Compartimos la transcripción de la homilía pronunciada por nuestro obispo D. Mikel en la celebración del Domingo de Pascua de Resurrección. Celebrada en la Catedral de Palencia el 5 de abril de 2026.
Querida comunidad, Cristo ha resucitado, aleluya, verdaderamente ha resucitado. Así cantan en su hermosa liturgia nuestros hermanos de las distintas iglesias orientales. Así lo proclama Pedro a aquellos romanos que vivían en Cesarea marítima en casa de Cornelio.
Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo sino a los testigos que él había designado. Aquellos paganos acogieron su anuncio y lo transmitieron a su vez a otros.
Pedro y los demás lo habían escuchado de María Magdalena y la otra María, a quienes Jesús les había dicho, id y decid a mis hermanos lo que habéis visto. Unos años después, Pablo hará lo propio con la comunidad de Corinto y con tantas otras de Oriente. Vosotros sois esa levadura nueva de la sinceridad y de la verdad que crea un mundo totalmente de Dios.
También a los cristianos de Corinto dirá, si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Aquella pequeñísima comunidad del siglo I viralizó este mensaje, cumpliendo, encarnando esas palabras, mostrando que sólo ese evangelio trae la vida y salvación para todos. Y ahora, queridas hermanas, queridos hermanos, nos toca a nosotros recoger el testigo y pasarlo a cuantos nos han pedido el bautismo, a esos catorce mil catecúmenos que se han bautizado en España, a esos veintidós mil que lo han hecho en Francia, tantos y tantos nuevos miembros de la Iglesia nacidos esta noche, y todos aquellos que se acercarán a nosotros en los próximos años, porque, en definitiva, en la Iglesia se trata de esto. Ella existe para evangelizar, para transmitir la alegría que irradia un sepulcro vacío y el anuncio de un ángel del Señor a dos mujeres.
Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el Crucificado, no está aquí, ha resucitado. Pedro y Juan se han acercado al sepulcro y, efectivamente, lo han visto conforme a las mujeres, un sudario cuidadosamente doblado, que en los códigos judíos significa, en los banquetes, estoy de vuelta. Este sudario cuidadosamente doblado significa no me he marchado, volveré.
Durante esta semana, queridos hermanos, hemos buscado con la mirada al sentenciado, al Cristo flagelado, al cargado con la cruz, finalmente crucificado, al descendido de la cruz y sepultado. Hoy consumamos esa contemplación o, de lo contrario, todas las celebraciones anteriores habrán sido en vano. Esta semana me he animado a escribir una carta pastoral de Pascua que he titulado Puentes de Misericordia.
Con ella he querido recordarme y recordaros cómo toda la iniciativa de nuestra salvación proviene de Dios Padre, que es quien nos reconcilió consigo por medio de Cristo. Desde ahí es, desde donde nuestras comunidades cristianas, cada uno de sus miembros, somos verdaderos puentes de vida y de salvación para los demás. En la síntesis de nuestras aportaciones como diócesis para la Asamblea Eclesial de la Iglesia en Castilla, que se celebrará el mes que viene, todos los grupos consultados habéis remarcado cómo el encuentro personal y comunitario con Jesucristo es el punto de arranque de cualquier proceso de renovación.
También habéis señalado que antes que cualquier cambio estructural reclamáis un cambio de mentalidad en cada uno de nosotros, sacerdotes, laicos, consagrados, que de verdad apueste por ser un fermento nuevo, unas comunidades sinodales, verdaderamente misioneras. Continúo comentando esa cita de Pablo, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Pablo resucitó en su fe al encontrarse con Jesús.
Justamente por eso su vida fue y es esperanzadora y muy luminosa. De inicio puede parecer que hablar de cambio y de novedad es algo positivo y hasta agradable. Seamos realistas, seamos sinceros, hemos de tener la honestidad y el coraje de reconocer que la novedad implica incomodidad, incertidumbre y más para un modo de ser cristianos que a veces se había vuelto rutinario o rígido o cerrado.
Por naturaleza nos resistimos a lo que nos es desconocido y sólo salimos de ese atolladero de nuestra atonía si acogemos con espíritu abierto y humilde aquí y ahora lo que Jesús resucitado dice a María Magdalena y a la otra María. No tengáis miedo, id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán. Ellas lo han hecho y han sido apóstoles de los apóstoles.
Hoy ese eco del que verdaderamente ha resucitado renovará el mundo, este mundo de guerras, de injusticias, de tanta incertidumbre, de tantas víctimas y tanta soledad. Porque el Espíritu nos está inspirando en estos momentos para que seamos creativamente fieles y fielmente creativos para cumplir esa misión que nos dejó el Señor. Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y culmina Jesús el maravilloso Evangelio de Mateo que seguimos este año. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Decía Charles de Foucault, Dios es feliz y ha resucitado por mí.
Se nos abre un horizonte inédito, estamos apenas estrenando el cristianismo. Siempre lo dijo San Francisco de Asís, incluso al final de su vida, apenas hemos comenzado. No tiene sentido mirar hacia atrás si no es para hacer memoria de lo que comenzó en Galilea.
Queridas hermanas, queridos hermanos, os emplazo a vivir 50 días de Pascua en Galilea y repasar lo que Cristo ha hecho por ti, por mí, por cada uno de nosotros, estos días y siempre. Porque Dios existe en el presente, Dios está aquí mismo, en cada uno de nosotros. Se nos abren estos 50 días de anuncio y de esperanza, de comunidad y de vida.
Estamos comenzando, somos puentes, muchos nos esperan, porque Cristo verdaderamente ha resucitado. Que las mujeres nos lleven al contacto con la discípula, la primera, la madre, con María, la mujer de la esperanza, que ahora se nos convierte en la mujer de la resurrección y de la Pascua. Que de su mano vayamos a Galilea.
Amén.