Coincide, este año, el vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario con la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Ello nos lleva a mirar el árbol de la Cruz y descubrir en la cruz nuestra salvación como lo harán en muchos lugares donde celebran con especial devoción y fiesta el día de hoy.
Mirar la Cruz
Durante siglos la cruz, como signo de nuestra fe y expresión de nuestra religiosidad, nos ha acompañado permanentemente en muchos espacios y lugares de nuestra vida cotidiana. En los últimos tiempos retiramos y escondemos la cruz de los lugares públicos o privados e incluso de nuestras casas. Nos resulta, con ello, más difícil mirar la cruz y descubrirla cercana a nosotros. Con palabras de san Pablo, la cruz se mira como escándalo para el mundo y, por ello, no nos resulta agradable su contemplación.
Los cristianos al mirar la cruz miramos al crucificado. En Él descubrimos a quien, por amor, con su muerte nos regala la salvación. Desde entonces descubrimos en la cruz la sabiduría de Dios que lejos de ser un lugar de suplicio se convierte en trono de gloria que derrama la salvación al mundo entero.
Esa mirada queremos descubrir y renovar en este domingo para llegar al conocimiento que de allí brota el amor de Dios y la vida eterna para todos nosotros. Al mirar la cruz encontramos la medicina para nuestras enfermedades y así recobrar la salud. Aunque suene difícil de comprender, Jesús nos descubre que sin cruz no hay amor, ni entrega, ni salvación.
Adorar la Cruz
Nuestra mirada a la cruz y a quién en ella está supone un gesto de veneración y adoración. Ante la cruz y el Crucificado nuestra actitud no se limita a la admiración y la compasión siendo estas muy loables. Debemos llegar mucho más allá. Ante la cruz, nos postramos en adoración reconociendo el valor salvador que emana de ella. Adoramos la cruz porque es signo del amor de Dios a nosotros. Sin cruz no hay salvación. Sin cruz no es posible seguir al Señor. En la cruz descubrimos al auténtico Dios que nos redime y nos devuelve a nuestra condición de hijos. Como santa Elena, origen de esta fiesta, necesitamos redescubrir el significado que encierra la cruz. Desenterrarla para mostrarla al mundo. Anunciar que el trono desde donde Dios nos ama es la cruz.
Llevar la Cruz
La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz nos pide un compromiso muy concreto: llevar la cruz. Si el Señor hizo de la cruz el medio para salvarnos no queramos nosotros alcanzar la salvación renunciando a la cruz. Llevar la cruz conforma nuestro caminar siguiendo al Señor. Rechazar la cruz cuestiona nuestro amor a Dios y a los hermanos. Una cruz que para nosotros no supone una muerte cruel sino el sacrificio constante y permanente de esfuerzo, de la exigencia y del servicio a los demás comenzando en la familia para llegar a todos los que nos rodean. Una cruz desde la cual aprendemos a dar todo lo que somos y ofrecemos, incluso, el perdón a los enemigos como el Señor. Porque en la Cruz Cristo tiene el corazón y los brazos abiertos en señal de que esa debe ser nuestra actitud para los demás. Un corazón que da hasta la última gota de sangre y unos brazos que acogen a todos. Para vivir así, necesitamos llevar la cruz. ¿Qué cruz o cruces llevas? La de la enfermedad, la de la soledad, la de la falta de amor, la del sufrimiento… descubre en ella al Señor y pídele que te ayude a llevarla y experimenta así la salvación.
José María de Valles – Delegado diocesano de Liturgia