El tercer domingo de Adviento, la liturgia nos presenta la figura de Juan Bautista que nos invita a hacernos la pregunta del millón. Pregunta que debemos hacernos cada uno de nosotros en este tiempo de Adviento: ¿es Jesús el que tiene que venir? o ¿seguimos esperando otras cosas en la vida? Juan Bautista fue el primero que se interesó en preguntar por Él. Quiso saber y asegurarse de que era el Mesías, el Salvador que estaban esperando.
Eso les propuso Juan el Bautista desde la cárcel a sus seguidores que fueran a preguntarle si era Jesús. el Mesías. La embajada tenía como finalidad que los discípulos descubrieran la persona de Jesús y vieran en él al Salvador que esperaban.
Nosotros damos por supuesto que Jesús es el Mesías, pero tal vez nos vendría bien hacernos la pregunta, ir hasta su presencia y ratificarnos en esa opinión. Necesitamos recordarnos la importancia de ver en Jesús al Salvador y fortalecer en nosotros esa certeza. O dicho de otra forma, es necesario saber afirmar que el Niño que nace en Belén es nuestro Dios. Aunque sabemos en teoría que así es, en la práctica no está tan clara esa convicción y damos la sensación de seguir esperando otras personas que solucionen y salven nuestra vida.
Contad lo que veis
La entrevista de aquellos discípulos de Juan con Jesús tuvo como respuesta una serie de hechos que vieron fruto de Jesús. No fue una respuesta teórica, sino que se sustentaba en hechos y acontecimientos, realidades que pudieron comprobar. El actuar de Jesús se traducía en hechos que cambiaban la vida de los pobres, los necesitados, los enfermos. Los que necesitaban una nueva vida, los que querían mejorar, los que esperaban algo nuevo para su vida lo alcanzaban gracias a la presencia de Jesús. Respuesta que les remitía a las promesas proféticas que anunciaban al Mesías.
Por lo tanto, Jesús era el Salvador, el Mesías tanto tiempo esperado. La sociedad del tiempo de Jesús sentía la necesidad del Mesías para encontrar solución a tantos problemas como tenía. Hoy nuestra sociedad, nuestro mundo, nos debemos preguntar si sigue necesitando de Dios para dar respuesta al dolor de los enfermos, para ofrecer una vida mejor a los pobres y para que los necesitados encuentren remedio a sus problemas, Pporque es posible que no nos situemos en ninguno de esos grupos que esperan mejorar, que necesitan salvación y por lo tanto no esperemos al Mesías.
No os avergoncéis de mí
En la respuesta de Jesús hay un consejo que Jesús da a los discípulos de Juan por si aún no tienen claro quién es o no se han convencido de que es el Mesías esperado. Es una recomendación para animarles. No os avergoncéis de mí. Confiad en mí. No dudéis de que soy el Mesías. Dichosos los que sigan creyendo y confiando en Jesús como Salvador de nuestro mundo, de nuestra persona. Puede que también hoy nos avergoncemos de un Dios que se hace hombre, que nace niño en un pesebre, que carece de fuerza y de dinero para solucionar nuestros problemas. No nos avergoncemos de nuestro Dios que viene una vez más a solucionar nuestras necesidades, aunque podamos pensar que no necesitemos en nuestro mundo a ese Salvador. No nos avergoncemos de esperar al Señor, de celebrar la Navidad como acontecimiento de gracia y salvación, de vivir esperando lo mejor para los pobres de nuestro tiempo. Así se nos invita a prepararnos a la Navidad, sin complejos, sin avergonzarnos, con ilusión de que el Nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros nos salvará.
Comentario al Evangelio del 11 de diciembre de 2022, por José María de Valles, delegado diocesano de Liturgia. Emitido en “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Palencia