Domingo, 28 de Mayo de 2017
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Las cofradías en la Nueva Evangelización

Conferencia que Mons. Manuel Sánchez Monge (Obispo de Santander) pronunció el 28 de diciembre en la Iglesia parroquial de San Miguel, y que llevó por título “LAS COFRADÍAS EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN”.

 

El acto estuvo organizado por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús.

 

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Orientaciones sobre Libros Parroquiales, Documentos y Archivos

ORIENTACIONES SOBRE
LIBROS PARROQUIALES,
DOCUMENTOS Y ARCHIVOS

 

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Los archivos parroquiales constituyen un instrumento imprescindible en la vida de la Iglesia, pues en ellos queda reflejada la actividad pastoral, el estado de los fieles y la historia.

 

Uno de los derechos reconocidos a todos los fieles es el derecho a la protección de su intimidad[1]. La Iglesia siempre ha procurado que los datos personales de los fieles que obran en su poder, a través de diversos libros parroquiales, fueran diligentemente custodiados y solo se pudieran proporcionar a quienes tienen un interés legítimo en su conocimiento.

 

Por ello, parece conveniente recordar a los señores Párrocos una serie de pautas para la llevanza de los libros parroquiales y sus archivos, aunque en muchos casos vengan siendo aplicadas ya por tantos celosos pastores.

 

 

I. Libros sacramentales parroquiales.

 

 

1. Libros parroquiales y sus responsables.

 

Algunas orientaciones y pautas a tener en cuenta:

 

1. En cada parroquia han de existir los libros parroquiales establecidos por el Derecho, los prescritos por la Conferencia Episcopal o el Obispo Diocesano, al menos, Libro de bautismo, de matrimonios, de difuntos[2] y de confirmaciones[3].

 

2. El Párroco es el responsable de la llevanza de estos libros, cuidando de que en ellos se anoten con exactitud los datos solicitados y se guarden diligentemente. Se puede delegar esta función en el Vicario Parroquial. Para que otra persona distinta ostente esta responsabilidad es necesario tener delegación por escrito del Sr. Obispo o del Vicario General. Solo las personas aquí reseñadas son las que están legitimadas para firmar las partidas sacramentales[4].

 

3. Los libros sacramentales forman parte de los archivos parroquiales protegidos por el Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos entre la Santa Sede y el Estado Español[5], por lo que se puede denegar el acceso a cualquier autoridad civil no autorizada por el Ordinario.

 

4. Los libros sacramentales no son ficheros sujetos a la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal, sino documentos con valor histórico, jurídico y pastoral, mientras se mantengan en el formato actual de libro. Por tanto, no hay que comunicar su existencia al Registro General de Protección de Datos.

 

El problema surgirá si la gestión de los libros se informatiza completamente y se sustituyen los libros tradicionales por impresos editados y cumplimentados por ordenador, podrían entonces ser considerados “ficheros” y se encontrarían sometidos al control y vigilancia de la autoridad civil.

 

2. Anotaciones y notas marginales.

 

1. Las anotaciones en los libros sacramentales contendrán todos los datos previstos en la legislación tanto general como particular.

 

2. En el libro de Bautismos se efectuarán las notas marginales en las que se haga constar la recepción del sacramento de la Confirmación y lo referente al estado canónico de los fieles por razón del matrimonio, de la adopción, del orden sagrado, de la profesión perpetua en un instituto religioso y del cambio de rito[6].

 

También se ha de anotar la apostasía, tal y como aclaró el Consejo Pontificio para los Textos legislativos, refiriéndose a la “defección por acto formal de la Iglesia católica”[7].

 

3. En el libro de Matrimonios se efectuarán notas marginales en las que se haga constar, de forma sucinta, la convalidación, declaración de nulidad o resolución pontificia de disolución del matrimonio rato y no consumado.

 

3. Llevanza de los libros.

 

1. Los libros han de ser en soporte de papel. Se excluyen los libros formados por impresos editados y cumplimentados por ordenador.

 

2. Es necesario que el Párroco dé comienzo y cierre a todo libro sacramental.

 

Para darle comienzo se debe señalar este hecho brevemente en su primer folio, haciendo constar la fecha, los datos identificativos esenciales del encargado del libro, número de páginas…

 

Los mismos datos se anotarán al cierre del libro, pero en la siguiente página a la última escrita.

 

En ambos casos (comienzo y cierre) se debe fechar, firmar y sellar la página correspondiente.

