Palabra y Vida - Necesitados de oración

Palabra y Vida - Necesitados de oración

Hoy, Jesús nos recuerda que necesitamos de la oración. Que ponernos en relación con Dios será remedio a nuestras necesidades y que, como Padre, nos dará siempre lo que le pedimos. 

 

Orar siempre

Nuestra sociedad emplea el verbo optimizar para expresar que con poco esfuerzo se pueda lograr un gran rendimiento, de manera que se reduzca el tiempo empleado y la energía utilizada. De esa reducción de “costes” no estamos libres nadie porque al final aplicamos esos mismos criterios a nuestra vida.

Si aplicamos esto a nuestra vida de oración, es posible que también intentemos optimizar nuestra oración, queriendo ahorrar en tiempos, en actos y en diferentes expresiones.

Sin embargo, hoy nos sorprende el evangelio con esta clara expresión de Jesús de que oremos siempre y, añade, sin desfallecer. Contrasta esta visión con la nuestra marcada por el reloj y si puede ser breve siguiendo el dicho popular que dice que la oración sea corta y devota. Nos lleva esta forma de pensar la oración a conformarnos con poca oración y en pocos momentos y evidentemente estar lejos de la propuesta que hoy el Señor nos hace de que oremos siempre y constantemente.

 

Dios de guardia

La oración permanente y constante tiene como trasfondo saber que Dios escucha siempre. Que está de guardia las 24 horas del día, los siete días y de la semana y los 365 días del año. Esta convicción hace que todos los momentos sean de oración. Así nos los descubre la viuda que importuna a horas inapropiadas al juez para obtener su ayuda.

Revisemos el nivel de oración de nuestras comunidades. Cuando nos quejamos de tantas necesidades como experimentamos no somos capaces de incrementar nuestra oración ni en tiempo ni en gestos nuevos. Recemos incluso contra todo pronóstico mundano que tiende a desvalorar la oración y recemos sin esperar nada, simplemente porque sabemos que Dios nos oye. Vivimos tiempos de dificultades, conflictos bélicos, enfrentamientos sociales y personales, problemas sociales y estructurales, falta de fe y de vocaciones… y nos sigue costando aumentar nuestra oración. La constancia sigue siendo clave necesaria para nuestra vida de oración. Un día, un momento y una ocasión están bien para rezar, pero el deseo del Señor nos lleva mucho más allá.

 

Confianza

La mujer viuda, pidiendo justicia al juez inicuo, se nos presenta como modelo y ejemplo de una firme confianza en la oración. Ello haca que sea insistente y perseverante. Confía tanto que cree que lo que pida lo alcanzará por ello sigue luchando para obtener lo que necesita. Su actitud nos habla de la importancia de la oración no como instrumento para lograr de Dios lo que se quiere o necesita (a modo de “magia”) sino como un modo de ponerme en sus manos y en su presencia, para descubrir que Él continúa “haciendo justicia”, nunca nos abandona y siempre podemos contar con su auxilia, aunque a veces parezca no oír o, estar en silencio. La oración no es el último recurso, sino la primera tarea del cristiano que va configurando mi modo de estar en la vida. Orar pidiendo a Dios no significa tratar de convencerle, sino llegar a tener una nueva visión de las cosas y de las situaciones con una mayor hondura y profundidad, descubriendo su presencia que acompaña y guía mi caminar. Orar ayuda a sintonizar con la longitud de onda de Dios y desde ahí afrontar la vida. Orar me invita a detenerme, hacer silencio, encontrarme conmigo mismo… y en ese contacto interior sentir a Dios empujándome al compromiso. No puede haber oración sin compromiso, ni solidaridad sin una rica vida interior. Pido que me vaya encaminando por la senda de la constancia, la permanencia, la insistencia, la resistencia “contra viento y marea”, el no darme por vencido a pesar de que tarde en llegar lo que espero.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia