Miércoles, 13 Marzo 2019 16:13

II Domingo de Cuaresma. 17 de marzo de 2019

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ESCUCHAR es el objetivo que nos propone el segundo domingo de Cuaresma. Mientras Jesús, en el monte, conversa con Elías y Moisés... Pedro, Santiago y Juan, aunque se caían de sueño, se espabilaron para escuchar lo que hablaban y así vieron su gloria.

Dos claves nos descubren este texto sobre nuestra vida. La primera es que también debemos espabilarnos de nuestros sueños para escuchar al Señor. Y segunda que para escuchar a Dios debemos acompañarle a un lugar especial. Sólo allí entraremos en diálogo con Él. Un lugar de silencio. Sólo así y allí escuchamos la voz del Padre: “Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo”.

Algunos padres de la Iglesia encuentran un paralelismo entre el Tabor, lugar de manifestación de Jesús y escucha de su Palabra, con la celebración de la Eucaristía que celebramos los cristianos cada domingo. Cada celebración eucarística en nuestra comunidad parroquial es la invitación que nos hace Jesús a acompañarle para es-cuchar su palabra y contemplar su gloria.

Este domingo es una oportunidad para percibir la necesidad de escuchar a Dios y escuchar a nuestros hermanos, sus gozos y esperanzas.

Hoy celebramos la Jornada del Seminario y quiero acabar estas palabras invitando a todos a rezar por los sacerdotes y pedir vocaciones sacerdotales para nuestra diócesis.

Comentario: José María de Valles
Delegado Diocesano de Liturgia

 

 

Gén 15, 5-12. 17-18. Dios inició un pacto fiel con Abrahán.

Sal 26. El Señor es mi luz y mi salvación.

Flp 3, 17 - 4, 1. Cristo nos configurará según su cuerpo glorioso.

Lc 9, 28b-36. Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió.

 

Tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!». Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con .su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

 

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