 

3. Los datos requeridos en los libros sacramentales han de cumplimentarse a mano y con letra clara y legible. Se escribirán con tinta líquida o pluma estilográfica, nunca con bolígrafos ordinarios o derivados, ya que con el tiempo la grafía de estos desaparece mientras que la tinta perdura.

 

4. Si al extender algún certificado no se conoce alguno de los datos solicitados (también en el caso de notas marginales), el espacio no debe dejarse en blanco, sino cruzarse con una línea diagonal con el fin de evitar posibles manipulaciones.

 

5. En el caso de que, involuntariamente, se hayan dejado una o varias páginas en blanco, deben anularse cubriéndose de lado a lado mediante una raya diagonal, con la misma finalidad expresada en el párrafo anterior.

 

6. En el supuesto de que al inscribir, anotar o certificar se haya cometido algún error material, no debe sobrescribirse, ni realizar tachaduras o utilizar líquidos de borrar, sino invalidar la palabra incorrecta trazando una leve línea recta sobre ella y delimitarla entre paréntesis para, a continuación, indicar, siempre en nota a pie de página, la validez de la corrección con la palabra «vale», firmando posteriormente la nota. En caso contrario podría ponerse en duda su autenticidad.

 

7. El documento solo quedará validado con la firma manuscrita, legible, y sello de la Parroquia[8].

 

8. Es aconsejable el uso de tinta de color para el tampón del sellado. Además, es necesario que la impronta del sello se superponga a una parte de la firme o del texto con el fin de prevenir posibles manipulaciones.

 

9. Para cualquier rectificación o alteración de partidas, sean errores, omisiones o cambios efectuados en el Registro Civil, se requiere la autorización del Ordinario. Cada cambio o alteración se hará constar en la partida, consignado, al menos, la referencia del documento que acredite dicha modificación.

 

l Reconocimiento de civil de cambio de sexo y repercusión canónica.

 

En el libro de bautismos siempre se hará constar el sexo del bautizado. El cambio de identidad registral en el ámbito civil no modifica no modifica la condición masculina o femenina del fiel, definida al momento del nacimiento. No se procederá, inconsecuencia, a la rectificación del sexo de las personas en el libro de bautismo, salvo para corregir posibles errores de inscripción.

 

No obstante, se inscribirá una nota marginal que advertirá acerca de la rectificación relativa al sexo producida en el Registro Civil, con inclusión explícita de los datos correspondientes de la certificación del Registro Civil[9].

 

4. Expedientes matrimoniales.

 

1. Todos los expedientas matrimoniales han de conservarse en el archivo parroquial. Una vez agrupados por años, han de numerarse y guardarse en cajas de archivo.

 

2. Las notificaciones recibidas con indicación de haber sido cumplimentados en su respectivo Libro de Bautismo, deben ser archivadas en su correspondiente expediente matrimonial.

 

3. Las copias de los expedientes matrimoniales destinados a otras Diócesis se enviarán a través de la propia Curia diocesana, que serán quien los trasmita a la Curia de destino.

 

5. Conservación y custodia de los libros.

 

1. Los libros parroquiales se custodiarán en el archivo parroquial, en un armario que proporcione las necesarias garantías de conservación y seguridad, y siempre bajo llave. Solo el Párroco o su Delegado tendrán acceso al armario.

 

2. En el caso de Unidades Pastorales formadas por diversas parroquias, los libros parroquiales podrán conservarse en el archivo de una de ellas, con el consentimiento del Obispo.

 

6. Acceso y consulta.

 

1. Corresponde al Párroco o al Delegado expedir certificaciones o copias autorizadas de los asientos o anotaciones registrales referentes al fiel que las solicite.

 

2. Los certificados o extractos pueden extenderse bien escrito a mano o mecanografiados, pero siempre cumplimentados en el modelo propio de la Diócesis y validados por la firma del Párroco o del Delegado y por el sello parroquial.

 

Las certificaciones que hayan de producir efecto fuera de la Diócesis han de ser legalizadas por el Ordinario.

 

3. Todos los fieles tienen derecho a recibir personalmente certificaciones o copias autorizadas de aquellos documentos contenidos en los libros parroquiales que, siendo públicos por su naturaleza, se refieran al estado personal.

 

4. El interesado, salvo que sea conocido personalmente por el Párroco o el Delegado, deberá acreditar documentalmente su personalidad e indicar el fin para el que solicita la certificación.

