Palabra y Vida - ¿Dónde vas? ¿Por qué te vas?

Hace cuarenta días celebrábamos la Resurrección. Hoy concluimos el tiempo de la Pascua preparándonos para recibir el Espíritu Santo el domingo próximo. Con brevedad y parco de palabras el evangelista san Marcos escribe: “Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Sin adornos, sin poesía, yendo al grano y queriendo centrar la cuestión desde el principio para que no nos perdamos en otras cosas. Claridad diáfana en el mensaje: Jesús está en el cielo a la derecha del Padre. Una respuesta a dos posibles preguntas que se harían sus discípulos: ¿dónde vas? y ¿por qué te vas?

 

Quo vadis?

A finales del siglo XIX, el autor polaco Henryk Sienkiewicz escribió la novela “Quo vadis?”. Medio siglo después, gracias al cine, alcanzó popularidad en todo el mundo. La película y el libro toman el título de la pregunta que san Pedro, que huye de Roma para evitar la muerte en la persecución de Nerón, le hace a Jesús con quien se encuentra y que se dirige a Roma. A dónde vas es la pregunta que se hacen los apóstoles cuando Jesús asciende al cielo. San Marcos es tajante en la respuesta: al cielo. Va a la casa de su Padre que le espera. Cumplida su misión aquí en la tierra su destino está a la derecha del Padre. La meta se sitúa junto al Padre y así demostrar que su tarea en la tierra, cumplido el mandato del Padre, se corona con la vuelta al Padre. Quien salió del Padre vuelve al Padre y así queda realizo en plenitud el plan de Dios. Pero la respuesta no solo vale para Jesús, resucitado. Anticipa también nuestro destino y nuestra meta. Debemos ir también nosotros al cielo. Allí encontramos la razón de nuestra existencia y habremos también acertado con el plan de Dios Padre que quiere sentar a su mesa a todos sus hijos. Nos muestra el camino que también nosotros debemos seguir.

 

¿Por qué te vas?

Junto a la primera pregunta surge otra. ¿Por qué te vas? Una vez que has resucitado, ¿cuál es la razón para irte? ¿No estás contento con nosotros?, por qué nos dejas? seguirían preguntándose. Preguntas que estaban en la cabeza de sus seguidores y tenían necesidad de encontrar respuesta a ellas. La marcha del Señor no era evadirse de nuestro mundo y nada tenía que ver con desentenderse de su misión liberadora. Jesús les transmite la enseñanza de que deben entender que el tiempo aquí en la tierra es un tiempo relativo, no es el definitivo, ni para el Hijo de Dios. Estamos aquí de paso para llegar al cielo. Ellos como nosotros podemos sentir la tentación de querer que esta sea nuestra patria definitiva. Nuestra aspiración, nuestra última morada y definitiva es el cielo y para ello estamos aquí para ganarnos el premio de vivir junto al Padre.

La Ascensión nos recuerda que nuestra meta no está aquí en la tierra. Nos enseña que nuestro objetivo será, como el del Señor, alcanzar el cielo y por ello nos pide que no olvidemos en esforzarnos para un día alcanzar sentarnos a la derecha del Padre.

 

Id al mundo entero

La Ascensión tiene que ver muy poco con despedidas y adioses. La partida del Señor tiene una primera obligación en nosotros. Debemos retomar su tarea y su misión. La tarea de dios está ahora en nuestras manos, su compromiso de anunciarnos la salvación está en nuestras manos. Asumimos su puesto aquí hasta que también iniciemos el camino de retorno al Padre. Antes de ir al cielo tenemos que cumplir su encargo de ir al mundo entero a anunciar el evangelio. Así lo hizo Él, y así debemos hacerlo nosotros. El camino hacia el cielo lo iniciamos aquí cuando asumimos el compromiso de anunciar el evangelio a nuestro mundo. La misión de Jesús, después de su resurrección, se prolonga en nosotros a quienes nos hace responsables del encargo que recibiera del Padre: ir a todo el mundo y anunciar la Buena Noticia. Si nos quedamos con los brazos cruzados, si no aceptamos cumplir este mandato tampoco nosotros mereceremos ascender al cielo. Como continuadores de la misión de Jesús y de los discípulos aceptamos ser misioneros. Tenemos el deber de anunciar a todos los hombres el evangelio. Tenemos la difícil misión de dar continuidad a la obra de Cristo: evangelizar y anunciar la salvación. Contaremos con su ayuda, pero eso nos lo enseñará el próximo domingo.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia

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