Queridos lectores, paz y bien.
Con cuánta alegría me toca hoy reportaros cuanto trescientos cristianos de las diócesis de Castilla vivimos el pasado puente de mayo en Ávila. Los veinticinco palentinos nos alojamos en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista con los zamoranos. Y todos pudimos percibir esos tres días lo que en el documento de trabajo postulábamos: «hemos sido convocados en el nombre del Señor, a través de nuestros pastores, para revivir el entusiasmo de la experiencia pascual. Cristo, que prometió estar presente cuando dos o más se reúnen en su nombre, nos invita a un renovado encuentro con Él, en el que se reavive nuestro entusiasmo evangelizador. El Resucitado nos ha confiado la hermosa y apasionante tarea de ser testigos en medio de nuestra tierra, de su victoria definitiva sobre el pecado, el mal y la muerte. Ha depositado en nosotros su Espíritu Santo para poder ser transparencia de su amor».
En efecto, ese abogado que promete Jesús en el evangelio de este domingo, ha sido el protagonista de la asamblea. A Él invocábamos para que nuestras elecciones fueran sobre aquello que Él quería bendecir y crear para nuestras diócesis. Y una de las expresiones que más se escuchaban esos días era: “¡qué hermosa es la Iglesia!”. Así es, nuestras comunidades resplandecen cuando cada cual halla su lugar y su tarea, cuando diversidad sabe a Pentecostés y no a conflicto, cuando lo ideológico cede su puesto a lo evangélico...
La tarea encomendada a los delegados era la de elegir seis acciones entre treinta y seis, organizadas en tres bloques. Estos han sido los resultados, que cada Iglesia local habremos de encarnar los próximos años.
La primera clave es “la conversión pastoral, personal y comunitaria”. En concreto, volver a la fuente, que es Jesucristo, y desde ahí, articularlo todo. Estas han sido las dos acciones escogidas:
• Impulsar la creación de pequeños grupos de vida, a través de una campaña diocesana y de la preparación de personas que puedan ser acompañantes en sus inicios.
• Formar a los agentes pastorales en dinámicas para trabajar y programar en equipo (en las unidades pastorales, sacerdotes, seminaristas, laicos y consagrados…) para que planifiquen y desarrollen conjuntamente la acción pastoral superando el clericalismo.
La segunda clave consiste en “renovar el estilo pastoral” para ser una Iglesia más cercana y misionera. Las actitudes del discípulo que se destacaban con fuerza son, las de humildad y paciencia, cercanía y disponibilidad, compasión, alegría serena y coherencia de vida. Y estas han sido las acciones elegidas:
• Reforzar la dimensión social de la evangelización a través de iniciativas de caridad, justicia y compromiso social que hagan visible el Evangelio en la vida cotidiana.
• Promover el discernimiento y acompañamiento de los carismas de cada bautizado para que le ayude a descubrir sus dones y su lugar en la misión de la Iglesia.
La tercera clave incide en la “reforma de las estructuras”. Organizarnos para la misión, articularnos comunitariamente superando personalismos, disfunciones, sobrecargas. Al haber un empate entre la segunda y tercera opción, hemos asumido ambas, con lo que son siete las elecciones que han surgido de la asamblea:
• Apostar decididamente por la catequesis familiar y de adultos en la diócesis.
• Replantear las unidades pastorales, formando las que pueden serlo realmente y aplicando criterios geográficos, históricos y religiosos propuestos desde el arciprestazgo, dotándolas de medios materiales y humanos.
• Formar equipos misioneros interparroquiales en los arciprestazgos, que propicien el primer anuncio y una formación continuada, creando además un fondo común de recursos y buenas prácticas al servicio de todas las comunidades.
León XIV dirigió estas palabras a nuestra Asamblea: «Su Santidad los anima a ser uno en Cristo, dejándose guiar e inspirar por la gracia divina, para renovar el fuego de la vocación misionera y avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, y que caminando con el Resucitado sigan abriendo nuevos horizontes para los pueblos y ciudades de esa amada tierra española, cuna de grandes santos y fervientes misioneros que han llevado la Buena Noticia de Cristo al mundo entero».
Y hoy Pedro nos recuerda en su carta: «glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre preparados para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con dulzura y respeto y con buena conciencia». Porque sabe que Jesús lo puede todo, y nosotros, por sorprendente decisión suya, somos sus amigos y compañeros. Se nos ha concedido el regalo de contar con su confianza, de compartir su tarea, de trabajar en su mies, de poder vivir con Él y como Él. No hay alegría mayor que ésta. Tenemos un hermoso camino juntos. Muchos lo anhelan, algunos lo estamos saboreando. Compartámoslo.
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia