Compartimos la Homilía de nuestro obispo Mons. Mikel Garciandía Goñi, en la celebración del Domingo de Ramos 2026. Una celebración que tuvo lugar ayer, 29 de marzo, en la Catedral de Palencia.
Queridas hermanas y hermanos, autoridades, miembros de la hermandad de cofradías, paz y bien.
En este Domingo de Ramos, hemos escuchado en nuestras comunidades cristianas el relato de la pasión de nuestro Señor. De la mano de San Mateo, hemos procesionado con ramos en las manos por la ciudad, y por tantos pueblos de nuestra diócesis, representando la entrada de Jesús en Jerusalén. Los cristianos de Tierra Santa, desde el comienzo de la Iglesia, y desde el siglo XIII de la mano de la Custodia de Tierra Santa que son los frailes franciscanos, han recorrido físicamente los mismos lugares de Jesús en su entrada mesiánica.
La peregrina Egeria, cristiana de la Galicia del siglo IV, nos legó un preciso relato de cómo celebraba entonces la comunidad de Jerusalén la semana santa. Entonces lo hacía estrenando la libertad de culto en todo el Imperio Romano, tras siglos de persecuciones. Nos dice esta peregrina de la antigüedad, cómo «iniciaban el domingo de Ramos en el Monte de los Olivos: Los fieles se reunían por la tarde allí, en el lugar de la Ascensión». Nos cuenta Egeria cómo «a la hora sexta (mediodía), la multitud, incluyendo niños, caminaba con ramas de palmera o de olivo, cantando himnos y antífonas. El obispo, representando a Cristo, descendía en procesión hacia la ciudad, entrando por la Puerta Hermosa hasta la iglesia de la Resurrección (Anastasis)».
Una vez en la iglesia, se celebraba el oficio de la luz y oraciones. Egeria destaca la inmensa cantidad de gente y la alegría del momento, marcando el inicio de las celebraciones de la Semana. Este año, por primera vez en siglos, esto no va a suceder. Debido a la guerra, está prohibida toda reunión, y esto supondrá un paso más en el ahogamiento de la presencia cristiana en Israel, en Palestina y en el Líbano. La comunidad que hace de argamasa y de puente entre chiíes y sunníes en el Líbano, y de puente entre judíos y musulmanes en Tierra Santa, sufrirá otra restricción. Los párrocos de Cisjordania no podrán ir a la Misa Crismal, y la ciudad Vieja de Jerusalén continuará su retroceso en ser la cuna de tres religiones.
Ante esta situación, no cabe resignarnos. Y por ello os lanzo un llamamiento hoy a todas las parroquias, cofradías y comunidades. Una acción concreta de esperanza para nuestros hermanos en Tierra Santa es la Colecta del Viernes Santo, también llamada Colecta pro Locis Sanctis, una de las colectas a favor de los lugares y las necesidades de Tierra Santa.
Hoy más que nunca, las martirizadas poblaciones de Tierra Santa, los pocos cristianos que quedan, las comunidades religiosas, los jóvenes y los más pequeños, que son el futuro de esas comunidades, pero también los enfermos y los ancianos, necesitan ayuda concreta e inmediata, aunque solo sea para «mantener las posiciones», y así evitar los daños que las continuas acciones bélicas están causando en la vida cotidiana de la población. La colecta se instituyó con la intención de fortalecer el vínculo entre los cristianos de todo el mundo y los Santos Lugares y es una de las colectas oficiales de la Iglesia Católica.
Esta colecta representa el principal recurso para apoyar las actividades y la vida que se desarrollan en torno a los Santos Lugares. Las ofrendas recaudadas por las comunidades parroquiales y los obispos se transfieren, a través de los Comisarios de Tierra Santa, a la Custodia de Tierra Santa. Estos fondos se utilizan para preservar los lugares sagrados y para apoyar a las comunidades cristianas locales, a menudo definidas como las «piedras vivas» de esta región.
