Miércoles, 16 Septiembre 2020 09:50

Celebrando la Palabra - XXV del Tiempo Ordinario (20 de septiembre)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del XXV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A - 20 de septiembre de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar un cartel con una de estas frases: “Mis planes son otros” o “Id también vosotros a mi viña”.

 

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Muchas veces nuestro modo entender la vida no concuerda con lo que Dios ha soñado para nosotros. por eso escucharemos hoy: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Verdaderamente es así. Dios mira y llega al interior profundo de las personas; nosotros, la mayoría de las veces, nos quedamos en la superficie, en lo exterior... en la fachada, tanto de los acontecimientos como de las personas. Ojalá lleguemos a entender la vida y las relaciones humanas como lo entiende Dios.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos a Dios, que es bueno y justo con todos.

Acto penitencial

Purifica nuestro interior: Señor, ten piedad.

Ayúdanos a ser solidarios: Cristo, ten piedad.

Infúndenos la mentalidad del Evangelio: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Dios, Padre bueno, Tú, nos mandas amarte con todo nuestro ser, y lo mismo a nuestros hermanos, que no nos falte nunca tu ayuda para poder hacer bien lo que nos pides, y así merezcamos tu abrazo eterno. Por J.N. S. Amén.

 

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Dios nos ha pensado con un sentido de igualdad fundamental. Por eso sus planes no se parecen a los nuestros. Nosotros pronto creamos diferencias. Y a veces hasta quisiéramos que Dios se ajustase a nuestros modos de pensar. Pero Él se mantiene en su dignidad y no cesa de proponernos el estilo sensato de Evangelio.

La parábola de hoy se dirige al corazón de la vida. Se refiere al salario último de cada persona. Dios no tiene inconveniente en que sepamos cómo va a proceder a la hora de la cuenta final. Según la parábola, interesa destacar la reacción de los primeros al verse tratados del mismo modo que los últimos. Y es que la justicia de Dios no es como la nuestra. Dios mira con otros ojos. Y, además, no le asalta nunca la envidia.

Lecturas. Is 55,6-9. Salmo o canto. Flp 1,20c-24.27a. Aclamación. Mt 20,1-16. Breve silencio

Comentario homilético. Dios es diferente. Tiene unos planes y traza unos caminos que pocas veces coinciden con los nuestros. Pero Dios no quisiera ser diferente, no es que tenga esa manía. Precisamente en el intento de ser uno como nosotros se ha rebajado y, en Jesús ha aparecido como uno de tantos. Pero lo que no pude permitir, para igualarse a nosotros, es abandonar sus criterios y obrar según nuestro sentido de la justicia o, dejarse llevar como “un vicente que va donde va la gente”. Desea que entendamos su espiritualidad; pero por nuestra ceguera y dureza de corazón no coinciden los caminos. Porque mantiene su honradez y sus criterios, resulta distinto, queriendo ser igual.

En efecto, los planes y los caminos de Dios son altos, es decir, son más dignos y humanizadores. Por eso, una vez más, una parábola evangélica nos puede resultar desconcertante: su mensaje desbarata nuestras ideas, rompe nuestros moldes, deja enana la justicia social y a todos nos deja la cara hecha un cuadro. ¿Es raro nuestro Dios? Lo llamativo es que en la parábola no hay ninguna injusticia... “Entonces, amigo, ¿por qué tienes envidia de que yo sea bueno?” pregunta Dios.

Nos detenemos un momento a pensar, que Jesús cuenta esta parábola para instruir a sus discípulos a cerca de lo que caracteriza al Reino de Dios. Este Reino que ha comenzado ya en este mundo en la persona de Jesús, siempre será una alternativa. La justicia de Dios tiene otras tablas de medir, otros modos de evaluar, se rige por otra jerarquía de valores: no se paga según la eficacia, según el rendimiento, según los méritos acumulados, ni hay relación entre categorías y sueldos. Para Dios entran en juego otras consideraciones y otras necesidades. Su benignidad está por encima de toda justicia humana. En su proceder no entra la más mínima sombra de privilegio por nadie. Su misericordia es amplia para todas las personas.

