Palabra y Vida - El tesoro de nuestra salvación

Palabra y Vida - El tesoro de nuestra salvación

Durante tres domingos, los evangelios tienen una forma larga y otra más breve. En el de este domingo la forma breve solo narra una parábola del Reino, la del tesoro escondido en un campo que alguien descubre y vende todo lo que tiene para adquirirlo. La forma larga cuenta tres: el tesoro, ya dicho, más la perla que descubre un comerciante y la adquiere para sí igualmente vendiendo todo y la red llena de peces que, al llegar la orilla, los pescadores separan los peces buenos de los malos que son tirados al mar.

 

Encontrar - descubrir

Hay gente capaz de intuir o descubrir algo valioso, otros en cambio tienen la suerte de encontrarlo. Buscar, encontrar y descubrir expresan actitudes y comportamientos en la vida para hallar lo mejor. Los personajes de las parábolas viven pendientes de encontrar lo mejor, lo que cambie su vida para siempre. El hallazgo del tesoro que resuelva su vida es fruto de esa búsqueda, de esa capacidad de estar atentos a descubrir el tesoro que pueda resolverte la vida. En estas tres parábolas se resalta esta actitud de búsqueda para descubrir un tesoro, una perla, una barca llena de peces que transforme su vida y la cambie para siempre. Actitud con la que debemos vivir la fe de manera que encontremos algo tan valioso que merezca solucionar nuestra vida y dar respuesta a todas nuestras inquietudes.

 

Valor absoluto del Reino

¿Qué se esconde detrás del campo que contiene un tesoro, de la perla preciosa o de la red llena de peces que hoy la Palabra de Dios nos propone?

Se trata del Reino que es el tesoro a adquirir. Será, por tanto, importante tener la capacidad o habilidad de encontrarlo para adquirirlo y así nos resuelva la vida. Pero no menos importante será que una vez descubierto gastemos todo por adquirirlo. Merece la pena dejar todo, vender todo, dejar todo para conseguirlo. Aquí posiblemente encontramos el problema. Hoy la dificultad no radica en encontrar a Jesús, en descubrir a Dios sino hacer de ello la prioridad, lo más importante de nuestra vida. Quien encontró el tesoro en el campo vendió todo para adquirir aquel terreno. El comerciante invirtió todas sus riquezas para conseguir la perla preciosa. ¿Qué estamos dispuestos a arriesgar y vender para conseguir el Reino? En nuestra realidad vemos que nos cuesta mucho desprendernos de algo, sea tiempo, dedicación, colaboración, economía para conseguir a Cristo, para construir el Reino y alcanzar el tesoro de nuestra salvación. Nos asalta la duda de que no hayamos entendido que el Reino es lo más valioso que podemos tener. Aún no tenemos la sabiduría para entender que Dios es el tesoro que merece la pena conseguir, aunque perdamos todo.

 

Cristo, el Tesoro

No quedaría completa nuestra reflexión sin resaltar que Cristo es el tesoro porque el Reino sin Él no es posible. La parábola insiste que debemos descubrirlo y encontrarlo. Por ello es bueno recordar que estamos hablando de un tesoro, algo que aparece escondido, oculto y que no se ve a primera vista. Nuestra capacidad de observación, atareada en las cuestiones de cada día, no descubre el tesoro que es Cristo. Sorprende igualmente que quienes descubren el tesoro lo hace de forma accidental. Se encuentran con ello, podemos decir, por casualidad, pero no dejan pasar la oportunidad de conseguirlo. Sigue siendo así hoy que Cristo nos sale al paso cuando menos lo esperamos, que nos sorprende en la vida y en los acontecimientos ordinarios. Acontece sin avisar. La decisión más decisiva de nuestra vida tiene que ver con no poner precio a conseguir a Cristo. No debemos desalentarnos, porque el tesoro que es Cristo lo encontraremos en cualquier momento. El evangelio acaba con la respuesta de los discípulos diciendo que lo han entendido. Ojalá pudiéramos decir nosotros lo mismo. Mientras tanto pidamos al Señor la gracia de entenderlo y la fuerza para esforzarnos en conseguir el tesoro de nuestra salvación, CRISTO JESÚS.

 

José María de Valles