San Isidro 2024 - Surcos de Futuro

Celebramos la Fiesta de San Isidro… un día importante para los hombres y mujeres que viven en el mundo rural palentino. Un mundo rural en el que los árboles, la tierra y el agua, en nuestros pueblos son vida, riqueza, permanencia, frutos. En definitiva, ESPERANZA. Una semilla, una sementera. Y lo podemos ofrecer.

Los días que vivimos nos va a exigir un doble ejercicio: Por una parte, cultivar una espiritualidad más profunda. La pandemia nos ha enseñado que el ser humano cerrado sobre sí mismo, sin más horizonte que su vida, no encuentra el sentido y la respuesta a la vida y el pueblo. Por otra parte, cuidar la solidaridad que no se acentúe el individualismo.

 

En este sentido, San Isidro es todo un ejemplo:

• De espiritualidad. Él descubrió que experimentar la presencia de Dios en su vida, acudir a Él con frecuencia, le ayudaba a encontrar fuerza y razón para su quehacer, su trabajo.

• De solidaridad. San Isidro es, también, un ejemplo de solidaridad. Se nos cuenta de él muchos hechos.

 

Un día, también, para tomar conciencia:

• De las veces que vivimos nuestra presencia en el mundo rural desencantados y sin ilusión;

• De las veces que ante las dificultades que vivimos, preferimos buscar salidas individuales, antes que apoyarnos unos a otros;

• De las veces que nos olvidamos de Dios, y la fe en Él cuenta poco en nuestra vida: Señor, ten piedad.

 

Celebrar a San Isidro rogando al Señor:

• Para que la Iglesia, presente desde siempre en el mundo rural, acoja los desafíos que sufren los hombres y mujeres del campo y dé a su presencia un sentido de esperanza y de compromiso con la realidad.

• Para que las autoridades, tanto nacionales, autonómica o locales, atiendan las justas peticiones de los labradores y ganaderos, a favor de una sociedad rural más justa y humana.

• Para que todos adquiramos hábitos de consumo, como el reciclaje, el consumo moderado, el cuidado del medio ambiente y otros, para hacer sostenible la vida de nuestra madre tierra.

• Para que Dios conceda a todos los que trabajan la tierra levantar con frecuencia sus ojos hacia los bienes del cielo, como hacía san Isidro.

• Por nosotros, para que sigamos los ejemplos de laboriosidad y de solidaridad de san Isidro Labrador.

 

Nuestro mundo rural mira con esperanza hacia San Isidro labrador

 

Nuestro mundo rural mira con esperanza hacia san Isidro labrador. Nuestros hombres y mujeres del campo les lleva a vivir toda su vida e intentar iluminar los problemas y aspiraciones de sus gentes, sus luchas y sus logros bajo la protección del que pasó muchos años cultivando la tierra.

San Isidro fue “evangelio vivo de Dios”. Eso sí, nadie nace santo; los santos se han hecho a sí mismos, aunque, más propiamente hablando, habría que decir que dejaron que Dios los hiciese santos. Y se engendran santos cuando no se tiene miedo de hacer el bien y de decir la verdad, cuando nos entusiasma el doble objetivo.

El Papa Francisco de su exhortación apostólica ‘Gaudete et Exsultate’, dice: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad de la puerta de al lado, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, la clase media de la santidad”.

Estos santos que han paseado por las calles de nuestros pueblos, esas personas que no hacen la historia, viven de una manera sencilla su vida diaria, pero acogiendo la gracia y haciendo comunidad y pueblo sencillamente a través de los “pequeños gestos” de cada día.El papa Francisco habla en su exhortación apostólica ‘Gaudete et exultate’ de “los santos de la puerta de al lado”, esos con algunos de los cuales nos hemos cruzado por la calle, en el pueblo, en la familia, en la diversión.

San Isidro puede ayudarnos a cuidar la casa común, ya que “la interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común”, lo cual incluye “programar una agricultura sostenible y diversificada”, dice el Papa en la encíclica ‘Laudato si’’.

La figura de san Isidro, por otra parte, nos trae a la mente el olvido del mundo rural por parte de nuestra sociedad y de los gobernantes. La especulación en los mercados agrarios, la globalización, el desigual reparto de los beneficios a lo largo de la cadena, la liberalización de las fronteras comerciales, así como los altos costes de producción … en el sector agrícola, impulsando a muchos jóvenes al abandono del pueblo. Para invertir esta tendencia es fundamental incentivar en las nuevas generaciones el amor al campo y al pueblo.

La espiritualidad del trabajo campesino muestra que el “ora et labora” no es exclusivo de los monjes ni de las personas cultivadas; es también propia de los laicos, de nuestra gente. Dice el papa Francisco en ‘Gaudete et Exsultate’ que “la oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor”. Esto es algo que el pueblo sencillo ha sabido captar con nitidez. Por eso acude confiado a la oración, en medio de sus luchas, anhelos y adversidades.

Que la evocación, en nuestros pueblos rurales, de este santo afiance en nosotros el deseo de custodiar la tierra, nuestra vocación de ser solidarios y compartir los recursos que hallamos en la casa común que a todos nos acoge. Que su figura nos estimule a estar cerca del mundo rural y sus problemáticas. Decía san Juan XXIII en la ‘Mater et magistra’ “que los agricultores no padezcan un complejo de inferioridad y no se los trate como inferiores frente a los demás grupos sociales; y puedan mirar tranquilamente el porvenir”.

 

Secretariado diocesano de Pastoral Rural

 

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