Miércoles, 14 Octubre 2020 15:35

Celebrando la Palabra - XXIX del Tiempo Ordinario (18 de octubre)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A - 18 de octubre de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar un cartel con una de estas frases: “A Dios lo que es de Dios” o, “No hay otro Señor”.

 

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Buenos días a todas y a todos... bienvenidos a esta celebración dominical de nuestra comunidad. Nos hemos reunido, una vez más, para escuchar la Palabra y celebrar juntos la fe. Jesús, con su estilo admirable nos sorprende por la agudeza que demuestra para descubrir las intenciones de las personas. Más de una vez lo tentaron pretendiendo ponerlo en apuros. Pero, gracias al Espíritu y al estilo de vida atenta que llevaba, tuvo siempre recursos y argumentos para dar respuestas que solo Él sabía dar. Escuchar su Palabra es una invitación a vivir como Él, con todos los sentidos despiertos para no dejarnos embaucar por ninguna trampa.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, alabemos juntos a Dios Padre por el gran regalo de Jesús.

Acto penitencial

Tú, que te compadeces de nosotros, Señor, ten piedad

Tú, que nos das ejemplo de autenticidad, Cristo, ten piedad

Tú, que nos quieres libres y sinceros, Señor, ten piedad

Gloria

Oración. Padre bondadoso, eres nuestro Dios. No queremos compararte con nada ni con nadie, porque eres único y distinto. En Jesús nos has revelado el modo de honrarte: siempre mirando al prójimo. Concédenos seguir entregados a Ti con fidelidad y a los hermanos con sincero corazón. Por J. N. S. Amén.

 

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Todas las personas pueden cumplir la voluntad de Dios. El mismo que nos ha elegido de manera libre y amistosa, nos da la capacidad para conseguirlo. Dios ve en cada ser humano un fondo de bondad. Hagamos un esfuerzo para poderlo ver también nosotros.

Lecturas. Is 45,1. 4-6. Salmo o canto. 1Ts 1,1-5b. Aclamación. Mt 22,15-21. Breve silencio

Comentario homilético. Con qué sencillez y precisión describe la segunda lectura la misión evangelizadora: “cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda”. Para que la Palabra de Dios produzca efectos en el corazón de los que la escuchamos, nada mejor que estar llenos del Espíritu, de la fortaleza, del deseo profundo de conversión; es decir dejarnos llenar por Él. De la abundancia del corazón habla la boca.

El pasaje evangélico tiene como trasfondo la realidad nacional que se vivía en tiempos de Jesús. Algunos fariseos consideran que esta es una cuestión oportuna para poner en un aprieto a Jesús: que se defina políticamente, a favor del régimen establecido por roma, o a favor de la resistencia contra el invasor.

Digamos, de paso, que en todo tiempo y lugar ha habido gente tramposa. Jesús lo experimento repetidamente. Muchas veces quisieron enredarlo para comprometerlo. La cuestión esta del tributo al Cesar es una de tantas. Pero Jesús siempre vivió con atención, con vigilancia y mucha inteligencia. Por eso nunca lo pillaron en un despiste o fuera de juego. Más aún, sabia cuando venia alguien con buena o mala intención.

Aquellos que pretenden cazarlo, suavizan cínicamente la cuestión alabando su honestidad: “sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias. Dinos, pues, qué opinas”. Jesús, que conoce bien a aquella gente: “¡hipócritas!, ¿porque me tentáis?”, y les contesta por donde no esperan. Él no había venido para zanjar cuestiones políticas, sus objetivos eran mucho más altos, más transcendentes, apuntan a lo alto y lo profundo de los cambios en la sociedad, comenzando por el corazón de cada uno. Con soltura y elegante autoridad, traslada la cuestión política al ámbito religioso: Dios es infinitamente más que el César. Lo hemos escuchado con claridad diáfana en la primera lectura: Yo soy el Señor y no hay otro”. Por eso, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Este Evangelio de hoy nos invita a ser ciudadanos con criterio propio, despiertos y críticos, y a vivir con un interior tan abundante, que tengamos recursos suficientes para que cuando alguien nos pretenda acosar, sepamos dar una respuesta adecuada a nuestra forma de ver el mundo y la sociedad: Desde la libertad de los HIJOS DE DIOS. Silencio de interiorización

Credo

Oración de los fieles

Para que crezcan el respeto y la colaboración entre las personas y los pueblos, roguemos al Señor

Para que vivamos con la sinceridad y la agudeza de Jesús, roguemos al Señor

Oremos por las Iglesias del Tercer y Cuarto mundo para que sigan fortaleciéndose y nos den ejemplo de vida evangélica, roguemos al Señor

Para que la oración nos ayude a llevar una vida sobria, sencilla, sin dejarnos engañar por ninguna tentación, roguemos al Señor.

Oremos unos por otros, par que vivamos la fe con autentico gozo y seamos misioneros en nuestros ambientes, roguemos al Señor.

 

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Somos vecinos de este pueblo y ciudadanos del Pueblo de Dios. Tenemos deberes cívicos y deberes religiosos. En comunión con Jesús encontramos el punto de equilibrio.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Hermanados y cobijados por el Espíritu
te alabamos, Padre nuestro.

Con profunda convicción reconocemos
que eres nuestro único Dios.
Sólo Tú mereces adoración y gloria.

Te has revelado rico en ternura,
nos has liberado de muchos ídolos
y de gentes que han querido endiosarse,
engordando falsamente su personalidad
y buscando aplauso y subordinación.

Nosotros, Padre, queremos mirar la historia
con los ojos críticos de la fe.

Deseamos que el Evangelio penetre en la vida social.
Como ciudadanos y creyentes,
nos atrae la independencia de Jesús.

Él supo distinguir: al César lo que es del Cesar
y a Dios lo que es de Dios.

Padre, nos convencen las pistas del Evangelio:
Nadie más que nadie, nadie por debajo de nadie.

Unidos en fraternidad te rezamos juntos la oración de Jesús: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

Padre, admiramos a Jesús, lleno de luz interior, que sabe leer los pensamientos de la gente que le sale al paso.

Admiramos a Jesús, despejado y crítico, que desarma a los hipócritas que le asaltan con dobles intenciones.

Nos atrae mucho ese Jesús que se sabe conducir como hijo de la luz, que es inteligente y sencillo. Y te damos gracias, Padre, por el ejemplar comportamiento de Jesús. Ayúdanos a vivir con una dignidad semejante.

 

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Desechar la hipocresía y vivir atentos a cualquier trampa.

Bendición

Monición final. Esta celebración compartida ha motivado nuestro sentido cristiano. Salgamos a la vida con todos los sentidos despiertos, para ser buenos vecinos, pero también para estar bien preparados y no dejarnos engañar por ningún charlatán que pretenda tendernos una trampa. El Padre de Jesús es nuestro único SEÑOR.

Canto final y despedida

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