Homilía en la Ordenación Sacerdotal de Álvaro Pinto y Daniel Becerril

Homilía en la Ordenación Sacerdotal de Álvaro Pinto y Daniel Becerril

Homilía de Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, en la Ordenación Sacerdotal de Álvaro Pinto y Daniel Becerril, celebrada en la Iglesia parroquial de San José, el 7 de octubre de 2018

 

 

Saludos: D. Esteban. Vicario general, Vicario de pastoral, Rector del Seminario, sacerdotes de la parroquia, sacerdotes del presbiterio diocesano, Rector y sacerdote del Seminario de Madrid, miembros de vida consagrada, seminaristas de Palencia y Madrid, fieles laicos, medios de Comunicación.

Acoger, vivir y ser regalo es el lema de la programación pastoral de este año. Todo en la vida de cada creyente y de la Iglesia, es don de Dios que hemos de acoger, vivir e imitar. Acojamos, y vivamos este regalo que nos hace el Señor de dos nuevos presbíteros o sacerdotes.

Acojamos con alegría el regalo del Señor. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Cantemos con alegría la misericordia del Señor todos. Canta Iglesia de Palencia porque el Señor te muestra hoy una vez más su misericordia. Canta Presbiterio diocesano, que hoy creces, aumentas. Cantad familias de Álvaro y Daniel, que hoy veis cómo el Señor bendice a uno de vuestra carne y sangre. Cantad vosotros, Daniel y Álvaro, porque hoy el Señor os muestra su amor y, porque con fía en vosotros, os confía un oficio de amor. Queridos Daniel y Álvaro: Me dirijo especialmente a vosotros glosando estas palabras de la carta a los Efesios que aparecen muchas veces en la liturgia. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en el cielo para alabanza de su gloria de su gracia que tan generosamente nos ha concedido en el Amado (Ef.1,1-6). Os ha llamado, os ha elegido y os envía.

Como a Jeremías, el Señor os ha llamado. Os ha llamado eternamente a la vida por medio del amor de vuestros padres; en el seno de vuestra familia él os ha llamado por vuestro nombre, porque os ama, sin mérito alguno vuestro.

Os ha elegido en Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuerais santos e irreprochables ante él por el amor en la familia de Dios, en la iglesia. Lo hizo el día de vuestro bautismo, de vuestra confirmación y de la Eucaristía. Os consagró para sí, haciéndoos hijos del Padre, hermanos, discípulos y herederos de su Hijo Jesucristo, y personas templos habitados por su Espíritu, Señor y dador de vida. Cuánto amor del Dios que es amor.

Pero además él os destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos para alabanza de la gloria de su gracia. Os envía y destina como a amigos y apóstoles a ser misioneros. Todos en la iglesia tenemos que ser apóstoles y misioneros, pero cada uno según la voluntad de Dios.

Él hoy os llama a ser, en medio de la iglesia y del mundo, su presencia viva y sacramental con la fuerza del Espíritu, siendo Ministros de la palabra y los sacramentos (San Agustín) siendo sacerdotes. Ser sacerdotes es ser presencia viva y actual de Cristo, que es cabeza de la Iglesia. Estad unidos a Cristo, cultivad la unión con él por medio de la oración, y la unión con los hombres, miembros del Cuerpo, para formar el Cristo Total, para tener sus pensamientos, sentimientos , sus actitudes y sus mismas acciones.

Sed Presencia de Cristo el Buen Pastor, que apacienta, cuida, reúne a los fieles; que se preocupa, vive y desvive por las ovejas; que no se aprovecha de ellas, que las guía, que no abandona , que las conoce, llama por su nombre; que va delante, en medio y detrás. Que da la vida y se sacrifica por ellos para que tengan vida. Es el pueblo de Dios.; sentid con el pueblo, sintonizad. Desterrad el clericalismo, que lleva al autoritarismo, al “aquí el que manda soy yo”, “yo el que lo sabe todo y decide todo”, como si la iglesia fuerais vosotros solos. Somos, por gracia, miembros de su pueblo y ovejas de su rebaño. Antes que pastores, somos ovejas, antes que maestros, somos discípulos y condiscípulos. Pero hay otros miembros que han recibido también sus dones; reconozcámoslos, contad con los laicos, los miembros de la vida consagrada en la tarea pastoral. Servid al pueblo, como Jesús, el que vino no a ser servido sino a servir y dar la vida por todos. Servid como él lo hizo el Jueves Santo, haciendo oficio de esclavo. Contad con los otros presbíteros.; sois presbíteros dentro del presbiterio. No faltéis a las reuniones, Cultivad la fraternidad presbiteral, visitando a los hermanos, buscando momentos de encuentro con ellos para orar, convivir, divertirse, programar, lleva r a cabo y revisar la pastoral. Vivid así y vuestra vida y ministerio será una alabanza para el Señor.

Sed Presencia de Cristo, esposo fiel de la Iglesia. Amad a la iglesia, amad a esta Iglesia, sed esta Iglesia. Sed fieles a la Iglesia que hoy preside el Papa Francisco y mañana el que sea; con este obispo que os habla y con sus sucesores, asumiendo los planes pastorales que, con el oído atento a la voz de lo que el Espíritu dice a la Iglesia hoy, y después de un discernimiento, con la ayuda del Señor, nos hemos dado.

Sed Presencia de Cristo, Maestro, que enseña con su palabra, que evangeliza con la palabra y las obras. No os quedéis solo en lo sacramental, en lo ritual. Predicad, catequizad, enseñad, sembrad sin cansaros. Sed como Juan Bautista precursores y pregoneros del Señor, el más grande. Como Pablo, Predicad que Cristo es Señor, Salvador, siendo vosotros siervos de todos por amor a Jesús.

Para todo esto cultivad la cultura del encuentro y de la compañía, el diálogo; vivid en salida, con confianza en el Señor, sin miedos a las heridas, a los accidentes. Sed acogedores, personas abiertas. Sed regalo para los demás, creyentes o no creyentes, de derechas o de izquierdas, niños, mayores, adultos, jóvenes, hombres y mujeres, nativos o extranjeros. Vivid la alegría del evangelio para llevar esperanza a los hombres y mujeres de hoy que viven con sus alegrías, penas y tristezas, trabajos y gozos.

Que os ayuden los santos pastores, particularmente San Daniel, San Álvaro, a ser fieles al Señor en todas las circunstancias, con coherencia de vida, y especialmente os ayuden los santos y beatos de nuestra Iglesia de Palencia, especialmente san Manuel, sacerdote enamorado de Cristo Eucaristía en los sagrarios abandonados y presente en los otros sagrarios no menos abandonados los enfermos, los pequeños, los jóvenes que emigran porque no tienen trabajo o empleo decente, los que sufren o están heridos en las cunetas de la vida social. Que interceda por vosotros la Virgen Santa María, madre de los pastores, la Virgen del Rosario, para que en los momentos y misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de vuestra vida y ministerio os acompañe y os lleve de su mano para vivirlos bajo la misericordia del Padre, la compañía de Jesús, su Hijo y la fuerza y el coraje, la parresía, del Espíritu. Cantamos hoy y eternamente las misericordias del Señor.