Homilía en la apertura del Jubileo 2025 en la Diócesis de Palencia

Homilía en la apertura del Jubileo 2025 en la Diócesis de Palencia

Compartimos la homilía de nuestro obispo, Mons. Mikel Garciandía Goñi en el Inicio del Jubileo 2025 en nuestra Diócesis de Palencia. En la Catedral de Palencia el 29 de diciembre de 2024, Fiesta de la Sagrada Familia.

 

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Apertura del Año Jubilar de la Esperanza

Catedral de San Antolín. 29 de diciembre de 2024

+ Mikel Garciandía Goñi, obispo de Palencia

Queridos hermanos:

Sed de todo corazón bienvenidos a esta celebración que abre el Jubileo de la Esperanza en nuestra diócesis. Laicos, consagrados y ministros ordenados, representamos a toda la Iglesia de Palencia que es impulsada por el Espíritu a avanzar abriendo puertas, que se sigue las huellas de Jesucristo Salvador, y que se sabe comunidad en camino hacia la Casa de Padre. Doy gracias a Dios porque Él continúa fiel y poderosamente su historia de salvación con este su pueblo santo. Y porque quiere que esta asamblea “pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado” sea semilla y fuente de esperanza para todos los hombres y mujeres que son nuestros compañeros de camino en nuestra sociedad.

Además, el inicio del Jubileo en todas las diócesis y eparquías del mundo, lo celebramos en la fiesta de la Sagrada Familia. Hoy es la jornada de la Pastoral familiar con el lema “La familia, fuente de esperanza” Os saludo a todos cuantos en Palencia lucháis y servís en este campo pastoral, específicamente en el Secretariado de Familia y Vida, en el COF, y en general en todas las acciones educativas, formativas, celebrativas, apoyando a familias en dificultad, migrantes, etc. En mundo individualista, consumista a veces desnortado, la familia ha de ser sin duda, fuente de esperanza para todos.

Hoy no es un día para que os abrume con un listado de acciones, propósitos y convocatorias que está preparando la diócesis de cara al jubileo. Eso lo continuaremos haciendo entre todos los próximos días y semanas. Iremos informando oportunamente las iniciativas que se están preparando. Hoy es más bien un día para ponernos en marcha, y dejar todos los lastres, apegos, prejuicios o heridas que nos impiden ser verdaderamente comunidad en camino. La esperanza es la hermana pequeña de las tres virtudes teologales, e impide a la fe convertirse en ideología, e impide al amor convertirse en filantropía y mero humanitarismo.

Hoy, como sucede en cada Eucaristía, es un día para escuchar y obedecer a Dios, para apagar el obstinado discurso de nuestra razón y los ruidos de nuestro corazón y hacer silencio en torno a Jesús, nuestra esperanza. Os invito a acoger y a encarnar el evangelio de hoy, es decir, a acompañar y a secundar a la Virgen María y a San José en su recorrido de fe. Somos capaces de sentir su quebranto, cuando comprobaron que Jesús no estaba en su caravana de vuelta a Nazaret.

María y José tenían unas expectativas respecto del hijo de ella, Yeshuah. Con doce años, estaba cerca de celebrar el Bar Mitzvá, la ceremonia de ingreso en la asamblea de Israel, que a su vez le permitía leer públicamente la palabra de Dios en la asamblea. Hacer la peregrinación anual a la Ciudad Santa aquel año no parecía ofrecer ninguna amenaza para la pacífica vida de su hogar de Nazaret. El tema se fue agravando cuando tras tres días ni siquiera lo encontraron en la ciudad. Lo hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros.

Y puede que hoy, numerosos hombres y mujeres podemos hacer directa o indirectamente este reproche a Jesús, a Dios: ¿por qué me has tratado así? Mira que yo te buscaba angustiado. No estaría de más que hoy arranque nuestro camino, nuestra peregrinación jubilar escuchando, obedeciendo a la respuesta que el Señor nos da. Él dice a María y a José que ha venido a estar en la casa de su Padre, y ¿por qué no? Nos dice a cada uno de nosotros que Él ha venido a poner a este mundo en dirección a casa. Demasiada gente vive acomodada en el Egipto de la comodidad egoísta, en la Asiria de la opresión de la injusticia, o en la Babilonia de la ambigüedad idolátrica.

