Ser personas de Pascua (II)

Ser personas de Pascua (II)

Queridos lectores, paz y bien.

Hoy estamos en el tercer domingo del tiempo pascual. En el evangelio que se proclama hoy en las iglesias contemplamos otra de las apariciones de Jesús Resucitado. El entrañable relato de los discípulos de Emaús puede ser la historia de cada uno de nosotros: crisis, decepciones, desesperanzas, huidas; pero también de encuentro, escucha de la Palabra, fuego en el corazón, pan eucarístico, regreso a Jerusalén.

Por ello, hoy te propongo que nos hagamos un test, para ver si somos realmente personas de Pascua, o si todavía nos hemos quedado a este lado de la muerte, la de Jesús, y la propia. Estas son las manifestaciones más significativas para detectar si nuestra fe es madura, o si todavía nuestro bautismo apenas va más allá de ser un ritual que todavía no lo he encarnado. Destaco siete rasgos:

1. La gratuidad: ¿vivo abundando en todo lo que me supera, en deuda respecto de lo que he recibido? ¿Soy una persona disponible y agradecida, para quien todo es poco y vivo como un don cuanto Dios y los demás hacen por mí?

2. La eclesialidad: Mi pertenencia a la Iglesia, ¿implica un amor incondicional a la comunidad en la que yo he sido engendrado para la vida eterna? ¿me duelen sus miserias y carencias como algo propio? ¿me sumo a la crítica fácil de los pecados de sus miembros, o me sé que a veces escandalizo con mi mediocridad y mi prepotencia?

3. La visión del más allá: ¿me paraliza el pensar en la muerte, o la veo como el acicate para vivir hoy a fondo cada uno de los encuentros y oportunidades que me brinda Dios? Ese futuro abierto hacia la vida eterna, ¿me lleva a arriesgar mi presente, animado por los fieles difuntos que me alientan desde la Casa del Padre?

4. La capacidad de reconciliación: ¿Vivo en este mundo en la confianza de que Dios lo ha reconciliado todo a través de su Hijo? Eso no significa tener tragaderas para lo malo del otro ni mero voluntarismo para que las cosas encajen. Se trata de si soy capaz de hacer lecturas nuevas de los demás, yendo más allá de la polarización impuesta por nuestra cultura.

5. Persona capaz de sumar y multiplicar, en lugar de restar y dividir. Se supone que los cristianos somos sacramentos, signos de vida nueva, que vamos y vemos más allá, y que nos atrevemos a soñar el sueño de Dios, combatiendo las pesadillas en nuestro hermanos y hermanas. ¿Lo hacemos?

6. Persona comprometida desde su vulnerabilidad, solidaria, luchadora contra el mal, esté donde esté, defendiendo la vida, contra todo lo que humilla, rebaja, desalienta, degrada. ¿Pongo en riesgo mi status y mis seguridades? ¿voy más allá del “siempre se ha hecho así”?

7. Persona habitada, no aislada o meramente ocupada. Cuando la vida me despoja, siempre me queda la experiencia de una Presencia, la de Jesús Resucitado, que me llena de paz, me quita el miedo y me lanza a caminar tras sus huellas. ¿Me encamino hacia Jerusalén o todavía estoy en Egipto, o lo que es peor, en Babia?

Y estos siete rasgos fundamentan un talante comunitario. Creer en el Resucitado no es una virtud o un mérito, sino un don, un regalo totalmente gratuito que nadie merece, sino que Dios regala sin que nadie de los que nos consideramos creyentes nos lo hayamos ganado. Jesús es quien ha saldado nuestra deuda con la muerte y el mal, y nos ofrece vivir ya desde ahora la lógica del Reino de Dios. Para ello se compromete a venir cada ocho días, cada domingo al seno de nuestra celebración dominical, en la que toma el pan, lo bendice, lo parte y lo reparte.

Ese Pan Eucarístico somos los cristianos católicos que, si lo comulgamos con fe, nos convertimos en pan de vida para ser bendición para los demás, para partirnos el pecho por los demás, para compartir no simplemente lo que tenemos, sino lo que somos. Por tanto, además del talante comunitario, ser personas de pascua implica anunciar que nosotros sabemos dónde dan de comer y beber ese alimento que sacia, que colma, que sana y que regenera.

Así de simple. La Iglesia es ni más ni menos esto. Todo lo demás, o está al servicio de esto, o sobra. Somos personas de pascua, cuando nos alegra ser fermento para la masa, luz para quien vive en penumbras y en sombras de muerte. Cuando estamos dispuestos a seguir a Jesús no hasta un cierto punto, sino hasta el final. Ya sé que esto está más allá de nuestras posibilidades y capacidades, pero para ello nos ha prometido Jesús que nos enviará a su Espíritu. Buen domingo.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia