Celebrando la Palabra - Exaltación de la Santa Cruz

Celebrando la Palabra - Exaltación de la Santa Cruz

Material para el Animador de la Palabra.

Celebración de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Ciclo C.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar en lugar bien visible una cruz grande con esta frase: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. Al tomar como emblema la cruz de Jesús, los cristianos aceptaron un reto; se burlaban de ellos como adeptos de un mesías ajusticiado; y, sin embargo, ellos se sentían orgullosos de esa cruz. Los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a un mesías crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos.

Hermanas y hermanos, celebremos con gozo la fiesta de nuestro signo, con el que fuimos marcados en nuestro bautismo.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, alabemos juntos al Padre que nos regaló a Jesucristo que perdonó desde la cruz a todos y por eso venció a la muerte.

Acto penitencial

Tú, que has venido a salvar a todos, Señor, ten piedad

Tú, que no quieres que nadie perezca, Cristo, ten piedad

Tú, que por nosotros te entregaste en la Cruz; Señor, ten piedad.

Dios, es un Padre bueno, tiene misericordia de nosotros y nos tiene preparada la vida para siempre. Amén.

Gloria

Oración

Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todo el género humano por medio de tu Hijo muerto en la cruz: concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por J. N. S. Amen

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. En el libro de los Números se narra algunas de las actuaciones de los judíos en el desierto, antes de su entrada en la tierra prometida. El pueblo murmura porque no tiene lo que desea, exige, se han cansado, no confían. Les pude la realidad y no son capaces de ver el poder de Dios.

Pablo nos narra un precioso himno sobre el abajamiento de Jesús. Es difícil entender a este Jesús frágil, humilde, por opción libre, para quienes creen que sólo se triunfa venciendo, se defiende matando.

Dios nos ama con tal intensidad que nos regaló a Jesucristo, para que no perezca ninguno, así nos lo dice hoy Juan en el Evangelio

Lecturas. Núm. 21, 4b-9. Sal 77. Flp 2, 6-11. Ju 3, 13-17.

Comentario homilético. La fiesta que celebramos hoy tiene su origen en la dedicación de la Basílica que se levantó en Jerusalén para mostrar al pueblo la cruz del Redentor, la cruz entendida con fe, es instrumento de triunfo y garantía de premio eterno.

Ahora bien, si el poder de Dios y su sabiduría pudieron desplegarse en este fracaso y en este suplicio de la cruz, no es en virtud de los que quisieron ese proceso y esa muerte. Es porque el mismo Jesús transformó, convirtió su muerte: “Pues lo que es locura de Dios es más sabio que los hombres y lo que es debilidad de Dios es más fuerte que los hombres”. La cruz no es la exaltación del sufrimiento, de la debilidad, y de los que la explotan para dominar el mundo. es la exaltación de lo que puede convertir el sufrimiento y la debilidad en capacidad de amar.

Visto de esta manera, no es la muerte de Jesucristo la que nos salva, pues entonces los verdugos también serían salvadores. Lo que nos salva es el amor que Cristo vive hasta la muerte, es la culminación del sentido que ya antes había dado a toda su vida: como toda su vida, como todos sus gestos, su muerte se convierte en lenguaje, en palabra, en signo, que atestigua lo que le hace vivir. En la cruz la encarnación se hace palabra en su punto más alto, más sublime.

La cruz de Jesús, no es un accidente. El, desde luego, no la buscó como una especie de voluntad suicida. No la provocó, como si ella reflejara en sí misma la voluntad del Padre. Pues, la voluntad del Padre no es la muerte del hijo, sino su misión de amar hasta el fin y decir la desmesura del amor de Dios, incluso en esa muerte. Por eso Jesús aceptó la cruz. Así, la cruz, es el sello que autentifica todo lo que ha vivido hasta entonces. Tomó la vida en sus manos, para tenderla hacia el Padre en un gesto de bendición y de acción de gracias. Tomó en sus manos su vida, en cada instante, para tenderla a nosotros como un pan que se comparte: ¡Tomad, comed! ¡Esto es mi cuerpo! Una vida totalmente dada, compartida, comida.

