Compartimos la presentación del "Documento Cero" de la Asamblea de la Iglesia en Castilla. Asimismo compartimos un resumen del mismo y un enlace para poder profundizar en el Documento íntegro.
"Yo estoy con vosotros" -Documento '0' de la Asamblea
La Asamblea de Iglesia en Castilla se presenta como una concreción del Sínodo sobre la sinodalidad, basada en la escucha activa, la corresponsabilidad, el discernimiento comunitario y la apertura misionera. El trabajo realizado en las nueve diócesis ha sido muy rico y diverso, aunque una idea resume su espíritu: “vivir las experiencias pascuales primeras para pasar del miedo a la alegría”.
Se subraya que la Asamblea no busca aferrarse al pasado ni lamentarse por los cambios, sino renovar el entusiasmo evangelizador desde el encuentro con Cristo resucitado. Inspirados por las palabras del papa Francisco, se rechaza la rutina pastoral y el exceso de diagnósticos sin propuestas concretas. La misión es ser testigos del amor y la misericordia de Dios en medio de la sociedad actual. Finalmente, el documento toma como guía Mateo 28,16-20, donde Jesús envía a sus discípulos a evangelizar y promete acompañarlos siempre.
Primera clave: La conversión pastoral, personal y comunitaria
Se aborda la conversión pastoral, personal y comunitaria como eje central de la Asamblea. Más que reorganizar actividades, se propone volver a Jesucristo como fuente de toda acción evangelizadora. Inspirados en el Evangelio de Mateo, los discípulos son reunidos nuevamente por Jesús, quien no reprocha sus dudas o fracasos, sino que los llama a seguirlo. Siguiendo la enseñanza del papa Francisco, se destaca que Dios toma siempre la iniciativa y envía a la comunidad a salir al encuentro de los demás, especialmente de los excluidos.
Las aportaciones subrayan la importancia de la oración personal y comunitaria, mediante espacios como retiros, lectio divina o adoración eucarística. La escucha aparece como rasgo esencial del cristiano: escuchar a Dios y también a los hermanos, especialmente a los pobres. La oración crea comunión y fortalece la vida comunitaria, impulsando un estilo sinodal basado en la acogida, el discernimiento y la conversación en el Espíritu.
La misión: hacer discípulos
Se destaca que la misión principal de la Iglesia es evangelizar y hacer discípulos, tal como Jesús pidió a los Once. La Iglesia no debe limitarse a conservar tradiciones o administrar servicios religiosos, sino anunciar el Evangelio con renovado impulso misionero. Por ello, se propone pasar de una pastoral rutinaria a una centrada en el anuncio del kerigma y en la vivencia de la Resurrección. También se insiste en renovar la catequesis y unir siempre la fe con el compromiso social hacia los más vulnerables.
Las diócesis subrayan la necesidad de discernir prioridades y centrarse en lo esencial, aceptando que ya no es posible mantener todas las actividades del pasado. El texto también reconoce la fragilidad y el cansancio de sacerdotes, religiosos y laicos, proponiendo acompañar a quienes acompañan, fomentar el autocuidado y promover el trabajo en equipo. Finalmente, se impulsa una Iglesia más corresponsable, basada en la colaboración entre todos los miembros del Pueblo de Dios y en una formación renovada.
Segunda clave: Renovar el estilo pastoral para ser una Iglesia más cercana y misionera
Se propone renovar el estilo pastoral para construir una Iglesia más cercana y misionera. Inspirándose en los discípulos del Evangelio de Mateo, se subraya que seguir a Cristo implica humildad, paciencia, cercanía, compasión, alegría y coherencia de vida. Los primeros discípulos asumieron con valentía la misión de anunciar el Evangelio a todos los pueblos, saliendo de sus entornos habituales y adaptándose a nuevas culturas y lenguajes.
El modelo de san Pablo destaca un ministerio basado en el servicio, la escucha y el trabajo en equipo. Sin embargo, la misión no pertenece solo a los ministros ordenados, sino a todos los bautizados. Por ello, se insiste en reconocer el papel fundamental de los laicos y de la vida consagrada en la evangelización. Las diócesis llaman a pasar de la pasividad a la corresponsabilidad y de la indiferencia a la comunión. Finalmente, se propone fortalecer espacios de discernimiento compartido, equipos de misión y ámbitos comunes de oración y formación para vivir auténticamente la sinodalidad.
