Martes, 05 Noviembre 2019 15:46

Celebrando la Palabra - XXXII Domingo Tiempo Ordinario (10 de noviembre)

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Celebración del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario. 10 de noviembre de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar, en un lugar bien visible, un cartel con una de estas frases: “Dios nos llena de valor” o “Dios nos asegura la Vida”

Símbolos: Podemos, hoy, colocar en el presbiterio el Cirio Pascual adornado con flores.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Hermanas y hermanos, cuando nos juntamos para celebrar la fe, invocamos a Jesús resucitado y al Dios de la vida que nos ha creado para vivir eternamente felices; ese es nuestro destino.

Hoy vamos a celebrar de un modo especial, que Dios es Padre de todos y todas, nos llama a la vida para comenzar aquí viviendo en autenticidad los valores del Evangelio, preparando nuestro destino de felicidad. La Palabra nos insiste hoy en el horizonte de la resurrección. Nuestro Dios, es un Dios de Vivos ...

Canto.

Saludo. Hermanas y hermanos Dios es nuestra esperanza. Bendigamos al Señor.

Acto penitencial

Tú que llenas la vida de sentido: Señor, ten piedad.

Tú que eres la resurrección y la vida: Cristo, ten piedad.

Tú que intercedes por nosotros: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Padre lleno de ternura y bondad, enséñanos a ver tus huellas en nuestros caminos, sintiéndonos siempre acompañados por Ti, libres de todo mal, trabajando con libertad y empeño por la llegada de tu Reino. Por N. S. J. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Los auténticos creyentes de todos los tiempos han permanecido fieles hasta el final, encontraron en la fe orientación, firmeza y fuerza, para afrontar dificultades, superar obstáculos, entregando generosamente la vida; en algunas ocasiones incluso de forma martirial. Trabajar por el Reino es ganar la vida.

La Palabra nos vuelve a recordar que sólo Dios es Señor de la vida... y nosotros participamos de ese señorío en la medida que la gastamos por los demás, en total libertad. Él apuesta por la vida, y nos quiere vivos y esperanzados con la resurrección que nos aguarda.

Lecturas. 2M 7,1-2. 9-14. Salmo o canto. 2Ts 2,15-3,5. Aclamación (Aleluya) Lc 20,27-38. Breve silencio.

Comentario homilético. El mensaje de este domingo rezuma transcendencia, resurrección; pero también fidelidad y confianza. Los hermanos macabeos creen en el Dios de la Vida y a Él confían su suerte. Han entendido que la muerte no aniquila la vida, ni la dignidad, ni las convicciones, al contrario, las engrandece. esta experiencia profunda del Dios vivo, alimenta su fidelidad y valentía.

Los saduceos, en cambio, intentan tomarle el pelo a Jesús y creen haberle tendido una trampa: Él, apoyándose en Moisés, reafirma que Dios está a favor de la vida y que la situación en la Vida, con mayúscula, será muy diferente a las circunstancias y necesidades que tenemos aquí.

Pude suceder que, en la práctica diaria, muchos vivamos como los saduceos: trabajamos para tener más, somos competitivos, viajamos, consumimos... Somos como un pozo sin fondo donde todo cae y nada se detiene. Dios tampoco...

Pero ahí están los testigos de toda edad y condición, a los que admiramos porque han sido capaces de jugárselo todo por el Reino. Ahí está el Hermano mayor, camino de Jerusalén y tantos hermanos y hermanas que han seguido sus huellas, testigos valientes que han dado su vida en solidaridad por causas humanas... (...)

Jesús da una gran importancia a la vida terrena. se comprometió con ella como el que más. Pero asegura que en la resurrección solo permanecerán los valores fundamentales. Los provisionales son caducos, por lo que nos invita a saber distinguir.

Lo que queda claro, en este Evangelio que hemos escuchado, es que nos interroga sobre la resurrección, que no es sólo vivir más allá de la muerte; es, sobre todo, una manera de enfocar la vida de cada día tomando posiciones claras ante los problemas, de nuestros semejantes; siendo “intolerantes” -tolerancia cero- con aquellos que pisotean la dignidad y los derechos de las personas más vulnerables; o cualquier otra situación inhumana. Evocar la resurrección es invitar a vivir con un sentido profundo de solidaridad, trabajando por la llegada del Reino.

Resumiendo, resurrección no expresa sólo transcendencia futura, sino también “transcendencia” presente: superación, compromiso, conversión a los valores Evangélicos... Porque creemos en la resurrección, cultivamos la vida y encaramos el futuro con confianza y valentía. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Oremos por la Iglesia, para que sea siempre portadora de vida y de esperanza, roguemos al Señor.

Oremos por los gobernantes, para que favorezcan la dignidad de todos los ciudadanos, roguemos al Señor.

Oremos por todos los cristianos, para que demos fe con nuestra vida de la esperanza que nos anima, roguemos al Señor.

Oremos por cuantos pasan por momentos difíciles, para que el desaliento no los venza, roguemos al Señor.

Oremos por los que no han descubierto el sentido cristiano de la resurrección, roguemos al Señor.

Oremos por los que nos enseñaron a rezar, a tener esperanza, a trabajar por la justicia, para que sus desvelos y trabajos hayan sido acogidos por el buen Dios y gocen de la paz verdadera, roguemos al Señor.

Gesto. Alguien -previamente avisado- levanta el Cirio pascual y dice: Para Dios todos estamos vivos. Confiad en Jesús.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La fe ha alentado a multitud de creyentes a dar la vida por el Reino, con la esperanza firme en un gozoso y definitivo encuentro. Ahora nos toca a nosotros trabajar los valores evangélicos, para vivir en comunión solidaria con todos.

Canto:

Introducción al Padre nuestro

Te elevamos, Padre, mientras caminamos,
cantos de vida y de esperanza,
con todos los que aman la vida
y la proyectan según el Evangelio.

Te cantamos con agradecimiento
porque tenemos sensaciones de eternidad,
aspiraciones de plenitud,
ganas de abrazarte con amor de cielo
y de danzar al ritmo de los salvados.

Tu experiencia nos entusiasma y nos da seguridad.
Eres el Dios de los vivos,
el Padre de la resurrección,
el mayor aliento para nuestra esperanza.

Jesús, el Viviente, asegura que nos quieres como hijos.
Su mensaje desentraña el misterio de la vida:
tiene palabras de eternidad, gestos divinos...

Padre santo, acoge nuestra oración
y bendícenos con tu Espíritu.

Llenos de confianza y rebosantes de entusiasmo,
nos atrevemos a orar con las palabras que nos enseñó Jesús: Padre nuestro....

Gesto de la Paz

Distribución de la comunión: Canto:

Acción de gracias: Espontaneo: Cada uno expresa su agradecimiento, puede incluso hacerse cantando.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Testimoniar la resurrección.

Bendición

Monición final. La fe es una razón poderosa para vivir. Los creyentes tenemos la suerte y la responsabilidad, de vivenciar cuánto motiva la experiencia de la resurrección. Jesús nos asegura que la vida sigue más allá de la muerte. Él mismo se presenta como Resurrección y Vida, como Camino hacia Dios. Cuidemos con cariño y profundo respeto todo lo que ayuda a una vida digna y seremos así, testigos de la Resurrección. Buena semana para todos.

Canto final y despedida

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