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¿Y si el estrés no fuera nuestro enemigo?

Todos hemos sentido alguna vez cómo el corazón se acelera antes de una entrevista de trabajo, o cómo aparece ese nudo en el estómago ante un examen. Solemos interpretar estas señales como síntomas de nerviosismo.

¿Y si pudiéramos mirarlo de otra manera? Una investigación de psicólogos de la Universidad de Rochester plantea eso: reevaluar el estrés puede ayudarnos a afrontar mejor las situaciones difíciles.

La clave está en cambiar la interpretación de lo que sucede en nuestro cuerpo. Cuando estamos estresados, aumenta la activación del sistema nervioso: el corazón late más rápido, respiramos con mayor intensidad y se moviliza energía. En lugar de pensar “estoy nervioso y voy a hacerlo mal”, podemos interpretar esas señales como “mi cuerpo se está preparando para afrontar este desafío”.

Este cambio de perspectiva puede tener consecuencias importantes. En el estudio, estudiantes que aprendieron a interpretar el estrés como una herramienta y no como un obstáculo mostraron menos ansiedad ante los exámenes y obtuvieron mejores resultados académicos. También afrontaron con decisión las tareas y desarrollaron más objetivos orientados a conseguir resultados positivos, en lugar de centrarse únicamente en evitar el fracaso.

Los investigadores observaron además cambios en las respuestas hormonales de los estudiantes durante los exámenes: aumentaron los niveles de testosterona y disminuyeron los de cortisol, con importantes beneficios para la salud de los participantes.

Evidentemente, no todo estrés es bueno. El estrés intenso, prolongado o incontrolable puede resultar muy perjudicial para la salud. Sin embargo, cuando el estrés es moderado, una misma reacción física puede interpretarse como una amenaza o como una preparación para actuar.

Y esta perspectiva puede ser especialmente útil durante la infancia y la adolescencia. Los expertos recomiendan no intentar eliminar todas las dificultades del camino, sino acompañar a los jóvenes para que aprendan que pueden enfrentarse a retos, equivocarse y seguir avanzando.

Porque, al fin y al cabo, superar una dificultad también es una forma de aprender. Quizá el objetivo no sea vivir sin estrés, sino aprender a utilizarlo como un impulso para afrontar aquello que nos ayuda a crecer.

Miguel Ruiz

Centro de Orientación Familiar, La Brújula