Compartimos la homilía de nuestro obispo D. Mikel en la celebración de la Fiesta de San Juan de Ávila, celebrada ayer, 12 de mayo, en el Seminario Menor Diocesano.
Queridos hermanos presbíteros, paz y bien.
Enhorabuena hermanos, que hoy cumplís aniversarios de vuestra ordenación sacerdotal. Don Manuel me envía saludos para cada uno de vosotros, y siente no poder compartir este día con todos, debido a que ha salido de una nueva hospitalización. Ayer y hoy he tenido ocasión de hablar con él y me ha recordado lo que ya sabéis, cómo en su ordenación episcopal, uno de los obispos consagrantes fue Robert Prevost, nuestro Papa León XIV, agustino como él. Y me ha dicho que San Juan de Ávila es fiesta para todos, no sólo para los que cumplís el aniversario.
Este año, la fiesta de nuestro patrono San Juan de Ávila, la celebramos dos días después de su fecha, y tras vivir el cuarto domingo del Buen Pastor, en el que hemos remarcado con el gesto diocesano que estamos inmersos en un año jubilar, iniciado por el Papa Francisco, y que ahora toca al Papa León continuar y culminar. Un gesto diocesano que visualiza el mensaje del Señor en el Evangelio de hoy:
«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas … quien entre por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos… yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante». Ayer subimos a la Virgen del Brezo a su santuario, y entrábamos por la puerta de la espadaña, preciosamente adornada y enramada. Yo invité a los presentes a pensar en personas que conocemos y que viven en el mundo y no comparten nuestra fe y nuestra vida comunitaria, celebrativa… y que las llevaran en su corazón mientras traspasábamos la puerta del santuario.
Abriendo puertas es el lema de la programación del Plan Diocesano de Pastoral de este curso. Nos inspiramos en el capítulo 10 del Evangelio de Juan. Y queridos hermanos de los aniversarios, hoy justamente damos todos gracias a Dios por vuestra vida, por la cantidad de mujeres y hombres que gracias a vuestro servicio pastoral han atravesado la puerta de la fe. Los que hacéis las bodas de oro y de diamante, comenzabais vuestro ministerio en el primer posconcilio. Tú Óscar, con el cambio de milenio, en una época cargada de promesas y dificultades de cara al anuncio del Evangelio.
El Papa León, en una entrevista de hace un par de años, resaltaba del obispo que «le conviene tener una visión mucho más amplia de la Iglesia y de la realidad, y experimentar su universalidad. También necesita capacidad para escuchar a su prójimo y pedir consejos, así como madurez psicológica y espiritual. Un elemento fundamental de su kit de pastor, es ser capaz de estar cerca de los miembros de la comunidad, empezando por los sacerdotes, para los que el obispo es padre y hermano. Vivir esta cercanía a todos, sin excluir a nadie. Cita al Papa Francisco que hablaba de estas cuatro cercanías. Con Dios, con sus hermanos obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de Dios. La autoridad que tenemos es la de servir, acompañar a los sacerdotes para ser pastores y maestros».
Hasta aquí la cita. En una Iglesia sinodal, os pido que asumáis esta misma visión. Ser hombres de cercanía vital con Dios, conmigo, entre vosotros, y con el entero pueblo de Dios. Sigue Jesús en el Evangelio: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas». Que en todo busquemos entrar en comunión con la Palabra de Cristo y con su entrega por nosotros. Sólo entrando por esa puerta nosotros, sólo trabajando en comunión, el mundo creerá. Y lo refiero al presbiterio y a las comunidades.
El Papa León ha escogido ese nombre, para realizar en el siglo XXI lo que su antecesor homónimo hizo a finales del XIX: ofrecer una palabra ante el cambio de cultura y época que marcó la revolución industrial. Y a él y a nuestra Iglesia le toca anunciar el Evangelio a los nuevos gentiles y paganos. Pedro entró en casa de Cornelio, y no le fue fácil esa decisión: «Cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le reprocharon: -has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos». Pero la suya no era una empresa humana. Así se defendió ante la comunidad de Jerusalén. «En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio».
Decía el Papa en esa misma entrevista: «a veces no entendemos hacia dónde va la Iglesia… El Espíritu Santo nos empuja hacia una renovación: nueva actitud. Debemos ser capaces de escuchar ante todo al Espíritu Santo lo que está pidiendo a la Iglesia». La comunidad de Jerusalén fue capaz de discernir y aprobar el salto hacia la gentilidad. Un Papa misionero nos urge a salir a esas nuevas tierras de misión. Luego vamos a ser informados por la marcha del plan de comunicación. Dios nos llama a entrar en estos nuevos areópagos y escenarios para que dejemos de cortocircuitar la evangelización con nuestras inercias y carencias. Deseo que sea éste un día de fiesta, de discernimiento, de comunión.
Queridos hermanos homenajeados, gracias por lo que sois y representáis para la Iglesia y para el mundo. Que todos, una vez más, entremos en comunión con Cristo. Al darnos su Cuerpo en alimento, nos hace su único cuerpo, y Él, nuestra Cabeza. Termino recordando el lema del Papa León: “In illo uno unum”. En el Uno, somos uno. Aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno. Que hoy y siempre experimentemos esta verdad y la hagamos vida. Que la Virgen de la Calle y San Juan de Ávila nos acompañen en nuestra misión.
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi
Obispo de Palencia