Resumiendo; Dios oferta su reino en todas las etapas de la vida. Hay quienes se enteran a primera hora, quienes necesitan más invitaciones, quienes cogen la onda en la vida adulta, otros no se dan cuenta hasta la tercera edad... Esto supone una tristeza para ellos, porque solo han podido disfrutar del trabajo por el Reino un poco de tiempo. Para entender bien todo esto, seguramente necesitamos un cambio de mentalidad = conversión. Sólo así, como dice San Pablo, podremos “llevar una vida digna del Evangelio”.

Silencio de interiorización

Credo

Oración de los fieles

Oremos para que la Iglesia sea lugar de reconciliación, y así se manifieste al mundo el perdón de Dios, roguemos al Señor

Oremos para que los planes de Dios sean entendidos y aplicados por los gobernantes, roguemos al Señor

Oremos para que no haya personas que intenten mejorar su situación a costa de otras. roguemos al Señor

Pidamos que el derecho al trabajo sea una posibilidad real para todos, roguemos al Señor.

Oremos por nuestra Iglesia, para que transmita con claridad y testimonio los planes de Dios, roguemos al Señor

Oremos por nuestra Comunidad, para que sepamos comunicar la vida digan del Evangelio; roguemos al Señor

 

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Cuanto mayor sea nuestra comunión con Jesús, más entenderemos su mensaje evangélico. Abramos la inteligencia y el corazón para acoger toda la alternativa que protagoniza su persona.

Canto

Introducción al Padre nuestro

¡Que diferente eres, Padre!
No nos cansamos de reconocer
el cariño generoso y sorprendente que tienes a todos.

En tu corazón no entra ningún privilegiado
Te das por completo a todo el que te acoge.
Eres amor desmedido, generosidad sin limite
con todas las personas.
Esa es tu justicia.

Algunos te descubren en la infancia de la vida
y disfrutan agradecidamente de tu amor y tu presencia.
Otros, misteriosamente no te captan
hasta el atardecer de la existencia.
Pero nadie que te sienta hasta las entrañas
tiene envidia de los demás.

Sólo se enojan aquellos
que no te han experimentado hasta el fondo.
Para ellos eres más una idea que una compañía personal.

Padre, eres divinamente original:
misericordioso hasta el derroche,
rico en clemencia, desbordado de amor;
todos tus sentimientos son buenos sin excepción.

Que tu Espíritu nos ayude a comprender el Evangelio.
Concedednos ese grado de amor
que genera libertad de espíritu,
solidaridad y justicia por encima de méritos.

Jesús te pone de ejemplo:
“sed perfectos como el Padre es perfecto”.
Es cierto: no hay más norma que el servicio
ni mejor fuerza que el amor que todo lo puede.

Lejos de nosotros la envidia,
y todas las manías que enturbian la convivencia.
Sólo nos salva la finura de espíritu
y una justicia como la tuya.

Emocionados por el ejemplo inmenso que nos das,
te decimos con admiración: Padre nuestro....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias. Te damos gracias, Padre, porque tus planes son mejores que los nuestros: más justos, más razonables, y conducen a la verdadera libertad en el amor autentico, libre de envidia y recelo.

Nos chocan tus proyectos, Padre, pero son completamente lógicos. Ojalá entendamos ese dicho del Evangelio, según el cual hay primeros que serán últimos y últimos que serán primeros.

 

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Llevar una vida digna del Evangelio.

Bendición

Monición final. La justicia de Dios coincide con su santidad y misericordia. Por eso recordamos que para Él hay últimos que serán primeros, porque la salvación es un regalo. Si hemos acogido este mensaje, alejemos las diferencias que impiden la fraternidad. Feliz semana para todos.

Canto final y despedida

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