Homilía de nuestro obispo en el Jueves Santo 2026

Homilía de Mons. Mikel Garciandía Goñi, obispo de Palencia en el Jueves Santo. En la Catedral de Palencia el 2 de abril de 2026

 

 

El amor acude puntual a la cita

 

Queridos hermanos

Ha llegado la hora para Jesús. Es la hora de la verdad. O mejor, es la hora del amor, de mostrarnos a todos lo que en realidad es amar. Es la hora del contemplar a Dios en toda su hermosura, y de dejarse amar por Él. “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Así comienza este Santo Triduo Pascual. Jesús se pasará otra vez al lado del Padre, de donde había salido.

Pero esa hora de pasar al Padre, no es para seguir siendo Dios trascendente, el Unigénito, el Hijo Único y Eterno del Padre. El Padre nos ha enviado a su Hijo para ser el Emmanuel, el Dios con nosotros. Por eso, si Jesús cumple su misión, es para retornar al Padre como el Primogénito, como el primero de una multitud, como el hermano mayor de todas la mujeres y hombres que formamos la familia humana.

Jesús ha venido para redimirnos, pero también para sanar el corazón de su Padre Dios, herido por nuestra indiferencia, apartado por nuestro desconocimiento, tapado por nuestro olvido, abandonado por nuestro descuido. Y tras tres años de vida pública, ha ido revelando que hay una hora en la que se dará del todo, en la que nos revelará cómo es el corazón de nuestro Padre Dios.

Hoy es el día de la gran cita, y ha acudido puntual a ella. Instituye para nosotros la Eucaristía. Esta tarde, pórtico de la Pascua, Jesús lo ha dispuesto todo para sentarnos a su mesa. Y no sólo ha provisto la comida y bebida que sacian la eterna hambre y sed de la persona humana, sino que se ha arrodillado a nuestros pies para mostrarnos que servir es reinar, que obedecer es amar, que el despojo de sí es el único camino hacia la libertad. Sin actitud de humilde servicio, nuestras eucaristías son anodinas e incluso escandalosas para los que nos miran desde fuera.

Los dos mil años de la salida de Abraham y Moisés para engendrar y liberar un pueblo, eran la sombra de la verdadera salida de Ur de Caldea y de Egipto. Hoy Jesús nos invita a seguirle de cerca, no a imitarle, porque eso no es posible. Jesús nos llama a ser en Él y desde Él. Hoy Jesús comienza a hacer nuevas todas las cosas, a recrear nuestro viejo mundo de guerra, injusticias y soledades. Y va a saldar la vieja deuda y a establecer una contabilidad nueva, que supera la vieja ley y abre la gracia.

Para nosotros, los sacerdotes, hoy es el día de la institución de nuestro sacerdocio ministerial. Con las palabras del beato Cura Valera, con todo el presbiterio, con cada uno de los curas de Palencia, te digo Señor Jesús: esta tarde me acerco a Ti, como uno de los tuyos. Como aquel a quien llamaste sin mérito y sostienes cada día con tu gracia. Tú sabes quien soy, conoces mi pobreza, mi cansancio, mis luchas… y, aún así, has querido quedarte en mis manos y pronunciar tu nombre en mis labios.

Gracias Señor, por haberme hecho sacerdote tuyo, por confiarme tu Cuerpo y tu Sangre, por dejarme entrar en el misterio de tu entrega. No permitas que me acostumbre, no dejes que mi corazón se enfríe, no consientas que celebre sin amarte. Hazme humilde, hazme fiel, hazme transparente a Ti.

Que cuando eleve el pan y el vino sea mi vida la que se ofrezca contigo. Que cuando perdone, sea tu misericordia la que toque. Que cuando sirva, sea tu amor el que se derrame. Y si alguna vez flaqueo, Señor, mírame como miraste a Pedro… y llévame de nuevo a Ti. Quédate conmigo esta noche santa, y enséñame a quedarme contigo. Amén.

En tercer lugar, es el día del amor fraterno, del amor sanador. Para ello dejemos que el Señor nos lave los pies. Que nos toque nuestras resistencias, nuestras heridas, nuestras incoherencias, nuestros miedos más íntimos. Es un acto de confianza: permitir que Cristo lave lo que nos avergüenza. Este día nos sitúa ante la pregunta central del discipulado:

¿Estoy dispuesto a amar hasta que duela, hasta que implique renuncia, humildad y servicio real?

 ¿Estoy dispuesto a que Cristo toque aquello que siempre oculto?

 ¿Me cuesta dejar que alguien me sirva? ¿A quién me niego a servir? ¿De quién me distancio por orgullo o miedo?

“Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?” pregunta Pedro a Jesús. Y éste le responde: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Tenemos tres días para aprender de quien es manso y humilde de corazón. María, Madre de la Iglesia ayúdanos a seguir a tu Hijo hasta el final. Él ha acudido un año más, puntual a la cita.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia