Palabra y Vida - Espera, preparación y conversión

Palabra y Vida - Espera, preparación y conversión

Iniciamos el Adviento, tiempo de espera, de preparación y de conversión. Este año, comenzamos un nuevo año litúrgico, al que denominamos: ciclo A. El ciclo A nos acerca el Evangelio de san Mateo, que escucharemos a lo largo de todo el año en el evangelio de cada domingo. El color morado de la ropa litúrgica representa estas tres ideas del adviento: esperanza, preparación y conversión que nos preparan para acoger y celebrar el nacimiento de Cristo. Ello hace que el Adviento sea un tiempo de alegría y esperanza único en la Iglesia. Como dijo el Papa Benedicto XVI «La hermosa tarea del Adviento es despertar en todos nosotros recuerdos de bondad y abrir así puertas de la esperanza».

 

Estad en vela

La primera idea que el evangelio hoy resalta son estas palabras de Jesús que nos pide estar en vela, es decir despiertos, sin dormirnos y atentos a lo que va a suceder y ya está sucediendo. Esta actitud la expresamos diciendo que esperamos. Pero esperar hoy es complicado y difícil porque todo lo queremos ya y ahora. Si miramos a nuestro alrededor ya todo habla de NAVIDAD directamente. No necesitamos esperar, no hace falta un tiempo previo sino todo queremos vivirlo ya. Por ellos esta propuesta que nos hace la liturgia nos puede parecer trasnochada. Suprimimos la espera por alcanzar el fin. Como si no quisiéramos despertar del sueño y seguir dormidos esperando que las cosas sucedan ya, pero sin que nosotros tengamos que esforzarnos. En la propuesta del Señor de mantenernos despiertos sin dejarnos vencer por el sueño de la actividad diaria se centra la primera actitud de este tiempo de adviento.

 

Estad preparados

El segundo tema importante que hoy el evangelio nos propone es el consejo de Jesús de prepararnos para que su venida no pase desapercibida y nos deje indiferentes. Jesús hace referencia a tiempos anteriores donde la gente, ocupada en sus cosas, no vieron venir los acontecimientos y fueron sorprendieron en su rutina diaria. La advertencia de Jesús hoy se dirige a nosotros que, también ocupados, preocupados y envueltos en el ruido, las prisas y el afán diario no nos preparamos a recibirle y acogerle. Esta preparación requiere de tiempo, de voluntad y de gestos. Cosas que, llevados por la inercia actual, hacemos externamente, pero sin que se traduzca en una actitud interior. Preparamos luces, adornos, regalos, comidas y mil cosas más pero apenas nada de ello transforma mi vida en nueva luz, en mejor regalo para los demás. Aún más apenas esas luces, esos adornos y todo lo que envuelve estos días previos a la Navidad nos hablan de la luz de Dios y del regalo de su presencia entre nosotros.

 

Viene el Hijo del Hombre

El tercer mensaje de este domingo, también en palabras de Jesús, es el anuncio de que viene el Hijo del hombre, uno de los títulos que el pueblo de Israel daba al Mesías que esperaban. Nosotros preparamos cosas para la Navidad, pero olvidamos esperar y preparar la llegada de una persona, del Hijo de Dios, de nuestro Salvador. Radica aquí el auténtico sentido del Adviento: esperar al Hijo de Dios. Todo tiene sentido si vivimos este tiempo en la espera de Dios a nuestra vida. Todo este tiempo de adviento merecerá la pena si hacemos de él un camino para que Dios se acerque a mi vida y yo vaya a su encuentro. Vivamos este tiempo como oportunidad para acoger y recibir a Cristo Esperanza para nuestra Iglesia, para nuestro mundo y para cada uno de nosotros.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia