, que es la esencia del Dios en quien creemos: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios” de aquí nace nuestra historia. La misericordia es la mirada que pone en tela de juicio nuestras preferencias y nuestra vida de fe, tantas veces convertida en mera religiosidad, y nos acerca con atracción de samaritano a los demás, esta es nuestra meta.

 

Querido D. Manuel, como usted dice, “codo con codo”, cuente con nosotros.

 

La tarea nunca ha sido fácil, como lo sabe bien cualquiera que desee comprometerse, pero le necesitamos y usted nos necesita.

 

¡Está en su casa. Bienvenido!

 

Escudo y Lema Episcopal

 

 

ESCUDO

 

Parte superior

 

Mitra con el Espíritu Santo. «Recibe la mitra, brille en ti el resplandor de la santidad, para que cuando aparezca el Príncipe de los pastores, merezcas recibir la corona de gloria que no se marchita» (Ritual de Ordenación).

 

Báculo del Buen Pastor. «Recibe el báculo, signo del ministerio pastoral, y cuida de todo el rebaño que el Espíritu Santo te ha encargado guardar como pastor de la Iglesia de Dios» (Ritual de Ordenación).

 

Parte media, en fondo azul:

 

Una estrella de ocho puntas. Representa a la Virgen María, Estrella de los mares y de Evangelización.

 

Siete estrellas. Representa a las siete Iglesias del Apocalipsis, que están en la mano del Señor Resucitado siempre, también en tiempos duros y recios, y nunca las abandona (Cfr. Apoc 1, 16, 20; 2,1).

 

Parte inferior:

 

Escudo de la Orden de San Agustín. El libro abierto, hace alusión a la Sagrada Escritura. Sobre él se encuentra un corazón atravesado por el dardo de la caridad «Sagitaveras tu, Domine, cor nostrum caritate tua» (San Agustín, Conf. 9, 23). Del corazón brotan dos gotas de sangre. Representan el amor a Dios y al prójimo: «Realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacía él, que es la Cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor». (Ef 4, 15). Y todo ello manteniendo el principio de inspiración agustiniana, expresado por Rupertus Meldenius, en el siglo XVII: «In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas» ... «En lo necesario, unidad, en la duda, libertad, y en todo caridad».

 

LEMA: “MISERICORDIA TUA”

 

Hace alusión al hilo transversal de la Historia de la salvación, desde la creación hasta la gloria futura. Todo es obra de la Misericordia del Padre, cuyo rostro es Jesucristo y que llega a la Iglesia, al mundo y a la creación entera por el Espíritu Santo. Es una confesión de fe y de confianza absoluta. Es, además, una referencia a San Agustín que en todas sus obras, especialmente en las Confesiones, canta la misericordia de Dios, y una referencia al Beato Pablo VI, que en la Meditación ante la Muerte dice: «Siempre me parece suprema la síntesis de San Agustín: miseria y misericordia. Mi miseria y tu misericordia».

Ceremonia de Ordenación Episcopal e Inicio del Ministerio como Obispo

 

Biografía de Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA

 

 

Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria).

 

Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid.

 

Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados.

 

Ha desempeñado los siguientes cargos:

 

 Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia.

 

En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”.

 

En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014.

 

El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.