Hoy día, necesitamos rescatar el Evangelio de la vida y de la familia, tenemos el reto de hacer de nuestras familias un Evangelio viviente. Y eso no significa crear un ambiente artificial, obviar las tensiones, o simplemente tolerar las diferencias. La Iglesia es un movimiento carismático e itinerante. La familia de los hijos de Dios tenemos como reto ser fecundos, hacer discípulos de todos los pueblos, mostrar a un Dios que no se resigna a una Iglesia estéril, acomodada, poco profética, contemporizadora con las ideologías y totalitarismos culturales en boga.

Cristianos, cristianas, no nos acomodemos a esa manera de vivir que compatibiliza ser creyentes con ser mundanos. Estamos en el mundo (espero) pero no somos del mundo. Nuestro corazón ha de estar abierto a la sorpresa de un Dios que ni se resigna, ni deja de creer a fondo en cada uno de nosotros. Porque queridos hermanos, la Palabra no puede ser encadenada, controlada, manipulada. Jesús el Señor es la Puerta que nos abre el acceso a la Casa del Padre. Y su Espíritu es la llave que desatranca todos esos portones que nosotros hemos dado por imposibles de abrir, esas vallas que nos incomunican dentro y fuera de la Iglesia, esas verjas que nos perimetran a los cristianos y nos sacan de la historia y de las historias del resto de la humanidad.

Sí, el Papa Francisco ha recibido la inspiración de dedicar este año 2025 a la Esperanza. El mundo recibirá la luz de la esperanza, en la medida en que nosotros, los seguidores del Camino de Jesucristo seamos coherentes con el don que hemos recibido. Nos dice San Pablo: “sea vuestro uniforme, la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos: la palabra de Cristo habite en vosotros en toda su riqueza… cantad a Dios… ofreced la Eucaristía a Dios Padre por medio de él, y no en nombre propio.

Hemos acompañado al Señor clavado por amor a este su trono glorioso, de la Cruz, nuestra Esperanza. Su sonrisa nos recuerda que el dolor es la forma de su entrega, pero que el contenido es la alegría de amar hasta el extremo, hasta el final. Que contemplemos muchas veces a lo largo de este año su rostro sereno y esperanzador, para llevar su misma paz y amor a cuantos el Señor nos ponga en el camino y así también anunciarlo y descubrirlo en todos nuestros hermanos.

• Quiero comunicaros que la Catedral será la referencia jubilar para todos los palentinos. La cruz estará en la Capilla del Santísimo, abierta diariamente al culto y a la oración, así como la capilla penitencial del ábside, será la referencia principal para celebrar el Sacramento de la Reconciliación. Una gracia muy especial del Jubileo es alcanzar el perdón sacramental, ampliado en la sanación de la herida, el daño que el pecado ocasiona en nosotros. Es lo que llamamos alcanzar la indulgencia.

• Asimismo, propongo el Camino Lebaniego Castellano como ocasión para hacer una peregrinación de esperanza. Os convoco a los jóvenes a hacerlo el mes de julio. Peregrinar a Roma será para muchos de nosotros una gracia especial, y habrá convocatorias a lo largo del año, para atravesar las puertas santas de sus cuatro basílicas mayores.

• Animo a toda la diócesis a discernir y elegir un gesto jubilar para con un grupo humano vulnerable, especialmente golpeado con la injusticia. Os animo al sector de la acción caritativa y social a vehicular este deseo, que viene de Dios.

• Os pido también que revisemos nuestros pecados contra la comunión, contra la unidad entre nosotros, que escandalizan e impiden “que el mundo crea”. Doce llaves lleva el cartel del Plan Pastoral Diocesano. Ojalá que cuando clausuremos el Año Jubilar, muchas puertas cerradas, bloqueos, incomprensiones y prejuicios hayan quedado atrás.

Que San Antolín nos dé el valor de ser testigos de la Esperanza hasta el final.

Que San Manuel González nos redescubra la belleza de la Eucaristía compartida, adorada y encarnada en cada comunidad.

Que San Rafael Arnaiz nos acompañe en el camino de contemplar al Señor Jesús en cada hermano.

Que la Virgen María nos recuerde a menudo este año su intercesión de Caná: “haced lo que Él os diga”.