¿Qué es la Acción Católica para mi?

Nos acercamos a la celebración del Día de la Acción Católica y el Apostolado Seglar. Traemos el testimonio de Mª Jesús Martínez Escanciano, militante del Movimiento de Acción Católica "Profesionales Cristianos" y Delegada diocesana de Apostolado Seglar. Mª Jesús nos responde a la pregunta de qué es la Acción Católica para ella.

 

¿QUÉ ES LA ACCIÓN CATÓLICA PARA MÍ?

Testimonio de Mª Jesús Martínez Escanciano

 

Soy Mª Jesús y voy a contar lo que es la Acción Católica para mí.

Estoy jubilada y mi vida profesional ha sido el mundo de la educación.

En el año 1985 llego a Palencia por motivos de trabajo.

Enseguida entro en contacto con la parroquia de San Antonio. En ella, Javi estaba iniciando la JOC y yo, como que me quedé un tanto enganchada. Estuve colaborando con ellos, unos años. Me sirvieron para ir conociendo la Acción Católica. Como era el método de trabajo: VER, JUZGAR, ACTUAR. Me ayudó a intentar ver la realidad con otros ojos, a analizarla desde el Evangelio y a intentar cambiarme yo, para poder cambiar un poquito el mundo que me rodea.

Al estar dando clase, entro en contacto con el mundo profesional docente, y con gente que estaba trabajando en la Delegación Diocesana de Enseñanza. Me proponen colaborar con ella, a lo que digo que sí, como un servicio. Pues si algo iba aprendiendo de la Acción Católica es, que el servicio es algo importante y fundamental, ya que tienes al “otro, al hermano” más presente y con más intensidad. En esta tarea se me pide que acompañe a dos grupos de profesores de Religión: uno en Palencia y otro en Guardo. Fueron 4 años intensos a todos los niveles. A las reuniones de Palencia, hube de sumar el que tenía que subir a Guardo, cada quince días, para acompañar, sobre todo, a las maestras de Religión, en unos momentos de especial dificultad para ellas. Casi daban la clase de Religión por amor al arte, (sueldo ridículo, trabajo a veces no gratificante). En el año 1994, dejamos la Delegación de Enseñanza.

Momento de crisis, dudas, ganas de tirarlo todo por la borda y momento de reflexión y de discernir si lo que haces, lo haces por una actitud de servicio o por un gran reconocimiento. Empecé a descubrir lo gratificante que es el servicio en sí.

A la par se intentaba iniciar algo, que años más tarde daría como fruto el Movimiento de Profesionales Cristianos (PX), al que pertenezco ahora. Fueron años de reuniones, con gente que se desplazaba desde Salamanca, única y exclusivamente para la reunión; idas y venidas a encuentros, a nivel nacional, en Madrid.

El grupo se convirtió en grupo de referencia, lugar de discernimiento, de acompañamiento, de apoyo en momentos duros, de ayuda para superar los fracasos cuando terminas, de una manera no muy ortodoxa, alguna etapa y cuando las cosas no salen como uno las espera.

Como la dinámica, en PX, es la misma que en los otros movimientos de A.C al estar presentes los PPVAs, las Revisiones de Vida y Estudio de Evangelio, fui tomando más conciencia de mi trabajo: a preparar las clases con más dedicación. A intentar acompañar a los chavales del Instituto. A intentar ser un poco más coherente. A ser fiel a la palabra dada. A intentar ser, un pequeño referente, para ellos. A que te duelan estas frases “los alumnos consideran que se les está tratando como números”. Siempre me negué.

Me ha llevado a estar de otra manera en clase, a rezar por los alumnos, a quererlos, a verlos con una mirada contemplativa. A ver sus defectos y sus virtudes. A tener también actitud de servicio con ellos, y, sobre todo, a escucharlos. En definitiva, a ver en ellos el rostro de Jesús, pues para Él eran algo fundamental en su vida. Aprendí a sufrir con y por ellos, a asumir los fracasos que con ellos tienes. A intentar que superaran los suyos. Tarea difícil, pero a la vez gratificante. Y a aprender de ellos, a veces nos dan grandes lecciones. Hay veces que les echo de menos. Y siempre les estaré agradecida, sin ellos no hubiese podido desarrollar mi vocación.

La tercera pata de proceso de formación de A.C. es el Actuar. Lo que me ha llevado a estar presente en los órganos de decisión del Instituto como es el Consejo Escolar. A asumir alguna responsabilidad como fue la Coordinación de Convivencia y la Tutoría, de algún grupo, la mayoría de los años. Y he de reconocer que la tutoría era una de las tareas más satisfactoria y a veces dura.

Todo esto compartido en el grupo y pasado por el tamiz de la oración y el discernimiento.

Durante varios años estuve también en JEC. Una de sus asambleas estivales, celebrada en Palencia, tuvo por lema, y trabajo para tres años, “el estudio al servicio de los pobres”. El eco de este lema me llevó a asumir una “escuela de madres” en la parroquia de San Antonio. El grupo desapareció por inanición, después de 3 o 4 años. Muchas veces me he acordado de él por la experiencia tan bonita que fue.

La Espiritualidad, algo fundamental y básico en un movimiento de Acción Católica, se vive mejor en comunidad y no dejando de lado el apartado personal que hay que cultivar, aunque a veces cueste.

Descubres lo importante que es ser comunidad con los miembros del grupo, los del movimiento, con los movimientos hermanos de Acción Católica y con el resto de la Iglesia, en la que participo en lo que se me pide, asumiendo algún tipo de responsabilidad.

Mi abuela decía que hay que ser agradecidos. Doy las gracias (no pongo nombres, alguno quedaría en el tintero) a aquellas personas y movimientos que, con sus invitaciones, me han hecho partícipe de esta gran familia que es la Acción Católica y a la que le debo, en gran parte, mi ser hoy.

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