Camino de Santiago 2026: Experiencias que transforman

Camino de Santiago 2026: Experiencias que transforman

Un año más, el Camino de Santiago ha sido el escenario para una bonita experiencia vital para nuestros jóvenes. Organizado por la Delegación de Pastoral con Jóvenes de la Diócesis de Palencia nuestros jóvenes han podido tener una experiencia de comunidad, de camino compartido, de encuentro con otros y de encuentro con lo que cada uno lleva en el interior de su corazón.

En esta ocasión los participantes se dividieron en dos grupos. El primero de los grupos partió de Palencia el 29 de junio, y el segundo comenzó su viaje el 30 de junio. El destino final… Santiago de Compostela el 5 de julio.

En estas jornadas se recorrió una parte del Camino Portugués Interior pasando por Porriño, Redondela, Pontevedra, Caldas, Padrón y el destino final en Santiago de Compostela.

Un camino en el que fueron sucediendo una serie de “llamadas” para acompañar cada jornada… “Llamados por Jesús”, “Llamados a estar con Él”, “Llamados a convertir el Corazón”, “Llamados a la comunión”, “Llamados a la misión”… y un final… “Enviados por la Iglesia” con el que se regresó a Palencia.

 

Hay experiencias que se recuerdan y que transforman

Para los jóvenes de la Diócesis de Palencia, el Camino de Santiago 2026 ha sido mucho más que una peregrinación: ha sido un tiempo de encuentro con Dios, con los demás y con uno mismo. Entre kilómetros compartidos, momentos de silencio, celebraciones, risas y esfuerzo, han descubierto que la fe crece cuando se vive en comunidad y que cada paso puede convertirse en una oportunidad para abrir el corazón a la esperanza.

Los testimonios que siguen reflejan, con sencillez y autenticidad, cómo el Señor ha ido actuando en la vida de estos jóvenes. Son palabras de gratitud, de amistad, de conversión y de ilusión por seguir caminando. Porque el Camino no termina al llegar a Santiago: continúa cada día, allí donde cada uno está llamado a ser testigo del Evangelio con la alegría de quien ha experimentado que nunca camina solo.

 

Mucho más que una peregrinación

El Camino de Santiago ha sido para estos jóvenes mucho más que una peregrinación. Ha sido una invitación a mirar la vida con los ojos del Evangelio, dejando atrás el miedo para sentirse en casa y caminar con Dios. Una experiencia que, casi sin esperarlo, ha llenado la mochila de fe y amistad, permitiendo descubrir la alegría de que nadie camina solo.

Cada paso ha enseñado que seguir adelante siempre merece la pena, porque Dios camina en el silencio, en la amistad y en cada encuentro. El Camino ha sido una escuela para crecer en confianza, paciencia y esperanza; para alzar la mirada y descubrir lo verdaderamente esencial. Porque el verdadero Camino transforma el corazón, y compartir la fe lo cambia todo.

La fuerza nace cuando Dios acompaña y cuando se comprende que nadie llega solo a la meta. Vencer el miedo para abrir el corazón, caminar también con el corazón y recorrer un camino que ayuda a conocerse y crecer han sido algunos de los grandes regalos de esta experiencia. Para muchos, ha supuesto reencontrarse con Jesús y con la fe; siete días que han cambiado la mirada y que también han permitido reencontrarse con amigos, hacer nuevas amistades y descubrir una Iglesia que es una gran familia.

Han sido días intensos para compartir la fe, resolver dudas caminando junto al Señor y descubrir la belleza de lo inesperado. Una fe que sorprende y une, que invita a dar el primer paso sabiendo que las mejores cosas están, muchas veces, más cerca de lo que parecen. Delante de Dios siempre hay un antes y un después, y quienes han vivido este Camino regresan convencidos de que la verdadera peregrinación no termina en Santiago: comienza al volver a casa, llevando en el corazón todo lo vivido y compartido.

 

 

TESTIMONIOS DE NUESTROS JÓVENES

 

Nicolás Azpeleta

Antes de ir, ninguno podíamos imaginarnos todo lo que iba a ser esta semana. Yo debo admitir que incluso tenía algo de miedo por lo que pudiera pasar. No me había apuntado con un gran grupo, solo con dos amigos, Mateo y Víctor, y aunque conocía a la mayoría de la gente, ese miedo estaba ahí. Sin embargo, desde el primer día desapareció, porque desde el primer momento el grupo funcionó fenomenal.

Me alegra mucho haber podido compartir mi fe con todos vosotros y haber crecido en ella, no solo en grupo, sino también de manera individual.

Me gustaría destacar dos ideas sobre las que hemos reflexionado esta semana.

La primera es que el Señor nos ama a cada uno de manera individual, con nuestras cosas buenas y también con las no tan buenas. Por eso, os animo a que habléis con Él, a que le contéis vuestras cosas y, sobre todo, a que le agradezcáis todo lo que os va pasando, incluso las cosas más pequeñas.

Por otra parte, me gustaría hablar sobre los criterios con los que cada uno juzgamos y valoramos las cosas. Esto viene del día en que nos confesamos. En el libro había varias preguntas que nos ayudaban a ser conscientes de nuestros pecados, y hubo una que me llamó especialmente la atención. Me preguntaba a mí mismo cómo juzgaba yo a las personas o las situaciones que me ocurren, y no sabía encontrar una respuesta clara.

El libro hablaba de tres tipos de criterios: los del Evangelio, los políticamente correctos y los que no arriesgan. Lógicamente, creo que todos queremos seguir los del Evangelio. Pero, al igual que no supe responder a la pregunta, tampoco tenía claro qué significaba exactamente juzgar según el Evangelio. Como no quería quedarme con la duda, pregunté.

La respuesta fue muy clara: cuando te encuentres ante una situación, una persona o cualquier cosa que tengas que juzgar, hazlo como lo haría Jesús.

Así que, con esto, os animo a todos a seguir los criterios del Evangelio. Y si no sabéis bien cómo hacerlo, la solución está en el propio Evangelio: leerlo diariamente nos ayudará a ser mejores personas y mejores cristianos.

Y con todo esto, solo me queda daros las gracias a todos: tanto a los que ya conocía y con los que he podido conectar aún más, como a las personas nuevas, que han sido un gran descubrimiento para mí y para mi fe.

Gracias

 

 

Miguel Salgado

Antes de venir, no sabía muy bien qué me iba a encontrar. Aunque conocía a varias personas (muchos amigos míos), era nuevo en unos grupos que ya estaban formados, y eso hacía que tuviera un poco de incertidumbre. Pensaba que quizá me costaría integrarme o encontrar mi sitio.

Sin embargo, desde el primer momento ese miedo desapareció. Me habéis hecho sentir acogido, incluido y parte del grupo desde el primer día. Nunca me he sentido como “el nuevo”, sino como uno más. Y por eso quería daros las gracias, porque habéis conseguido que esta semana haya sido mucho más especial de lo que podía imaginar.

Además de conocer a personas increíbles, este Camino me ha servido para acercarme mucho más a la fe. Ha sido una semana en la que he podido parar, reflexionar y descubrir que Dios estaba mucho más presente en mi vida de lo que muchas veces soy capaz de ver.

Las reflexiones, las oraciones, las charlas y los momentos compartidos con todos vosotros me han ayudado a mirar la fe de una manera diferente. No como algo lejano o que forma parte únicamente de determinados momentos, sino como algo que puede acompañarnos cada día.

Sé que este Camino no termina hoy. Al contrario, creo que para muchos de nosotros empieza ahora el verdadero reto: intentar llevar a nuestra vida diaria todo lo que hemos vivido aquí.

Por eso os animo a que no dejemos que esta experiencia se quede solo en un recuerdo bonito. Sigamos rezando, sigamos compartiendo y sigamos buscando momentos para encontrarnos con Dios, porque estoy seguro de que Él sigue caminando con nosotros.

Y, para terminar, solo me queda daros las gracias. Gracias por vuestra acogida, por vuestra cercanía y por haber hecho que me sintiera en casa desde el primer momento. Me llevo grandes amistades, recuerdos que no voy a olvidar y, sobre todo, una fe mucho más viva de la que tenía cuando llegué.

Muchas gracias a todos.

 

 

Ana Antolín

Hoy, de regreso, quiero compartir lo que han significado estos siete días para mí. Si os soy sincera, empecé esta aventura con pocas ganas y bajas expectativas, pero todas las dudas desaparecieron el primer día al ver a tantos jóvenes y la increíble amabilidad de los monitores y compañeros. Ha sido una experiencia profundamente reconfortante para conectar con Jesús, conmigo misma y hacer amigos maravillosos.

