De cara a estas fiestas navideñas, nos asomamos a esta brújula con cinco consejos. Cinco muescas para que, lejos de críticas condenatorias y con un poco esfuerzo, seamos creadores de esperanza:
El ritmo de mi dinero: de todos es sabido, “poderoso caballero”. El mismo que te “salva” o te “condena”. ¡Pero no es nuestro dios, no puede serlo! Quienes piensan con el bolsillo tratan de convencernos, nos dicen a cada rato que “fuera de él no hay salvación” ... y nos llenan de miedo. No obstante, sus pies son de barro, también tiemblan. Temen que bajen sus ventas, no ganar lo que esperan... mucho más que el año anterior. Y nosotros les compramos, tragamos sus eslóganes, seguimos el ritmo de su publicidad... Comprarse ropa cada mes, el último móvil cada trimestre, una tele o electrodoméstico a pesar de que los viejos funcionan... todo eso incrementa sus ganancias, la explotación de muchos, el deterioro ambiental... Nos lo recomendaba un viejo eslogan de Cáritas: “vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”.
El destino de mi dinero: unido a lo anterior, descubrimos que nuestros ahorros (muchos o pocos) y que nuestra nómina pueden engordar a los más llenos o ir a parar a gente modesta y cercana, vecinos con rostro que hacen de mi pueblo y mi barrio un lugar con vida. Buscar el banco adecuado, que dedique mi dinero a usos éticos (aunque no me dé tanta rentabilidad), no a armas o productos dañinos; gastar en la tienda pequeña, en la frutería o carnicería cuyos proveedores no habitan en la otra punta del mundo. Ganaremos en calidad, en empleos, en prosperidad a medio plazo... no seguiremos el juego a la “comida basura”, a las multinacionales que se llevan nuestros puestos de trabajo a países lejanos con leyes laborales inexistentes. Otra economía igual de rentable, una economía cercana parecida a la de nuestros padres, que realce nuestra agricultura y ganadería tradicionales (que falta les hace). Y, sobre todo, un matiz sobre el precio: no siempre sale más caro, como algunos afirman. Debemos buscar, comparar, leer etiquetas... y pensar en el futuro: cuando la gran empresa hunda a los pequeños y elimine competidores, sacará las patatas en el campo de al lado (con menos y más barata mano de obra) y nos las venderá por el triple. Entonces sí saldrá muy caro, ya no servirá lamentarse.
El precio de la comodidad: hemos mencionado un ejemplo, si bien nuestra comodidad no se expresa sólo en el modo de hacer las compras. Existen bastantes actividades (también oficios de siempre) a las que hemos renunciado por comodidad. Preferimos la “eficacia de las máquinas”, tirar el aparato a cambiar la pieza, desechar la ropa a coserla, comprar zapatos a remendarlos... Y generamos paro y desechos, olvidamos habilidades de siempre, rechazamos las buenas costumbres. Reutilizar, reducir, reciclar... todo acoge muchas vidas. Y sí, “usar la cabeza”, no dejárselo todo a la IA...
Las razones del generoso: que surgen de un proceso previo, desintoxicarse. Desenchufarse de la tele, las pantallas... desenmascarar los mensajes dirigidos a la masa. Lo único que nos hace distintos, que nos otorga auténtica identidad es el lenguaje del amor. Entendemos quiénes somos cuando pensamos en los otros, no cuando nos alejamos; cuando les dedicamos nuestro tiempo, incluso parte de nuestros ingresos. Actividades como leer, reflexionar, o un simple paseo por el campo, desbloquean nuestra ansiedad y nos convierten en personas más empáticas.
Educar con el ejemplo: la base de todo. Sólo se crea escuela con el ejemplo, con la alegría y la naturalidad de quien hace todo esto convencido de que es lo mejor. Ponemos el primer peldaño para las próximas generaciones. ¿Queremos que nuestros hijos vivan frustrados por un “sueño hecho a la medida de cuatro”, o realmente felices?
Es todo: hacer la revolución inteligente, la no violenta. Y si este código se usa como reproche de unos hacia otros, de “perfectos” a “mediocres”, olvídese hasta el extremo. Porque todos/as estamos en camino, y este artículo sólo pretende marcar un rumbo. La senda hacia un mundo más acorde a “lo que deberíamos ser”, tal y como lo concibió nuestro Creador, no en contra de nuestra condición natural, de espaldas a nuestra naturaleza.
¡Feliz Navidad!
Asier Aparicio