En este quinto domingo nuestros brazos se abajan para acoger la fuerza de la semilla enterrada. Con esta sencilla imagen Jesús nos regala una de las claves más hondas de su buena noticia: el que entrega su vida hasta perderla… dará un fruto espectacular. El misterio de la entrega silenciosa, oculta y callada de tantas personas sencillas y anónimas son las que están sosteniendo el reino entre nosotros. Esta es la pura verdad, aunque nos cueste creerlo. Movamos nuestros brazos con energía, escarbemos las semillas, descubramos las buenas noticias que están produciendo y pidamos al Señor que seamos capaces de entrar en este misterio de encarnación.