A nivel personal, este viaje me ha demostrado que el Camino no es para nada lo que mucha gente piensa desde fuera. A veces se tiene el prejuicio de que este tipo de peregrinaciones son algo "estrictamente religioso" o monótono, pero la realidad ha sido completamente distinta. Hemos hecho muchísimas actividades diferentes y hemos tenido momentos divertidísimos en los que hemos disfrutado como nunca. Claro que había espacio para el silencio, la oración y la reflexión profunda, lo cual me ayudó a conectar con Dios y con mi propia vida; pero también ha sido un Camino lleno de canciones, risas compartidas, juegos de mesa, paseos para descubrir pueblos y confidencias nocturnas.

No niego que el trayecto físico fue algo duro por los dolores de pies, pero la satisfacción de llegar a Santiago y contemplar su catedral junto a la gente que me sostuvo en cada paso fue inmensa.

Gracias de corazón a los monitores por ser nuestro apoyo y confidentes en todo momento, y a la organización por su impecable trabajo para que estuviéramos cómodos, descansáramos en los albergues y disfrutáramos de esta experiencia tan maravillosa. Me llevo la mochila llena de fe, risas, diversión y rostros inolvidables. Con muchísimo cariño, Ana Antolín.

 

 

María Maldonado Villa

Siempre se dice que dar el primer paso al comenzar algo nuevo es lo más complicado, pero también lo más importante para lograr nuestros objetivos.

En el caso del Camino de Santiago que hemos hecho durante esta semana, también ha sido algo así.

Al llegar el primer día, me vi rodeada de muchas caras nuevas y algo de incertidumbre, porque, aunque algunos nos habíamos llevado una experiencia preciosa el verano anterior al hacer el Camino Lebaniego con la Diócesis, parecía que el viaje que comenzaba ese día iba a ser algo diferente.

Sin embargo, la sensación de novedad pronto pasó a ser una mucho más cercana, incluso familiar.

Desde los compañeros a los monitores, el ambiente que se ha formado en torno a esta experiencia ha sido increíble. He conocido a personas maravillosas con las que he compartido risas, planes rápidos en tiempos libres, muchas canciones mientras recorríamos los kilómetros del día y alguna que otra queja sobre el dolor de piernas que desaparecía rápidamente cuando nos dábamos cuenta de que eso significaba que poco a poco, nos acercábamos a la meta.

Porque sí, en lo físico, el Camino no ha sido del todo sencillo, pero rodeada de personas que te animan y con las que compartes el objetivo no solo de llegar sino de vivir el trayecto al máximo, todo se hace mucho más llevadero.

Además, se nos ha animado a ver a Dios en cada paso. Los momentos de silencio, caminando entre carreteras, montes y pueblos gallegos, han sido muy útiles para aclarar dudas internas, reconocer la presencia del Señor en nuestra vida y dar gracias por aquello cotidiano que más valoramos. Sin embargo, Dios estaba ahí no solo en el silencio, sino también y con mucha fuerza en cada partida a las cartas, en las conversaciones disimuladas por la noche, en quienes se paraban a hablar con nosotros y nos animaban por las calles…

Compartir así la fe es lo que más valoro de esta experiencia. No estamos hechos para vivir nuestra relación con Jesús encerrados en nosotros mismos, sino más bien para alzar la mirada hacia fuera y apreciar el mundo que nos rodea y las personas que nos acompañan en cada pequeño avance, en cada parada para reponer fuerzas, en la euforia de la llegada al Obradoiro.

Me llevo eso; el saber que, como decía el Papa León en junio, en la Plaza de Lima de Madrid: “No podemos vivir aislados; nadie vive su fe solo, nadie se salva solo”. Aquí he encontrado a personas con las que Vivir con mayúscula.

Al despedirnos, solo pensaba en una frase que nos decían los monitores al final del camino: “Esto no se acaba, ahora empieza lo mejor”.

Ojalá sea verdad, y ojalá seamos conscientes de ello. De que más allá de una semana, hemos creado momentos y relaciones preciosas. De que esta experiencia ha sido un regalo que debemos aprovechar.

Gracias a todos los que habéis hecho posible este regalo.

Gracias a quienes habéis entregado vuestro tiempo y energías para que este Camino saliera adelante; a cada uno de los monitores y organizadores que nos han guiado para disfrutar al máximo de la experiencia y han sido nuestro apoyo a través de sus palabras y gestos. En cada acto de entrega, en cada sonrisa; ahí he visto a Dios.

Y, como no, gracias a mis compañeros de camino. Gracias por vuestra alegría, por vuestro entusiasmo, vuestro cariño, por dejar ver la alegría del Espíritu reflejada en cada uno de vosotros.

Si tuviera que destacar una sola idea de este Camino, sería que el amor que Jesús nos tiene a cada uno de nosotros es inagotable e infinito.

Que no dejemos que esa chispa que Cristo ha encendido en nosotros durante esta semana se apague, que sepamos llevar ese fuego allá donde se necesite.

 

 

Elsa Moreno

La verdad es que no sabía muy bien cómo explicar lo que ha significado para mí esta experiencia porque siento que hay cosas que es imposible poner en palabras. Yo pensaba que simplemente iba a hacer el Camino, pero al final me llevo muchísimo más que eso. Me llevo personas increíbles, conversaciones que empezaban andando sin más y acababan haciéndote el camino mucho más fácil, muchas risas y un montón de momentos que estoy segura de que no voy a olvidar.

También me llevo esos días en los que pensaba que no podía más y, aun así, seguía caminando. Creo que ahí es donde el Camino te enseña de verdad. A tener paciencia, a no quejarte por todo y a darte cuenta de que, aunque haya momentos difíciles, siempre merece la pena seguir.

Quiero dar las gracias a mis amigos, a los monitores y a todas las personas que han formado parte de esta experiencia. Cada uno, de una forma o de otra, ha hecho que este viaje sea especial. Me voy con recuerdos que voy a guardar durante mucho tiempo y con la suerte de haber compartido todo esto con gente tan buena. Gracias de corazón por haber formado parte de este Camino. Ha sido una experiencia que no voy a olvidar nunca.

 

 

Jaime Tobes González

Cuando empezamos el Camino de Santiago con la diócesis, nunca pensé que siete días pudieran dar para tanto, tenía ese miedo de no sentirme cómodo o quizás no llegar a encajar, pero rápidamente me sentí incluido. Había escuchado muchas veces que el Camino cambiaba a las personas, que era una experiencia única y que volvías siendo diferente. Sinceramente, al principio me costaba creerlo. Pero hoy, después de haber terminado, puedo decir que tenían razón.

No solo hemos recorrido kilómetros; hemos compartido sonrisas, conversaciones que se quedarán para siempre, momentos de cansancio en los que unos animaban a otros, silencios que hablaban más que las palabras y muchísimas risas. Poco a poco, personas que apenas nos conocíamos hemos terminado formando una gran familia.

Recuerdo esos días en los que no podíamos andar más y ahí estaban los monitores para motivarnos o en varias ocasiones estaba Pedrinho para acelerar el ritmo.

Uno de los momentos que más me ha marcado ha sido caminar en silencio. Al principio parecía raro, pero acabó convirtiéndose en uno de los mejores momentos del día. Era ese rato para hablar con Jesús, para darle gracias por todo lo que nos regala cada día, para pedirle ayuda o simplemente para sentir que caminaba con nosotros. Muchas veces vivimos con tanta prisa que se nos olvida escucharle, y el Camino me ha enseñado que Él siempre está ahí, aunque no nos demos cuenta.

También me llevo todas las Eucaristías, los cantos, las oraciones y esos momentos en los que era imposible no emocionarse. Ver cómo todos cantábamos juntos, cómo rezábamos unos por otros y cómo compartíamos la misma fe ha sido algo muy bonito. Estoy seguro de que más de uno hemos acabado con alguna lágrima en los ojos sin saber muy bien por qué, o quizás sí: porque Dios también se hace presente en las personas que pone en nuestro camino.

Y, cómo no, también me llevo todos esos momentos que nos han hecho reír hasta no poder más, las bromas, las canciones mientras caminábamos, las conversaciones eternas, las anécdotas que ya son parte de nuestra historia y que seguiremos recordando durante mucho tiempo.

Quiero dar las gracias de corazón a todos los que habéis hecho posible esta experiencia. A los monitores, por vuestro cariño, vuestra paciencia y por acompañarnos en cada paso. Gracias por confiar en nosotros y por enseñarnos que la fe también se vive caminando, compartiendo y sirviendo a los demás.

Y gracias a cada uno de vosotros. Sin daros cuenta, todos habéis dejado huella en mi vida. Me llevo amigos, recuerdos y, sobre todo, la certeza de que Dios ha caminado con nosotros durante todo este Camino.

Muchas gracias a todos.

 

 

Laura Morate

Desde el primer momento sabía que iba a ser una de las experiencias más bonitas y únicas que viviría como adolescente junto a gente mi ciudad. Aun siendo altas mis expectativas, estas se han superado aún más.