 

5. Podrán expedirse también certificaciones o copias cuando el interesado lo solicite a través del propio cónyuge, padres, hermanos, hijos o procurador legal. En estos casos el interesado deberá, además, indicar los datos identificativos del pariente o procurador y estos acreditarlos documentalmente.

 

6. No se expedirán certificaciones o copias autorizadas cuando no queda acreditado el interés legítimo y la personalidad del interesado y, en su caso, del familiar o procurador. Se ha de guardar copia del documento que acredite los referidos datos del interesado y del familiar o procurador.

 

7. Salvo que disponga otra cosa el Ordinario, la documentación relativa a los registros sacramentales de los últimos cien años ha de quedar cerrada a la libre y pública consulta, ya que es reservada por su propia naturaleza. A partir de esta fecha pasará a considerarse “documentación histórica”.

 

8. Las solicitudes de datos con finalidades genealógicas referidas a los últimos cien años solo se atenderán cuando el interesado recabe datos sobre sus ascendientes directos hasta el segundo grado inclusive.

 

9. En ningún caso se debe permitir consulta directa, manipulación, grabación o reproducción total o parcial de los libros sacramentales que se encuentren en las parroquias, debido al carácter reservado de los datos de estos documentos.

 

10. La microfilmación, digitalización o cualquier otra iniciativa de tratamiento global o parcial del libro requerirá la autorización escrita del Obispo.

 

11. Los libros parroquiales no podrán sacarse del archivo parroquial, salvo en el caso del nº 5.2. (Conservación y custodia de los libros, Unidades pastorales).

 

12. Cualquier duda sobre la oportunidad de extender certificados o copias autorizadas de los libros sacramentales habrá de consultarse con el Ordinario.

 

 

II. Archivo parroquial.

 

 

La parroquia ha de disponer de una estantería o un archivo donde se conserven de forma segura los libros parroquiales, junto con las cartas de los Obispos y otros documentos por motivos de necesidad o de utilidad. Es conveniente que se confeccione un inventario o índice de la documentación existente en el archivo y se envíe una copia a la Curia.

 

1. Organización del archivo.

 

Aunque el Código no establece cómo se ha de organizar el archivo, la forma más común es la de establecer dos secciones:

 

1) Sección de uso corriente: En ella se conservan los libros y documentos con una antigüedad no superior a los 30 ó 40 años, que es la más requerida, sobre todo para certificar la administración de los sacramentos.

 

2) Sección histórica: En ella se conservan los libros y documentos anteriores y que también han de ser conservados diligentemente.

 

Cada una de las secciones podía contener una doble división:

 

a) Libros sacramentales: Libro de bautismos, de matrimonios, de difuntos, de confirmaciones y legajo de expedientes de matrimonio.

 

b) Libros de gobierno: Boletín oficial de la diócesis, comunicaciones de la Curia, libros de visitas pastorales, actas de los Consejos de la parroquia, libros de contabilidad e inventarios, libro de oblaciones y limosnas, libros de misas, documentos eclesiásticos y civiles relativos a la parroquia (escrituras, contratos…), correspondencia (enviada y recibida), publicaciones de la parroquia…

 

2. Uso y consulta del archivo.

 

Es conveniente contar con un lugar adecuado para la consulta de la documentación bajo la custodia del párroco. Algunas pautas de actuación:

 

1. El archivo debe estar siempre cerrado con llave, que sólo tendrá el párroco y la persona de su confianza que le ayude en la secretaría parroquial.

 

2. Los documentos nunca se sacarán fuera de la parroquia, y quienes tienen acceso al archivo no facilitarán documentos por razones de amistad o familiaridad.

 

3. La documentación del archivo de uso corriente puede ser facilitada cuando sea de carácter público y se refiera al estado de la persona que lo solicita.

 

4. Cuando se trata de documentos del archivo histórico (antigüedad superior a cien años)[10], se podrá facilitar a los investigadores debidamente acreditados, salvo que se trate de documentos que tengan alguna restricción, pero no se dejará que se consulten sin la debida supervisión.

 

Se aconseja que los libros parroquiales que tengan una antigüedad superior a cien años, se depositen en el Archivo histórico diocesano, sin perjuicio de la propiedad que seguirá siendo de la parroquia, y se acreditará mediante el correspondiente certificado.

 

 



[1] CIC., c. 220: «A nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho de cada persona a proteger su propia intimidad».

[2] CIC., c. 535 §1: «En cada parroquia se han de llevar los libros parroquiales, es decir de bautizados, de matrimonios y de difuntos, y aquellos otros prescritos por la Conferencia Episcopal o por el Obispo diocesano […]».

