Comenzábamos el mes de noviembre con la Festividad de Todos los Santos donde se nos proponía la santidad como meta de la vida del creyente. En este segundo domingo del mes celebramos el DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA. Por deseo del anterior papa Francisco la santidad es el centro de nuestra oración y reflexión.
Con el lema «Tú también puedes ser santo», se nos invita a reconocer que todos estamos llamados a la santidad en la vida ordinaria, en nuestras familias, en el trabajo, en el servicio a los demás y en la participación activa en la vida de mi iglesia diocesana y parroquial.
Recuerdo de nuestros santos
Aunque la santidad nos parece inalcanzable y muy lejana para nosotros, el santo padre quiere que recordemos a quienes siguieron el camino de la santidad en nuestra iglesia diocesana y siguen siendo ejemplo para nosotros. Se nos pide hacer memoria agradecida de los santos, beatos, venerables y siervos de Dios que han florecido en nuestra Iglesia particular de Palencia para que veamos que la santidad es posible también hoy.
La Conferencia Episcopal Española bajo el título de huellas ha elaborado un mapa de todas las diócesis de España donde recoge algunos de estos santos. De nuestra diócesis palentina recoge dos ejemplos de santidad: en la catedral, el sepulcro de san Manuel González y en el monasterio de la Trapa, el sepulcro de san Rafael Arnaíz. En el Calendario Propio de nuestra diócesis palentina, además de los dos santos anteriores, hacemos memoria de san Francisco Fernández de Capillas, el beato Mariano de la Mata, beato san Anselmo Polanco, el beato Pedro González a quien conocemos mejor como san Telmo y los numerosos mártires de la persecución religiosa del siglo XX y que la mayoría de nuestros pueblos conmemoran. Todos ellos nos hablan de que la santidad es fruto de nuestra iglesia diocesana de la que nosotros nos sentimos parte.
Tú también puedes ser santo
Como ellos que formaron parte de nuestra iglesia tú, yo y todos podemos ser santos. No te conformes con menos porque ser santo no es difícil, lo que sí es, es que es muy largo y porque nos cansamos no llegamos a serlo. Por eso nuestra oración de hoy tiene como objetivo pedirle constancia, fidelidad y fortaleza para no abandonar la obra que Dios ha comenzado en nosotros cuando nos llamó a ser sus hijos en el bautismo. Cuando miramos a estos santos y beatos de nuestra diócesis vemos una vida normal pero fiel siempre al seguimiento de Cristo. Se sintieron miembros e hijos de la Iglesia y en ella vivieron al estilo de Jesús el amor, el perdón y la caridad. Como buenos hijos de la iglesia en ella encontraron fuerza para ser fieles al Señor. En ella rezaron y celebraron los sacramentos, en ella colaboraron en el servicio de la caridad y a ella dedicaron sus mejores cualidades. Todo ello amasado con el tiempo y sin perder nunca la alegría del evangelio hizo de ellos modelos de santidad para nosotros. Deja escuchar en tu interior esta invitación que a través de tu iglesia local te hace el Señor: Tú tienes que ser santo, no te de miedo, no te acobardes. Esa es la meta a la que debemos llegar. Si el recorrido lo hacemos con los demás, en iglesia, será más fácil llegar.
Compromiso
Quienes acertaron en el camino de la santidad no se desentendieron de su compromiso con la iglesia que les acogió. Sintieron la necesidad de dar y de darse. De dar su tiempo, su energía y sus cualidades. De darse ellos mismo, muchos de ellos totalmente con un compromiso total en su consagración al Señor. Hoy también el camino de la santidad sigue pidiéndonos un compromiso con nuestra iglesia local y diocesana. En ella debemos participar no sólo en los actos religiosos sino también dedicar algo de nuestro tiempo y dinero en colaborar con sus necesidades. Todo ello hará de nosotros buenos hijos de la Iglesia y merecedores un día del premio de la santidad.
Jose María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia