Miércoles, 10 Julio 2019 12:25

Celebrando la Palabra - XV Domingo Tiempo Ordinario (14 de julio)

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Celebración del XV Domingo del Tiempo Ordinario. 14 de julio de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar delante del altar una de estas frases: “¿Qué haces con tu prójimo?” o “Haz bien y no mires a quién”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Hermanas y hermanos, si en algo nos hemos de distinguir los cristianos es en el amor. Es el principal encargo que Jesús nos dejó, lo que más evangeliza y convence.

El evangelio de hoy con la parábola del buen samaritano nos recuerda una verdad indiscutible: Todo ser humano es una criatura imperfecta si no está habitada por el amor. Por el contrario, si nos dejamos llenar del amor, la compasión solidaria brotará de nuestro interior como algo natural y todas las personas que nos necesiten encontraran en nosotros ayuda y consuelo eficaz.

Ojalá que este encuentro de oración fraterna nos impulse a amar de verdad a todos. Solo el amor cura y da alas a la vida.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, alabemos juntos al Señor, que es Amor y misericordia.

Acto penitencial

Tú, primogénito entre las criaturas. Señor, ten piedad

Tú que estás en medio de nosotros como el que sirve. Cristo, ten piedad.

Tú, el primero en todo. Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Dios, Padre bondadoso, que has derrochado con nosotros tu gracia y tu sabiduría, ilumínanos para descubrir en cada persona a nuestro prójimo; y ya que nos has bendecido con tantos bienes, ayúdanos a cumplir la tarea que nos encomiendas de hacer siempre tu voluntad, viviendo en solidaridad con los que sufren, por J. N. S.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Lo esencial de la vida está muy cercano a la conciencia y al corazón humano. No es algo inalcanzable, superior a nuestras fuerzas. Está escrito en lo más íntimo de cada persona. La tarea a la que debemos dedicarnos es a descubrirlo y ponerlo en práctica con los que son “apaleados cada día en su camino”; que es el nuestro...

San Pablo nos pone, mediante este himno maravilloso, ante Jesús, Él es el mejor, el único, el primero en todo... sobre todo en el servicio a los hermanos.

El Evangelio nos coloca ante el desafío del amor al prójimo. es el mandamiento humano y cristiano por excelencia. Pero lo importante no es conocer este mandamiento, sino practicarlo: “Anda y haz tú lo mismo”. Nunca hay razones para pasar del amor.

Lecturas. Dt 30,10-14. Salmo o canto. Col 1, 15-20. Aclamación. Lc 10, 25-37. Breve silencio

Comentario homilético. Por condición espiritual y por fe los creyentes sabemos que Dios no pide imposibles. Sus mandamientos no son algo extraño a nuestra naturaleza. Llevamos su ley grabada en la conciencia y en el corazón. Dios no nos pide más que aquello que es lógico y coherente para nuestra sensibilidad. Por lo tanto, obedecerle es bueno para nuestro equilibrio personal y relacional.

Pero la gran motivación de Dios es Jesús, el primogénito de las criaturas nuevas, el primero en todo. Nadie ha testimoniado mejor que Él cómo es el corazón del Padre. Por eso es la imagen de Dios invisible, su fotografía humana, una criatura sencilla, pero desbordante de plenitud.

Hoy Jesús nos cuenta una parábola conmovedora, clara y directa como todas, pero tan expresiva que rompe los esquemas del letrado- ilustrado, este hombre preguntaba con intenciones torcidas. Como persona instruida sabía muy bien lo que decía la ley. Pero aparentemente tiene dudas sobre el prójimo. La parábola es muy elocuente: El prójimo es toda persona que nos necesite, sea de nuestro pueblo, de nuestra mentalidad, de nuestra raza, o de cualquier otra.

¡Qué chasco más amargo y que sensación de antitestimonio nos dejan el sacerdote y el levita! ¡Ellos, profesionales de la religión, dan un rodeo y no atienden al herido! ... ¡Cumplen la ley! Así se justifican...