[3] Primer Decreto de la Conferencia Episcopal Española, art. 5.

[4] CIC., c. 535 §1: « […] cuide el párroco de que esos libros se anoten con exactitud y se guarden diligentemente».

[5] Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos entre la Santa Sede y el Estado Español, art. 1.6.

[6]  CIC., c. 535 §2: «En el libro de bautizados se anotará también la confirmación, así como lo que se refiere al estado canónico de los fieles por razón del matrimonio, quedando a salvo lo que prescribe el c. 1133, por razón de la adopción, de la recepción del orden sagrado, de la profesión perpetua emitida en un instituto religioso y del cambio de rito; y esas anotaciones han de hacerse  constar siempre en la partida del bautismo.

[7] Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, Acto formal de defección de la Iglesia Católica (13 de marzo de 2006). Prot. N. 10279/2006.

[8] CIC., c. 535 §3: «Cada parroquia ha de tener su propio sello; los certificados que se refieren al estado canónico de los fieles, así como también las demás actas que puedan tener valor jurídico, deben llevar la firma del párroco o de su delegado, y el sello parroquial».

[9] Conferencia Episcopal Española, XCI Asamblea Plenaria de 3 al 7 de marzo de 2008. Orientaciones acerca del modo de proceder ante implicaciones en el ordenamiento canónico de la Ley Reguladora de la Rectificación Registral de la mención relativa al sexo de las personas, núm. 2.

[10] Cfr. Acceso y consulta de estas orientaciones, nº 7.

Algunas respuestas sobre la crisis humanitaria de las personas refugiadas

Documento elaborado por Cáritas Diocesana de Bilbao y la Delegación de Caridad y Justicia en el que se intenta responder a algunas de las preguntas más frecuentes que se están escuchando últimamente referidas a la crisis migratoria y la situación de las personas refugiadas.

 

El texto, responde a cuestiones como en qué situación se encuentran las personas afectadas por conflictos bélicos y por la vulneración de derechos humanos o cómo se puede realizar un acompañamiento integral a estas personas.

 

 

 

CRISIS HUMANITARIA DE
LAS PERSONAS REFUGIADAS

 

Debido a los últimos acontecimientos relacionados con la crisis migratoria y la situación de las personas refugiadas, queremos dar respuesta a preguntas que en estos días aparecen de forma frecuente en los medios de comunicación y en nuestras conversaciones.

 

I. ¿Qué está pasando?

 

Como podéis leer en los informes de situación de Cáritas Española u otros informes de organismos europeos o internacionales, los conflictos bélicos y la vulneración de derechos humanos en el Medio Oriente, Asia y África han ocasionado un importante aumento en el flujo de personas a la Unión Europea a través de los Balcanes Occidentales, ruta de Turquía, Grecia, Macedonia y Serbia.

 

La mayoría de estas personas provienen de Siria, Iraq y Afganistán, así como de Palestina, Libia, Malí, Eritrea, Somalia y otros países de África subsahariana.

 

Es importante recordar que no estamos ante una situación nueva, puesto que conflictos como los de Siria o Irak comenzaron hace años. De ahí que la llamada “ruta de los Balcanes” haga referencia a una crisis que se inició hace más de cuatro años y que puede durar algunos años más.

 

Recuerda que a finales de 2014 había 60 millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo, y que Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Etiopía y Jordania son los seis países con mayor número de personas acogidas (casi la mitad del total). Generalmente, la solidaridad proviene de los países más empobrecidos.

 

II. ¿En qué situación se encuentran estas personas afectadas por conflictos bélicos y por la vulneración de derechos humanos?

 

Estas personas buscan protección internacional porque no pueden volver ni ser devueltas a su país de origen por temor justificado de persecución o riesgo de sufrir malos tratos u otros daños graves.

 

A las personas solicitantes de protección internacional se les puede conceder:

 

1. El estatuto de refugiado/a si tienen un temor fundado a ser perseguidas en su país por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a un determinado grupo social, de género u orientación sexual.

 

2. El estatuto de protección subsidiaria si no cumplen los requisitos para ser consideradas refugiadas, pero si fueran devueltas a su país de origen o a su antiguo lugar de residencia habitual, correrían un riesgo real de sufrir daños graves como la pena de muerte o ejecución, la tortura u otras penas o tratos inhumanos o degradantes, y amenazas graves e individuales contra la vida o la integridad física de un civil motivadas por una violencia indiscriminada en situaciones de conflicto armado internacional o interno.