El camino me ha brindado confianza en mí misma, en los demás y en Jesús. El camino me ha enseñado muchas cosas como por ejemplo a saber valorar las pequeñas cosas como un simple colchón o el sentir el aire frío cuando tienes mucho calor. También me ha enseñado a ser más empática y a la vez más paciente. Me ha enseñado la importancia que tiene la actitud con la que vives y realizas las cosas, porque todo cambia, todo depende de ello.

Además, me ha enseñado a relativizar los problemas y darles la importancia que se merecen, junto con la mejora del optimismo porque todo sale mejor si lo creemos.

He podido aprovechar los encuentros con Jesús cada día. Guardando silencio para reflexionar y darte cuenta de cosas que a lo largo del día no eres capaz de ver, pero que, gracias a Jesús, a su compañía, las ves y disfrutas de ellas junto a Él.

Del camino me llevo a toda la gente que he conocido, que no ha sido poca. Me llevo los momentos y las anécdotas que voy a recordar siempre con todos mis amigos que me han acompañado y convertido mi camino en un viaje emocionante común, único e inolvidable.

Gracias a los monitores por estar siempre ahí, sin dar importancia a sus problemas y priorizando los nuestros siempre. Gracias por confiar en nosotros cuando a veces ni nosotros éramos capaces, gracias por los ánimos. Pero sobre todo por la paciencia que siempre habéis tenido por aguantarnos en momentos inaguantables. Por ese apoyo que siempre nos habéis brindado.

Este camino ha significado mucho en nuestras vidas porque nos ha ayudado a conocernos más cada uno de nosotros, también porque hemos tenido la oportunidad de compartir nuestra fe con los demás y porque a partir de ahora viene lo mejor y estamos preparados.

Muchísimas gracias a todos.

 

 

Daniel Martínez

La verdad es que no sabía muy bien cómo despedirme después de estos días, pero solo quería dar las gracias porque este Camino ha sido una de las mejores experiencias que he vivido.

Lo que más me llevo son las personas. Hace una semana muchos éramos completos desconocidos y ahora me cuesta creer todo lo que hemos vivido juntos. Entre las risas, las conversaciones, los kilómetros, el cansancio y todos los momentos que hemos compartido, se han creado amistades que espero que duren mucho tiempo. Me da mucha pena que esto se haya acabado, pero sé que todos estos recuerdos se van a quedar conmigo para siempre.

También quiero dar las gracias a los monitores por todo lo que habéis hecho. Gracias por vuestra paciencia, por animarnos cuando ya no nos quedaban fuerzas, por preocuparos por nosotros y por hacer que todo saliera tan bien. Se nota todo el esfuerzo que hay detrás y de verdad os lo agradezco.

Este Camino también me ha ayudado muchísimo a reflexionar. He podido desconectar de todo, pensar con calma y acercarme más a Dios. Siento que vuelvo a casa con una fe más fuerte y conociéndome un poco mejor a mí mismo.

Y si hay algo que me llevo para siempre es lo de alzar la mirada. No solo para ver el camino que teníamos delante, sino para darnos cuenta de la suerte que tenemos por las personas que caminan a nuestro lado, para confiar más en Dios y para valorar cada momento que vivimos, incluso cuando cuesta seguir.

Gracias a todos por hacer que esta experiencia haya sido tan especial. Me voy con el corazón lleno, con recuerdos increíbles y, sobre todo, con amigos que hace unos días no imaginaba que iba a encontrar.

Muchas gracias a monitores y compañeros de camino

 

 

Ana de la Fuente

Nunca imaginé que unos días caminando pudieran cambiar tanto mi vida.

Empecé este Camino pensando que iba a recorrer kilómetros, pero al final descubrí que el verdadero camino era el que iba haciendo dentro de mí. Cada paso, cada conversación, cada momento de silencio, cada risa, cada momento de cansancio y cada abrazo han dejado una huella que nunca se borrará.

El Camino también me ha enseñado una lección que nunca olvidaré: por muy duro que sea el recorrido, por muchas cuestas que parezcan imposibles o por mucho que el cansancio te haga pensar en rendirte, el objetivo siempre es seguir adelante y llegar a la meta. Y cuando lo consigues, te das cuenta de que la fuerza no estaba en las piernas, sino en la voluntad, en el corazón y en todas las personas que caminaban a tu lado animándote a dar un paso más. A veces creemos que no podemos, pero el Camino te demuestra que eres mucho más fuerte de lo que imaginabas.

Pero, sobre todo, este Camino ha fortalecido mi fe. No solo mi fe en Dios, que ha crecido muchísimo durante esta semana, sino también la fe en mí misma. He aprendido a confiar más, a dejar mis miedos a un lado y a creer que, con esfuerzo, esperanza y la ayuda de quienes me rodean, soy capaz de superar cualquier obstáculo. Es un regalo que me llevaré para siempre.

Quiero dar las gracias, de todo corazón, a la diócesis, a mi parroquia por darme esta oportunidad, a los sacerdotes, monitores, catequistas por estar apoyándonos en todo momento y toda la paciencia y a cada una de las personas que han compartido esta aventura conmigo. Gracias por hacerme sentir parte de una familia, por estar ahí en los momentos difíciles y por multiplicar la alegría en los buenos.

Me llevo mucho más que fotos o recuerdos.

Me llevo amistades que espero conservar toda la vida, aprendizajes que me ayudarán a ser mejor persona y una fe mucho más fuerte de la que tenía cuando empecé.

Hubo momentos de cansancio en los que pensaba que no podía más, pero siempre apareció alguien con una sonrisa, una palabra de ánimo o una mano tendida para recordarme que nunca caminaba solo. Creo que esa es una de las mayores lecciones que me deja este Camino: cuando compartimos el peso con los demás, todo se hace más fácil.

Gracias por cada amanecer, por cada canción, por cada oración, por cada comida compartida, por cada conversación que nació sin esperarla y terminó tocando el corazón. Gracias por enseñarme que la felicidad muchas veces está en las cosas más sencillas.

Hoy puedo decir, sin ninguna duda, que esta ha sido la mejor experiencia de mi vida. Ha sido un regalo que guardaré siempre en mi corazón y que recordaré con una sonrisa cada vez que piense en el Camino de Santiago.

Ojalá este no sea un adiós, sino el comienzo de muchos más caminos juntos. Porque el Camino termina cuando llegas a Santiago, pero todo lo que hemos vivido seguirá caminando con nosotros para siempre.

Gracias, de verdad. Gracias por hacerme sentir en casa, por ayudarme a crecer y por regalarme recuerdos que llevaré conmigo toda la vida.

El Camino me ha enseñado que las metas más bonitas nunca son las más fáciles. Se alcanzan paso a paso, con esfuerzo, sacrificio y mucha fuerza de voluntad. Y cuando por fin llegas, comprendes que el verdadero premio no era solo alcanzar Santiago, sino descubrir en quién te has convertido durante el viaje.

Gracias por hacer de esta semana un recuerdo imborrable. Mi fe ha crecido, mi corazón también y sé que, cada vez que piense en este Camino, no podré evitar sonreír. Porque hay experiencias que se viven unos días, pero se quedan para toda la vida.

¡Buen Camino, siempre!

 

 

Carmen Arnaiz

Siempre había oído hablar muy bien del Camino de Santiago, así que cuando vi que se organizaba uno desde la diócesis quise apuntarme. Reconozco que me daba algo de pereza, pero ahora, después de haberlo hecho, me llevo una experiencia para toda la vida.

Desde el principio me di cuenta de que nos lo íbamos a pasar muy bien, el ambiente y el buen rollo por parte de los monitores y del grupo han hecho que todo el camino haya sido mucho mejor. Personas que, sin casi conocernos, comenzamos a compartir conversaciones, risas y muuuchas canciones.

A nivel espiritual, el camino me ha recordado, una vez más, que la fe es mucho mejor cuando la compartes, y más si la compartes con personas como todos vosotros. Además, el camino me ha enseñado que, por muy cansado que estés, siempre tienes que dar lo mejor de ti y que Jesús estará siempre para ayudarte.

Me gustaría agradecer a todas las personas que están detrás de esto organizando todo, ya que sin ellos no sería posible.

Ojalá compartir muchas más experiencias con todos vosotros, os llevo conmigo siempre.

 

 

Irene Centeno

Hace unos días empezábamos este camino sin saber muy bien todo lo que íbamos a vivir. En mi caso, iba con muchas ganas, pero también con un poco de miedo porque, aunque conocía a algunas personas, sentía que no conocía a la mayoría y no sabía cómo iba a encajar.

Ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Lo mejor que me llevo no son solo los paisajes, sino todas las personas que han hecho que cada día mereciera la pena. Me sorprende pensar que hace tan poco tiempo muchos éramos prácticamente desconocidos y ahora me cuesta imaginar este camino sin todas las risas, las conversaciones y los momentos que hemos compartido.

