+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
Deseo presentar conjuntamente a todos los beatos palentinos del S. XX. No puedo hacerlo uno a uno porque son muchos, pero todos fueron martirizados por odio a la fe y ellos respondieron como Jesús en la Cruz, perdonando y poniendo su suerte en las manos de Dios.
Os invito a contemplar con la mente, honrar con devoción, alabar con amor y seguirlos con fidelidad como ellos siguieron a Cristo.
Son numerosos No fueron martirizados aquí, pero nacieron aquí. Según mis cálcalos y salvo error u omisión involuntaria, son 94. Agustinos 30; Hnos. de la Salle, 17; Pasionistas, 15; Dominicos,9; Hnos. de San Juan de Dios, 4; Maristas,4; Trapenses, 3; Hijos del Corazón de María,2; Misioneros del Sagrado Corazón2; Carmelitas descalzos, 2; Capuchinos, 2; Franciscanos conventuales, 1; Oblatos, 1; Marianistas,1; Sacerdotes diocesanos,1.
Todos ellos fueron martirizados en el contexto histórico, social, político, cultural y eclesial de los años 30-39 del pasado siglo. No hablo de él, porque es sobradamente conocido. Pero ellos fueron sacrificados no por ideas políticas que llevan al partidismo, sino por su fe, por ser cristianos, sacerdotes, por creer en Cristo, por educar humanamente y en la fe, por visitar a los enfermos , defender a los humildes, a los obreros, en definitiva, por seguir a Cristo y hacer presente el Reino de Dios. Sufrieron con fidelidad, sin traicionar a Cristo, ni a sus compromisos y conciencia, y sufrieron diversas muertes, pero ellos siempre las afrontaron con las actitudes de Cristo, sobre todo, el perdón, la misericordia y la confianza en el Señor y sus promesas.
Estos ya han sido declarados oficialmente beatos; otros muchos, sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas y laicos, están en proceso de reconocimiento como mártires por la Iglesia o están en la memoria del Pueblo de Dios e inscritos en el Libro de la Vida.
Los declarados beatos son nacidos y bautizados en los diversos pueblos y comunidades extendidas por toda la Diócesis. Me hago eco aquí de esas comunidades con alegría y orgullo, porque los santos no nacen y crecen como las setas, sino en un humus formado por la comunidad parroquial, la familia, los sacerdotes, los o las catequistas, la celebración de los sacramentos, las prácticas de religiosidad popular, la devoción a Santa María, la comunión eclesial y la apertura a todos los hombres y sus problemas desde el Señor:
Herreruela de Castillería, San Martín de Perapertú, San Martín de los Herreros , Resoba, Cubillo de Ojeda, Villafría de la Peña, La Lastra, Becerril del Carpio, Quintanilla de la Berzosa, Alba de los Cardaños, Salinas de Pisuerga, Calahorra de Boedo, Dueñas, Aguilar de Campoo. Cisneros de Campos, Porquera de los Infantes, Abastas, Capillas de Campos, Villanueva del Rebollar, Arconada, Villarrodrigo de la Vega, Nava de Santullán, Bustillo de la Vega, Villavieco, La Serna, Fuentes de Valdepero, Añoza, San Cebrián de Mudá, Villajimena, Las Heras, San Pedro de Cansoles, Espinosa de Villagonzalo, Támara de Campos, Espinosa de Cerrato, Terradilllos de los Templarios, La Serna, Mazuecos de Valdejinate, Palencia, Villamorco, Fresno del Río, Frómista, Villada, Carrión de los Condes, Alar del Rey, Gozón de Ucieda, Fuentes de Nava, Castromocho, Santibáñez de Resoba, Becerril, Barriosuso de Valdavia, Buenavista de Valdavia, Villaherreros, Itero Seco, Celadilla del Río, Santa María de Redondo, Muñeca, Baños de la Peña, La Puebla de Valdavia, Calzada de los Molinos, Congosto de Valdavia, Villanueva de Abajo, Mantinos, Abia de las Torres, Villasur de Cieza, Villaescusa de Ecla, Osorno la Mayor, Castrillo de Don Juan.
Viendo esta lista os invito a sentir con san Agustín cuando predicaba acerca del martirio de las santas africanas Perpetua y Felicidad. «¿Hay espectáculo más dulce? ¿Hay combate más valeroso? ¿Hay victoria más espléndida? ... Año tras año contempla con devoción de caridad lo que en un solo día cometió sacrílegamente la impiedad. También ellos (los asesinos) lo contemplaron, pero con intenciones muy distintas. Ellos hacían con sus gritos lo que las fieras no hacían con sus dientes. Nosotros, en cambio, nos compadecemos de lo que hicieron los malvados y veneramos lo que sufrieron los piadosos. Ellos vieron con los ojos de la carne lo que revertía sobre la crueldad del corazón; nosotros miramos con los ojos del corazón lo que a ellos les fue quitado para que no lo vieran. Ellos se alegraron de los cuerpos muertos de los mártires; nosotros sentimos dolor porque sus propias mentes estaban muertas. Ellos, al carecer de la luz de la fe, pensaron que los mártires se habían apagado; nosotros, mirando desde la fe, los vemos coronados» (Sermón 280, 2).