¿Te ha pasado alguna vez? Alguien no te contesta un mensaje... y en segundos ya estás pensando: “he hecho algo mal”, “me están ignorando”, “seguro que pasa algo”. Y luego descubres que... simplemente el otro estaba ocupado.
No reaccionamos a la realidad. Reaccionamos a la historia que construye nuestro cerebro. Para eso construye narrativas constantes: qué piensan los demás de ti, qué puede salir mal, cómo evitar el rechazo. No siempre son precisas... pero sí son útiles para sobrevivir. Por eso anticipa, exagera señales ambiguas y construye historias que nos “avisan” antes de que algo ocurra.
Una mirada, un silencio, un comentario... y aparece la interpretación: “no valgo”, “me van a rechazar”, “hay algo mal en mí”. Y entonces llega la emoción. No por lo que pasó... sino por lo que creíste que significaba.
El cerebro predice primero... y luego interpreta lo que ocurre para encajar con esa predicción. Y por eso no funciona decir “no pasa nada”. Porque el cerebro ya ha decidido que sí pasa.
¿Y qué puede ayudar?
• Primero: date cuenta. “Mi cerebro está anticipando peligro”. Ya no eres ni el pensamiento ni la emoción, la estás observando.
• Segundo: da ese pequeño o gran paso. No se trata de esperar a sentirte bien al 100%, sino de actuar porque es importante para ti, aunque incomode. No es quitar la emoción... es no dejar que decida por ti.
• Y tercero: amplia el significado. No todo es rechazo o fracaso. Seguro hay más matices o más opciones en esa historia.
Porque el problema no es lo que pasa... es la película que construimos alrededor. Y cuando empiezas a cuestionar esa historia, algo cambia: dejas de vivir reaccionando al pasado... y empiezas, por fin, a estar en el presente.
David Ruiz