Cuaresma 2020: vivir la amistad

Descargar - Nos acercamos al Quinto Domingo de Cuaresma, ya a las puertas de la Semana Santa y la Pascua. En el “camino de humanización”, se nos propone “vivir la amistad”.

 

[...] Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». [...]

Juan 11, 1-45

 

Reflexión

Muchos afirman que una de las enfermedades de las primeras décadas de este tercer milenio es la soledad, provocada por la falta de comunicación. En las grandes ciudades porque estamos rodeados de miles de personas a las que no conocemos y con las que no cruzamos ni una mirada, mucho menos un saludo y en el mundo rural despoblado y vaciado porque “no te cruzas con un alma por la calle”. Si esto fuera poco la invasión de los móviles cierra a las personas en su caparazón individualista.

El evangelio de hoy nos hace una llamada a entrar en una dinámica de relación y de amistad. Probablemente después de la casa de Nazaret, la casa de Lázaro y sus hermanas era el espacio donde Jesús vivió una fuerte experiencia de amistad. Era el lugar donde, después de sus correrías por los caminos y aldeas anunciando el Reino, volvía para descansar, para compartir, para desahogar sus malos momentos o para disfrutar de la mesa y de la conversación. Jesús vivió la experiencia de la amistad con pasión.

No hay ninguna duda que el ser humano, imagen del Dios‐comunión ha nacido para la relación. Por eso, un camino que hemos de recorrer si queremos alcanzar la verdadera humanización, es el itinerario de una amistad profunda, respetuosa y duradera.

 

Preguntémonos:

Si las personas de nuestro mundo actual tienen muchas dificultades para el encuentro y la relación, ¿no sería una de las tareas primordiales de nuestras parroquias y comunidades cristianas crear espacios donde las personas se encuentren, compartan su vida, se sientan escuchadas y queridas y puedan vivir la experiencia de la amistad y la fraternidad? ¿Conoces alguna realidad que potencie este talante evangelizador?

Jesús vivió esta dimensión de la amistad con pasión, hemos afirmado anteriormente. ¿Te has parado alguna vez a descubrir en el evangelio a Jesús desde esta perspectiva? Es sugerente hacer un recorrido por algún evangelio contemplando cómo Jesús vivió la amistad en distintos ámbitos y con distintas personas.

 

Testimonio: Thomas Merton

Thomas Merton (1915‐1968) fue un escritor católico y místico estadounidense que, tras realizar su tesis de doctorado en la Universidad de Columbia, se convirtió al catolicismo. En 1941 ingresó en la Abadía trapense de Our Lady of Gethsemani, en Kentucky, y fue ordenado sacer‐dote en 1949. Es una de las figuras espirituales más prominentes del siglo XX y es universalmente conocido como uno de los maestros espirituales más influyentes de nuestro tiempo.

Hasta su accidental y prematura muerte en 1968, fue un prolífico escritor y decidido activista por la paz y los derechos humanos, e hizo de su vida un descubrimiento progresivo de Dios, una historia de fe vivida desde una visión contemplativa. Decía: “Nuestro auténtico camino en la vida es interior; es una cuestión de crecimiento, de profundización, y de una cada vez mayor entrega a la acción creadora del amor y de la gracia en nuestros corazones. Nunca fue tan necesario como ahora el responder a esa acción”. (Carta circular a los amigos, septiembre de 1968).

El 10 de diciembre de 1968, a la edad de 53 años, muere en Bangkok, a miles de kilómetros de su abadía, y es repatriado en un avión militar con los cadáveres de americanos muertos en Vietnam, una guerra que él había denunciado y denostado. Al salir de la ducha, tocó un ventilador en mal estado y murió electrocutado. Había ido a Bangkok para una reunión internacional de monjes asiáticos.

Tras la noticia de su muerte, se recordaron -como es lógico- las últimas palabras de Merton: después de la conferencia de la mañana, el P. De Grunne le dijo a Merton que una monja del auditorio estaba molesta con él porque no había dicho nada sobre “convertir a la gente”. “Lo que se nos pide que hagamos en el momento actual -respondió Merton- no es tanto hablar de Cristo como dejar que Él viva en nosotros para que la gente pueda encontrarle sintiendo cómo vive en nosotros”.

 

Oración: Jesús (Benjamín G. Buelta)

Jesús de Nazaret,
palabra sin fin / en tu nombre pequeño,
caricia infinita / en tu mano de obrero,
perdón del Padre / en calles sin liturgia,
todopoderoso Señor / en sandalias sin tierras,
culmen de la historia / creciendo día a día,
hermano sin fronteras
en una reducida geografía.

No eres una mayúscula
que no cabe en la boca
de los más pequeños,
sino pan hecho migajas
entre los dedos del Padre
para todos los sencillos.

Tú sigues siendo el agua de la vida,
una fuente inagotable
en la mochila raída
del que busca su futuro,
un lago azul
en el hueco insomne de la almohada,
y un mar tan inmenso
que sólo cabe dentro un corazón
sin puertas ni ventanas.

En ti todo está dicho,
aunque sólo sorbo a sorbo
vamos libando tu misterio.

En ti estamos todos,
aunque sólo nombre a nombre
vamos siendo cuerpo tuyo.

En ti todo ha resucitado,
aunque sólo muerte a muerte
vamos acogiendo tu futuro.

Y en cada uno de nosotros
sigues hoy creciendo
hasta que todo nombre,
raza, arcilla, credo,
culmine tu estatura.

 

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