Para mí, además, este camino ha supuesto un reto personal. Lesionarme el tobillo fue un momento complicado y hubo días en los que pensé que no iba a poder seguir al mismo ritmo. Sin embargo, conseguí terminar todas las etapas. Esto me ha enseñado que, cuando caminas junto a las personas adecuadas y dejas que Dios te acompañe, siempre encuentras la fuerza para seguir adelante.

También me gustaría destacar esos minutos de silencio que teníamos cada día. Poder parar un momento para reflexionar, hablar con Dios y simplemente escuchar el silencio ha sido algo que he valorado muchísimo.

Quiero dar las gracias a los monitores por haber estado pendientes de nosotros en todo momento. Gracias por cuidarnos, por hacernos reír cuando más cansados estábamos y por conseguir que esta experiencia estuviera llena de buenos momentos.

Si algo he aprendido estos días es que las mejores experiencias no siempre son las más fáciles. Ha habido cansancio y momentos en los que parecía que el final no llegaba, pero ahora siento que todo ha merecido la pena. Se me ha pasado más rápido de lo que imaginaba y me vuelvo a casa con el corazón lleno, con una fe más fuerte, con amistades que nunca habría esperado encontrar y con recuerdos que estoy segura de que me acompañarán siempre.

Gracias por haber formado parte de esta experiencia tan bonita y ojalá en un futuro poder compartir muchas otras.

 

 

Víctor Rodríguez

Cuando pienso en esta semana, me doy cuenta de que me cuesta resumirla en unas pocas palabras. Han sido muchos kilómetros, muchas conversaciones y muchos momentos que seguramente recordaré durante mucho tiempo.

Antes de empezar el Camino pensaba que lo más difícil iba a ser el cansancio físico, madrugar o caminar durante horas. Sin embargo, ahora veo que lo más importante no ha sido nada de eso. Lo que realmente me llevo son las personas, las experiencias compartidas y todo lo que he aprendido durante estos días.

A lo largo del Camino he descubierto que, igual que cada etapa tiene sus subidas y bajadas, nuestra vida también está llena de momentos fáciles y difíciles. Y del mismo modo que aquí hemos seguido adelante paso a paso, también en la vida podemos avanzar, aunque no siempre veamos claramente la meta.

Además, esta semana me ha ayudado a valorar cosas que muchas veces damos por hechas: el tiempo compartido, la amistad, el apoyo de los demás y la importancia de parar un momento para reflexionar. En medio de nuestra rutina diaria es fácil olvidarnos de todo eso.

También me llevo una sensación de cercanía con Dios que no esperaba encontrar de esta manera. No ha sido solo en las oraciones o en las celebraciones, sino también en muchos momentos sencillos: en una conversación, en una ayuda cuando alguien la necesitaba o en los silencios mientras caminábamos.

Creo que el Camino nos enseña algo muy bonito: que nadie llega solo. Todos necesitamos que alguien nos acompañe, nos anime cuando estamos cansados y comparta con nosotros tanto los buenos como los malos momentos.

Ahora que llegamos al final, me gustaría que no pensáramos en esto como una despedida, sino como el comienzo de algo. Ojalá seamos capaces de llevarnos a casa todo lo que hemos vivido aquí y de aplicarlo en nuestro día a día.

Gracias a todos por formar parte de esta experiencia. Gracias por cada paso compartido, por cada sonrisa y por cada recuerdo que hemos creado juntos. Me voy con el corazón lleno y con la certeza de que este Camino ha dejado una huella en mí que no voy a olvidar.

Muchas gracias.

 

 

Mateo Andrés

Cuando se me presentó la oportunidad de hacer el camino De Santiago tuve muchas dudas, fueron tantas que ni me apunté, tuvieron que pasar semanas para convencerme a mí mismo de que quizás no era tan mala idea y que por mucho miedo a no ser aceptado por los demás o no terminar de encajar, había que probar.

El día antes de venir ya estaba nervioso porque seguía dudando si iba a ser aceptado por todos y con dudas que me comían la cabeza. Pero solo basto con subirme al bus para empezar a crear ya un vínculo con los demás que nos iba a unir por el resto de la semana. Ahí ya empecé a coger confianza y seguridad y eso es todo lo que necesito para mostrar como soy yo de verdad, porque en un mundo en el que siempre destacan las apariencias y el ser más que los demás, también hay otra parte más emocional o sentimental que digamos que es la que expresa tu verdadero yo y quién eres en el fondo.

La verdad yo me considero una persona que coge mucha confianza y mucha seguridad con el resto de las personas rápidamente

y espero haber transmitido ese papel de mi de ser alguien con el que siempre te puedes sincerar porque jamás te voy a juzgar por como eres.

Creo que el camino me ha ayudado mucho a desarrollar más mi personalidad y a formarme mejor como persona, y sobre todo me ha ayudado a seguir creciendo en el camino de mi fe con cristo. La verdad que venía siendo ya bastante creyente cosa que me ayudó mucho la vigilia del Papa, pero tras este camino refuerzo más mi fe con el Señor y de verdad espero que mis compañeros también, porque uno de mis objetivos del camino era que mis amigos tanto Nicolas (que no fue difícil que se apuntase) como Victor (que me costó más de un mes para convencerle de venir) aumentase su fe en cristo y lo viesen con los mismos ojos que yo lo veo. Una vez terminado el camino puede confirmar que he cumplido mi objetivo con creces y no solo ellos dos. Porque, tras sentarme en el coro el 1º día casi por obligación me di cuenta de cómo es vivir una misa realmente y desde ahí intente que más compañeros se animasen a ir también y creo que también se han dado cuenta de lo bonito que es todo.

Para ir finalizando añadir que me encanto el tiempo de silencio al inicio de cada día que me permitía conectar con el Señor y agradecerle por todo lo que estaba pasándome esos días y por lo que quedaba por venir, además en el podio reflexionar interiormente y pedir perdón por todos mis pecados.

Por último, me queda hablar de los monitores los cuales les debo todo, empezando por Aurelio que fue el quien consiguió cambiarme del grupo B al A, y la verdad esa pequeña acción han significado miles de recuerdos y anécdotas así que le tengo mucho agradecimiento. También a Ana y a Gonzalo con los cuáles he podido compartir charlas caminado. A Carlos y Maite que ya los conocía de antes darles también las gracias por estar preocupados de mí y de todos y por su bondad al igual que a Macu que la tengo que pedir perdón por algunos cánticos que podían ser ofensivos la verdad JAJAJJAJA. Para terminar, dar gracias a ti Pedro porque he descubierto una persona increíble de verdad, es que lo tienes todo, eres majo, agradable, simpático, con humor, y eres sobre todo una persona que también vive las cosas como yo que es dando todo lo que tenemos. Así que desde aquí mis dieces al equipo de monitores.

Pues hasta aquí mi reflexión en la que podría poner mil cosas más pero tampoco quiero ser tan pesado, así que daros gracias a todos mis compañeros y monitores por la experiencia vivida porque esto es algo que me queda marcado en mi vida y que espero que REPITAMOS TODOS el siguiente año. Os quiero, Mateo.

 

 

Francisco José Pinilla Fernández (Quico)

Cuando me apunté al Camino de Santiago no imaginaba todo lo que iba a vivir. Pensaba que solo sería caminar muchos kilómetros y cumplir un objetivo, pero terminó siendo una de las mejores experiencias que he tenido.

Cada mañana empezaba el día con cansancio ya que me costaba mucho tener que madrugar tanto, pero luego pensaba en las risas y los momentos del día anterior y me levantaba con ganas de seguir adelante. Los momentos de silencio se hacían pesados, para que os voy a mentir, pero me hizo reflexionar bastante y darme cuenta de mi vida y así poder tener algún momento de reflexión y pensar en mí, en mis errores y en la fuerza para seguir adelante siendo mejor que antes.

Durante este tiempo he llegado a casa pensando en cómo era mi persona allí, cómo me ha ayudado a abrirme, a pasar momentos todos juntos, compartir con los demás, escuchar, y el amor hacia Dios y hacia la gente de mi entorno, me he dado cuenta que ayudar, vivir sin soledad y ser mejor persona me hace muy feliz y me ha marcado en mi etapa.

Gracias a todos mis compañeros que han podido ser parte de mi durante esta experiencia, tanto con los que ya conocía como las personas que he descubierto. Me he reído, disfrutado y me he sentido muy feliz en cada momento, Muchas gracias a todos.

Gracias a todos los monitores por preocuparse de nosotros, por cuidarnos y por dejar sus cosas importantes para ofrecérselas a los demás y ser parte de esta gran familia.