El que ama a Dios, no se desentiende del prójimo y menos del prójimo necesitado; al contrario, el amor a Dios compromete. Por eso un rasgo característico del creyente ha de ser la misericordia. Dios prefiere la misericordia a cualquier otro sacrificio. Porque la auténtica misericordia, no es “buenísmo” sino una fuerza creativa, decidida, que sabe encontrar soluciones a los problemas del que está sufriendo una injusticia: “Lo vio, se acercó, lo vendó, lo montó en la cabalgadura, lo llevó a la posada, lo cuidó, y se preocupó de su futuro”... Todas estas acciones, no son fruto de un hombre “bueno”, sino de un hombre que ha dejado llenar su corazón de la misericordia de Dios y la pone en práctica.

De acuerdo con este mensaje evangélico, podemos preguntarnos: ¿Entra el prójimo en nuestros programas de vida? ¿Hasta qué punto nos preocupan las dificultades de nuestros semejantes más próximos-prójimos? Si los cristianos no somos expertos en atender y cuidar a los demás, es que ni conocemos ni amamos verdaderamente a Dios.

Profundizando un poco más y viendo este asunto desde otro ángulo, hay que decir que ser prójimo es un valor y una decisión personal. Porque uno no es prójimo por mera cercanía física. Hay vecinos que están muy distantes hasta el punto que se rechazan. Con esta parábola Jesús nos invita a acercarnos por iniciativa propia a todos los que sufren. Esa es la recomendación práctica y final: “Anda, haz tú lo mismo”.

En resumen, otra vez el Evangelio resalta que lo primero y esencial de la vida es el amor a Dios y al prójimo. Sorprendentemente no es el culto, ni la oración, ni saber muchas cosas... Todo esto es muy bueno y necesario; pero, sin amor, nada de esto tiene sentido. (silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Para que la Iglesia sea servidora, siguiendo el ejemplo de Jesús, buen Samaritano, roguemos al Señor.

Para que avancemos socialmente en el respeto a la dignidad humana, roguemos al Señor

Para que seamos cada vez más sensibles ante el dolor y el abandono de los que sufren, roguemos al Señor.

Para que el respeto, la fraternidad y la sana convivencia ganen cada día terreno en nuestros pueblos, roguemos al Señor.

Para que la auténtica caridad aumente en todos nosotros, roguemos al Señor

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Jesús no se cansa de recomendar amor y misericordia. Hoy lo ha hecho por medio de una parábola sobrecogedora. No siempre las personas que se sienten muy cumplidoras de la ley y la religión, son las que mejor cumplen en la práctica. Si comulgamos con Jesús, que lo noten nuestros prójimos.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Padre bueno, eres original y sorprendente.
Nunca nos cansaremos de reconocer que amas a todos
y que eres especialmente sensible con los más caídos.

Tú, experto en misericordia y con corazón de madre,
no puedes dar un rodeo ante tanto malherido y maltratado...

Si Jesús es el primero en todo, es porque aprendió de Ti
a valorar la dignidad humana, a levantar la vida y ayudar.

Padre misericordioso, confesamos que Jesús es tu mejor testigo;
nos acerca tu misericordia de manera sorprendente
y nos inculca valores que rezuman humanidad.

Ojalá viviéramos el Evangelio como Él.
Por eso, ayúdanos a ser sensibles y solidarios.
Inspíranos gestos y palabras para levantar a todos los hundidos.
Y gracias por la fe, aunque nos complique la vida.

Nosotros ahora queremos llamarte Padre,
y unidos a Jesús, nuestro Hermano mayor,
rezamos juntos la oración de la comunidad: Padre nuestro....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias (espontáneo) Se invita a la asamblea para que exprese su agradecimiento.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Al acabar la celebración, recordamos, una vez más, esta impresionante parábola del buen samaritano. Ante el problema humano que encontró en el camino no pasó de largo. Se acercó al hombre apaleado, símbolo de tantos y tantas maltratados y maltratadas, y le brindó toda su ayuda y colaboración.

Hermanas y hermanos, no cerremos los ojos ante el dolor y la miseria que nos podamos encontrar en nuestro caminar por la vida; no pasemos de largo ante quienes sufren. Lo limpio y acertado es socorrer y ayudar a quienes lo pasan mal. BUENA Y SANTA SEMANA PARA TODAS Y TODOS.

Canto final y despedida.

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