 

III. ¿Las personas solicitantes de protección internacional pueden trabajar y residir legalmente en España? ¿Pueden acceder al sistema sanitario y a las ayudas económicas públicas?

 

Desde el momento en que la persona solicita la protección internacional, obtendrá un permiso de residencia temporal a la espera de que su solicitud sea aprobada o no. El permiso de trabajo se hará efectivo a los seis meses de la solicitud inicial.

 

Tanto el permiso de residencia como el de trabajo tendrán que ser renovados cada seis meses hasta que haya una resolución firme.

 

Una persona solicitante de protección internacional tiene derecho a la atención sanitaria; además, podrá beneficiarse de asistencia que garantice la cobertura de sus necesidades básicas.

 

Existen ayudas económicas procedentes de fondos europeos destinadas concretamente a la población solicitante de protección internacional y/o que tiene el estatuto de refugiado/a o de protección subsidiaria.

 

Una vez que la solicitud de protección internacional es aprobada, la persona podrá obtener el estatuto de refugiado o de protección subsidiaria. En caso contrario se queda en situación irregular.

 

IV. ¿Qué derechos obtienen estas personas con el estatuto de refugiado/a o de protección subsidiaria, es decir, cuando se ha resuelto favorablemente su solicitud de protección internacional?

 

1. No ser devueltos/as al país de origen

 

2. Autorización de residencia y trabajo

 

3. Obtener documento de identidad y, en su caso, de viaje.

 

4. Reagrupamiento de familiares directos.

 

5. Acceso a servicios públicos de empleo, a la educación, asistencia sanitaria, vivienda, asistencia y servicios sociales, a programas de atención a víctimas de violencia de género, a la seguridad social, a programas de integración, a la formación continua y trabajo en prácticas, y al procedimiento de reconocimiento de títulos académicos y profesionales en las mismas condiciones que las personas autóctonas.

 

6. Acceso a programas de integración específicos y de retorno voluntario que se establezcan.

 

7. Reducción en los plazos de nacionalidad española para las personas refugiadas.

 

V. ¿Qué dimensiones se deben trabajar para realizar un acompañamiento integral de estas personas?

 

- Dimensión Jurídica: Seguimiento del expediente administrativo jurídico e información, en el idioma de la persona, de los derechos y obligaciones de la propia situación administrativa otorgada (solicitante de asilo, refugiado/a, protección subsidiaria, etc.) y todos los trámites legales que deriven de dicha concesión, así como un acompañamiento a comisaria y organismos oficiales donde sea requerida

 

- Dimensión Psicológica (afectiva-emocional): Atención y seguimiento de todas aquellas necesidades de salud mental derivadas del proyecto migratorio forzoso, así como de los posibles traumas y daños derivados de la situación de violencia y guerra vividos en el país de origen.

 

- Dimensión Formativa/Laboral: Información sobre cursos, aprendizaje lingüístico, homologaciones de títulos, posibles ofertas laborales etc., y acompañamiento individualizado en los procesos de escolarización de menores, así como en el desarrollo de un itinerario de inserción laboral de las personas adultas.

 

- Dimensión Social: Acompañamiento y formación en habilidades sociales de la sociedad de acogida, facilitar espacios de encuentro con personas autóctonas, conocimiento del entorno, conocimiento de los recursos existentes en el municipio etc.

 

- Dimensión Sanitaria: Acompañamiento y tramitación de forma inmediata de la tarjeta sanitaria, acompañamiento a citas médicas, revisiones, analíticas, vacunación a menores etc...

 

- Dimensión Económica: Determinar cuál va a ser la forma de financiación para cubrir las necesidades de esta persona (alimentación, medicamentos, gastos de luz, calefacción, ayuda de bolsillo, transporte, gastos escolares etc.)

 

- Dimensión De Vivienda: Determinar viviendas a ocupar por las personas que llegan, las plazas de cada vivienda, mantas, sabanas, menaje etc. También se facilitará un acompañamiento en los dispositivos de acogida para trabajar en talleres de cocina, limpieza, cuidado de los inmuebles, etc., así como en la convivencia de las personas que habitarán en los centros y pisos.

 

- Dimensión De Autonomía: Dotar a la persona de herramientas que le permitan ser autónoma e independiente lo antes posible.

 

- Dimensión Espiritual: Atención y acompañamiento a las necesidades espirituales derivadas del proceso migratorio, y a sus necesidades religiosas, si fueran demandadas.

