Palabra y Vida - El alimento que nos nutre y sacia

Palabra y Vida - El alimento que nos nutre y sacia

En muchos pueblos y ciudades esta fiesta tiene un enorme arraigo y su celebración, diríamos, que sobresale de las demás a través de manifestaciones externas como las procesiones, alfombras con que adornamos el paso del Santísimo, música y bailes que engrandecen la ceremonia. Todo ello expresa muy bien nuestra fe y nos hace mucho bien, pero no podemos ni debemos quedarnos en las cosas exteriores, sino que debemos adentrarnos en el misterio y vivir con plenitud la presencia real de Cristo en la Eucaristía. “El tema especial de nuestros loores es hoy el pan vivo y que da vida”, nos dice la secuencia que hoy podemos leer antes del evangelio.

 

Pan Vivo, bajado del cielo

El evangelio de hoy es la segunda parte del discurso que hizo Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, después de haber dado de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Pero ahora quiere mostrarles el auténtico valor de ese signo, quiere que entiendan el significado del pan. Les dice que es Él, el único pan, que, bajado del cielo, colmará nuestra hambre de felicidad y eternidad. La fiesta del Corpus nos sitúa en ese escenario y, por eso, hacemos memoria de la presencia real de Cristo resucitado en medio de nosotros a quien sentimos como pan de vida y bebida de salvación. Desde el siglo XIV la Iglesia ha celebrado muy especialmente esta festividad expresando con gran alegría que sin ese pan bajado del cielo no tenemos vida. Se atribuye al cardenal Henri de Lubac, quién popularizó la idea de que la “Eucaristía es el corazón mismo que edifica y mantiene unida a la comunidad eclesial” y, por tanto, que sin Eucaristía no hay iglesia. Frase que a su vez condensa el sentido de una expresión mucho más antigua que decía: “sin el Día del Señor no podemos vivir”, palabras de los mártires de Abitinia pronunciadas en el año 304 d.C. que fueron ejecutados por desobedecer la prohibición romana de celebrar la Eucaristía dominical. La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo nos recuerda y actualiza que la Eucaristía conforma el centro de nuestra fe, que en ella compartimos la mesa y la fe y al alimentarnos de su Palabra y de su Cuerpo y Sangre alcanzaremos la vida para siempre.

 

Presencia real de Cristo en la Eucaristía

El segundo aspecto que la fiesta de hoy conmemora la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Ya san Justino a mediados del siglo II refutaba las falsas acusaciones que empezaban a decirse de los cristianos a quienes se acusaba de comer carne y beber sangre humana porque habían oído decir al que presidía las asambleas que realizaban: "Tomad y comed: éste es mi cuerpo. Tomad y bebed: ésta es mi sangre". Esa interpretación les llevó a rechazar el mensaje de Jesús y no aceptar su presencia en el alimento que compartían. Aún sigue siendo difícil de comprender que Cristo está presente en la Eucaristía, en ese pan que comulgamos hecho su Cuerpo. Y esta proclamación de la presencia real de Cristo la exponemos a todos para que así lo creamos y vivamos.

El que come este Pan vivirá para siempre

Entre las grandes aportaciones del Vaticano II sobresale el esfuerzo por impulsar a vivir la Eucaristía como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo. Sesenta años después seguimos con la necesidad de reafirmar el valor de la Eucaristía en nuestra vida cristiana. Debemos impregnarnos de saber que ese pan es para comer y sigue siendo el alimento para crecer y fortalecer nuestra comunidad creyente. El pan de la Eucaristía nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar no según la medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios, como nos recordó el anterior papa Francisco. Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que existen muchas ofertas de alimento que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más: dinero, éxito, vanidad, poder, orgullo… Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia auténticamente no puedes ser otro que el que nos da el Señor.

El pan que Jesús parte y nos reparte es para compartirlo y repartirlo con nuestros hermanos, por ello celebramos el día de la Caridad. Acabamos con la última estrofa de la secuencia donde pedimos hoy a Cristo Eucaristía que “Tú, que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí siendo aún mortales, haznos allí tus comensales, coherederos y compañeros de los santos ciudadanos”.

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia