Miércoles, 09 Septiembre 2020 10:03

Celebrando la Palabra - XXIV del Tiempo Ordinario (13 de septiembre)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A - 13 de septiembre de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar un cartel con una de estas frases: “El que ama, perdona siempre”, o “¿Amor?... hasta a los enemigos”.

 

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Acudimos a la celebración desde las tareas y los compromisos de la vida. Durante la semana hemos estado inmersos en responsabilidades de tipo personal, familiar, laboral o vecinal. Esta celebración pretende potenciar todo lo que somos y todo lo que hacemos. Nos reunimos en torno a Jesús, para expresar, como Él, la admiración que sentimos por Dios y para darle gracias por lo mucho que nos ayuda. Nuestra vocación de bautizados se resume en perdonar y amar sin excluir a nadie, según el ejemplo que nos ha dado Jesús; es una tarea para toda la vida; Él no nos fallará.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos a Dios, que hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.

Acto penitencial

Tú que eres santo: Señor, ten piedad.

Tú que quitas el pecado del mundo: Cristo, ten piedad.

Tú eres misericordioso: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Dios, Padre bueno, reconocemos que eres santo y misericordioso sin límites. Sentir tu presencia es una bendición y un estimulo para convivir dignamente. Padre, que los bautizados sepamos ser anuncio y testimonio de esa vida alternativa a la que nos invita el Evangelio. Por J. N. S. Amén.

 

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Todos estamos convocados por Dios a vivir de tal modo que lleguemos a una vida plenamente feliz: la santidad, que tiene que reflejarse en la vida cotidiana. Las lecturas que vamos a escuchar, nos trazan con ejemplos claros y prácticos cómo quiere Dios que trabajemos la santidad. Solamente perdonando de corazón alcanzaremos la libertad de los hijos de Dios.

Lecturas. Eclo 27,33.28,9. Salmo o canto. Rom14,7-9. Aclamación. Mt 18,21-35 Breve silencio

Comentario homilético. En la primera lectura se nos pide clara y rotundamente: “Acuérdate de tu fin y deja de odiar” Acuérdate... Es decir, recordar que existe un término, un fin último de la vida, de la historia, y hasta de la misma creación... y ese punto de destino final, no es otro que vivir en armonía y en paz con el creador y todas las criaturas; de ahí el mandato de no odiar a nadie ni a nada. “Vio Dios todo lo que había hecho y era bueno”. Amar, recordábamos el domingo pasado, es cumplir la ley entera... vivir en armonía con todo lo que nos rodea; en humildad, respeto, acogiendo y ofreciendo perdón a todos.

Esa es la vida en el Señor que nos propone San Pablo: hagamos lo que hagamos sea todo: por, con y en Cristo.

También en las primeras Comunidades había problemas como los hay ahora... la mayoría de ellos, son asuntos sin importancia, pero si no los tratamos e intentamos solucionarlos, podemos perder de vista el punto central, el núcleo de nuestra razón de ser: NUESTRA PERTENENCIA A CRISTO; es fundamental no perder de vista esta realidad.

Jesús nos ha hablado ya de la actitud que debemos adoptar con los hermanos que se apartan de la comunidad por comportamientos indebidos, nos ha mostrado como debemos volver a ganar al hermano que se ha ido, nos ha habado de la necesidad de la oración en común... Hoy nos dice como tenemos que comportarnos cuando hemos sido ofendidos personalmente.

La parábola narra la historieta de un rey y de alguien que le debe una suma importante de dinero, es una cantidad casi imposible de pagar... así queda claro que nuestra deuda para con el buen Dios es impagable, solamente perdonándola podemos quedar en paz... o, mejor dicho: VIVIR EN SU PAZ.