 

VI. ¿Puede retornar a su país de origen una persona que tiene el estatuto de refugiada o protección subsidiaria?

 

Toda persona podrá retornar a su país de origen siempre que se haga de forma voluntaria, digna y sin que exista peligro en dicho retorno para sí misma y su familia.

 

VII. Otros conceptos que interesa conocer para comprender la situación actual.

 

1. Persona migrante: persona que por diversos motivos, entre ellos: económicos, familiares, profesionales, formativos etc. decide abandonar su país de origen y vivir durante un largo período de tiempo en otro con el fin de mejorar su situación. Existe voluntariedad en la elaboración y ejecución de su proyecto migratorio en mayor o menor grado, entendiendo que existen situaciones de pobreza dentro de muchos países de origen que obligan y fuerzan a las personas a salir de los mismos y buscar su bienestar en otro

 

2. Persona desplazada: persona que dentro de las fronteras de su país se ve obligada a abandonar su hogar normalmente por estar sufriendo una situación de violencia generalizada, conflictos armados y violaciones de los derechos humanos.

 

3. Persona apátrida: Aquella persona que ningún estado considera como nacional, y por lo tanto no se le aplica la legislación de ninguno de ellos (apátrida iure) o aquella persona que no puede disfrutar de los mismos derechos fundamentales que las personas nacidas en su mismo país de origen (apátrida de facto).

 

4. Reasentamiento: aquel procedimiento por el que una persona es reasentada en un país diferente al de la primera acogida, debido a que ese primer país no puede cubrir ni garantizar la seguridad de la persona refugiada. A ésta se le transfiere a un tercer país que ha aceptado admitirla. Una vez asentada en el tercer país, podrá disponer del estatuto de refugiado o cualquier otro permiso de larga duración que le permita vivir y trabajar legalmente en ese lugar. Este procedimiento se da normalmente cuando el país de acogida inicial se ve desbordada ante la llegada de un gran número de personas refugiadas en un corto período de tiempo o porque en el segundo país de acogida existan mayores alternativas y posibilidades para la cobertura de sus necesidades y por lo tanto para una mejor integración en el país de acogida.

 

 

Acogida a refugiados

«La Misericordia de Dios se reconoce a través de nuestras obras, como nos ha testimoniado la vida de la beata Madre Teresa de Calcuta, cuyo aniversario de muerte recordamos ayer.

 

Ante la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y el hambre y están en camino hacia una esperanza de vida, el Evangelio nos llama a ser “prójimos” de los más pequeños y abandonados. A darles una esperanza concreta. No sólo a decir “¡ánimo, paciencia!”... La esperanza es combativa, con la tenacidad de quien va hacia una meta segura.

 

Por lo tanto, en proximidad del Jubileo de la Misericordia, dirijo un llamamiento a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa para que expresen lo concreto del Evangelio y acojan a una familia de refugiados. Un gesto concreto en preparación del Año Santo.

 

Cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa hospede a una familia, empezando por mi diócesis de Roma.

 

Me dirijo a mis hermanos Obispos de Europa, verdaderos pastores, para que en sus diócesis sostengan este llamamiento mío, recordando que la Misericordia es el segundo nombre del Amor: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25.40)

 

También las dos parroquias del Vaticano acogerán en estos días a dos familias de refugiados».

 

Papa Francisco. Palabras tras el Ángelus
6 de septiembre de 2015

 

 

 

 

 

Por una mayor generosidad en la acogida
de los refugiados y desplazados en Europa

 

Comisión Episcopal de Migraciones. CEE
1 de Septiembre de 2015

 

Día tras día somos golpeados por las noticias de numerosas personas, que, huyendo de la guerra o del hambre, acaban dejando la vida de manera trágica, en mar o en tierra, o se encuentran en situaciones extremas. Son hombres, mujeres y niños, en no pocos casos familias enteras, que lo han perdido todo. Sólo les queda la vida, y ésta amenazada. Sería horrible que la repetición de los hechos acabara anestesiándonos; que, como dice el Papa Francisco, «la globalización de la indiferencia acabara por secarnos las lágrimas»; que dejáramos de clamar contra «este grave crimen contra la familia humana», como ha sido calificado también por el mismo Papa Francisco.