Gracias a Pedro que me ha hecho comprender muchas cosas y ver que en esta vida pase lo que pase Dios te ayuda y la gente que te rodea no está para molestar si no para ayudar y hay momentos en los que tú ayudas a gente que luego te va a ayudar a ti. Aprendí que el Camino no solo se recorre con los pies, sino también con el corazón.

Entendí que el esfuerzo por cumplir un objetivo se queda corto con la grandeza de haberlo logrado y más con gente valiosa a tu lado, el dolor de las ampollas, cansancio y piernas no vale tanto como las personas que me han rodeado esta semana.

Me cuesta expresar todo lo que tengo dentro que siempre se quedará en mi corazón.

Muchas gracias a todos.

 

 

Paula Dos Santos

La experiencia que hemos vivido en el Camino de Santiago se ha convertido en una oportunidad única para compartir, aprender y crecer juntos. Ha sido mucho más que una simple ruta o unos días de convivencia; ha sido un tiempo para descubrir nuevos lugares, conocer mejor a las personas que nos rodean y, sobre todo, conocernos un poco más a nosotros mismos.

Cuando la diócesis propuso esta oportunidad de recorrer el Camino de Santiago, no lo dudé ni un instante y decidí apuntarme con la ilusión de vivir nuevas experiencias junto a otros jóvenes. La verdad es que, durante los días previos al inicio de esta aventura, sentía una mezcla de nervios y entusiasmo. No sabía exactamente qué me esperaba, pero tenía la sensación de que iban a ser unos días especiales y diferentes.

Durante el camino hemos ido atravesando distintos pueblos y paisajes que nos han dejado recuerdos inolvidables. Cada etapa nos ha permitido descubrir lugares maravillosos, pero también compartir conversaciones, preocupaciones y anécdotas con jóvenes a los que apenas conocíamos al principio. Poco a poco, cada paso y cada momento que hemos compartido fueron creando lazos de amistad que, sin duda, no se quedarán únicamente en este camino, sino que continuarán mucho más allá de él.

A medida que iban pasando los kilómetros, también hemos tenido momentos de silencio y de reflexión personal. El Camino nos ha regalado la oportunidad de detenernos y pensar en cómo éramos antes de comenzarlo y en todo aquello que ha ido cambiando en nosotros durante estos días. Hemos reflexionado sobre nuestra forma de ser, nuestros miedos, nuestras preocupaciones, la manera en la que afrontamos el futuro y tantas otras preguntas que forman parte de nuestra vida diaria, pero para las que pocas veces encontramos un momento de calma.

Además, me gustaría mencionar uno de los momentos más significativos para mí: el momento del perdón. Fue un instante de gran reflexión personal en el que pude darme cuenta de aquellas cosas que me hacen daño o que no me ayudan a ser la persona que quiero ser. Me permitió pensar en aquello que no funciona en mi vida, reconocer mis errores y preguntarme cómo puedo mejorar y crecer como persona. Sin duda, fue uno de esos momentos que dejan huella y que hacen que el Camino tenga un significado mucho más profundo.

Después de estos grandes días, solo me queda dar las gracias a todas las personas que han hecho posible esta experiencia y a cada una de las que han estado detrás de cada pequeño detalle. Gracias a los monitores, por dedicar su tiempo y su esfuerzo a enseñarnos tantas cosas, por guiarnos en nuestro camino, acompañarnos en cada etapa y hacernos sonreír incluso en los momentos de cansancio o dificultad. Gracias también a todos mis compañeros, por haber compartido conmigo unos días que nunca olvidaré, por su apoyo constante y por haber convertido esta experiencia en un recuerdo tan especial.

El Camino de Santiago termina cuando se llega al destino, pero todo lo vivido durante estos días permanece en nosotros. Me llevo recuerdos, amistades, aprendizajes y muchas experiencias que me ayudarán a seguir caminando en mi día a día. Ha sido una vivencia que guardaré siempre con mucho cariño y que me ha enseñado la importancia de compartir, escuchar, agradecer y valorar cada paso del camino.

Muchas gracias.

 

 

Claudia Rodrigo

Llevo ya dos años viviendo fuera, y durante este tiempo he atravesado múltiples crisis de fe: perdí el hábito de ir a misa con mis padres, me confirmé y dejé de rodearme de otros jóvenes cristianos, y sentí que nunca resolví las dudas e inquietudes que me asaltaban, cada vez más a menudo, sobre mi fe. Algunas veces trataba de preguntar o sacar el tema con mi nuevo círculo, pero nunca llegaban a entender lo que quería expresar

Entonces me rendí, olvidé casi por completo la existencia de Jesús y dejé de apreciar cuando Dios se presentaba en mi vida.

Surgió entonces la oportunidad de hacer el camino De Santiago, Irene lo propuso al grupo de amigas, como forma de reencuentro después de un largo año fuera y de vernos poco. Justo coincidía con la semana de exámenes extraordinarios de la uni (espero que nunca nadie tengáis que hacer un examen en julio), y yo no sabía si me iba a quedar alguna o no, pero me apunté por si acaso. Me sirvió de gran motivación para estudiar, y aprobar todo a la primera saber que iba a venir, y que posiblemente sería una buena oportunidad de reencontrarme no solo con mis amigas, sino con Jesús

Y para mi sorpresa, no solo lo he conseguido, sino que también he conocido personitas maravillosas con las que jamás hubiera imaginado hacer tan buenas migas.

Sois un grupo de chicos y chicas maravilloso, que, aunque no lo creáis, al principio no sabía quiénes veníais ya en grupos de amigos porque pensé que todos erais amigos ya. Da gusto rodearse de vez en cuando de gente tan guay que vive la fe de tal manera, que reviva la fe de quienes la tenían apagada.

No solo me han servido los ratillos en silencio por las mañanas; veros a cada uno de vosotros cantando en las misas, los sermones de Pedro en la eucaristía. en esa tarde de confesiones en el parque con la guitarra de fondo, se podía sentir a Jesús sentado entre nosotros en la hierba, sonriente, orgulloso de esos jóvenes que desde luego son “la chispa De Dios”

Por fin he sentido el calor De Dios en mi corazón, he contemplado mis errores y mis pecados, y he sentido como me perdonaba y me amaba a pesar de ellos. Después de este camino, no volveré a abandonar mi fe, sino que la seguiré buscando hasta vivir conmigo misma y con los demás en compañía de Jesús.

Reviviría esta experiencia una y mil veces, especialmente con vosotros como grupo, con los monitores, con Pedro, con el Señor Obispo Miquel y todos los demás hermanos y hermanas que lo han hecho posible.

Espero volver a veros pronto, un beso y abrazo a todos, que ayer hacía muchísimo calor.

 

 

Daniel Benito

Para empezar, yo al principio no me creía cuando nos decía la gente que esta experiencia nos iba a cambiar como personas y grupo, porque solo eran 7 días. Pero contra todo pronóstico hoy que ha sido el último día puedo decir que al menos a mí me ha ayudado a pensar, a reflexionar lo que estaba cerca de mí y en especial en esas pequeñas cosas que están a tu alrededor y que para ti son insignificantes porque las llevas teniendo toda tu vida, pero te das cuenta que forman parte de lo que tú eres.

El camino ha tenido distintos momentos como por ejemplo el del silencio, que, aunque a medida que pasaban los días se empezaba a notar el cansancio y había gente que se dormía caminado, era una oportunidad para hablar con Jesús sabiendo que nadie te iba a juzgar. También conocer a personas que comparten las mismas inquietudes y reforzar amistades ya existentes.

Me llevó momentos muy graciosos como cuando estuvimos cantado con el obispo canciones de misa africanas o las bromas que organizaba Pedro y nos mandaba a nosotros ejecutarlas.

En los últimos días, cuando cantábamos en misa lo hacíamos de tal manera que vi a más de una persona con alguna lágrima en los ojos y me incluyo. Creo que eso también refleja la familia que habíamos creado en tan poco tiempo, muchísimas gracias a todas las personas que han participado. Gracias a los monitores también por depositar tanta confianza en nosotros y haber estado siempre ahí si necesitábamos algo.

Espero que todos nos lo hallamos pasado genial y lo siento mucho por las personas que no han podido venir. Gracias.

 

 

Irene Alcubilla

El Camino de Santiago era una experiencia que siempre había querido vivir. Hace dos años no pude hacerlo, así que tenía claro que, si la diócesis nos volvía a dar la oportunidad, no iba a dudar en apuntarme. Se lo comenté a mis amigas porque pensé que no había mejor forma de reencontrarnos después de tantos meses sin vernos, ya que durante el curso estamos separadas por los estudios. Y nos hemos dado cuenta de que esta experiencia supera cualquier viaje que hubiéramos podido hacer juntas, porque nos ha permitido reencontrarnos entre nosotras mientras nos acercábamos un poco más a Jesús.

