Y al amarnos, la vida siempre es nueva

Y al amarnos, la vida siempre es nueva

La celebración de la Resurrección de Jesús nos abre a la esperanza del triunfo de la vida sobre la muerte. No se trata de un acontecimiento puntual, sino que nos invita a nosotros, sus seguidores, a una comprensión dinámica de la existencia: cada día trae consigo una oportunidad para levantarse de aquello que nos estanca, superar lo que nos hiere y reconstruir lo que parecía perdido.

En este sentido, la resurrección nos anima a perseverar. Permanecer en un compromiso -sea personal, espiritual, afectivo o profesional- exige una actitud de renovación diaria. Igual que la resurrección simboliza un nuevo comienzo, el compromiso auténtico implica revisar, ajustar y revitalizar cada día las motivaciones que nos impulsan. No basta con decidir una vez; es necesario seguir decidiendo cada día el bien.

La constancia sostenida solo en la fuerza de voluntad puede llevarnos a la rigidez y al desgaste, especialmente cuando la inercia, el cansancio o la duda amenazan con detenernos. La mejor fuente de energía para sostener nuestro compromiso a largo plazo es el amor. Y es que, como dice el cantar popular en nuestras iglesias, “al amarnos el mundo se renueva, la vida siempre es nueva, siempre es nuevo el amor”, porque lo que se transforma desde el amor permanece.

Cuando una persona se mantiene abierta a este proceso, descubre que la fidelidad no es una carga, sino un camino de plenitud que se recorre paso a paso, hacia un horizonte abierto, con humildad y confianza y el corazón rebosante.

Así, la celebración de la Resurrección se convierte en una invitación a vivir con esperanza activa. Cada amanecer puede suponer una ocasión para vivir una pequeña resurrección: un acto de servicio, un gesto de cariño, un esfuerzo consciente por mantenerse firme… De tal manera que, al acostarnos, podamos hacer nuestros los versos de la liturgia de las horas: “Dichoso yo, si al fin del día un odio menos llevo en mí, si una luz más mis pasos guía y si un error más yo extinguí”.

Miguel Ruiz