Los territorios que reciben apoyo de la Colecta incluyen aquellos donde la Custodia está presente desde hace siglos: Jerusalén, Palestina, Israel, Jordania, Siria, Líbano, Chipre; además, países donde hay comunidades cristianas orientales: Egipto, Eritrea, Etiopía, Irán, Irak y Turquía. Los frailes franciscanos se dedican a la custodia de los Santos Lugares, como las basílicas del Santo Sepulcro, de la Anunciación y de la Natividad y decenas de otros santuarios, que representan un patrimonio inestimable para el mundo cristiano.
En síntesis, algunos datos sobre la presencia y la actividad de los franciscanos en Tierra Santa. La Custodia cuenta con 270 misioneros procedentes de más de 30 naciones. Los frailes custodian los lugares santos y acogen a los peregrinos en 55 santuarios, 22 parroquias, 6 casas para peregrinos y 5 casas para enfermos y huérfanos. Cuentan con 15 escuelas con 12.000 estudiantes, más de 500 becas y 3 institutos académicos. Dan trabajo a 1.100 locales y gestionan unas 630 viviendas destinadas a familias en dificultades.
Las comunidades cristianas se han quedado sin trabajo por la falta de peregrinos y de todo el sector económico relacionado con el turismo religioso. Por ello, la mayoría de las familias sufren la crisis económica y tienen dificultades para pagar las tasas escolares. Sin embargo, las escuelas siguen siendo el lugar donde los frailes construyen la paz cada día.
La colecta del Viernes Santo, junto con las peregrinaciones, representa, por tanto, la principal fuente de financiación. El custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, escribe: «Gracias a su generosidad, podremos custodiar y hacer de los Santos Lugares, espacios de oración y acogida para los fieles y peregrinos; responder a emergencias; apoyar escuelas, ambulatorios, dispensarios, hogares para ancianos y para familias jóvenes; promover obras humanitarias para migrantes, desplazados y refugiados. ¡Ayúdenos a donar esperanza y sembrar paz!».
Ojalá los palentinos, atendamos esta llamada a través de las parroquias y las cofradías y apoyemos esta campaña que hará más real cuanto celebramos en estos días santos.
Termino haciéndome eco de estas palabras del Papa León pronunciadas en su viaje apostólico a Mónaco:
«A este respecto, deseo animaros a prestar un servicio apasionado y generoso en la evangelización. Anunciad el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor; llevad a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepción hasta su fin natural; ofreced nuevos mapas de orientación capaces de frenar aquellos impulsos del secularismo que corren el riesgo de reducir al hombre al individualismo y de fundar la vida social sobre la producción de la riqueza.
Es importante que el anuncio del Evangelio y las formas de la fe, tan arraigadas en la identidad y vuestra sociedad, se preserven del riesgo de reducirse a costumbre, aunque sea buena. Una fe viva es siempre profética, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones: ¿estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases? ¿Es realmente justo y está inspirado en la solidaridad el modelo económico y social vigente? ¿Ese modelo está habitado por la ética de la responsabilidad, que nos ayuda a ir más allá de la «lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo» (Benedicto XVI), para construir una sociedad más justa?
Queridos amigos, mantener la mirada fija en Jesucristo, nuestro abogado ante el Padre, genera una fe arraigada en la relación personal con Él, una fe que se hace testimonio, capaz de transformar la vida y renovar la sociedad. Esta fe necesita ser anunciada con instrumentos y lenguajes nuevos, también digitales, y todos deben ser introducidos y formados en ella con continuidad y creatividad. Esto vale en particular para aquellos que se están abriendo al encuentro con Dios -los catecúmenos- y para los que vuelven a comenzar, hacia quienes les pido tener una atención particular».
Hoy hemos salido a acompañar a Cristo, Rey de la Paz, Amigo de la Vida, Hijo de Dios, Salvador de la humanidad. Con palmas en las manos, con San Antolín y todos los mártires, con Santa Águeda, Cecilia, Inés… Que la procesión de hoy sea signo del amor que el Padre nos ha tenido, regalándonos a su Hijo como Sacrificio de Alianza para todos.
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi, obispo de Palencia