Estamos en Roma y días intensos se nos presentan por delante. La jornada de hoy nos llevará a la Basílica di Santa Maria in Trastevere para la proclamación del Manifiesto de los Jóvenes Cristianos de Europa y disfrutar de un concierto de Hakuna. Más tarde pasaremos por la Iglesia de Santa Maria in Tempulo para examinarnos por dentro… y dirigirnos al Circo Massimo para la Celebración del Perdón. Terminaremos el día en la Piazza di San Pietro en el Vaticano para participar en el Encuentro de Peregrinos Españoles. Hoy nos acompaña el lema “recapacitando… ¡volveré!” (Lucas 15, 11-32). Un día especialmente pensado para hacer, cada uno de nosotros, un Examen de Conciencia.
1 de agosto –Roma
“recapacitando… ¡volveré!” (Lucas 15, 11-32)
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Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: «Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde». Y el padre les repartió el patrimonio. A los pocos días, el hijo menor recogió sus cosas, se marchó a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna viviendo como un libertino. Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran carestía en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. Entonces fue a servir a casa de un hombre de aquel país, quien le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Habría deseado llenar su estómago con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y se dijo: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobre, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros». Se puso en camino y fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. El hijo empezó a decirle: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo». Pero el padre dijo a sus criados: «Traed, en seguida, el mejor vestido y ponédselo; ponedle también un anillo en la mano y sandalias en los pies. Tomad el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos encontrado». Y se pusieron a celebrar la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino y se acercó a la casa, al oír la música y los cantos, llamó a uno de los criados y le preguntó qué era lo que pasaba. El criado le dijo: «Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano». Él se enfadó y no quería entrar. Su padre salió a persuadirlo, pero el hijo contestó: «Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. Pero llega ese hijo tuyo, que se ha gastado tu patrimonio con prostitutas, y le matas el ternero cebado». Pero el padre le respondió: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado». |
• … les repartió el patrimonio… ¿Qué dones has recibido de Dios?
• se marchó… y despilfarró toda su fortuna… ¿De qué cosas de Dios huyo? ¿Qué dones de Dios no uso o hago mal uso de ellos? ¿Cuánto me aferro “a lo mío”?
• comenzó a padecer necesidad… recapacitó… volveré… ¿Qué echo de menos de la vida de fe? ¿Soy capaz de recapacitar?
• conmovido, corriendo lo abrazó y lo cubrió de besos… ¿Cuánto has sentido el abrazo y el beso de Dios?
• se enfadó, y no quería entrar… “ese hijo tuyo”… ¿Llego a comprender cómo actúa Dios, o me enfado? ¿Renuncio a ver a otros como “hermanos”?
• hace mucho que te sirvo… y nunca me diste… ¿Cuántas cosas “exiges” a Dios?
• “este hermano tuyo”… estaba perdido y ha sido encontrado… ¿Cuántas veces has estado perdido en tu vida? ¿La fe en Dios te ha ayudado a recuperar el camino?
Examen de Conciencia
En la vida somos tentados continuamente de dejar el camino de Jesús y seguir los criterios del mundo. Nos creemos suficientemente fuertes. Pero somos débiles y caemos en la tentación.
• Pienso en mi fe, lo que representa en mi vida. Hasta qué punto me guía, da sentido a mi vida, es fuerza que me hace salir de mí y llegar a los demás, o quizás es algo que llevo, un añadido, una costumbre adquirida?
• Pienso también en mis criterios, con los que considero y juzgo los acontecimientos y a las personas. ¿Son los del evangelio o lo políticamente correcto, lo que nunca arriesga nada?
El mundo nos bombardea constantemente con propuestas deslumbrantes. Y las costumbres y valores del mundo van penetrando en nosotros sin darnos cuenta. La vida cristiana se va apagando en nosotros.
• Pienso en mi estilo de vida: ¿Prefiero la austeridad o vivo absorbido por lo externo: vestido, comida, bebida, diversiones, viajes, aparatos...? ¿Comparto con otros o mis bienes me tienen atrapado y mi vida es estéril?
Dios se hace presente en la vida, nos busca y sale a nuestro encuentro en los acontecimientos, en las personas, en los más pobres, allí donde se necesita poner paz, verdad, justicia, amor.