La formación y la evaluación pastoral
Se destaca la importancia de una formación integral dentro de la Iglesia, entendida no solo como aprendizaje intelectual, sino como un proceso que transforme toda la persona. Inspirándose en el Evangelio de Mateo, se explica que la verdadera adoración implica entregar la vida entera a Dios. Por ello, la formación debe ayudar a integrar fe y vida, fomentar el discernimiento comunitario y reunir a laicos, consagrados y clero en espacios comunes de aprendizaje y crecimiento espiritual.
La figura de los Magos se presenta como modelo, ya que combinaron conocimiento, humildad y apertura interior para reconocer a Cristo. Además, simbolizan una formación abierta a todas las edades y realidades humanas. El texto también subraya la necesidad de una cultura de evaluación y rendición de cuentas en la acción pastoral. Esta evaluación no busca un control administrativo, sino discernir si las actividades realmente acercan a las personas a Jesucristo, promoviendo revisiones periódicas y objetivos claros en la vida pastoral.
Tercera clave: reforma de las estructuras. Organizarnos para la misión
Se reflexiona sobre la necesidad de reformar las estructuras eclesiales para ponerlas al servicio de la misión evangelizadora. Aunque el Evangelio de Mateo no menciona explícitamente las estructuras, se señala que la comunidad de los “once discípulos” ya representa una forma de organización basada en la vocación y la conversión personal. Por ello, se propone una estructura más flexible, dinámica y sinodal, alejándose de modelos burocráticos y excesivamente centralizados.
Las aportaciones diocesanas identifican elementos que favorecen la misión, como grupos de catequesis, equipos de animación, consejos pastorales, proyectos conjuntos y espacios de formación y convivencia. También señalan obstáculos como la excesiva dependencia del párroco, la falta de coordinación, el exceso de reuniones y la burocracia. Además, se destaca que una parroquia debe entenderse como una comunidad viva y comprometida con la evangelización, la liturgia y la caridad, más allá de un criterio meramente territorial. Finalmente, se subraya la importancia de consejos pastorales y económicos activos, ministerios diversos y la centralidad de la Eucaristía dominical.
Diversificación de tareas y criterios para la misión
Se destaca la necesidad de diversificar tareas y organizar mejor la misión de la Iglesia, siguiendo el ejemplo de los primeros discípulos y de los Hechos de los Apóstoles. Así como los apóstoles delegaron funciones administrativas en los diáconos para centrarse en la oración y el anuncio de la Palabra, las diócesis proponen clarificar responsabilidades entre parroquias, arciprestazgos y diócesis. Las parroquias deberían centrarse en el acompañamiento directo de las personas y comunidades; los arciprestazgos, en fomentar la colaboración entre parroquias; y las diócesis, en coordinar la acción pastoral, garantizar la formación y promover espacios de discernimiento sinodal.
Se insiste en trabajar con criterios realistas: compartir recursos, evitar duplicidades y limitar reuniones innecesarias. También se subraya la importancia de la consulta previa en la toma de decisiones. Finalmente, se reconoce el valor evangelizador de los santuarios, peregrinaciones y expresiones de religiosidad popular como medios para transmitir la fe y acercar a personas alejadas de la vida parroquial.
Conclusión
La conclusión recoge las aportaciones de las diócesis y subraya la necesidad de transformarlas en decisiones concretas para la misión de la Iglesia. Inspirado en el final del Evangelio de Mateo, el texto recuerda que Cristo posee “todo poder en el cielo y en la tierra”, por lo que la misión evangelizadora se sostiene en la certeza de la victoria de Dios. Aunque la Iglesia experimente fragilidad, cansancio y dificultades, se insiste en que nada puede impedir la acción salvadora de Cristo.
Tomando palabras de san Pablo, se compara a los creyentes con “vasijas de barro” que contienen un gran tesoro, mostrando que la fuerza proviene de Dios y no de las capacidades humanas. El texto anima a no dejarse vencer por el miedo o el desaliento, sino a vivir con esperanza y confianza. Finalmente, destaca la promesa de Jesús de permanecer siempre junto a sus discípulos, fundamento último de la alegría, la esperanza y el compromiso cristiano.