 

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Redoble de conciencia

 

Antonio Gómez Cantero. Administrador Diocesano
6 de septiembre de 2015

 

El holandés Ruben L. Oppenheimer, ilustrador político de lápiz crítico, que añade en unos solos trazos una editorial tajante a la dura realidad, dibujó, el pasado miércoles, el cuerpo del pequeño Aylan Kurdi muerto en la playa y rodeado de un enjambre de «bla, bla, bla», que le oprimían más que la suave ola que le acariciaba el rostro.

 

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Los puntos sobre la “i”

 

Antonio Gómez Cantero. Administrador Diocesano

13 de septiembre de 2015

 

Lo que habla la gente es que estamos viviendo un momento difícil, en Europa me refiero, (otros pueblos aún no han salido de él). Y en las conversaciones de unos y otros se palpa un cierto desasosiego que, poco a poco, va resquebrajando la tan preciada seguridad en la que pensamos que vivimos.

 

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Algunas respuestas sobre la crisis humanitaria
de las personas refugiadas

 

 

Documento elaborado por Cáritas Diocesana de Bilbao y la Delegación de Caridad y Justicia en el que se intenta responder a algunas de las preguntas más frecuentes que se están escuchando últimamente referidas a la crisis migratoria y la situación de las personas refugiadas.

 

El texto, responde a cuestiones como en qué situación se encuentran las personas afectadas por conflictos bélicos y por la vulneración de derechos humanos o cómo se puede realizar un acompañamiento integral a estas personas.

 

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El anuncio del Jubileo de la Misericordia

 

 

“24 horas para el Señor”, Celebración de la Penitencia
Viernes, 13 de marzo de 2015 - Basílica Vaticana

 

También este año, en vísperas del cuarto domingo de Cuaresma, nos hemos reunido para celebrar la liturgia penitencial. Estamos unidos a muchos cristianos que hoy, en todas las partes del mundo, han acogido la invitación de vivir este momento como signo de la bondad del Señor. El sacramento de la Reconciliación, en efecto, nos permite acercarnos con confianza al Padre para tener la certeza de su perdón. Él es verdaderamente «rico en misericordia» y la extiende en abundancia sobre quienes recurren a Él con corazón sincero.

 

Estar aquí para experimentar su amor, en cualquier caso, es ante todo fruto de su gracia. Como nos ha recordado el apóstol Pablo, Dios nunca deja de mostrar la riqueza de su misericordia a lo largo de los siglos. La transformación del corazón que nos lleva a confesar nuestros pecados es «don de Dios». Nosotros solos no podemos. Poder confesar nuestros pecados es un don de Dios, es un regalo, es «obra suya» (cf. Ef 2, 8-10). Ser tocados con ternura por su mano y plasmados por su gracia nos permite, por lo tanto, acercarnos al sacerdote sin temor por nuestras culpas, pero con la certeza de ser acogidos por él en nombre de Dios y comprendidos a pesar de nuestras miserias; e incluso sin tener un abogado defensor: tenemos sólo uno, que dio su vida por nuestros pecados. Es Él quien, con el Padre, nos defiende siempre. Al salir del confesionario, percibiremos su fuerza que nos vuelve a dar la vida y restituye el entusiasmo de la fe. Después de la confesión renacemos.

 

El Evangelio que hemos escuchado (cf. Lc 7, 36-50) nos abre un camino de esperanza y de consuelo. Es bueno percibir sobre nosotros la mirada compasiva de Jesús, así como la percibió la mujer pecadora en la casa del fariseo. En este pasaje vuelven con insistencia dos palabras: amor y juicio.

 

Está el amor de la mujer pecadora que se humilla ante el Señor; pero antes aún está el amor misericordioso de Jesús por ella, que la impulsa a acercarse. Su llanto de arrepentimiento y de alegría lava los pies del Maestro, y sus cabellos los secan con gratitud; los besos son expresión de su afecto puro; y el ungüento perfumado que derrama abundantemente atestigua lo valioso que es Él ante sus ojos. Cada gesto de esta mujer habla de amor y expresa su deseo de tener una certeza indestructible en su vida: la de haber sido perdonada. ¡Esta es una certeza hermosísima! Y Jesús le da esta certeza: acogiéndola le demuestra el amor de Dios por ella, precisamente por ella, una pecadora pública. El amor y el perdón son simultáneos: Dios le perdona mucho, le perdona todo, porque «ha amado mucho» (Lc 7, 47); y ella adora a Jesús porque percibe que en Él hay misericordia y no condena. Siente que Jesús la comprende con amor, a ella, que es una pecadora. Gracias a Jesús, Dios carga sobre sí sus muchos pecados, ya no los recuerda (cf. Is 43, 25). Porque también esto es verdad: cuando Dios perdona, olvida. ¡Es grande el perdón de Dios! Para ella ahora comienza un nuevo período; renace en el amor a una vida nueva.