La desproporción entre los “10.000 talentos y los 100 denarios”, nos recuerda la desproporción entre la “viga y la paja”, esto nos permite comprender la diferencia radical entre nuestro modo de perdonar y el de Dios; Él perdona inmensamente, y siempre, nosotros, algunas veces y cosas pequeñas. Con la venida de Jesús se vuelve “carnalmente” perceptible la necesidad imperiosa de perdonar. Toda su vida, sus obras, sus gestos, dichos, todo está impregnado de perdón y amor a todos, incluso a sus verdugos ... Y este perdón se vuelve norma de vida para sus discípulos. La experiencia de haber sido perdonados por el Padre debe llevarnos al perdón de los hermanos. Nuestra relación con el otro debe reflejar la de Dios con nosotros.

Resumiendo, cuando Jesús nos enseña el amor al prójimo, establece unos cuantos como” que forman una progresión que no admite escusas. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. en otro lugar: como Yo os he amado”; y sobre todo lo que nos enseñó, y repetimos una y otra vez, en el Padre nuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

El perdón de Dios no es simplemente el eco de nuestro espíritu de perdón. Es más bien lo contrario: el pensamiento de la grandeza del perdón de Dios debería amonestarnos y ablandar nuestro corazón hasta el punto de hacernos desear también a nosotros perdonar a todos.

Silencio de interiorización

Credo

Oración de los fieles

Oremos para que la Iglesia sea lugar de reconciliación, y así se manifieste al mundo el perdón de Dios, roguemos al Señor

Oremos para que se impregne la sociedad de los valores del Evangelio por medio de la presencia activa de los cristianos, roguemos al Señor

Oremos para que todos seamos artesanos del perdón y constructores de paz, superando siempre la reacción del ojo por ojo y diente por diente. roguemos al Señor

Pidamos que el Espíritu ilumine nuestras Comunidades para testimoniar la bondad de Dios, que no se cansa de querer a todos sin distinción, roguemos al Señor.

Oremos por la paz y reconciliación entre todas las familias, vecinos, pueblos y naciones, roguemos al Señor

 

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Dios es bueno con todos. Jesús nos lo pone como ejemplo de perfección. Él mismo pasó por la vida haciendo el bien. Ahora, con su Espíritu y el alimento eucarístico, podemos ser dignos hijos de tan buen Padre.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Te alabamos con toda el alma, Padre santo.
Nos conmueve tu cariño generoso y sorprendente.
Haces salir el sol sobre malos y buenos
y mandas la lluvia a justos e injustos.

¡Qué diferente eres, Dios bueno!
No nos tratas como merecen nuestros pecados
ni nos pagas según nuestras culpas;
al contrario, nos colmas de gracia y de ternura.

¿Dónde se ha visto eso?
Sólo una madre representa de lejos tu capacidad de amar.

Padre, eres divinamente original:
misericordioso hasta el derroche,
rico en clemencia, desbordado de amor;
todos tus sentimientos son buenos sin excepción.

Jesús te pone de ejemplo:
“sed perfectos como el Padre es perfecto”.

Es cierto: no hay más norma que el servicio
ni mejor fuerza que el amor que todo lo perdona.
Lejos de nosotros la envidia, la venganza
y todas las manías que enturbian la convivencia.
Sólo nos salva la finura de espíritu
y una misericordia ilimitada como la tuya.

Emocionados por el ejemplo inmenso que nos das,
te decimos con admiración: Padre nuestro....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias. Padre bueno, te damos gracias porque nos enseñas el verdadero amor: generoso, desinteresado, sin distinciones... Después de purificar nuestros sentimientos, nos recuerdas que somos el relevo de Evangelio en este momento. Padre, queremos parecernos a Ti en obras y en palabras, sobre todo en el modo generoso y amplio de perdonar. Tanto en el testimonio personal como en el testimonio comunitario.

 

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Caminar día a día hacia la perfección que nos pide Jesús: amar y perdonar como Él.

Bendición

Monición final. Nos hemos motivado en el valor del perdón. Es un compromiso diario, ello nos reta a ser elegantes y generosos, incluso con aquellos que no nos quieren o nos caen mal. Demostremos, como creyentes, que es posible “amar a los enemigos, hacer el bien a los que nos aborrecen y rezar por los que nos persiguen y calumnian”. Feliz semana para todos.

Canto final y despedida

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