• Pienso en mi vida interior: ¿Miro superficialmente o en profundidad? ¿Sé descubrir las huellas de Dios, sus presencias, sus llamadas? ¿Dedico tiempo a la oración, a la Palabra de Dios, al silencio? ¿Sé dar gracias a Dios, alabarlo, pedir perdón, pedir fuerzas para ser mejor persona, para ser más valiente, para amar como él ama?
Jesús nos enseñó que a Dios hemos de encontrarlo en el hermano, en el pobre y en el enfermo, en el marginado, en los hechos que nos pasan, en los acontecimientos del mundo.
• Pienso en mis relaciones con los demás: ¿Qué son los otros para mí? ¿Qué mirada tengo hacia las personas que me rodean: en casa, en el trabajo, en la escuela, en la parroquia, en mi grupo de referencia, en el vecindario? ¿Discrimino y hago distinciones o trato de ser acogedor, compasivo y solidario?
A veces pensamos que el cristianismo consiste en ser sumisos, resignados, aceptar con paciencia los males y las injusticias. Y, en cambio, Jesús luchó contra el dolor y el mal, criticó la injusticia, no se resignó ante las cosas que deben cambiar.
• Pienso en mi comportamiento en la sociedad: Soy sensible a lo que sucede, me interesa, me inquieta, lucho por una vida más digna y feliz para mí y para todos..., o soy indiferente, negativo, me quedo parado, siempre digo que no se puede hacer nada...?
Para Dios todos somos hijos, y Él nos ama con corazón de Padre. Y, porque nos ama, es paciente. Siempre espera con los brazos abiertos. Acoge y ayuda. Da otra oportunidad. Y en su misericordia perdona siempre nuestros pecados.
• Pienso en mis actitudes: Soy tolerante, servicial, paciente, busco el lado positivo de todo..., o soy demasiado exigente, intolerante ante los defectos de los demás, intransigente? ¿Trato de comprender a los otros y les ayudo a cambiar?
ORACIÓN DE PERDÓN
Perdón, Señor, por mis egoísmos,
por mi insolidaridad, por la dureza de mi corazón.
Perdón, Señor, por mi ceguera,
por mis prejuicios, por mi intolerancia.
Perdón, Señor, por mi comodidad,
por mis apegos, por mis riquezas.
Perdón, Señor, por mi debilidad,
por mis miedos, por mis refugios.
Perdón, Señor, por mis orgullos,
por menospreciar a los demás.
Perdón, Señor, por no descubrir
a Cristo en el pobre, a Dios en el hermano.
Hazme, Señor, pobre y humilde,
servicial y solidario,
generoso y compasivo,
como nuestro Señor Jesucristo.
SÍGNO DE CONVERSIÓN
Si cada uno de nosotros aportásemos nuestro granito de arena, nuestra sociedad sería otra cosa, un lugar maravilloso para vivir; pero la mayoría queremos que las cosas se arreglen sin mover un solo dedo. Si de verdad queremos cosechar, tenemos que empezar por sembrar.
Como penitencia, o mejor, como camino de conversión, elige una de las 10 obra de misericordia:
1. Si alguien tiene hambre o sed, comparte lo que tú tienes.
2. Si alguien no tiene quien le quiera, quiérele tú.
3. Si no tiene hogar ni ropa, dale cobijo y ropas.
4. Si está solo, hazle compañía.
5. Si te necesita, escúchale.
6. Si tiene defectos, súfrelos con paciencia.
7. Si está triste, consuélale.
8. Si te injuria, perdónale.
9. Si está enfermo, préstale ayuda.
10. Si tu amigo muere, no le olvides, y reza por él.
En mi vida hoy… ¿cuál de estas obras de misericordia puedo y debo hacer en este momento. La elijo como compromiso… porque quiero que sea signo de que quiero cambiar y seguir a Jesús.
Toda vocación, cuando se percibe profundamente en el corazón, hace surgir la respuesta como un impulso interior hacia el amor y el servicio; como fuente de esperanza y caridad, y no como una búsqueda de autoafirmación. Toda vocación está animada por la esperanza, que se traduce como confianza en la Providencia. (Francisco)