Queridos lectores, paz y bien.
El próximo domingo día 8 será la campaña de Manos Unidas, y antes, el viernes 6, celebraremos la jornada del ayuno voluntario. Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia Católica en España que pretende hacer realidad las palabras de Jesucristo: «Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber». En 1959 lanzó la primera Campaña contra el Hambre. Es, también, una ONG de voluntarios, católica y seglar. Su misión es luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad...; y trabajar para erradicar las causas estructurales que las producen. Lo hace mediante actividades de educación para el desarrollo y la transformación social: charlas, cursos, campañas, redes sociales..., y a través de proyectos de desarrollo, trabajando codo con codo, con los socios locales y las comunidades a las que acompaña.
Como obispo, es tarea mía detectar y combatir en el seno de la Iglesia toda idea pagana que contradice el Evangelio y que impide la construcción del Reinado de cristo en el mundo. El Papa Francisco luchaba contra la globalización de la indiferencia. El hermano pobre y sufriente es una molestia y una afrenta para nuestra sociedad del bienestar. Y es que, para vivir en paz con nosotros mismos, es condición necesaria el tratar de vivir en verdad. Y una de las cosas más peligrosas para el ánimo humano es su capacidad de autoilusión. La mayor parte de nuestros golpes y fracasos nos los procuramos por nosotros mismos. Esos engaños pueden ser personales y también colectivos. Estamos dispuestos a dar todo el crédito a cuanto nos descargue de responsabilidad e impida confrontarnos honestamente con lo real. Y la realidad es que hay injusticia, violencia y hambre en el mundo.
Dice Jesús en el Evangelio: «la lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está iluminado, pero cuando está enfermo, también tu cuerpo está a oscuras». Es una frase inexacta desde el punto de vista orgánico, pero muy aguda a nivel existencial. La dinámica del engaño consiste en caer en un desdoblamiento de la realidad, y hacer de la vida una dinámica elíptica, bipolar.
Unir las cosas, en griego se dice sinbálein, de donde viene la palabra símbolo. Mientras que dividir se dice diabálein, de donde viene diablo. Jesús de Nazaret ha venido a unir, a reconciliarlo todo en su persona, mientras que el demonio, por su propia naturaleza acusa, engaña, distorsiona, divide. Cuando atravesamos la infancia, en un cierto momento nos sucede un acontecimiento de escisión, para distinguir lo vital de lo mortal, lo que hace bien o mal, lo que es suyo y lo que es ajeno. Así aprendemos a sobrevivir.
Pero tras esa fase primordial de supervivencia, toca trabajar un reequilibrio de integración y superación de la simple contraposición entre mortal y vital. Cuántas veces podemos ver un cierto infantilismo en las confrontaciones humanas, especialmente en política, donde la regresión comunicativa y social se presenta como necesidad de proyección del mal sobre los antagonistas, y del bien sobre nosotros mismos.
No es deseable para la comunidad humana regirse a través de una identidad que pasa por crear enemigos o por borrar de nuestra conciencia a todos los sufrientes del mundo. No sabiendo articular una verdadera comunión interpersonal, nuestras sociedades identifican a los enemigos comunes para sentirse unidas. De tal modo que lo que une no es el amor y el bien, sino el enemigo y el mal. El viejo proceso del “chivo expiatorio” sigue vigente entre nosotros. Ojalá hoy limpiemos la mirada para ver en el otro a un hermano, en el hambriento a mi propia carne.
Este año, una vez más, el lema de la campaña es contundente: declara la guerra al hambre. Una de cada ocho personas en 2024 estuvo expuesta a conflictos, con un aumento del 25% respecto del año anterior. 1.100 millones de personas en extrema pobreza. La Iglesia colabora activamente en los procesos de paz de Haití, Colombia, República Centroafricana, Sudán del Sur o Mozambique...
Ante tanto sufrimiento, unos datos esperanzadores de Manos Unidas: en 2024, 575 proyectos de desarrollo fueron aprobados para 53 países de África, América y Asia. Con 51 millones de euros, se logró que más de 1.666.000 personas fueron directamente apoyadas. En España cuenta con 72 delegaciones y 68.398 socios, y 6.710 voluntarios. Y, en Palencia, Manos Unidas cuenta con 217 voluntarios y logró recaudar 487.338 euros en 2025.
En este domingo, el Evangelio nos presenta a Jesús proponiendo la genuina bienaventuranza para los pequeños de su Reino: «bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados». Hermosa paradoja: los hambrientos de Dios, urgidos a combatir el hambre de los pobres. Ser católicos equivale a ser hermanos, a ver con Dios a la humanidad como su familia. ¡Buena campaña!
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi
Obispo de Palencia