Miércoles, 28 Agosto 2019 11:41

Celebrando la Palabra - XXII Domingo Tiempo Ordinario (1 de septiembre)

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Celebración del XXII Domingo del Tiempo Ordinario. 1 de septiembre de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar delante del altar un cartel con una de estas frases: “La humildad es la verdad” o “El humilde es querido”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Hoy, hermanas y hermanos, vamos a considerar un valor muy importante: la humildad. Puede que os suene aquella frase de Santa Teresa: “La humildad es la verdad”. En efecto, uno es humilde no cuando rebaja su personalidad, sino cuando reconoce con sencillez su valores y limitaciones.

La Palabra de Dios nos invita a ser trasparentes, no a fingir. Esa es la mejor humildad. Por tanto, no busquemos llamar la atención ni sobresalir. Lo mejor es la naturalidad.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, Dios se hizo muy humilde en Jesús. Esa debe ser nuestra actitud y nuestra norma de vida.

Acto penitencial

Porque nos pasmos la vida buscando los primeros puestos, Señor, ten piedad.

Porque somos más generosos con los que nos corresponden y menos con los pobres, Señor, ten piedad.

Porque no acabamos de valorar correctamente la humildad, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Dios, Padre bondadoso, de ti viene todo lo bueno, llena nuestro corazón de tu amor, para que viviendo enamorados de tu hijo Jesús, hagamos las obras que Él nos enseñó. Por Él, que vive siempre junto a Ti en el amor del Espíritu. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Dios ama a los humildes y se complace en los sencillos. Ante Dios no sirve para nada aparentar. La virtud de la humildad queda muy resaltada por la palabra que vamos a escuchar.

El que se cree superior busca los primeros puestos y los lugares preferentes, hace lo que sea por estar arriba... Sin embargo, Jesús le gusta más estar en el lugar de los que sirven sin esperar recompensa.

Lecturas. Eclo, 3,19-21.30-31. Salmo o canto. Hb 12,18-19.22-24a. Aclamación. Lc 14,1. 7-14.

Comentario homilético. Qué grandes y atractivas son la sencillez y la humildad. Curiosamente no rebajan ni disminuyen a las personas, todo lo contrario, las hacen auténticas, agradables, cercanas... Como virtudes están repetidamente destacadas a lo largo de la biblia, son especialmente recomendadas por Jesús y proclamadas por María en su canto de fe: El Señor “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. Y el libro del Eclesiástico aconseja: “hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzaras el favor de Dios”.

En efecto, la humildad es un valor que embellece la personalidad. Que agradable es el encuentro con personas sencillas y humildes. Estas personas están enriquecidas con otros muchos valores y el encuentro con ellas siempre deja paz. Por el contrario, qué difícil es la relación con personas soberbias y orgullosas... generalmente acarrean otros muchos defectos y hacen imposible la convivencia.

La humildad es de lo más evangélico. Sin embargo, socialmente está poco considerada y familiarmente poco promovida y educada... Nadie quiere ser el último de la fila. No figurar, ser de abajo, ser sencillo y discreto se motiva poco, por más que en teoría se acepten como valores. Se educa más para ser el primero, estar por encima, ser famoso, triunfar... aunque por medio quede la dignidad hecha girones...

Existe también la tentación de la falsa humildad; pero como es apariencia, queda al descubierto más pronto que tarde. Si aceptamos, con Santa Teresa de Jesús, que la humildad es la verdad, nada más bonito que la naturalidad.

Jesús nos habla hoy de un banquete. Eso es para Él el Reino de Dios. Por eso en sus banquetes no hay privilegios, la mesa es redonda. En la mesa del Padre, todos estamos a la misma altura no hay primeros puestos. Se comparte fraternalmente en igualdad.

Jesús mismo testimonio con su vida este valor, se hizo uno de tantos. No buscó ascensos, rehusó escalar puestos. La fama y el medrar no le quitaron nunca el sueño. Su “pasión” fue siempre hacer la voluntad del Padre: estar junto a los más pequeños.

En resumen, el mensaje de hoy nos proporciona una gran lección de humildad. Y hemos descubierto que humilde no es el carente de personalidad, pasivo, despreocupado al que le da todo igual... Humilde es aquel que toca tierra; se da cuenta que es poca cosa, pero, aun así, se sabe destinatario del amor de Dios. Lo acoge agradecido y lo irradia con generosidad. Todos los cristianos debemos ser exponentes de este valor tan humano, y, por lo tanto, tan evangélico; porque sin humildad ni hacemos Reino de Dios, ni nosotros mejoraremos como personas. (silencio de interiorización).

Credo

Oración de los fieles

Oremos para que haya mucha humildad, sencillez y servicio en la Iglesia, roguemos al Señor.

Oremos para que en las comunidades cristianas no haya privilegios, sino fraternidad y trato digno, roguemos al Señor.

Oremos para que los gobernantes sean sensibles a los problemas de los más pobres y hagan un sitio a todos en la mesa común del desarrollo, roguemos al Señor.

Oremos para que esta Comunidad cristiana sea signo y expresión de humildad evangélica en medio del pueblo, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La humildad bíblica es uno de los rasgos característicos de Jesús. También nos debe caracterizar a los cristianos. Es el mejor modo de estar ante Dios y ante los demás.

Canto

Introducción al Padre nuestro.

Padre bueno,
te alabamos por el mensaje que nos has revelado.
Aunque lo conocemos y meditamos,
todavía nos produce conmociones y sorpresas.

¡Qué contentos y felices estamos de tu verdad!
Nos dices que los últimos son los primeros
y que los que se creen superiores serán humillados.

Tenemos la gran suerte de entenderte y nos convences;
también cuando recomiendas solidaridad a fondo perdido.
No tenemos nada que objetar;
pero sí te decimos: Padre, no es lo que se lleva,
ni lo que más se ejercita entre nosotros.

Anda por ahí la tentación de competir
y el afán de sobresalir para ser los primeros.
Por eso, métenos tus valores muy dentro del corazón
porque son los que generan verdadera fraternidad.

Inspíranos sentimientos y actitudes cristianas
para que toda Comunidad te manifieste.

Y porque eres justo con todas las personas,
te decimos con cariño la oración de los hijos y hermanos: Padre nuestro.....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

Alaba al Señor mientras vivas,
bendice al Señor mientras existas.

No pongas tu confianza en los poderosos.
Ellos son mortales, como tú y no pueden salvar.

Ellos son poco o nada;
aunque quieran hacerte creer que son algo,
son de barro tanto o más que tú.

No pongas tu confianza en cosas caducas y pasajeras:
no te librarán de la enfermedad y el sufrimiento.

Pon tu confianza en el Señor.
Él no falla nunca.

El Señor nos abre los ojos y el corazón
y podemos ver...

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Humildad y generosidad por convicción.

Bendición

Monición final. Al acabar esta celebración agradecemos lo mucho que nos ilumina y anima la fe. Ojalá nuestra actitud en la vida sea de sencillez, de servicio y generosidad. No merece la pena pelearse por alcanzar los primeros puestos. Como dice Jesús. “El que quiera ser el primero que lo demuestre siendo servidor de todos”. La paz y la buena convivencia se asientan en la correcta humildad. Dejémonos acompañar por el Señor durante la semana, Él siempre nos conduce por el mejor camino.

Canto final y despedida.

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