Miércoles, 09 Septiembre 2020 12:40

Perdonar 490 veces

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Comentario al Evangelio del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario.

José María de Valles. Delegado diocesano de Liturgia

 

Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarías, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

(Mt 18, 21-35)

 

Perdonar siempre y sin límites de personas y faltas

Cuando Pedro preguntó a Jesús cuantas veces debía perdonar a su vecino, pensaba que siete veces ya era suficiente. Conocía el significado del número siete. Era un número completo que indicaba no solo cantidad sino plenitud y perfección. Siete días tardó Dios en crear el mundo. Siete puertas tenía la ciudad de Jerusalén, la entrada a la morada de Dios. Como san Juan, él sabía qué quería expresar con el número siete. En el libro del Apocalipsis o la Revelación, como mucho lo designan, san Juan desarrolla el sentido de plenitud y perfección del número siete. Así el libro tiene siete partes que comienza con siete cartas dirigidas a las siete iglesias de Asia menos selladas con siete sellos que llevan siete ángeles con siete trompetas y si, aún fuera poco el uso del siete, acabarán los siete ángeles llevando siete copas llenas del furor de Dios.

Pedro no estaba equivocado en su respuesta. Entendía que perdonar siete veces sería la respuesta que el Maestro quería escuchar ya que suponía generosidad e implicaba una actitud de perdón amplia y suficiente.

¿Qué significa entonces la respuesta que le da el Señor? Jesús le multiplica los números. No siete, sino setenta veces siete que en matemáticas serían 490 veces y en cristiano supone la totalidad en número y personas. El perdón exige dos características: sin límite de veces y sin límite de personas. Las dos muy complicadas de cumplir. Nos cansamos de la cantidad, pero mucho antes de la calidad, de las personas a quien debemos perdonar.

La idea central de la enseñanza, por tanto, comporta echar fuera los números sobre el perdón. En el perdón no hay límites. El perdón no se rige por matemáticas, no se mide, no se cuenta. El perdón se sitúa en otra esfera, la del amor y por eso debemos perdonar siempre. Es una necesidad vital y espiritual. No podemos vivir con odio, con rencor. Debemos aprender a perdonar. La parábola del evangelio supone una invitación a que nosotros, que somos muy dados a contar, somos de números… debemos perdonar siempre y a todos de corazón si queremos ser felices.

Perdonar para ser felices.

En el Padrenuestro decimos que Dios nos perdone como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Creo que se lo ponemos muy fácil a Dios. El perdón forma parte del amor. Por tanto, perdonar como expresión de amor resulta necesario para que seamos felices. Dios, que es Amor, no puede sino perdonar siempre y a todos. Evidentemente no deja de ser un buen deseo por nuestra parte suplicar el perdón porque nosotros ya hemos perdonado.

Si nuestro ideal es parecernos a Dios, el perdón debe formar parte de nuestro estilo cristiano de vida. Y a todos se nos pide, día a día, progresar en esta disciplina del amor a los demás manifestado en el perdón. Los roces de la vida diaria familiar, las tensiones y conflictos en las relaciones sociales, las desavenencias y enfrentamientos de pareceres e ideas que forman parte de nuestra vida, requieren cantidades cada vez mayores de perdón. Frente a las agresiones, injusticias y abusos que nos hieren y lastiman, Dios nos invita a dar y regalar perdón ya que será la única medicina que sane nuestras heridas y devuelva la salud y la paz a nuestro corazón y así no se perpetúe el odio, la venganza y el resentimiento que bloquea nuestra convivencia y no encuentra solución a los conflictos.

H. Lacordaire decía: “¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona. Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

La segunda parte del evangelio narra la «parábola del siervo sin entrañas». Es una explicación de la doble vara de medir que tenemos a la hora de vivir el perdón. No es lo mismo pedir perdón que perdonar. Y esto lo ejemplariza la parábola. Un hombre suplica el perdón de una deuda que no puede pagar y obtiene el favor de que se le quite. A continuación, quien ha experimentado el perdón no es capaz de perdonar a quien le debe una pequeña cantidad. Experimentó el perdón y no supo luego hacer lo mismo con los demás.

Nos parece evidente que el siervo perdonado estaba obligado a perdonar a su compañero, a mostrar la misma generosidad que con él tuvieron. Que menos se podía esperar. Sin embargo, su comportamiento nos parece altivo, orgulloso y sin corazón. No aprendió del bien que le hicieron y exigió, sin paciencia, que le pagaran.

En esta contradicción vivimos permanentemente nosotros. Suplicamos perdón por una parte y somos incapaces de perdonar por otra. Apliquemos a nuestro vivir cristiano el perdón y no caigamos en el error de querer que nos perdonen y nosotros ser incapaces de perdonar.

Visto 60 veces Modificado por última vez en Jueves, 10 Septiembre 2020 12:55

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