Adviento 2020. Primer Domingo. "Mirar"

Comenzamos el camino del Adviento, que para el Primer Domingo nos propone “Mirar”. Estar muy atentos porque “lo esencial se ve con el corazón”.

 

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Hoja para el I Domingo de Adviento

Guión litúrgico

Power Point

 

El valor de la mirada o el color del cristal. No es lo mismo ver que mirar. Ver es pasar la vista por encima. Mirar supone fijarse. Implica actitud activa y origina una relación. La mirada es puerta de contacto con el mundo exterior que nos rodea.

Hoy predomina el ver sobre el mirar. Prisa, ansiedad, ruido interior, fatiga de los mismos hechos y discursos cada día..., hacen que nuestra perspectiva se vaya reduciendo al espacio vital estrecho de nuestra persona y de los nuestros, donde casi todo empieza y termina. Además, las propias ideas e intereses hacen que la mirada sea parcial, del color del cristal con que miramos. Por eso, la mirada clara y abierta es de gran valor, porque se ofrece, busca otras miradas, transmite confianza y revela honestidad y verdad.

 

Ojos que ven, corazón que siente. La mirada cordial. Mirar es como vivir con el alma despierta y asomada a la vida. Luego hay diferentes formas de mirar: Mirada fugaz, distraída, tímida, penetrante, cómplice, interesada, sorprendida, desconfiada, furiosa, compasiva, serena, dulce... Y hay una mirada distinta a todas, la mirada cordial, que es como la de un padre, madre o amigo: se fija en lo mejor de la persona o acontecimiento, lo reconoce y le permite ser lo que es, crea una relación amistosa con aquello que mira, se deja afectar por lo que ha visto y adopta la actitud más favorable. Es una mirada comprometida y salvífica.

 

Jesús, el de la mirada cordial. Entre las cosas de Jesús que el Evangelio nos muestra, llama la atención sus miradas: De cariño al joven rico, de tristeza y recelo a los fariseos, de simpatía a Zaqueo, de admiración a la viuda generosa, de ternura a distintas mujeres, de compasión a los pobres y enfermos, de conmoción a las gentes, de dolor a la ciudad de Jerusalén, de reconciliación a Pedro, de generosidad y agradecimiento a su madre y al discípulo en el Calvario. Si los ojos son reflejo del alma, a través de esas miradas podemos conocer los sentimientos de Jesús y el modo de mirar de Dios.

 

Adviento: Invitados a mirar. El adviento inicia el año litúrgico de los cristianos y la primera palabra es MIRAD. Mirad lo que está ocurriendo a nuestro planeta, lo que está sucediendo en el mundo, lo que acontece en nuestro país, en nuestra provincia y ciudad, en mi barrio, en mi familia, en mí mismo. Mirar el pasado del que procedo, el presente del que formo parte, el futuro en el que espero el encuentro con Jesús. Y mirar cordialmente para considerar mío lo que pasa y dejarme afectar; para sentirme cerca, implicado y responsable; para transformar lo que está a mi alcance. Mirar para distinguir, para discernir, para elegir. Mirar bien, con el corazón, porque lo mejor sólo se ve con el corazón.

 

Se nos invita a ser oteadores de los acontecimientos, a tratar de percibir lo que asoma, a oler los aromas que despuntan.

El tiempo de Adviento nos pide mirada amplia y profunda para descubrir no sólo lo que estamos viviendo, sino por qué lo estamos viviendo. Y, ¿qué nos quiere decir el Señor con todo ellos? ¿Qué tenemos que cuidar personalmente y comunitariamente?’ ¿Qué actitudes nuevas tenemos que crear o desarrollar? Mirar la vida con la mirada de un niño, trasparente, ingenua, creativa… Discernir los signos de los tiempos es uno de los grandes servicios que podemos hacer a nuestras comunidades en este tiempo nuevo.

La vida después de la Pandemia que estamos viviendo, nos exige a los seguidores de Jesús dos objetivos. El primero, sugerir una dirección, algunas claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis de la humanidad. El segundo, sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y desconcierto. Es Tiempo de Cuidar y Crear

 

 

Adviento 2020: Tiempo de Cuidar y Crear

Primer Domingo: Mirar

 

 

 DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

— «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

 

 ENCENDEMOS LA PRIMERA VELA.

Padre nuestro, en el inicio del Adviento queremos  encender la primera vela de este camino, como signo de la luz que alumbra nuestra esperanza.

A la vez, queremos hacer de ella la señal para Mirar  con los ojos del corazón abiertos, para leer todos los signos y rastros de tu venida y de tu presencia entre nosotros.