Al principio nos sentíamos un poco alejadas del ambiente, ya que veíamos que muchos de vosotros ya os conocíais. Sin embargo, hemos tenido la suerte de ir conociéndoos a lo largo del camino. Se nota de lejos el gran corazón que tenéis y la forma tan bonita en la que vivís la fe. Espero que siempre sigáis transmitiendo esa alegría, ese cariño y esa forma tan especial de vivirla.

Quiero agradecer especialmente a Pedro y al resto de los monitores por hacer posible esta experiencia. No podríais haberlo hecho mejor. Ha sido un placer volver a compartir momentos con vosotros. Es admirable cómo cuidáis de cada uno de nosotros y el cariño que ponéis en todo lo que hacéis.

Cada vez me doy más cuenta de que siento a Dios en cada persona que me rodea, y todos vosotros habéis sido un claro ejemplo de la importancia que tiene la fe en mi vida.

Gracias por hacer que este Camino de Santiago se convierta en un recuerdo inolvidable. Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse muy pronto.

 

 

Elsa Bayón

El día antes de ir la verdad que estaba un poco desanimada y sin ganas de ir.

Pero en cuanto me monté en el bus empecé a pensar que iba a ser una gran experiencia, pero sobre todo algo diferente.

Yo ya hice el camino de Santiago y el Lebaniego el año pasado pero lo que he vivido esta semana es algo totalmente distinto.

A medida que iban avanzando los días iba siendo consciente de que estaba viviendo momentos que iba a recordar toda mi vida.

Respecto al grupo estoy totalmente agradecida por todas las nuevas personas que he conocido y con las que he compartido risas, pero también momentos de cansancio.

También quiero dar las gracias a todos los monitores por haber hecho este camino tan especial y memorable como lo es, por hacernos sentir que podíamos confiar en ellos y sobre todo que nos apreciaban a cada uno de nosotros.

Además, dos de ellos eran mis padres y haber vivido esta experiencia con ellos me ha enriquecido totalmente y me ha hecho darme cuenta de lo imprescindibles que son para mí.

Pero también me llevo los momentos de silencio, las oraciones, las reflexiones y las misas que me han ayudado a acercarme más a Dios y a llenar una parte de mí que estaba vacía.

Esta semana he vivido una experiencia que necesitaba vivir y me ha hecho mejorar así que os doy las gracias a todos, espero vernos pronto.

 

 

Claudia Lambea

Cuando decidí apuntarme al Camino de Santiago no sabía muy bien qué esperar. Era una experiencia que yo ya había vivido antes, pero sabía que esta vez iba a ser diferente, ya que iba a ir con gente que no conocía y con la diócesis.

El día antes tenía un poco de incertidumbre por eso mismo, pero gracias al ambiente que creamos desde el primer día con los monitores y entre nosotros, enseguida hicimos grupo.

Ahora recordando estos días, me quedo con todo lo que hemos vivido, con todas las personas que han hecho que los km fueran mucho más amenos, con todas las risas, con alguna que otra canción y con las buenas conversaciones, porque pensándolo bien no nos dolían tanto los pies, ni estábamos tan cansados, ni teníamos tanto calor...

También me quedo con la experiencia de haber compartido la fe con todos vosotros ya que es muy bonito ver como tantos jóvenes seguimos a Dios en nuestro día a día. A parte también me quedo con los momentos de silencio que, aunque a veces se nos hicieran largos era bonito desconectar un momento del resto y pensar en lo más personal, conectar con Dios y reflexionar.

Solo me queda dar las gracias a todos los monitores por vuestro esfuerzo, el tiempo que habéis dedicado para que viviéramos esta experiencia tan bonita y el apoyo que nos habéis dado. Gracias a Pedro por confiar en nosotros y comprendernos. Y sobre todo gracias a todos vosotros por hacer que esta semana haya sido tan especial estoy muy feliz y agradecida, ya que no me imaginaba que en una semana pudiéramos vivir tantas cosas intensas, me voy con recuerdos inolvidables, con nuevas amistades, y con muchas ganas de volver a compartir momentos como este.

 

 

Javier Hevia Sáez

Hoy hace una semana que partimos hacia O Porriño y la verdad que de camino allí no tenía ni idea de lo que iba a cambiar dentro de mí, incluso no tenía ganas y no sabía qué hacía en ese bus. Pero una semana después os puedo asegurar que ha merecido completamente la pena, lleno de momentos inolvidables.

Para empezar el camino me ha ayudado a solucionar todas las dudas con las que partía en mi interior, ha creado nuevas amistades las cuales me llevo para siempre, me he dado cuenta que mis amigos siempre van a estar en los momentos de flaqueza y por último y más importante el acercamiento que he tenido con Dios esta semana.

Respecto lo último empiezo hablando del tiempo de silencio que, aunque haya habido un par de días que se me hicieron largos el resto me ha ayudado a reflexionar y hablar con Dios, y también para tener un tiempo para mí que hoy en día nadie tenemos y es completamente necesario parar a pensar. Las eucaristías me han parecido muy bonitas y él Perdón algo necesario que debería hacer más a menudo.

También me gustaría agradecer a todos los monitores y personas que nos han acompañado a lo largo de este camino y que han hecho posible esta experiencia y que, aunque a veces hayamos sido un poco personajes, han hecho que esta peregrinación sea un recuerdo para toda nuestra vida y que estemos deseando poder ir a más viajes con vosotros.

Por último, quiero destacar a todas esas personas más cercanas que han vivido esta experiencia conmigo y han hecho que en los momentos duros siempre me saliera una risa, y sé que siempre van a estar ahí cuando las cosas vayan peor.

Espero que nos podamos volver a ver pronto en algo así.

Os quiero.

 

 

Carmen Santos

Al principio no tenía muchas ganas de venir porque no sabía muy bien cómo iba a ser la experiencia. Sin embargo, conforme fueron pasando los días, empecé a disfrutar muchísimo y me di cuenta de que estaba viviendo algo muy especial.

Me llevo nuevas amistades que estoy segura de que recordaré siempre y estoy muy agradecida por todas las personas que he conocido durante estos días. También me han gustado mucho los momentos de reflexión, especialmente los de por la mañana, porque nos ayudaban a conectar con nosotros mismos y con Dios. Creo que esos momentos han hecho que esta experiencia fuera todavía más especial.

Después de vivir todo esto, me siento mucho más afortunada por haber tenido la oportunidad de participar. Aunque ha habido momentos difíciles, al final me quedo con todo lo bueno, con las risas, las conversaciones y todo lo que he aprendido.

Ojalá se sigan organizando actividades como esta y podamos volver a reencontrarnos todos los que hemos compartido esta experiencia.

Solo me queda dar las gracias por todo. Ha sido una experiencia que recordaré con muchísimo cariño. Muchas gracias.

 

 

Gonzalo Pinela

Cuando me invitaron a venir pensé que era una gran oportunidad ya que lo quería hacer este verano y el poder hacerlo con más gente sonaba genial, los primeros días me decepcioné un poco ya que se me hacía bastante aburrido estar 5 horas caminando, pero a medida que pasaban los días se me hacía más entretenido y como grupo hacíamos más entretenidos los viajes.

Cuando llegué el primer día dije que me gustaría hacer amigos en el camino y no me disgusta como he acabado ya que todos los del grupo sois personas muy amables y divertidas y he conseguido algún amigo, aunque creo que en una semana solamente no he conseguido encajar del todo con el grupo, pero creo que puede ser porque la mitad del tiempo que nos hemos visto eran cansados por la mañana con horas de calor por delante.

Por el lado religioso el camino me ha sorprendido mucho ya que no tenía en mente el papel tan importante que ha acabado teniendo, me ha hecho reflexionar mucho y mejorar mi relación con Dios además de los monitores que han hecho un trabajo excelente, las misas y las canciones nos han ayudado a unirnos ya que era algo que hacíamos todos juntos, y la verdad no sonaba nada más.

Me he acabado quedando un poco con las ganas porque los 7 días se me han pasado volando, pero igualmente ha sido una experiencia muy buena que me ha encantado hacer con todos. Muchas gracias por todo esto.

 

 

Juan Sevilla

Estos días en el Camino de Santiago han sido una experiencia que no creo voy a olvidar. Cuando me subí al autobús para empezar el viaje no tenía muchas ganas de ir y no sabía realmente qué me esperaba. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que ha sido una de las mejores decisiones que podía haber tomado.

Durante el camino he conocido a personas increíbles con las que he compartido conversaciones y muchas alegrías, esfuerzos y momentos que guardaré para siempre. Cada etapa ha sido una oportunidad para aprender algo nuevo, tanto de los demás como de mí mismo.

Uno de los momentos que más me ha marcado fue cuando caminamos en fila india, en silencio. Ese rato me permitió desconectar del ruido del día a día y pensar en mí, en mi vida y en muchas cosas que, hasta ese momento, no me había parado a reflexionar. Me di cuenta de aspectos que han influido en mí y entendí mejor situaciones que he vivido. Fue un momento agradable, pero muy profundo.