 

Esta mujer encontró verdaderamente al Señor. En el silencio, le abrió su corazón; en el dolor, le mostró el arrepentimiento por sus pecados; con su llanto, hizo un llamamiento a la bondad divina para recibir el perdón. Para ella no habrá ningún juicio si no el que viene de Dios, y este es el juicio de la misericordia. El protagonista de este encuentro es ciertamente el amor, la misericordia que va más allá de la justicia.

 

Simón, el dueño de casa, el fariseo, al contrario, no logra encontrar el camino del amor. Todo está calculado, todo pensado... Él permanece inmóvil en el umbral de la formalidad. Es algo feo el amor formal, no se entiende. No es capaz de dar el paso sucesivo para ir al encuentro de Jesús que le trae la salvación. Simón se limitó a invitar a Jesús a comer, pero no lo acogió verdaderamente. En sus pensamientos invoca sólo la justicia y obrando así se equivoca. Su juicio acerca de la mujer lo aleja de la verdad y no le permite ni siquiera comprender quién es su huésped. Se detuvo en la superficie —en la formalidad—, no fue capaz de mirar al corazón. Ante la parábola de Jesús y la pregunta sobre cuál de los servidores había amado más, el fariseo respondió correctamente: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y Jesús no deja de hacerle notar: «Has juzgado rectamente» (Lc 7, 43). Sólo cuando el juicio de Simón se dirige al amor, entonces él está en lo correcto.

 

La llamada de Jesús nos impulsa a cada uno de nosotros a no detenerse jamás en la superficie de las cosas, sobre todo cuando estamos ante una persona. Estamos llamados a mirar más allá, a centrarnos en el corazón para ver de cuánta generosidad es capaz cada uno. Nadie puede ser excluido de la misericordia de Dios. Todos conocen el camino para acceder a ella y la Iglesia es la casa que acoge a todos y no rechaza a nadie. Sus puertas permanecen abiertas de par en par, para que quienes son tocados por la gracia puedan encontrar la certeza del perdón. Cuanto más grande es el pecado, mayor debe ser el amor que la Iglesia expresa hacia quienes se convierten. ¡Con cuánto amor nos mira Jesús! ¡Con cuánto amor cura nuestro corazón pecador! Jamás se asusta de nuestros pecados. Pensemos en el hijo pródigo que, cuando decidió volver al padre, pensaba hacerle un discurso, pero el padre no lo dejó hablar, lo abrazó (cf. Lc 15, 17-24). Así es Jesús con nosotros. «Padre, tengo muchos pecados...». —«Pero Él estará contento si tú vas: ¡te abrazará con mucho amor! No tengas miedo».

 

Queridos hermanos y hermanas, he pensado con frecuencia de qué forma la Iglesia puede hacer más evidente su misión de ser testigo de la misericordia. Es un camino que inicia con una conversión espiritual; y tenemos que recorrer este camino. Por eso he decidido convocar un Jubileo extraordinario que tenga en el centro la misericordia de Dios. Será un Año santo de la misericordia. Lo queremos vivir a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6, 36). Esto especialmente para los confesores: ¡mucha misericordia!

 

Este Año santo iniciará con la próxima solemnidad de la Inmaculada Concepción y se concluirá el 20 de noviembre de 2016, domingo de Nuestro Señor Jesucristo Rey del universo y rostro vivo de la misericordia del Padre. Encomiendo la organización de este Jubileo al Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, para que pueda animarlo como una nueva etapa del camino de la Iglesia en su misión de llevar a cada persona el Evangelio de la misericordia.

 

Estoy convencido de que toda la Iglesia, que tiene una gran necesidad de recibir misericordia, porque somos pecadores, podrá encontrar en este Jubileo la alegría para redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios, con la cual todos estamos llamados a dar consuelo a cada hombre y a cada mujer de nuestro tiempo. No olvidemos que Dios perdona todo, y Dios perdona siempre. No nos cansemos de pedir perdón. Encomendemos desde ahora este Año a la Madre de la misericordia, para que dirija su mirada sobre nosotros y vele sobre nuestro camino: nuestro camino penitencial, nuestro camino con el corazón abierto, durante un año, para recibir la indulgencia de Dios, para recibir la misericordia de Dios.