Cartas y Artículos

+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

El ser humano, sea hombre o mujer, porque todos somos seres humanos, iguales y complementarios, en unidad y diversidad, estamos formados por cuerpo y alma. “La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que Dios formó con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre -ser humano- un ser viviente (Gen 2, 7) Por tanto, el hombre -ser humano- en su totalidad es querido por Dios.

+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

Ya estamos en verano; los niños ya tienen las notas; los jóvenes ya han hecho el examen de acceso a la Universidad; los titulados ya han opositado y están esperando notas y destino. Algunos ya han preparado las maletas y se han marchado a la costa, a las montañas o al extranjero. Es necesario que todos tengamos unas vacaciones, porque no vivimos para trabajar, sino trabajamos para vivir. También nos acordamos de los que no tiene vacaciones, porque en verano trabajan en las tareas de la recolección en el campo, o con la ganadería o en la hostelería, etc.

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

Cuando decimos que el ser humano es imagen y semejanza de Dios, ¿qué queremos decir? Cuando hablamos de Dios, ¿qué significado tiene esta palabra para nosotros, para cada uno? Sin duda, todos y cada uno tenemos una imagen, una idea respecto a Dios, quién es, cómo es, cómo actúa, consecuencia de la propia fe y experiencia, en la que han intervenido e influenciado la propia familia, la comunidad cristiana, la enseñanza, la cultura del pueblo, etc. Algunos para negarle, otros para una postura de indiferencia, otros creen en él, pero sin que afecte mucho a sus vidas, otros intentan vivir en su amistad, a su luz y fe.

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

He pretendido, durante varios artículos, manifestar mi fe en la dignidad humana, que radica en que el ser humano, sea hombre o mujer, es imagen y semejanza de Dios, de un Dios que es amor y que en Cristo se ha manifestado como Padre, Hijo y Espíritu santo, un amor misericordioso, que es Padre de todos, que está sobre todo, actúa en medio de todos y está en todos (Cfr. Ef. 4,5). Somos amados, esa es nuestra condición más radical, y con capacidad de amar. Por eso somos hijos y hermanos. Es verdad que el mal, el pecado desdibuja nuestra condición de hijos en el Hijo, en Jesús, y rompe la fraternidad, pero también es verdad que el Espíritu Santo restaura en nosotros esa imagen. Dios mismo, con su gran don, el Espíritu Santo, es el que nos devuelve a nuestra identidad.

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

En el Nuevo Testamento, el tema de la identidad del hombre como imagen y semejanza de Dios se agranda y toma nueva perspectiva en la persona de Jesucristo. Los textos del Nuevo Testamento son claros. Son estos: I Cor 11, 7: «Pues un varón no debe cubrirse la cabeza, siendo como es imagen y semejanza de Dios, la mujer por su parte es gloria del varón»; II Cor 4, 4: «Los incrédulos, cuyas mentes ha obcecado el dios de este mundo, para que vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios»; Col 1, 15: «Cristo … Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura, porque en él fueron creadas todas las cosas…». Hebr 1, 3: «Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa». Sant 3, 9: «Con ella bendecimos al Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios».

+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

El ser humano, sea hombre o mujer, es imagen y semejanza de Dios. Pero, ¿dónde se refleja la condición de imagen y semejanza? A lo largo de la historia se ha querido ver o situar la condición de imagen en diversos aspectos del ser humano. Por descontado, no en lo físico, porque Dios en su misterio último, revelado por Cristo, es espíritu, es inmaterial. Sólo Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, tiene carne como nosotros, tiene nuestra naturaleza humana; cada uno de nosotros podemos decir que somos imagen de la Imagen de Dios, es decir, de Cristo, porque él también tuvo y tiene cuerpo; no sabemos si era alto o bajo, gordo o flaco, si era bello o feo, aunque en este punto hay dos teorías extremas, basadas en la interpretación del Antiguo Testamento, etc.; era judío, eso sí, y tendría características propias de los judíos, pero no podemos decir más.

+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

«Cristo... en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre la grandeza de su vocación. En Cristo “imagen del Dios invisible” (Col 1, 15), el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza” del Creador. En Cristo, redentor y salvador, la imagen divina, alterada en el hombre por el primer pecado, ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1701).

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