Haber realizado este Camino con la diócesis de Palencia también ha sido muy especial. No solo hemos compartido kilómetros, sino también experiencias, valores y momentos de oración y reflexión que me han ayudado a conectar más conmigo mismo, con los demás y con Dios. He sentido el apoyo de un grupo que, aunque al principio eran casi desconocidos, ha terminado convirtiéndose en una pequeña familia.

Creo que lo esencial es decir gracias, gracias a la diócesis por organizarlo, gracias a Aurelio que siempre me ha ayudado y apoyado en todo lo que he necesitado y a Pedro por haber sido tan comprensible en muchas de nuestras acciones

También un recuerdo a mí gran grupo echo allí que son para siempre ya siempre lo recordaré las risas y las personas que no conocía y me han hecho pensar mucho, un recuerdo a las personas que no durmieron conmigo, aunque fueron dos minutitos de verdad que me ayudasteis mucho porque hice algo que nunca había hecho que era hablar desde dentro

Me vuelvo a casa con los pies cansados, pero con el corazón lleno. Me llevo amistades, recuerdos, aprendizajes y una forma diferente de ver muchas cosas. Este Camino me ha enseñado que, a veces, las experiencias que menos esperamos siempre son las mejores y que muchas veces hay hacer cambios para mejorar y no tener miedo a tomar decisiones y que basta con dar el primer paso para descubrir algo mejor.

Un saludo

 

 

Lara Rojo

Mucha gente dice que su primer miedo antes de venir al Camino es no encajar o no hacer amigos. Yo reconozco que ese miedo no lo tenía. Nunca me ha costado hablar con gente nueva y, al saber que iban tantas personas que no conocía, en lugar de preocuparme, me hizo mucha ilusión. Pensaba que volvería con algunos amigos más, pero nunca imaginé todo lo que iba a encontrar aquí.

Lo que realmente me ha sorprendido, y lo que ha hecho que esta experiencia se haya convertido posiblemente en una de las mejores de mi vida, han sido las personas. Venía con mi grupo de amigos, pero después de tantos días caminando, riendo, cantando, compartiendo comidas, conversaciones y también momentos de cansancio, me he dado cuenta de que las verdaderas amistades nacen cuando compartes mucho más que un rato. Durante esta semana he podido conocer el corazón de cada uno, descubrir cómo es realmente cada persona más allá de la imagen que a veces mostramos. Y eso ha sido uno de los regalos más grandes que me llevo.

Pero, además de las amistades, hay algo que también ha cambiado dentro de mí. Me ha sorprendido la fe que ha crecido en mi corazón. A veces parece que creer es algo que uno vive en solitario, pero aquí he descubierto justo lo contrario. He sentido la tranquilidad de saber que no estoy sola, que hay muchos jóvenes que sienten lo mismo que yo, que también tienen dudas, que también buscan a Dios y que quieren caminar de su mano. Ver cómo cada uno vivía su fe de una forma tan personal, escuchar las reflexiones de mis compañeros y compartir tantos momentos de oración me ha ayudado a acercarme todavía más al Señor.

He aprendido que Dios no solo estaba presente en las iglesias, en las misas o en los momentos de silencio. También estaba en cada gesto de ayuda cuando alguien no podía más, en las risas durante el camino, en las canciones que hacían más cortos los kilómetros, en las conversaciones que surgían casi sin darnos cuenta y en la alegría que compartíamos cada día. Él ha estado presente durante toda la semana.

Uno de los momentos que nunca olvidaré será la llegada a Santiago. Después de tantos kilómetros, entrar todos juntos en la Plaza del Obradoiro fue una mezcla de felicidad, emoción y agradecimiento difícil de explicar. Miraba a mi alrededor y solo podía pensar en todo lo que habíamos vivido para llegar hasta allí. En ese momento comprendí que lo más importante no era haber llegado a la meta, sino todo lo que habíamos recorrido juntos para conseguirlo.

Además, este Camino ha tenido un significado todavía más especial para mí porque he podido compartirlo con mi madre, que nos ha acompañado como enfermera. Ver cómo estaba siempre pendiente de todos, ayudando a quien lo necesitaba y entregándose sin importarle quién fuera, me ha hecho admirarla todavía más. Ha sido un regalo poder vivir una experiencia tan emocionante a su lado.

Por último, me gustaría dar las gracias a todos los que habéis hecho posible esta semana: a los monitores, catequistas y sacerdotes, por vuestro tiempo, vuestra paciencia y vuestro ejemplo. Pero también a todos mis compañeros, tanto a los que ya conocía como a los que he tenido la suerte de conocer aquí. Gracias por cada conversación, cada abrazo, cada risa y cada momento compartido. Me voy con el corazón mucho más lleno de lo que llegó.

Dicen que el Camino termina cuando llegas a Santiago, pero yo creo que ahí empieza el verdadero camino: volver a casa siendo capaces de vivir con la misma alegría y la misma fe que hemos compartido durante estos días. Pero, sobre todo, empieza el reto de seguir siendo nosotros mismos, sin intentar agradar a todo el mundo y recordando todo lo que hemos aprendido aquí. Ojalá que esta experiencia no se quede en un simple recuerdo bonito, sino que sea el comienzo de muchas más vivencias juntos y de una fe que siga creciendo con el paso del tiempo.

Gracias de corazón por haber formado parte de este Camino. Os quiero mucho a todos.

 

 

Miguel Álvarez

La verdad es que al principio antes de ir tenía algunas dudas sobre lo que iba a pasar o sobre lo cómodo que me iba a sentir porque, aunque ya iba con la certeza de tener un gran grupo de amigos, por otra parte, aún había un gran grupo de personas que no conocía. Pero eso no resultó un problema, ya que desde el primer momento del camino todos empezamos a encajar.

Estos 7 días han cambiado mucho mi vida y mi forma de pensar. Desde los momentos de silencio, que me ayudaron mucho a profundizar en mí mismo, en mi fe y acercarme a Dios y el rumbo que debía tomar mi vida. Además de valorar a las personas que me acompañan.

También todos los momentos vividos con todos mis amigos y personas cercanas, los cuales han hecho que empiece a considerar a la iglesia como una pequeña familia.

Me llevo este camino como un recuerdo imborrable por las risas, los buenos momentos, los momentos de reflexión y oración, que hicieron que el cansancio se quedase atrás.

Cada persona me ha aportado una cosa diferente y he podido verlas más allá de su apariencia y poder experimentar todos juntos nuestra fe, lo cual es una cosa que me ha llenado mucho.

Por otra parte, debo dar las gracias a cada una de las personas que han hecho todo esto posible, y que día a día nos han ayudado a crecer como personas, hacernos más felices, aumentar nuestra fe en Dios y a que encontremos un hueco en la iglesia.

Gracias por la gran paciencia que habéis tenido y cómo nos habéis hecho sentir y perdón por no comportarnos como debíamos como en algún momento de alguna noche.

Espero que este camino no sea el final de esto sino el inicio porque me llevo muchas cosas bonitas de estos días y que jamás olvidaré. Cada persona de este camino junto con Dios ha dejado una pequeña huella en mi corazón que nadie podrá borrar así que simplemente solo puedo decir gracias.

Os quiero mucho a todos y espero vivir más momentos así a vuestro lado.

 

 

Blanca Pérez Díez

Cuando empezó el camino empezó muy ilusionada por todo lo que me habían contado, pero decidí dejar todas las expectativas atrás y vivir el momento día a día porque sabía que era una experiencia que no se iba a repetir.

Los días de antes estaba muy nerviosa pensado y preparando para que no me faltase nada de lo necesario, pero estaba convencida de que lo tenía todo preparado tanto lo material como el corazón, que lo tenía abierto para amar y vivir nuevas aventuras.

A lo largo del camino he conocido a personas muy especiales que me han cambiado ciertas cosas de ver el esfuerzo y a los demás. Porque al final no era fácil andar todos los días 20 km era duro físicamente y mentalmente porque al estar medio cansado tu cuerpo te pide parar, pero la gente te animaba a seguir.

Otra de las cosas que hice el primer día que fue un acierto total fue unirme al coro a pesar de no conocer el primer día a ninguna persona que formaba parte de él. Cantar me ayudaba a saber que estaba allí y a adorarle de una forma muy enriquecedora para mí porque al final entonas y pones tu energía solo para Él. Y esto tiene parte de la culpa de que después esté afónica. Pero realmente ha merecido la pena cada canción que he cantado.

Ninguna etapa ha sido fácil todas han tenido su complejidad, pero según ibas andado ya tenías puesto el modo automático, hablar con la gente y compartir nuevas y pasadas experiencias ayudaba, al igual que el cantar que ayudaba también. Mis piernas iban bien porque tienen muchas horas de deporte practicado porque es uno de mis hobbies favoritos practicar deporte y disfrutar haciéndolo por eso también he disfrutado mucho de realizarlo, porque realmente soy feliz.