Después de haber seguido a Jesús a lo largo de todo su camino, el discípulo que llega al pie de la cruz está llamado a levantar los ojos al crucificado para reconocer en él la revelación última y desconcertante de ese Dios que siempre reveló Jesús con su vida. Allí adquieren todo su sentido las expresiones más fuertes de la fe cristiana sobre la unidad del Padre y del Hijo. Es de aquí, de la cruz, donde hay que recoger las palabras de Jesús: “El que me ha visto, ha visto al Padre” “Yo y el Padre, somos una sola cosa”. y es aquí, en la cruz, donde el discípulo pude decir, como respuesta: “Él es la imagen del Dios invisible”

Lejos de contradecir o de velar la divinidad de Jesús, como una concesión provisional a la debilidad de nuestra humanidad, la cruz revela a Dios, capacidad de amar y fuerza de vida.

La cruz manifiesta la fuerza de Dios frente a todas las “muertes” de la humanidad, pues, en el encuentro con Jesús vivo adquiere pleno sentido la cruz.

Credo

Oración de los fieles

Para que, por el poder de la cruz de Cristo, El Padre conceda a su Iglesia la firmeza en la fe, el valor de la esperanza, la entrega en el amor. Roguemos al Señor.

Para que, por la eficacia salvífica de la cruz de Cristo, el Señor conceda la paz y la reconciliación entre todas las personas. Roguemos al Señor.

Para que, por la cruz salvadora, el Padre sostenga a los enfermos, dé fortaleza y aliento a los oprimidos, conforte a cuantos comparten la pasión de Cristo. Roguemos al Señor.

Para que, por la cruz redentora, robustezca a cuantos predican el Evangelio por el mundo. Roguemos al Señor.

Para que, por la fuerza de la cruz del Señor, el Padre otorgue a cuantos con ella hemos sido marcados por el Espíritu de fortaleza y de paciencia, de paz y de amor. Roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La comunión con Jesús crea entrañas de misericordia, y nos une a cuantos, en la cruz, ven y, viven, el signo de nuestra salvación.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Bendito seas, Padre, por Jesucristo Redentor,
roto por amor en el árbol de la cruz, bautizado en sangre,
porque hizo de su vida una liturgia que siempre te agradó.

Culminó su culto martirial desnudo en el patíbulo de la cruz,
aparentemente impotente, incomprendido, rechazado,
abandonado incluso por los suyos.

En la cruz nos deja una última lección:
El verdadero poder no reside en la fuerza
sino en el amor, que es solidario, y oblativo hasta el final.

Confesamos, Padre, que sus raíces han prendido en la historia
y retoñan constantemente, gracias al Espíritu.

El Redentor rebelde ha bajado hasta los abismos
y ha conmocionado a los que dormían el sueño de la muerte.
Los ha despertado con autoridad y los ha dicho:
¡Levantaos yo soy la Vida! Si, Padre, nada de lo tuyo muere.

Nosotros sabemos que las esperanzas prendidas en la tierra
tienen proyección y vida para siempre.

Bendito seas, porque nos salvas desde el aparente fracaso de la cruz,
porque vences desde la impotencia
y porque suscitas vida desde la muerte.

En Ti., Cristo de la cruz encontramos el amor
y tus brazos extendidos, entregados, nos reconcilian.

Lleno nuestro corazón de agradecimiento
y en comunión con todos los redimidos te decimos: Padre nuestro....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión

Acción de gracias

Mi Dios es desconcertante:
es íntimo y es trascendente,
es dulce y es exigente,
es eterno y nace siempre.
Nos crea para la dicha y aceptó el tormento de la cruz.

Bendice lo que tantos temen,
ama lo que tantos desprecian,
pide lo que parece imposible.

Nos pide que llenemos el mundo con su Palabra,
que vivamos todo lo humano y nos quiere espirituales...

Es infinita alegría e intenso dolor.
Es difícil mi Dios crucificado para el hombre
que quiere medirlo todo, para quienes viven de la lógica humana.

Pero mi Señor Crucificado escapa a todas las lógicas y a todas nuestras medidas.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Practicar la compasión y la misericordia con todos.

Oración después de la comunión: (se toma del misal)

Bendición

Monición final. Para Jesús una tarea principal es levantar al que está caído, recuperar al que anda descarriado, encontrar y ayudar a la oveja perdida. Seamos como Él, amemos hasta dar la vida.

Canto final y despedida

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