En Comunidad queremos Cuidarnos. ¡Ayúdanos a ser testigos creíbles de tu luz y portadores de una esperanza que nos invita a mirar más allá!

Unidos a todas las comunidades te decimos:

¡Ven Señor, Jesús!

 

 UNA MIRADA AMPLIA

El Evangelio de hoy, como corresponde al inicio en este tiempo de Adviento, es una llamada a estar atentos, vigilar, velar… Se nos invita a ser oteadores de los acontecimientos, a tratar de percibir lo que asoma, a oler los aromas que despuntan.

El tiempo de Adviento nos pide mirada amplia y profunda para descubrir no sólo lo que estamos viviendo, sino por qué lo estamos viviendo. Y, ¿qué nos quiere decir el Señor con todo ellos? ¿Qué tenemos que cuidar personalmente y comunitariamente?’ ¿Qué actitudes nuevas tenemos que crear o desarrollar? Mirar la vida con la mirada de un niño, trasparente, ingenua, creativa… Discernir los signos de los tiempos es uno de los grandes servicios que podemos hacer a nuestras comunidades en este tiempo nuevo.

La vida después de la Pandemia que estamos viviendo, nos exige a los seguidores de Jesús dos objetivos. El primero, sugerir una dirección, algunas claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis de la humanidad. El segundo, sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y desconcierto. Es Tiempo de Cuidar y Crear

 

 PARA PENSAR

- En esta época de fragilidad, incertidumbres, miedos… ¿Cómo es mi mirada? ¿Cómo me veo?  ¿Qué veo cerca de mí?  ¿Qué tengo que despertar y cuidar  en mi mirada?

- ¿En qué situaciones nuestras comunidades deben estar vigilantes y despiertas para que nuestros niños, adolescentes, jóvenes, adultos, mayores… no pierdan la esperanza?

 

 TIEMPO DE INCERTIDUMBRE

Estos meses de pandemia están suponiendo un auténtico reto a nuestra capacidad de adaptación. Cada día surgen nuevos protocolos y nuevas restricciones que nos dejan llenos de interrogantes: ¿Podré reunirme en Navidad con mis familiares? ¿Mantendré mi puesto de trabajo o mi negocio? ¿Quién cuida del niño mientras su aula está en cuarentena? ¿Celebraremos la boda de mi hija el próximo año?

Vivimos en una sociedad cada vez más previsora. Nuestras agendas se programan con mucha anticipación. Saber lo que va a ocurrir dentro de tres, seis o doce meses nos infunde una sensación agradable de seguridad, calma y control.

Sin embargo, la incertidumbre dispara nuestra ansiedad. En los últimos meses las consultas psicológicas por cuadros de ansiedad se han duplicado. Algunos fármacos, como los ansiolíticos, han aumentado su consumo en más de un 30%. Cada vez hay más personas con problemas de insomnio y, por lo tanto, más irritables en el día a día. Otras personas se han rendido ante la incertidumbre y han entrado en una etapa con tintes depresivos. 

Todo apunta a que este tiempo de incertidumbre se va a prolongar. Por eso, es bueno que nos preguntemos qué podemos hacer para aprender a convivir con la incertidumbre. Quizá la respuesta la podemos hallar en una oración que se reza en las reuniones de Alcohólicos Anónimos: “Señor, concédenos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las que sí podemos, y sabiduría para discernir la diferencia”. Quizá en la aceptación de la situación esté la clave fundamental, porque, como decía el psicólogo Jung: “Aquello a lo que te resistes, persiste. Aquello que aceptas, se transforma”.

Miguel Ruiz Prada, Sacerdote y Psicólogo

 

EN COMUNIDAD REZAMOS

 

Señor Jesús, abre mis ojos
a la luz de tu verdad.
Abre mis ojos al corazón
del hombre que transciende;
a los valores de tu Reino.

Abre mis ojos y mi corazón a la bondad
y la ternura, al perdón,
a la justicia, a la fraternidad,
a la verdad, y a la sencillez.

Señor Jesús, abre mi vida
a los valores que no se acaban.
Tú, Señor Jesús, estás aquí,
en mi nuevo camino y me ofreces tu proyecto de vida.

Yo cuento contigo:
eres la respuesta a mi pregunta;
eres la razón a mis razones,
eres el ideal de persona
que yo quiero;
eres el proyecto que yo asumo,
eres la Persona
y el Programa de mi vida;
eres el sentido de mi vida.

 

 UNA CANCIÓN PARA ESCUCHAR:

"Tu amistad me hace Bien" de Axel Campos

 UN VÍDEO PARA LOS NIÑOS:

La habitación secreta

 

 

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