Aunque si decimos de ser feliz soy feliz con poco y si es con personas que tienen los mismos pensamientos y valores que yo más, porque a pesar de nuestras diferencias hay algo que nos une y los hace vivirlo más intensamente y con un mismo propósito llenar a nosotros mismos y llenar un poco más a los demás, aunque eso solo sea sacarle una sonrisa o una rosa al prójimo.

Y qué decir de los monitores que nos han acompañado, desde Aurelio que nos acompañaba desde la furgoneta llevándonos las maletas. También participaba en la eucaristía con pedro. Este era el párroco de nuestra parroquia San Antonio, fue el culpable de que me apuntase al camino de Santiago y al que le tengo que agradecer haberlo realizado y todo lo nuevo que he vivido y aprendido durante estos días. También agradezco a Ana y Maite por todo lo que nos han querido y nos han tratado como has aulas propias. También ha Carlos que era monitor de mi grupo y que era el que lideraba y gestionaba los tiempos que sin él no hubiéramos llegado pronto a ninguna parte al bajar el ritmo del grupo. Y gracias a nuestra guitarra Saura por acompañarnos en todo lo que ha podido. No podemos olvidar a nuestra cámara Macu que nos hacía las mejores fotos. Tampoco olvidar a David y a Gonzalo que espero que haya aprendido de nosotros como nosotros de él. Por último, no olvidar a Pedriño que nos ha sacado más de una risa y algún que otro notaron, pero se encargaba genial de que no hubiera ningún huequiño en el grupo.

No puedo olvidar a mis niñas que me han acompañado durante todo el camino. Que me daban una energía para seguir y seguir con energía para compartir a las demás. Son muchas a las personas las cuales amo de este camino, pero si me tengo que quedar con alguna en este camino serían sin duda Lara y Claudia. Erais literalmente luz para mí, recargabais mi energía y me habíais sentir viva.

También recordar a todas las personitas que se desvelaban en la siesta conmigo porque yo no podía dormir y venían conmigo a hacerme compañía ya fuera a la sombra en la calle, en el comedor jugando al Monopoly, en las hamacas del jardín como jugando a las cartas en el comedor. Les agradezco mucho su compañía porque estado sola no me hubiera reído tanto como lo he hecho.

Todas las mañanas hacíamos un rato de silencio desde 30 minutos o 1 hora y esto ha servido para reflexionar sobre el evangelio del día. Sobre el dinero que tengo, lo que doy a los demás, la energía que desprendo, recordar a mi abuelo que está siempre presente, recordar el perdón y dar gracias por todo lo que me pasa en mi vida. Al final estoy momentos sin ruido exterior se agradecen muchísimo porque abres tu corazón a Dios y le puedo contar todo lo que te quiera sin la necesidad ni de que me culpe ni de que me critique por algo que he hecho solo me hará sentirme arrepentida, pero será una experiencia en la que habré aprendido algo nuevo o sino a cómo manejar esa situación. Pero nunca en modo de riña.

Las eucaristías por la tarde nos hacían sentirnos a todos más juntos, yo sentía como que nos unían. Visitábamos iglesias y basílicas preciosas. Recibíamos la palabra de Dios y recibíamos el cuerpo de Cristo. También hubo un día que realizamos una celebración del perdón en un parque. Fue muy reparador confesarme y encontrar una solución que sigo pensando en si realizarla o no, pero tengo que ver qué es una oportunidad es a cuidar a los de casa y mi relación con ellos.

Ya para concluir, ha sido una experiencia muy reparadora en todos los sentidos. Yo intentaba ayudar al prójimo y dar lo mejor de mí en cada momento ya fuera dándoles algo de mi comida, empujándoles en las cuestas en la última etapa o hablando conmigo y haciéndoles pasar un buen rato (o eso espero). Al final presiento que dios estaba conmigo en todo momento que ayudaba a los demás, que también me llenaban a mí el corazón.

Bueno ya para terminar recordar que ha sido una experiencia inolvidable para mí, la recordaré para siempre y realmente no importaba levantarse tan pronto, andar y dormir en el suelo. Lo importante era compartir momentos los cuales te llenan el corazón con el resto. Os quiero mucho a todos!!!

 

 

Carmen Andrés

Siempre me ha llamado la atención el Camino de Santiago, todos los testimonios de gente cercana a mí que lo había realizado me animaban a querer hacerlo, por lo que, esperaba con ansias que se me diera la oportunidad de poder cumplir esta experiencia.

Por ello, en cuanto la Diócesis de Palencia lo propuso, no dudé en apuntarme.

El primer día, Pedro dijo "El camino os va a cambiar..." y a día de hoy puedo decir que esta semana ha cambiado mi forma de ver la vida y apreciar las cosas, me ha aportado seguridad en mí misma y, sobre todo, ha aumentado mi fe y felicidad.

Recalcando esto último, he de decir que este último año no ha sido el mejor con respecto a Dios... En algunos momentos me he sentido sola y desprotegida, sentía que Dios no estaba a mi lado para ayudarme, y en ciertas épocas dudé de mi fe, pero debido al camino me he dado cuenta de que si, que Él siempre estuvo ahí, ayudándome a tomar decisiones, impulsándome cada día y acompañándome en cada paso o cada error que tomaba, porque Dios solamente quería que yo aprendiera, debido a que Él quiere que todos seamos la mejor versión de nosotros mismos.

Y por ello, estoy eternamente agradecida de haber tenido la oportunidad de vivir esta experiencia con gente tan maravillosa e increíble que sin el camino no hubiera llegado a conocer jamás. Cada persona con la que he compartido unos pocos kilómetros me ha ayudado y aportado algo, ya que no solo era caminar, si no, compartir experiencias, miedos, enseñanzas, risas y algún que otro cotilleo, cada paso a vuestro lado ha sido mucho más fácil y os agradezco que me hayáis acompañado en esta experiencia que sin duda recordaré toda la vida.

Si tuviera que destacar algo, destacaría los ratos de silencio porque aunque se hicieran un poco largos me han hecho ver mucho más allá, me han hecho darme cuenta de lo afortunada que soy y de lo mucho que me quejo innecesariamente, me han hecho ver que la vida es única y que hay que disfrutarla y sentirla al máximo, y me han hecho darme cuenta de que en la vida el objetivo es ser feliz y hacer feliz a los demás.

Por último, una vez más, mil gracias a todos y cada uno de vosotros, a todos los monitores y curas y por supuesto, al obispo Don Mikel, por invertir vuestro tiempo en acompañarnos en esta peregrinación. En especial, gracias a Pedro, por perdonar nuestros errores y aun así seguir confiando en nosotros. Gracias también a mis compañeros y nuevos amigos, sois increíbles y maravillosos. Gracias por todo.

Como pequeña reflexión, decir que el camino no es solo el mero hecho de hacerle, si no la diferencia del antes y el después, el cómo empiezas y cómo lo acabas, y no hablo del dolor de pies o de espalda, sino de todo lo aprendido y reflexionado. Espero que todos hayáis sido igual de felices que yo durante estos días.

Os quiero!!!!

 

 

Pablo Ordóñez Matía

Desde pequeño siempre me ha llamado la atención el Camino de Santiago y poder haberlo hecho ha sido algo precioso para mí. Al principio pensé que iba a ser una experiencia bonita más, pero me he dado cuenta que es algo más que eso. El tiempo que he pasado con todos mis compañeros me ha hecho darme cuenta que las mejores cosas de la vida están más cerca de lo que piensas y que todas las personas valen la pena y merecen una oportunidad. Este viaje me ha permitido pasar tiempo con mis amigos de toda la vida, reforzar amistades con otros y conocer nueva gente increíble.

El camino también me ha permitido hablar con dios en esos momentos de silencio que hacíamos al empezar la mañana y así aclarar mis dudas. Sin duda ahora que he vuelto me conozco mucho mejor y espero poder mantener ese espíritu con el que afrontaba cada día está última semana.

Creo que todos hemos aprendido a respetarnos a nosotros y a los que nos rodean, y eso también es mérito de los maravillosos monitores que hemos tenido. Sin duda todos ellos nos han apoyado en todo momento, y por ello quiero darles las gracias porque sin ellos esto no habría sido posible. En especial quiero mencionar al obispo por mostrar siempre su apoyo, y a Pedro por posibilitar esto y hacer de las misas momentos preciosos que a muchos de nosotros nos han hecho llorar.

Muchas gracias a todos los que me habéis acompañado durante estos maravillosos días, espero que hayáis podido sentir la misma sensación que yo. Os quiero y nunca olvidaré los momentos que hemos pasado