Palabra y Vida: Un Traje de fiesta

Palabra y Vida: Un Traje de fiesta

La salvación que Dios nos ofrece a todos viene ilustrada por la imagen del banquete nupcial. Así nos lo presenta Jesús en una nueva parábola dirigida a los jefes de Israel, que, como en domingos anteriores, no quieren a acogerá Dios y cierran los tesoros de su gracia al pueblo.

La parábola nos muestra el designio salvífico del Padre a través de la boda de su único Hijo, Jesús. Tras la primera caída, el Creador no abandona al hombre a su propia suerte, sino que promete enviar un Salvador. Los criados representan las distintas mediaciones entre Dios y su pueblo, pero solo cosechan el desprecio e indiferencia de los convidados: No quisieron ir (Mt 22, 3). No hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron (Mt 22, 5-6). Los bienes materiales les parecieron más importantes que la invitación, que les resultó tan molesta que decidieron matar a los emisarios para acallar su impertinente anuncio.

¿Cómo se encontraría ese Padre? Todo un Dios enamorado de su creatura, y que no cesa de salir a su encuentro para invitarla a su intimidad, ¡y no cosecha más que desprecio! No hay nadie que acuda debidamente a la boda.

Por eso el Rey vuelve a convocarla. Ahora, en un nuevo monte, el del Calvario, donde se realizan las verdaderas y definitivas nupcias del Hijo único del Rey con toda la humanidad que es convocada: Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda (Mt 22, 9). La invitación se cursaba entregando un sencillo traje nupcial, que debía llevarse al banquete.

Esta boda es la del Cordero, que entrega su vida para embellecer a la humanidad desleal e indiferente, mas llamada a ser esposa fiel (cf. Ap 19, 7).

Esta es la invitación universal a participar de un verdadero desposorio, el de Cristo con cada alma. La vida cristiana es un auténtico pacto nupcial, sellado con el sacrificio del cuerpo y la sangre de Cristo, del que participamos comiendo y bebiendo en el banquete que Dios ha preparado para nosotros.

¿Cuándo se produjo en nosotros el desposorio que tuvo su origen en la cruz? El día de nuestro bautismo. Ese día recibimos una vestidura blanca acompañada de estas palabras: Consérvala sin mancha hasta la vida eterna (Ritual de Bautismo de niños). La vida cristiana es un pacto nupcial que reclama de nosotros fidelidad al que es fiel (1 Jn 1, 9). Debemos conservar limpio el traje de fiesta, la vestidura nupcial, y saber vivir unidos a Cristo, nuestro Esposo fiel, tanto en pobreza como en abundancia, en hartura como en hambre, en abundancia como en escasez (cf. Flp 4, 12), para que cuando seamos llamados por Él al banquete eterno, podamos escuchar de sus labios: Pasa al banquete de tu Señor (Mt 25, 23).

David Pérez. Delegado episcopal de la Vicaria para la Celebración y Espiritualidad